domingo, 16 de enero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXVII y XXVIII

Capítulo XXVII.



Mientras en París Sandra y Ramón se preparan para ir de boda acompañados de Carlos, en Madrid, Amanda se sienta a la mesa del despacho y abre un expediente. El próximo lunes es la vista y las perspectivas no son buenas, con un poco de suerte conseguirá rebajar la pena a uno o dos años de cárcel. Fue Patricia quien en nombre de Julia, la profesora de historia del instituto, le pidió que se hiciera cargo del caso de su hermano, un caso absurdo, algo ridículo, que no sería delito alguno en cualquier país democrático. Al hermano de Julia se le ocurrió mandar una carta a la Liga de los [i]Derechos Humanos en Ginebra, denunciando las detenciones ocurridas durante los disturbios del pasado 1 de mayo; la carta se publicó en los medios extranjeros y al día siguiente detuvieron al muchacho por difundir propaganda ilegal. Aunque no tiene antecedentes penales ayer le comunicaron que había aparecido una ficha política, ficha que ella todavía no había podido ver.
Esa misma tarde hablará con las dos y Amanda se levanta para guardar las fotos que tiene sobre el secreter; aunque no es fácil reconocer al Carlos de las fotos con el actual, no quiere correr riesgos, quizá Julia le haya visto con Patricia.
Tras guardar las fotos regresa a su mesa, coge la carta que ha recibido de Agustín, la vuelve a leer y la guarda en el cajón, pensativa. En esa carta le menciona el encuentro que ha tenido en Nueva Jersey con un conocido de la madre de Patricia, le cuenta escuetamente que se trata de un brigadista y le pide disculpas por no habérselo dicho antes de irse pero tampoco estaba muy seguro de realizar la visita.
Amanda se dice: << Por más vueltas que le doy no consigo entender la influencia que Patricia parece tener sobre Agustín y comienzo a preguntarme si no debiera hablar abiertamente con ella. Desde el primer momento Agustín confió en Patricia plenamente, pero entre nosotras  sólo hubo  una especie de recelo y desconfianza que por mi parte ha aumentado y no podemos seguir así >>.

Amanda se levanta y, mientras se prepara una manzanilla, recuerda esa mañana de marzo, en la que Agustín y ella saliendo de la facultad se encontraron con Patricia y les dijo:

-Disculpen, señor y señora Sepúlveda, pero creo que tenemos que hablar, aunque ustedes no me conozcan, tenemos un amigo común y su nombre es Carlos.

<<Ni tan siquiera me paré y pasé de largo; pensé que había entendido mal o que alguien nos quería gastar una broma de mal gusto pero Agustín se volvió y empezó a hablar con ella y la invitó a venir a casa al día siguiente. De nada sirvieron mis peros; estaba convencido de que la mujer era sincera y tenía algo muy importante que contarnos.
A la tarde siguiente, cuando Patricia entró en el salón, no pude disimular mi animosidad hacia ella, quizá eso provocó la aptitud de Patricia hacia mí>> piensa ahora y sigue recordando la conversación, mejor dicho, el monólogo de Patricia, que por mucho que se esforzó no pudo evitar la conmoción que le produjo la noticia.
- Lo primero que tengo que decir es que el partido me ha autorizado a darles esta nueva por asombrosa y chocante que parezca y apelan a su discreción. No puedo contarles cómo ha sido, pero Carlos sobrevivió a la emboscada y, tras una larga recuperación, se reincorporó al servicio. Por razones de seguridad, se decidió que nadie tenía que saber que seguía vivo, ya que aquí se le daba por muerto. Tiene otra identidad, pero ha mantenido su nombre. Muy pronto vendrá a Madrid y el partido,  que está en deuda con ustedes por la ayuda que prestaron a Carlos, les permite que se vean de nuevo....

-¡Cállese y váyase con sus mentiras a otra parte!- le gritó Amanda fuera de sí.
<< Agustín trató de calmarme - continúa recordando Amanda- y Patricia se marchó dejando su número de teléfono por si queríamos ponernos en contacto con ella. Yo no atendí a razones y me encerré en la habitación de Sandra, me pasé toda la noche llorando y a la mañana siguiente me vine al estudio. Estuve todo un día incomunicada hasta que Agustín, cansado de que no cogiera el teléfono, decidió venir y utilizar su llave. Tenía los ojos hinchados y la cabeza me dolía mucho. Agustín se asustó y quería llamar a un médico y al ver que no reaccionaba me llevó al cuarto de baño y mojó mi cara con una toalla. Al final terminé por hacerle caso y regresé con él a casa. Mientras yo no quería saber nada del mundo él había vuelto a quedar con Patricia y estaba plenamente convencido de que Carlos volvería a Madrid en abril y que era mejor prepararse para el choque, si de verdad quería volver a verle.
Así debió de nacer la relación incondicional de confianza entre Agustín y Patricia.>>

Sin dudarlo más, Amanda marca el número de Patricia y le pregunta si podría quedarse tras la consulta para hablar con ella sobre la animosidad que reina entre ellas dos. Patricia no ve ningún problema en quedarse y le agradece la llamada, ella llevaba ya un tiempo pensando en lo mismo.

Amanda cuelga el teléfono y mira el reloj, son las 11 de la mañana y piensa en Sandra y en Ramón, a estas horas ya habrán salido del hotel y no se equivoca, acaban de subir al coche que han alquilado y se dirigen a recoger a Carlos a la dirección que les ha dado cerca del Bosque de Bolonia, desde allí irán a Chantilly, a unos 40 kilómetros de París, en cuyo ayuntamiento tendrá lugar la ceremonia y muy cerca del castillo, el convite. Sandra bromea con el lugar elegido para casarse, siendo el novio de izquierdas, pero la novia ha nacido en esta localidad donde su padre tiene unos picaderos, explica Ramón y Carlos aclara a Sandra que la ciudad es conocida en Francia por su fantástico hipódromo y sus carreras de caballos y añade:

- No todos los socialistas o comunistas son obreros, ni todos los obreros son socialistas o comunistas.

 - !Vaya, vaya! No sabía que fueses tan filósofo- dice Sandra haciéndose la   enfadada.

 -Ni yo que te picaras tan pronto-responde Carlos- mientras Ramón observa la escena divertido.

 -Estamos llegando- dice Ramón- al divisar ya el castillo ¿Tienes la invitación a mano, Sandra?

- Sí,claro, no te preocupes, la tengo en el bolso.

Minutos más tarde, los tres se suman al grupo de invitados que esperan la llegada de los novios y comienzan los saludos y presentaciones.
Entre los invitados hay varios periodistas y fotógrafos de diferentes nacionalidades. Afortunadamente, y gracias al fuerte sol, la mayoría de los invitados llevan gafas oscuras y Carlos también. Ramón empieza a pensar que no ha sido una buena idea la de invitar a Carlos, por mucho que se haga pasar por el padrino de Sandra que reside en Francia,  que colabora en una revista chilena y acaba de pasar unos meses en Madrid; salvo Patricia, nadie más conoce la verdadera relación entre Carlos y la familia Sepúlveda. De los dos periodistas de izquierdas que conocen a Carlos, no hay que temer nada, pero cuando descubre a Raimundo entre los invitados, el fotógrafo del diario barcelonés, ya no le cabe duda, hay que evitar que Carlos y él se conozcan y desde luego que aparezca en alguna foto. Sandra les propone marcharse los tres después de la ceremonia y disculparse por no poder quedarse al convite, su estado puede servir de excusa, se puede encontrar mal sin levantar muchas sospechas.
A los dos les parece que Sandra ha tenido una idea brillante y en efecto, después de la ceremonia, después de felicitar a los novios, Ramón les informa de que Sandra no se encuentra muy bien y de que deciden regresar a París.
El camino de vuelta lo hacen en silencio, Carlos trata de animarles, decirles que ellos no tienen la culpa de nada y que él no había bajado la guardia, que había contado con esa posibilidad  y al entrar ya en París les propone ir a comer algo y pasear después un poco por el bosque de Bolonia antes de acercarle a su piso.
Durante la comida Ramón llama al hotel y pregunta si hay algún mensaje para él, le confirman que el billete para Praga ha llegado, y Ramón regresa a la mesa:

-Está confirmado, mañana salgo para Praga en el avión de las 10 de la mañana. ¿Has pensado qué vas a hacer, Sandra?

-Sí, Carlos tiene mañana libre, me quedo hasta el martes, si os parece bien.

-Por mí encantado –dice Carlos.

-A mí me parece perfecto, y no creo que el encuentro con Raimundo traiga consecuencias, seguro que me lo encuentro en Praga.

-Seguro, ese está últimamente en todos los sitios –dice Sandra.

Después de comer pasean un poco y al despedirse Sandra queda con Carlos para el domingo.



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[1] Caso leído en el ABC y adaptado por mí. 





Capítulo XXVIII



En Madrid , Amanda y Patricia se han quedado solas, Julia se acaba de marchar y se verán de nuevo a la salida de la vista del lunes. Es una vista a puerta cerrada y solo ella podrá estar presente.
Amanda ha preparado café helado y las dos salen a la terraza. Patricia saca un cigarrillo y se acomoda en uno de los butacones, nota que Amanda no sabe cómo empezar y decide ser ella la que le de pie.

-El café te ha salido muy rico y en tu terraza se está más que a gusto, dos motivos más para tenerte envidia.

-Curioso lo que dices. ¿Es eso? ¿Tus recelos hacia mí se deben a tenerme envidia?

-En parte sí, pero mi envidia es sana porque no te he deseado nunca nada malo, pero dime, ¿de dónde nace la tuya? ¿No será por celos?

-¿Celos? No, no les llamaría celos, más bien rabia. Creo que será mejor que me explique, al fin y al cabo ha sido mi idea. Antes de que llegarais tenía muy claro por dónde empezar, y ahora me atasco. ¡En fin!, serán los nervios- dice Amanda mientras bebe su café y medita si pedirle un pitillo a Patricia- Verás – continúa sin necesidad de pitillo, al menos de momento- tras casi 21 años sin tener noticias de Carlos, el desconcierto y la impotencia volvieron a apoderarse de mí y tú eras la culpable. Después, cuando volvimos a encontrarnos para preparar su vuelta, no podía admitir que tú, una perfecta desconocida, supieras tantas cosas de Carlos y que hubieses compartido momentos con él, que yo tenía que haber compartido, aun sin saber qué momentos eran, porque nunca has hablado de ellos, pero estaba claro que ibas a volver a compartir, ahora íbais a trabajar juntos de nuevo y al mismo tiempo noté en seguida que Agustín te preocupaba, que te importaba. Ahora hemos llegado a un punto en el que ya no es tanto la rabia que sienta por que seas compañera de Carlos, pues sé que entre él y yo nada ha cambiado, es por Agustín. ¿Por qué demonios te interesa tanto? ¿Qué poder tienes para influir tanto en él?

-Gracias por tu sinceridad – dice Patricia llenándose de nuevo el vaso con café helado y echándole un poquito de nata batida que Amanda había preparado en una tacita y que estaba a punto de derretirse por el calor- desde luego te puedes quedar tranquila en cuanto a Carlos se refiere. Nunca me ha interesado como hombre. Cuando él llegó a mi vida yo estaba pasando por un momento personal dramático y me ayudó a superarlo, como alguien que sabía lo que era perder lo que más quería y entendía mis sentimientos. Los dos estábamos es una especie de compás de espera por diferentes motivos, no teníamos misiones que cumplir, nuestro trabajo consistía en redactar los partes y las noticias que emitía radio Tirana, que acaba de empezar su andadura en emisiones en español. Nadie sabía qué era lo que el camarada Carlos tenía que superar, yo tampoco al principio. – Patricia hace una pausa y toma otro pitillo y le ofrece uno a Amanda que al final lo acepta, ya con el cigarrillo encendido continúa relato.- Pasábamos muchas horas juntos y enseguida se dio cuenta de que yo tenía un problema muy gordo, y así era. Mi marido pertenecía al partido y falleció cuando yo estaba embarazada de 8 meses. Mi mundo personal se hundió. Sola, sin familia ni amigos, decidí pedir la baja en el partido y dedicarme a cuidar a mi bebé, a las dos semanas el parto se adelantó y nació mi hija.  Desgraciadamente Tania nació con síndrome de Down y con varias malformaciones. A los tres meses decidí volver al partido porque en casa me volvía loca. A ellos les dije que mi hija había fallecido pero en realidad estaba en un tipo de sanatorio para niños con grandes problemas motrices. Yo iba a verla siempre que podía, pero a veces se me complicaban las cosas y sufría mucho por no estar a su lado. Al final terminé por contárselo a Carlos y él me ayudó a soportar la carga. Si yo no podía ir, iba él, la gente del partido no lo sabía ni lo supieron nunca. A los 6 meses de la llegada de Carlos falleció mi hija, no llegó ni a cumplir el primer año de vida, pero él estuvo a mi lado y poco a poco fui recobrando la ilusión de vivir y la causa ya no era un refugio para mi soledad, sino lo que siempre fue: el ideal por el cual luchar.
Cuando el partido me destinó a España, a Madrid, Carlos me pidió un favor: mantenerle informado de las idas y venidas del matrimonio Sepúlveda si seguían viviendo en Madrid. y entonces fue cuando me contó como os conocisteis y lo que pasó después. Durante estos años, os he seguido la pista, he visto crecer a Sandra, cómo Agustín la llevaba al parque, la iba a buscar al colegio, mientras tú comenzabas como abogada y conseguías hacer algunas suplencias en la facultad. De todo esto el partido no sabía nada, cuando me pidieron oficialmente que os buscara por la vuelta de Carlos, tenía el trabajo más que hecho y....

-Perdona –dice Amanda interrumpiendo el relato de Patricia- ¿durante todos estos años has estado espiándonos por encargo de Carlos?

-No os he estado espiando exactamente, me he limitado a estar al tanto de vuestra vida como le prometí a Carlos y le informaba dos veces al año, nunca le he dicho nada negativo de vosotros ni de ti. No tienes que enfadarte con Carlos, si él no te ha dicho nada ha sido por no delatarme.

- Entiendo, gracias por ser tan sincera y lamento lo que te pasó con tu hija, de verdad, pero lo que no entiendo  es ¿por qué me tienes manía?

-No es manía, Amanda, pero cada vez que veía a Agustín con su hija me acordaba de la mía, podría tener la misma edad y yo había dejado todo para estar con ella, pero el destino no quiso que fuese así. Tú, en cambio, que lo tenías todo, ni tan siquiera pasabas tiempo con tu hija....Ahora sé que nunca  habías superado lo de Carlos y que sí te ocupas de ella, a tu modo y que Sandra te adora, pero Agustín me deslumbró por su entereza y celo hacia vosotras, sin limitaros nada y siempre dejando que exploraseis vuestras posibilidades. Si la vuelta de Carlos no hubiese dado paso a vuestra separación actual, que sinceramente no esperaba, no me habría acercado a Agustín. Creo que ha llegado el momento en que  Agustín se reencuentre con la persona que era antes de conocerte y que sus sueños puedan realizarse, aunque el paso de los años los haya modificado.

-Y conmigo nunca pudo ¿es eso lo que quieres decir?

-Sí, más o menos. No ha vivido por él, ha vivido por vosotras, en parte él tampoco tuvo opción, aunque no lo parezca, él te amaba y era la única forma de ayudarte y de que cumplieses lo que habías prometido a tu padre. Los dos te eligieron a ti, Amanda, para los dos tu eras lo primero...Deja a Agustín que pueda vivir ahora para y por él mismo.

-No sé, quizás tengas razón y haya algo de lógica en lo que dices. Perdóname pero creo que debemos dejarlo aquí por hoy. Me alegro de que hayamos sido sinceras las dos.

-Yo también. Te veo el lunes con Julia. Gracias.

Tras la despedida, Amanda siente  la primera lágrima en su mejilla justo en el mismo momento en que suena el teléfono y Sandra le comunica que llegará el martes, que todo está bien y que piensa pasar el domingo con Carlos. Amanda hace un esfuerzo para que su hija no le note su estado de ánimo y no alarga la conversación más de lo necesario. Cuando cuelga se mete en su habitación a llorar


Quien también llora mientras lee lo que Beatriz acaba de escribir es Carmen, le recuerda las conversaciones que tenía con la tía Ana y la confesión de su tía días antes de morir por un lado, y la historia de la niña de Patricia le recuerda a una historia real, a una amiga venozelana que pasó por la misma experiencia. Un tanto triste deja las cuartillas de Beatriz sobre la mesa y se prepara para ir a buscar a Teresita a casa de Serafín, hoy es el cumpleaños de unos de sus nietos y habían invitado a la niña. A la vuelta, volverá a leer las cartas de la abuela a la tía Ana y piensa que ya va siendo hora de que su madre cuente más cosas de lo que vivió en Venezuela, de que empiece ella también a relatar la historia de la familia en las Américas.


              




































sábado, 8 de enero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXV y XXVI

Capítulo XXV


Ramón lleva ya unas semanas en Madrid y junto con Sandra ha visitado todas las tiendas de bebés que hay en la ciudad. Aunque los primeros meses pondrán la cuna en la habitación con ellos, Sandra no ha podido resistirse al ver una habitación de bebé completa, de verdadero ensueño y la han encargado. Amanda les ha acompañado alguna que otra vez y ha comprado un par de ositos de peluche para su nieto. Los tres lo han pasado muy bien y a Ramón hasta le ha empezado a gustar eso de ir de compras. Desgraciadamente, los días han pasado volando y ahora, en la tercera semana de agosto, Ramón apura los últimos días en Madrid; como se temía va a tener que viajar a Praga pero tiene una sorpresa para Sandra, que le dará esta tarde cuando salgan de la visita al médico. Pero primero van a comer con Patricia, la va a conocer y podrá darle por fin su opinión a Sandra.
Media hora más tarde entran en un restaurante cerca de Sol y Patricia les saluda desde la mesa que había reservado.
Las presentaciones son rápidas y, mientras les traen las bebidas y eligen el menú, Ramón estudia disimuladamente a Patricia. Estima que debe de tener unos 45 años y que en su juventud debió ser una chica bastante guapa; todavía tiene un buen tipo, pero al contrario que Amanda, a quien el tiempo no ha podido borrar la frescura de su rostro y su innata elegancia, Patricia muestra en su rostro las huellas de una vida  llena de riesgos, el cansancio de llevar una doble vida y su estilo despreocupado, nonchalant, como diría un compañero francés,  a la hora de vestir, no la favorece mucho.

- Había oído hablar mucho de ti y he leído casi todas tus crónicas. Me alegro mucho de conocerte y te agradezco que hayas encontrado tiempo para este breve encuentro.- le dice Patricia.
- Lo mismo digo, Patricia. Desde el mes de mayo vengo escuchando tu nombre con frecuencia y ya tenía ganas de conocerte.
- Bueno, pues ya os conocéis y ahora dejemos el formalismo- dice Sandra un tanto brusca y continúa en un tono más amable-  Cuéntanos,  ¿qué tal por París?
- Siempre tan directa, Sandra –responde Patricia con una media sonrisa- ¿en París? No ha sido una estancia de vacaciones, como te podrás imaginar, aunque mis colegas del Instituto asi lo piensen. Hemos tenido varias reuniones y hay muchas voces disidentes. Los acontecimientos de este año van a marcar un antes y un después, no estamos en un buen momento interno, en fin, supongo que Ramón, como periodista, ya habrá oído los rumores.
- Rumores, como tú bien dices. Mis compañeros franceses, los afines a vosotros no sueltan prenda de momento y los otros oyen cosas sueltas. Pero, aunque Patricia no lo diga, estoy seguro de que, si los tanques entran en Praga, la escisión puede darse y lo interesante es saber quiénes se quedan y qué van hacer los disidentes. Tampoco es un tema para hablarlo aquí.
- Tienes razón,- dice Patricia-, será mejor cambiar de tema, si podemos, claro. ¿Qué tal le ha ido a tu padre en Nueva York?, ayer recibí una postal pero no contaba mucho, que estaba bien, que mi carta ya había llegado a su destino y que ya hablaríamos cuando volviera.
- Lógico, una postal es un recuerdo y nada más – contesta Sandra, que sigue sin encontrarse cómoda con Patricia- pero le ha ido bastante bien, gracias a ti y a los contactos de Ramón, no ha tenido problemas para encontrar a tu conocido, ha quedado bastante impresionado, según me dice en la carta que recibí hace unos días y ahora va camino de visitar al abogado con quien se escribe desde hace años.
- ¿Cómo le conociste, Patricia? Tú eras una niña en 1936.- pregunta Ramón.
- No era tan niña, ya tenía casi 14 años y fue a finales del 36. Mi madre trabajaba para la Cruz Roja. En el batallón de mi padre también había brigadistas pero ninguno de la Brigada Lincoln. ¿Y tú, Ramón? ¿Cómo sabes que había muchos brigadistas negros en la Brigada Lincoln aquí en Madrid? Creo que muy pocas personas lo saben hoy en día, o al menos no lo recuerdan.
- No lo sabía Patricia, cuando estuve en Washington en junio, por lo de Bob Kennedy, coincidí con un periodista que estaba recabando datos para escribir un libro y si era posible crear un archivo. Su padre fue un brigadista que había fallecido en la batalla del Jarama y ahora él había podido contactar con algunos ex-combatientes que no lo están pasando nada bien gracias a McCarthy
- La que no sabe casi nada de nada soy yo. ¿Quién de los dos me hace el resumen?-pregunta Sandra.
- Yo mismo, si me deja Patricia…
-¡Por supuesto!
- Los voluntarios de Estados Unidos eran conocidos por el nombre genérico de Brigadas de Abraham Lincoln y en realidad eran dos unidades conjuntas con una unidad canadiense. Eran unos tres mil y entre ellos también había mujeres. La edad media sería de 30 años, inexpertos algunos pero todos con una gran ilusión y convencidos de que lo hacían por una causa justa. Entre ellos había unos 100 negros de diferentes orígenes, desde puertorriqueños hasta mestizos indios de padres blancos. Oí decir que fue la primera unidad americana con un oficial negro llamado Oliwer Law y que  perdió la vida en la batalla de Brunete. No fue el único, muchos de ellos murieron en la del Jarama otros en la de Belchite, o fueron muy malheridos en la de Teruel y en la del Ebro. Los que sobrevivieron cruzaron la frontera junto con el resto de los exiliados y algunos regresaron a los Estados Unidos donde volvieron a enrolarse en el ejército y lucharon durante la Segunda Guerra Mundial. Los brigadistas  en general corrieron diferentes suertes, en algunos países les quitaron la nacionalidad y en otros fueron unos héroes. En América, McCarthy se encargó de que sus nombres figurasen en las famosas listas negras.
- !Lo que les faltaba! ¿Se sabe cómo les fue a todos? - pregunta Sandra
- No, se sabe que los que trabajaban en la industria del cine fueron los que peor parados salieron. El brigadista que ha visitado tu padre en Nueva Jersey está ahora metido en el comité anti-Vietnam. Cuando tu padre vuelva, sabremos de primera mano cómo le ha ido. Espero que la visita sirva para obtener más nombres y mi colega americano pueda avanzar en su búsqueda, de hecho han ido juntos a Nueva Jersey.
- Sí, eso también lo dice en su carta y además le va a acompañar a Los Ángeles, donde ha quedado con su amigo abogado a quien lleva tiempo queriendo conocer. Según me ha dicho, es mestizo y también fue brigadista; esto lo ha sabido últimamente cuando le llamó desde Nueva York y ahora entendía por qué en sus cartas le decía que le había costado mucho ejercer su carrera. Lo que no termino de entender - dirigiéndose a Patricia, - ¿cómo y por qué le has dado esa dirección? Lo tuyo, Ramón tiene una explicación, pues tus movimientos han sido posteriores, una vez que ya sabíamos lo que quería hacer pero ¿fuiste tú quien le pidió un favor a mi padre?- vuelve a preguntar a Patricia
- En parte, Sandra, pero yo no saqué el tema. Estuvimos hablando sobre el libro que estaba leyendo Montse, el famoso libro “”No pasarán”” de Upton Sinclair y comenté que conocí a un brigadista, tu padre quiso escuchar su historia y me preguntó si quería que le llevase una carta personalmente, que le gustaría conocerle. Dudé  un poco pero al final le di la última dirección que tenía junto con una carta y un duplicado de una foto en la que estaba él con mi madre en la sala del hospital donde estaba destinado como intérprete de los brigadistas de habla inglesa.
- Comprendo; mi padre tenía ganas de recorrer los Estados Unidos desde que empezó a leer  las historias de Karl May siendo un  niño. Podéis reíros si queréis, pero  le encantaba el género y cuando vio la película “”Buffalo Bill”” supo que algún día iría a Estados Unidos. Por supuesto que ahora lo ve todo bajo otra perspectiva y hasta se ríe recordando sus sueños de niño, pero el gusanillo se le quedó y su correspondencia con este abogado de Los Angeles, que empezó por pura casualidad a principios de los 60 y lo que vosotros le habéis contado le ha animado a realizar el viaje con un tema añadido. Creo que le va a hacer bien revivir nuestra historia desde los recuerdos de unos hombres ajenos a nuestro país a los que no les importó poner en riesgo sus vidas porque estaba en juego el futuro de una nación.
- Asi fue, -dice Patricia- y lo que yo no entiendo Sandra es ¿por qué tu madre se cree que va a conocer hyppies y reservas indias?
- Mi madre sabe que lleva años pensando en ese viaje y que mantiene correspondencia con un abogado en Los Angeles y que pensaba verle. Supongo que tendrá sus razones para no decir nada de los brigadistas.
Si tanto te interesa, Patricia y no te ofendas, preguntárselo cuando vuelva.
- No, no me ofendo, y tampoco me interesa, es solo que me extraña. ¡Cielos! ¿es ya tan tarde? Se nos ha pasado el tiempo volando. ¿A qué hora tenéis la cita con el médico?
- Dentro de hora y media, aún tenemos tiempo de tomar un café- dice Ramón mirando a Sandra.
- Sí, claro, un café y nos vamos, que parece que Patricia también tiene prisa.

Minutos más tarde, los tres abandonan el restaurante, se despiden en la puerta y Patricia va a buscar su coche mientras Ramón para un taxi.


Capítulo XXVI



El avión de Madrid acaba de aterrizar en Orly, son la 12 de la mañana del día 15 de agosto y Sandra se dispone junto a Ramón a entrar en el taxi que les llevará al hotel, al mismo hotel en el que ya estuvieron en mayo y que Ramón ha reservado sin que ella lo supusiese. Fue toda una sorpresa la invitación de Ramón a pasar unos días juntos en París y de paso asistir a la boda de un amigo de ellos. La boda es este sábado y desde París también puede ir a Praga.
Quizá siga el consejo que le ha dado Ramón y llame a Carlos a ver si mañana pueden quedar para cenar o comer. Sandra duda de si debe hacerlo, a lo mejor no tiene tiempo y le pone en un compromiso. Su correspondencia con él es buena pero un encuentro con él es algo que todavía la pone muy nerviosa.
Una vez en la habitación del hotel y tras consultar sus dudas con su marido descuelga el telefóno y pide en recepción que le marquen un número. Segundos después, una voz en francés confirma que monsieur Soler llamará en cuanto pueda.
Sandra comienza a arrepentirse pero Ramón opina que no tiene por qué y le recuerda qué es la hora de comer en Francia.
Minutos más tarde suena el teléfono y un asombrado Carlos propone un restaurante para cenar hoy mismo, si quieren. Sandra lo consulta con Ramón y queda para esa misma noche a las 8 en el Boulevard de la Chapelle cerca de Pigalle.
Cuando cuelga el teléfono Ramón comenta divertido:

- Caray, poco le ha faltado para presentarse ya mismo. ¿Y tú dudabas de que quisiera vernos?
- No te rías Ramón, que no tiene gracia y vamos a comer algo que me muero de hambre.

Después de comer bajan por la calle del hotel hasta llegar a la plaza del Trocadero y pasean por los  jardines de palacio Chaillot.  No es la primera vez que vienen a estos jardines, siempre que están en París pasean por ellos y visitan  alguno  de los museos que alberga el Palacio. Ramón siempre recuerda que en este palacio se firmó la declaración universal de los derechos humanos y Sandra  que el palacio fue construido para la exposición universal de 1937, que el gobierno de la República Española encargó a Picasso un cuadro para el pabellón español y así nació el Guernica, este palacio sería su primera casa antes de mudarse a Nueva York. Tras el paseo regresan al hotel y, mientras Ramón telefonea al periódico, Sandra descansa un poco.
Pasadas las 7.30 de la tarde toman el metro hasta la Chapelle, donde han quedado con Carlos. Sandra está de nuevo nerviosa y no sabe qué hacer cuando lo vea, ¿darle la mano o darle un beso? Ramón trata de calmarla y le aconseja que no lo piense, que no se frene y que escuche a sus sentimientos. Según sube la escalera Sandra divisa a Carlos apoyado en la barandilla de la boca del metro y alza su mano en forma de saludo. Al alcanzar el último escalón, le da la mano y un beso que Carlos contesta a la francesa dándole cuatro y Ramón comienza a reír al ver la cara de susto de Sandra, al tiempo que él y Carlos se estrechan la mano muy cordialmente.
Roto el hielo se sientan en la terraza del restaurante, la noche es bastante calurosa y se está más fresco en la terraza que en el interior. Ramón comienza a charlar con Carlos como si se conociesen de toda la vida. Los dos hablan con mucha soltura de casi todos los temas y coinciden en muchas cosas. Sandra les mira como embobada y se siente orgullosa de Ramón. Siempre se lo pone fácil, siempre crea un ambiente distendido y consigue sintonizar muy bien con su interlocutor. Carlos también se siente a gusto con ellos, puede ser él sin tener que ocultar cosas.

- ¿Cómo va tu embarazo, Sandra?
- Perfectamente, no tengo ninguna molestía, salvo el empezar a sentirme gorda y pesada.
- No tengo experiencia con mujeres embarazadas pero he oído decir que eso es normal y además estás guapísima, si me permite Ramón decirlo.
. Permitido y además comparto tu opinión. Está radiante y no le noto cambios de humor como dicen que suele pasar.
- Gracias a los dos, pero sí me noto más sensible que antes y ya hay comidas que de repente no me gustan y hasta me está pasando con la gente.
- No va por ti, Carlos, -dice Ramón- sino por Patricia, no le cae bien y no comprende por qué no comparto su opinión. A mí me ha parecido una mujer muy agradable y muy comprensible.
- Y lo es, Sandra, es muy buena compañera y quizá te caiga mal porque a tu madre no termina de caerle bien.
- Quizá… ¿Sabes que mi padre está en los Estados Unidos?
Carlos no sabía nada y Sandra le pone al corriente.
- Así que tu padre está visitando a gente de la Brigada Lincoln, perdóname Sandra, pero Agustín es una verdadera caja de sorpresas, se está haciendo amigo de Patricia y le oculta a tu madre lo de las visitas.
- No, mi padre no es una caja de sopresas, Carlos, si de algo peca es de eso, nunca te sorprende, es muy constante y rutinario y sin embargo a veces puede llegar a ser la contradicción personificada...- Sandra hace una pequeña pausa para apurar su limonada y continúa-  Su razón para ocultar uno de los objetivos de su viaje responde a esa contradicción de la que te hablo. Verás, a mamá el viaje siempre le ha parecido una chiquillada, un sueño de niño, algo ridículo para un catedrático de derecho y papá nunca se ha enfadado por sus palabras y ahora prefiere que piense eso, que es un niño grande. ¿Y  todo por qué? Para que mamá no se preocupe por él más de la cuenta y no enfadarla. Ya sé que es una tontería sin sentido, pero es así. Conociendo a mamá y la antipatía que le tiene a Patricia, si se entera de que en su programa ha incluido lo de los brigadistas, mamá le podía echar en cara el que ahora sí se interesa  por temas de la guerra y antes prefería no tocarlos, es decir, con Patricia sí pero con ella no.
En parte no le falta razón a mamá. Papá nunca ha participado de los debates que teníamos mamá y yo, nunca ha querido comentar los libros que yo leía, siempre decía que el prefería mirar al futuro, preparar a otra generación para poder realizar un cambio pacífico que estar recordando cosas del pasado, abusos cometidos en ambos bandos e injusticias y que la palabra es la única arma que debe hablar. Y sin embargo, siempre me ha estimulado a conocer nuestra guerra y comentarla con mamá, a luchar de la forma que yo creyese más conveniente para denunciar las injusticias, a viajar y conocer cómo funciona la democracia en otros estados, a no renunciar a los sueños y ...
- Te entendemos, Sandra – dice Ramón, al notar que Sandra se está emocionando –
- Yo también entiendo lo que quieres decir ,Sandra, y quiero que sepas una cosa: siempre le estaré agradecido por lo que hizo por tu madre y mucho más por la manera en que te ha educado, por la libertad que te ha dado y por los principios que te ha inculcado aunque él no siempre los pusiese en práctica.
- Y yo también- dice Ramón, dándole un beso a Sandra, gracias a él tengo una mujer fantástica y una gran compañera.
- Aduladores, ahora me tratáis los dos como si fuera una niña pequeña- ríe Sandra.
- Oye- pregunta Ramón- ¿Tienes el sábado por tarde algo que hacer? Tenemos una boda y podrías acompañarnos, si quieres y no te dan miedo los periodistas de Le Figaro.
-No me dan miedo,- dice Carlos sonriendo- conozco algunos de ellos, pero no puedo confirmar mi asistencia, Ramón. Mañana vamos a estar casi todo el día reunidos y no sé que pasará el sábado. De todos modos, déjame la dirección y si puedo me paso sin falta. Ahora que estáis aquí, me gustaría pasar más tiempo con vosotros.
- Con los dos no creo que sea posible, el domingo voy a Praga, pero Sandra se puede quedar unos días aquí. No es necesario que regrese a Madrid sola, no creo que vaya a estar más de una semana y podríais aprovechar para conoceros mejor.
- No sería mala idea, pero si vas a Praga y sucede lo que todos esperan, me temo que yo tampoco voy a tener mucho tiempo libre.
- ¡Parad los dos! Habláis como si yo no estuviera delante y estáis tomando decisiones por mí. Si me quedo será porque a mí me apetezca y el tiempo lo decido yo. No necesito compañía todo el tiempo, conozco bien París y tampoco necesito guía ¿de acuerdo?
- Perdona, tienes razón, no lo volveré a hacer- dicen los dos a la vez y Sandra se echa a reir.
- Que no se os olvide – dice Sandra intentando parecer severa y añade- y si vas a la boda te presentas como mi padrino y el mejor amigo de mi padre ¿de acuerdo?
- ¿Tu padrino?
- Si me quedo y nos ven juntos nos evitamos habladurías, no puedo ir gritando ni publicar en ningún periódico que eres también mi padre ¿verdad?
- No, claro que no. Por mi parte no hay ningún inconveniente “ahijada”” pero te recuerdo que algunos me conocen del partido.
- ¿Y qué? ¿No puedes tener un amigo católico?
- Sí, claro. Será como tú quieras. No se hable más.

Ramón les mira a los dos y presiente que se van a llevar muy bien, la velada se alarga más de la cuenta y termina bastante tarde. Los tres se despiden con la sensación de ser viejos amigos, camaradas que llevaban un tiempo sin verse pero que siguen teniendo la misma sintonía.



Carmen se encuentra en el aeropuerto esperando el avión que viene de Pisa. Su madre y Mario aceptaron la invitación de Danielle y Giovanni y Teresita les ha acompañado.Tras pasar unos días con ellos, se fueron a la Toscana y llevaron a la niña al parque de Pinocho.  Ayer habló con ella y le comentó que tenía su cámara ya llena de fotos, que se lo estaba pasando muy bien, aunque echaba mucho de menos a sus mamás y que el parque era todo una pasada. Carmen recuerda, en parte por el relato de Beatriz, cómo fue su embarazo, un embarazó que sólo pudo compartir con su madre ya que su padre se enfadó mucho con ella y no quiso comprender su decisión. No se arrepiente de nada y lo volvería hacer, pero reconoce que debe de ser muy bonito poder compartirlo con la persona querida .Ella no conocía a Beatriz por aquel entonces, pero como la misma Beatriz dice, aún están a tiempo de darle un hermanito a Teresita.


domingo, 2 de enero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXIII y XXIV


Capítulo XXIII

Son las 6 de la tarde y una somnolienta Sandra se incorpora en el sofá, mira a su alrededor un tanto despistada y en seguida se da cuenta de que está en casa de su madre; recuerda como se quedó dormida después de hablar con Ramón y como esa misma mañana fue al médico. Su madre le acompañó e insistió para que se quedase a comer con ella. El embarazo progresa muy bien – había dicho el médico- todo marchaba fenomenalmente y a finales de noviembre creía que podría nacer la criatura.
Sandra se levanta perezosamente y pasa al cuarto de baño a asearse un poco y allí se sorprende mirándose en el espejo, contemplando su tripita de cinco meses que ya no pasa desapercibida y la causante de que sus viajes de trabajo hayan terminado pero ilusionada por la causa.Hace unos días que ha vuelto de Egipto y sin Ramón; las mini vacaciones que habían planeados se han estropeado gracias al golpe de estado en Irak. Mientras ella regresaba a Madrid su marido volaba a Bagdag . “”El Consejo Revolucionario cuenta con el apoyo de la mayoría de los militares y del partido Ba’ah, este partido va ganando adeptos en todo  Irak - le ha comentado Ramón en la breve charla que mantuvieron antes de quedarse dormida- el lunes puedo estar ya en Madrid, la revolución se ha hecho sin sangre y no se esperan problemas””.
.- ¿Ya estás despierta? – dice su madre desde la puerta de la terraza sacándola de sus recuerdos.
.-Eso parece, perdona que me haya quedado dormida, en los últimos días tengo sueño y hambre a todas horas.
.-Es normal Sandra, recuerda lo que te ha dicho el médico, el calor rinde a cualquier y a las embarazadas aún más, no tienes porque disculparte, al revés, aprovecha ahora que puedes para hacerte la holgazana, después no vas a tener tanto tiempo libre. ¿Te apetece un refresco? En la terraza se está ahora muy bien,
Sandra se reune con su madre en la terraza y se pone cómoda en un gran butacón.
.- Cuéntame ¿qué te ha dicho Ramón?- pregunta su madre.
.- No hemos hablado mucho, la comunicación no era muy buena pero el lunes vuelve. Ha llamado para saber lo que el médico había dicho y sobre la situación en Bagdag no hay mucho que contar, todo está bajo control y el pueblo parece aceptar al nuevo presidente y a su vicepresidente un tal Sadam. De este último ya habíamos oído hablar mucho en Egipto como una joven promesa y además es un buen amigo del presidente Nasser.
.- El tiempo nos dirá si el cambio ha sido para bien o para mal. Me temo que Oriente Medio siempre será una preocupación para Occidente pero lo importante es que Ramón vuelve el lunes y volvéis a estar juntos.
.- Sí aunque quizá por poco tiempo, la situación en Praga se agrava cada vez más y quizá tenga que ir dentro de poco para allá.
.-¿No te cansas de que viaje tanto?
.- Hasta hora casi siempre íbamos juntos pero la contestación es: no. Lo entiendo perfectamente y además ya  sabía antes de casarme que Ramón no era un periodista de despacho y redacción. El necesita vivir la noticia, palparla, analizarla en primera línea y divulgarla tal y como es; sería un crimen pedirle que hiciera otra cosa,  no todo el mundo tiene la suerte de trabajar y disfrutar con su trabajo como él lo hace.
De todos modos ya ha dicho en el periódico que a partir de octubre y hasta el nuevo año no va a salir de España, no se quiere perder el nacimiento de su bebé por nada del mundo y hasta dice que quiere estar presente en el parto.
.- Entiendo y ¿Có...mo has dicho? ,¿presente en el parto?. ¿Cómo se le ocurre esa idea? Me temo que no va a ser posible, aqui no es costumbre.
.- Ya lo sabe pero lo va a intentar y a mi también me gustaría. Un corresponsal holandés le contó la experiencia con su primer hijo y le ha contagiado su entusiasmo.
.- ¿Es normal en Holanda?
.- Se está poniendo de moda pero la mayoría de los partos suceden en casa y no en el hospital aunque ya hay hospitales que permiten la presencia del padre en el alumbramiento.
.- No me imagino a Agustín en un parto, cuando tu te empeñaste en salir una semana antes de la que el médico había dicho, era un manojo de nervios, no daba pie con bola y ni tan siquiera cerró la puerta del piso, menos mal que la vecina vio la puerta abierta y la cerró- ríe Amanda y continúa- luego en el hospital estaba él más blanco que las mismas paredes y en la sala de espera, según me dijo, se unió a los paseos de otros padres y aceptó todos los pitillos que le daban.
.- Nunca me habías contado nada de esto y me gusta oírlo... supongo que no fue fácil, no teníais familia y las circunstancias tampoco eran las adecuadas pero..¿Te imaginas a Carlos en una sala de parto?
.-¿A Carlos? Ahora que lo dices sí, pero no en un hospital, en un parto casero sí, creo que sabría controlar perfectamente sus nervios y hacerse dueño de la situación aunque después de que la criatura hubiera nacido se viniera abajo pero ¿por qué se te ocurre pensar en él ahora?
.- Por algo que me ha escrito en la carta. Sabes que mandó una carta a través del periódico a Egipto, ¿ o no?.. creo que te lo he dicho, al menos a papá se lo dije antes de que se fuese de vacaciones.
.- No, a mi no me has dicho nada Sandra. Carlos me lo comentó antes de regresar a París, pensaba en contestar a tu carta pero no estaba segura de que la hubiese escrito. ¿Cuándo la has recibido?
.- Perdona mi olvido pero como siempre todo pasa al mismo tiempo aunque no sea una excusa muy válida. La recibí el 13 de julio justo cuando volvíamos de recoger los billetes para volar el 16 de julio. Me quedé un tanto sorprendida cuando la vi, no me lo esperaba y no la abrí hasta unos días más tarde. La guardé en mi bolso junto con los billetes y el mismo día 16 llegó la noticia del golpe en Irak, Ramón tomó otro avión y yo tuve que esperar en el aeropuerto una hora hasta que el mío saliera y allí abrí la carta..de verdad que creía habértelo dicho en el taxi cuando fuiste a recogerme.
.- No tiene importancia Sandra, se te olvidó con todo lo que tienes encima pero ¿Cuándo se lo dijiste a tu padre?
.- El 15 de julio hablé con él, me llamó para desearme buen viaje, su vuelo a Nueva York también salía el 16 y me aseguró que a principios de septiembre ya estaría de vuelta, volvió a repetirme que no nos preocupasemos por buscar una vivienda a toda prisa que podíamos quedarnos en el piso todo el tiempo que quisieramos y que me echaría cada lunes una carta por correo urgente para matenerme al corriente de su viaje de costa a costa y no me perdiese nada. ¿No has hablado con papá antes de irse?
.- Sí, claro, pero no estaba muy comunicativo y tenía mucha prisa....le noto muy cambiado, no entiendo la urgencia por hacer este viaje y además Patricia le está acaparando mucho en las últimas semanas, no sé, pero no termina de gustarme esta mujer.
.- Yo sólo la he visto una vez y aunque me hizo varias preguntas prefiero no juzgarla todavía..¿por qué no entiendes el viaje de papá?
.- Si ha tenido que esperar tanto años  ¡que más le daba esperar hasta que naciera su nieto!
.-Mamá no eres justa ahora con él...ese viaje lo tenía preparado cuando te conoció y lo aplazó por ayudarte y he sido yo la que le ha animado a hacerlo ahora. Necesita cambiar de aires y conectar con otra forma de vivir. El viaje de costa a costa quizá no le dé tiempo pero estoy segura que al Gran Cañón si va a ir.
.- Quizá tengas razón pero ¿qué puede tu padre aprender de los hippies y de ese Kerouac?
.- Quizá nada porque la cultura hippy no es su objetivo, la naturaleza y la cultura india es lo que le fascinaba y sigue fascinando. Mamá creo que le va a venir muy bien y de paso quizá se encuentre consigo mismo por un lado y por otro, Patricia le dejará en paz durante unas semanas....por cierto ¿cuándo regresan de Francia?
.- Patricia la semana que viene creo y Carlos aún tardará un poco.
.- ¿Tienen un congreso o las cosas no marchan bien?
.-No lo sé Sandra, creo que hay una corriente a favor de que la URSS termine con la primavera de Praga y la corriente que se opone a los tanques soviéticos, pero no me hagas mucho caso, no estoy dentro del partido.
.- Sí, algo así me ha dicho Ramón de ahí que tema que tenga que ir a Praga...hay rumores de que Rusia no tardará mucho en enviar los tanques, en fin..creo que contestaré a Carlos y le enviaré la carta al poste restante que me ha dado.
.-También puedes hablar con él por teléfono cuando quieras, yo tengo un número de contacto.
.-No, prefiero la correspondencia, me gusta analizar la forma que tiene de expresar sus sentimientos y estudiar su caligrafía.
.-¿Y qué te dice su caligrafía? Si se puede saber
.- No soy ninguna experta en ese tema pero tengo una compañera que es muy aficionada y me ha explicado algunas cosas y..según el rasgo de algunas letras es una persona muy lógica, práctica y cautelosa; según los rasgos de otras letras reprime su espontaneidad y su emotividad pero también es una persona muy relajada y afable...¿no te ríes?
.-No, algunas cosas son aplicables a Carlos, sin duda alguna, pero espera a conocerle personalmente y entonces vuelve a analizar su caligrafía ¿vale?
.- ¿ A quien echas más de menos ahora, que no están ninguno de los dos?-pregunta Sandra evitando contestar a su madre.
.- A los dos Sandra. A tu padre porque le quiero y le estimo mucho y además estoy muy acostumbrada a su compañía y a Carlos, para que te voy a engañar, porque su presencia me llena plenamente y...
.- Vale, vale, ya lo entiendo, no necesito saber todos los detalles. Te entiendo pero me duele oir ciertas cosas, perdona mi brusquedad.
.-, No cariño, perdona tú,  me he dejado llevar... cada vez que hablo contigo siento que puedo hablar de todo y que además de ser mi hija eres mi mejor amiga.
.-Gracias mamá por tu confianza – dice Sandra levantándose del butacón de la terraza y disponiéndose a despedirse- ¿quedamos mañana de nuevo?
.- ¡Por supuesto! Me encanta la idea de ir a comprar ropa de bebé y mirar cunitas, ¿estás segura que no te quieres quedar aqui? El piso de General Mola es muy grande para estar sola.
.-Segura mamá.-contesta Sandra dándole un beso y un abrazo a su madre.


Capítulo XXIV

Al llegar a casa de su padre Sandra abre el buzón y recoge una tarjeta postal que había en él. La tarjeta es de Patricia, una imagen del Sacré Coeur y no dice gran cosa. Al subir se pone cómoda y se prepara algo ligero para cenar. Regresó a casa andando y  la caminata le ha abierto el apetito; el paseo le ha servido para seguir recordando el breve encuentro que tuvo con Carlos y piensa en la carta.
Sobre la mesa del salón ha dejado la postal de Patricia y allí también está la carta que su padre le había dejado a ella y al lado, la de Carlos. Con el plato de la cena en la mano se sienta en el salón y pone la televisión, las noticias en el canal UHF están a punto de empezar. Después de las noticias y mientras espera a que empiece el programa Luces en la noche  con Los Canarios, lee la carta de Carlos.

Madrid 11 de julio de 1968


Querida Sandra,


Permíteme que te llame así, que yo si empiece llamándote así. Te aseguro que no es un encabezamiento convencional o al uso sino una palabra muy sentida porque desde que me enseñaron, hace ya unos meses, un recorte de la noticia de tu boda y vi tu foto ya sentí que había perdido otra batalla, la segunda de mi vida, la primera al poco tiempo de conocer a tu madre y la segunda nada más ver tu foto. No me digas ¡qué exagerado! porque es la verdad..empecé a soñar con un imposible sabiendo que no tenía derecho a nada y no esperaba que pudiera conocerte en persona.
Gracias por tu carta, gracias por darme esta oportunidad de escribirte pero por carta no puedo contarte casi nada de lo que quisiera contarte. ¿lo entiendes?
Desde que tu madre confirmó mis sospechas no he dejado de dar vueltas una y otra vez al pasado, no paro de pensar si hice bien con la decisión de dejar a tu madre en Madrid, si no hubiese habido otra manera de traerla conmigo sin correr riesgos, sin poner su vida en peligro y siempre me digo lo mismo: no la había.
Sandra, no sé si alguna vez podrás entenderlo pero la vida de tu madre era más preciada que la mía, jamás me hubiese perdonado que le  pasase algo y mi vida en ese momento colgaba de un hilo;  Agustín era la única persona que podía ayudarnos, él también la amaba y la protegería, sabía que podía confiar en él . Lo que pasó después te lo contaré en persona si me das esa oportunidad.
Sandra, cuídate mucho, no sabes lo que me gustaría poder ver nacer a mi nieto, ¡mi nieto!, la palabra comienza a sonarme a música pero no se lo digas a nadie, guardame el secreto, no quiero que se sepa que soy más blando que un pan recién horneado. Lo digo en serio, futura mamá, sé que no va a ser posible pero ya que no pude estar junto a tu madre me gustaría estar contigo ...me pondré en la lista que encabezará tu marido, Agustín , tu madre y yo.
Recuerdos a tu marido a quien también me gustaría conocer en persona pues sus reportajes me los sé ya casi hasta de memoria.
Sandra si hablas con tu pequeñín díle que este abuelo vagabundo le manda un besito y otro a su mamá.
C.S.R

Las primeras notas de Get on your knees comienzan a sonar cuando Sandra deja la carta y se concentra en la pantalla de la televisión y piensa en Ramón, a él le gusta mucho este grupo y recuerda como lo descubrieron en la película de Carlos Saura, aunque ya habían oído hablar de ellos durante su viaje de novios por Canarias, lugar al que tienen que volver porque aún quedan islas por conocer.
Cuando el programa acaba, apaga el televisor y vuelve a la mesa del comedor, todavía no tiene sueño y tiene dos cartas que contestar, la de Carlos y la de su padre.
La de este último tiene como destino la mesilla de noche de la alcoba de su padre y la segunda un buzón de correo en una oficina francesa. Antes de empezar vuelve a leer la carta de su padre:


Madrid 15 de julio de 1968

Querida hija,


Acabo de hablar contigo y ya te escribo la primera carta de las acordadas. Gracias por no declararme loco de remate  y animarme a realizar este viaje sin que me sienta culpable. Tenías razón, quizá todo ha llegado cuando todos estábamos más preparados y a tiempo de retomar las ideas o sentimientos que habíamos aparcardo por las circunstancias.
Aprovecha bien estas semanas sin tu viejo para conocer bien a Carlos y no la hagas por nosotros, hazlo por ti misma, es decir, porque sientas la necesidad de conocerle y estés dispuestas a quererle.
No te inquietes por Patricia, no hay nada entre nosotros y no creo que yo le interese tanto, sólo busca compañía fuera del partido, una compañía con la que no tenga que estar siempre disimulando, se siente sola y la soledad es muy mala consejera.
No te cuento en que caso hemos trabajado juntos porque Montse quería contártelo personalmente a la vuelta de sus vacaciones.
En cuanto a tu madre tampoco te preocupes, ya no es la jovencita por la que decidimos y tiene el camino libre. A mi regreso, si lo desea, podemos arreglar nuestra separación jurídicamente.
Sandra, tú y Ramón podéis quedaros en el piso, en realidad es tuyo puesto que era de mis abuelos y tu eres mi única heredera, no busquéis más, ya buscaré yo algo más pequeño y cerca de vosotros.
Te quiero mucho y sigues siendo mi niña pequeña, no lo olvides,  aunque ya casi seas madre. Te prometo cuidar de tu cámara y utilizarla para inmortalizar el Gran Cañón como me has pedido y la reserva india que hay cerca de allí.
Un fuerte beso y hasta la próxima, ya desde América.
Tu padre, casi abuelo,que siempre piensa en ti.
Agustín.

Sandra mira el reloj que marca las dos de la madrugada, el tiempo ha pasado volando escribiendo las cartas, está contenta y llena de buenas vibraciones, es hora de irse a la cama, se levanta y con el vaso de leche en la mano va a su cuarto, pone el despertador y fantasea con la carita de su niño. Está convencida de que va a ser un varón y mañana irá a comprar las primeras cositas junto con su madre.




En el jardín de la casa del Viso están todos reunidos para celebrar el cumpleaños de Beatriz, cumple 35 años  y es su primer cumpleaños en España, primer cumpleaño con Leonor, Serafín y Mario,y entre todos han querido organizarle una fiesta sorpresa, de Bélgica han venido sus primos, de Venezuela su hermano  y de Italia  Danielle y Giovanni. Casi todos ellos ya han leído algún capítulo de su nueva novela menos sus primos, su español no les da para tanto. Mario les promete hacerles un buen resumen en inglés y la fiesta continúa entre risas, recuerdos y anédoctas mientras Teresita, con su primera cámara digital, intenta captar estos momentos para su libro de recuerdos.