domingo, 6 de febrero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXXIII y XXXIV

Capítulo XXXIII


Cuando el taxi deja a Sandra frente al portal de su casa, el portero sale a ayudar con la maleta,  le cuenta que una chica joven ha venido preguntando por ella esta misma mañana y  que ha dejado una nota en el buzón. Sandra lo abre, recoge las cartas, ve la nota, que resulta ser de Montse y tras intercambiar algunas palabras con el portero se mete en el ascensor.
Al abrir la puerta del piso deja la correspondencia sobre la mesa del comedor y en seguida nota que su madre ha estado allí; un ramo de flores en el centro de la mesa con una notita delatan su visita :
 << Mira en la nevera.Te espero a las 7 de la tarde en casa. Voy a estar todo el día en los juzgados, un beso. Mamá>>.

Son casi las tres de la tarde y Sandra entra en la cocina, abre la nevera y ve que su madre ha dejado una tortilla de patata y en otro recipiente, junto a unos yogures, una sopa de verdura y pollo. Agradece en silencio a su madre el detalle, realmente no tenía muchas ganas de salir a comer y menos aún de ponerse a cocinar. Minutos más tarde, después de cambiarse y ponerse cómoda se calienta la sopa, se sienta a comer mientras repasa la correspondencia y cuando termina se prepara un café y  va al salón; se tumba en el sofá y vuelve a leer la nota de Montse:
<< Hola, Sandra.¿Podrías llamarme el miércoles 21 de agosto, a las 11, a este número que te apunto.? Gracias Montse.>>

Suponía que Montse todavía estaría de vacaciones pero la nota indica que está en Madrid y se queda pensativa; no sabe bien qué pensar, quizá tenga que ver con el caso ´´misterioso´´ que se traían los tres entre mano: su padre, Patricia y Montse.
Deja la nota encima de la mesita, se toma el café y saca de su bolso la novela que le regaló Carlos asi como las cartas que ha escrito a su padre desde París y las deja sobre la mesita junto a la nota de Montse. Sandra se acomoda mejor entre los cojines y comienza la lectura de la novela.
A las 5 de la tarde suena el teléfono y con el libro en la mano se levanta a cogerlo.
-Dígame –dice Sandra
-Hola Sandra, soy Patricia, ¿ Cómo estás?, ¿Te llamo en mal momento?
-Hola Patricia, estoy bien y no,no molesta tu llamada pero tampoco tengo mucho tiempo para mantener una conversación larga. La hora se me ha echado encima leyendo un libro y tengo que salir ¿Qué querías?
-No te preocupes, no  te voy a entretener mucho, te llamo para invitarte mañana a comer si no tienes otros planes.
-No  te puedo decir nada en este momento Patricia. Montse me ha dejado una nota, tengo que hablar con ella mañana y supongo que mis planes pueden variar según lo que me diga, al menos que tu sepas lo que quiere de mi y me lo cuentes.
-No podría aunque quisiera, tengo una pequeña idea pero tampoco estoy segura; hagamos una cosa si puedes, después de hablar con Montse, me llamas ¿de acuerdo?
-De acuerdo, te llamaré, ahora tengo que dejarte. Hasta mañana.
-Hasta mañana y cuídate.

No le ha molestado la llamada de Patricia pero es cierto que el tiempo ha volado, la lectura del libro le ha llevado a una edad media con idénticos problemas que en este siglo, le faltan tres hojas para terminarlo y después escribirá sus impresiones y se las mandará a Carlos, como le ha prometido.
Sandra coge las cartas para su padre y se las lleva a la mesilla; al dejarlas descubre que su madre también le ha dejado una .Se extraña mucho porque no le ha dicho nada en la conversación telefónica que tuvieron pero claro, su madre tampoco menciona las flores y la comida en la nevera.
A las siete menos diez Sandra aparca el coche en la calle Princesa, entra en el portal y charla un poco con la portera que le dice que su madre acaba de llegar. Sandra le agradece la información y se monta en el ascensor; al llegar al último piso su madre está en el rellano con la puerta abierta y una gran sonrisa.
-¡Hola mamá! – le dice dándole un beso y un abrazo- la portera ya me ha dicho que acababas de llegar pero pensaba que ya estarías dentro.
-Y estaba cariño, pero te he visto llegar desde la terraza y he salido a esperarte- contesta Amanda sonriendo entrando en el piso juntas.
-Te veo muy contenta, ¿Te ha ido bien la mañana?
-No me puedo quejar, he conseguido una sentencia mucho más favorable de lo que esperaba y los demás casos, dentro de lo que cabe, tampoco se presentan mal. ¿Te apetece un helado? Acabo de comprar unas cuantas tarrinas en el puesto de helados de la esquina y los tengo en el congelador.
-Vale, un helado de chocolate y vainilla si tienes y ¿Qué quieres mamá? ¿De qué tenemos que hablar ahora? Te conozco y los helados, al igual que las flores y la comida en la nevera de esta mañana forman parte de un plan para algo ¿me equivoco?
-¡Hija, como eres! Cualquiera diría que no me gusta cocinar pero tienes razón. Pasemos a la terraza, he descubierto que mis mejores conversaciones las tengo allí

Madre e hija entran en la terraza con las tarrinas en la mano y Amanda le pone al corriente a su hija, sin que Sandra le interrumpa, de su conversación con Patricia y la posterior carta que le ha escrito a Agustín. Cuando su madre acaba su relato, Sandra, a quien la historia de Patricia no le sorprende, dice:

-¿Por qué no dijiste nada por teléfono? ¿Por no preocuparme? Que poco me conoces mamá, justamente cuando ocultas cosas es cuando me preocupas, el sábado no me creí la excusa del calor y el domingo, cuando me llamaste, sabía que tu cambio no se debía a una noche descansada. No soy ninguna niña y no tienes que protegerme de nada.
-No quería ocultártelo, pero no me encontraba con ánimo de contarte nada porque yo misma estaba hecha un lío y el domingo , cuando te llamé, estabas a punto de salir de la habitación; tu misma dijiste que Carlos te estaba ya esperando en el hall del hotel y por eso no te conté nada, sólo que me encontraba muchísimo mejor y que ya hablaríamos en Madrid. ¿Recuerdas?
-Lo recuerdo pero no terminas de convencerme. Lo siento mamá, tú siempre exiges de los demás sinceridad y confianza pero tú te reservas muchas cosas, no te extrañe pues si los demás tampoco se abren del todo. Entiendo lo del sábado, pero el domingo podías haber dicho algo más o tu nota con las flores podía haber sido más específica. – Sandra hace una pausa y continua, no se encuentra cómoda con la conversación y no lo oculta-  y Patricia no tenía que haberte pedido nada, en principio, ella no es nadie pero tampoco iba tan descaminada según tus reflexiones ¿o no?
-No, por eso me agobié tanto y lloré toda la noche. No es agradable oir de otros que una ha sido una egoísta toda su vida y que si no ha destrozado la vida de dos personas ha sido de milagro.
-¿Y ahora estás completamente segura de tu decisión? ¿No hay marcha atrás?
-No Sandra, ahora es definitivo. Tienes que creerme, quiero muchísimo a tu padre, le estoy enormemente agradecida por la gran labor que ha hecho contigo y la paciencia que ha tenido conmigo, le admiro profesionalmente y no quiero perder su compañía pero nunca podré darle lo que espera y que quizá pueda encontrar si yo le dejo libre
-¿Lo haces por él o porque te estás planteando  tu vida al lado de Carlos?
- No sé lo que puedo pasar en el futuro pero lo hago por nosotros dos. No me planteo volver al lado de Carlos porque la verdad es que nunca me fui de su lado; vivir juntos los dos es otra cosa que anhelo con todo mi ser pero hoy por hoy es imposible.  Carlos no puede vivir en España tal y como están las cosas y yo no me voy a Francia, ya no; estoy convencida de que aqui soy más útil que en Francia pero podemos vernos, yo puedo ir a París de vez en cuando o podemos quedar en otra ciudad si no puede venir a Madrid... ¿te dolería si fuera así?
-Si te digo que no quizá mienta. Mamá, yo solo quiero que seáis felices y que nadie sufra porque si uno de vosotros sufre, ese sufrimiento empañará la felicidad de los demás. Quizá sea inevitable y tampoco te lo voy a poner difícil, pero .. ¿Tú te das cuenta de todo lo que ha cambiado mi vida desde mayo? ¿Te puedes imaginar lo que he tenido que madurar para asimilar y aceptar estos cambios?. No estoy reprochando nada pero en pocos meses tengo que ver como mis padres se separan, como mi madre ha vivido una historia que no quería vivir con mi padre, como mi padre se ha pasado su vida esperando un milagro, como mi padre no es mi padre y conocer a mi otro padre. Mamá no ha sido nada fácil para mi aceptar todo esto aunque conocer a Carlos haya sido muy positivo y no me arrepiento de ello- Sandra hace una pausa para coger aire y bebe un vaso de Casera que le había traído su madre antes de continuar- Entiendo tu amor por Carlos, es tu primer amor y esos no se olvidan fácilmente. La poesía está llena de versos que recuerdan al primer amor y si el destino me privara de Ramón creo que jamás volvería a sentir el mismo amor por otra persona porque ahí está el problema a mi entender. No es que no fuese capaz de volver a enamorarme es que el miedo bloquearía esa capacidad,  miedo por un lado a no sentir el mismo amor, ese amor que me llenaba y  miedo por otro lado a serle infiel a su recuerdo, y a pesar de todo me parece imposible compartir tantos años con una persona sin llegar a amarle ni un poquito. Sé que papá aceptará tu decisión y que seguramente se está preparando ya mentalmente para ello pero tanto tú como Carlos me vais a tener que perdonar, pero si papá se viene abajo yo no me voy apartar de su lado ¿Puedes comprenderlo mamá?
-Por supuesto que lo entiendo y no podría ser de otra forma. Siempre me ha maravillado el grado de complicidad y afinidad que tienes con tu padre.
-Debe ser mi sino porque también la estoy empezando a tener con Carlos y afortunadamente yo no tengo que escoger entre uno u otro.Bueno, me alegro de haber hablado y creo que tenemos mucho más que hablar pero ahora tengo hambre, ¿preparamos la cena?


Amanda ríe el comentario de Sandra y juntas se van a la cocina, allí preparan una ensalada, cortan pan y un poco de jamón, queso y otros embutidos. Las dos vuelven con su platos y bebida  a la terraza y a las 10.30 Sandra vuelve a su casa. Ramón quedó en llamar entre las 11 y las 12 de la noche.



Capítulo XXXIV


En la ciudad de Phoenix, en Arizona, se encuentra Agustín que acaba de regresar de una excursión al parque forestal Tonto National Forest; está cansado pero satisfecho por haberla realizado a pesar del inmenso calor, “” the Apache trail”” como llaman a esta visita guiada ha merecido la pena; todo el viaje ha merecido la pena y aún le queda la perla del viaje: la visita al Gran Cañón . Mañana temprano sale para el punto de partida, la ciudad de Flagstaff y después volverá a Phoenix para emprender el camino de vuelta a Nueva York y regresar a Madrid.
Agustín tiene muchas cosas que contar a Sandra y alguna nueva que dar, por eso comienza una nueva carta, la última de este viaje:

Phoenix 20 de agosto de 1968

Mi querida Sandra,
Estoy deseando regresar para poder abrazarte de nuevo; te echo mucho de menos y también tengo unas ganas enormes de leer tus cartas, de escuchar como progresa tu acercamiento a Carlos, de como vas con tu embarazo y de muchas otras cosas más.  Es una pena que la comunicación telefónica sea tan difícil por las diferencias de horarios. Como estoy en la recta final de mi viaje esta será mi última carta por ahora; ya os mandaré un telegrama cuando llegue a Nueva York.
Como habrás visto en la fecha, estoy en Phoenix; en los Angeles me despedí del periodista que conoció Ramón y emprendí el viaje a Arizona yo solito, he alquilado un coche y he llegado por la mítica ruta 66; llevo dos días en esta ciudad y hoy he realizado mi primera excursión. No sabes la cantidad de carretes que te llevo, te voy a dar mucho trabajo y además aún me faltan las fotos que haré mañana en el Gran Cañón.
Esta mañana, pensaba, mientras hacía las fotos, que las palabras se quedan corta para describir la majestuosidad de estos paisajes pero espero encontrarlas cuando estemos juntos y poder comentar las fotos. ¡Ojalá pueda volver algún día contigo ¡, estoy seguro de que disfrutarías tanto como yo.
Querida Sandra, supongo que sabrás que le escribí una carta a tu madre y le conté mis encuentros. También sabrás que dije que estaba dispuesto a que nuestra separación dejase de ser temporal y pasase a ser definitiva si ella lo quería. De su decisión dependerán mucha cosas.
No creas que he tirado la toalla, si algo he aprendido de las personas con las que he hablado es justamente éso, a no rendirse nunca pero también que cuando las cosas no pueden cambiarse hay que encontrar otros caminos porque nuestro destino es caminar y abrir senderos nuevos, rutas nuevas, adaptarse a las circunstancias cuando es necesario pero sin resignarse a no encontrar un nuevo sendero  y es lo que yo estoy dispuesto a hacer.
En octubre digo adiós a mi cátedra, como ya sabrás pero no me voy a quedar en casa. Así pues, no sólo en lo personal voy a intentar comenzar de nuevo sino también en lo profesional.
En mi anterior carta te contaban mis encuentros con los dos brigadistas y la cantidad de emociones que estos encuentros han despertado en mí pero no te decía nada de sus consecuencias, ahora te lo explico.
Me han ofrecido unirme a una organizacion social, de ámbito internacional, que ha participado en la organización de la Conferencia Internacional  de los Derechos Humanos, celebrada en abril en Theran. He tenido la oportunidad de conocer a algunas personas de esta OSC en casa de mi amigo, en Los Angeles y  les he prometido estudiar  la propuesta. Si acepto, podría empezar a trabajar en enero  con ellos; necesitan a alguien para el área de habla española y la oportunidad de llevar a la práctica mis ideas me entusiasma. Tendría que viajar muy a menudo pero no me asusta ya la soledad de los hoteles, sé que entraré a forma parte de otra familia y estaré bien arropado.
Como verás, hija mía, tengo que volver a darte las gracias por haberme animado a hacer este viaje y a Patricia por la puerta que me ha abierto con la historia de James, mi brigadista de Nueva Jersey.
Cariño, dale muchos recuerdos a Ramón, díle a mi nietecito que este abuelo vuelve lleno de energía y de planes y tú recibe un beso enorme y un abrazo sin fin de tu padre, que no se cansa de decirte cuanto te quiere.
Agustín.
Pd. No me he olvidado de tu madre, a ella también le mandé ayer otra carta contándole mis futuros planes.

Agustín relee la carta, la mete en un sobre y se acerca a la Post Office para mandarla como correo urgente. Después regresa al hotel y se une a un grupo de turistas que como él mañana partirán a Flagstaff.


En Madrid Sandra ha llegado a su casa a tiempo de no perder la llamada de Ramón y le cuenta la conversación con su madre ajena a los planes de su padre y a los acontecimientos de las próximas horas que retrasarán la llegada de Ramón.

En casa de Carmen  también se ha recibido una carta, su padre le ha vuelto a escribir  y le anuncia una próxima visita.  La última vez que se vieron fue en Italia, después de su boda con Beatriz y prometió escribir  más a menudo, promesa que no ha cumplido y ahora dice que viene, que quedaron muchas cosas por hablar. Su padre no se parece en nada a los padres de Sandra, piensa Carmen,ni se parece para nada a Mario o a Serafín,  ninguno de ellos hubiesen rechazo a su nieta por haber nacido  siendo ella soltera y por un método  no convencional, cosa que  él  si hizo. En la boda fue la primera vez que vio a Teresita y a la boda vino gracias a su nueva mujer, una persona sin prejuicios y que está intentando que su marido vea con otros ojos a Carmen . A pesar de que su padre, tras el divorcio de su madre, se preocupó por ella, nunca aceptó su manera de ver la vida ni las decisiones que tomó. Carmen ya se ha acostumbrado pero le apena que Teresita no tenga contacto con su abuelo aunque afortunadamente no le falta el cariño de Mario o de Serafín; la niña ya pregunta por él, sobre todo a raíz de la separación de los padres de su amiguito Javier. Dentro de una semana estará en Madrid pero de momento no le dirá nada a la niña, primero tiene que hablar con él, fuera de casa y después verá lo que hace. Hace ya tiempo que ha dejado de hacerse ilusiones con su padre.

















domingo, 30 de enero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXXI y XXXII

Capítulo XXXI


Sobre las 3.15 de la tarde dejan Versalles y regresan a París, aparcan el coche delante del hotel, entran en el hall y Sandra pregunta en recepción si tiene algún recado, le dan una nota que dice: “je t’appelle à 4 p.m. Ramón” y Carlos propone encontrarse de nuevo a las 5.30 de la tarde, así podrá hablar con Ramón e incluso descansar un poco; le asegura que ya tiene en mente el programa de por la tarde y prefiere que esté descansada. Sandra sube a su habitación sin rechistar y Carlos decide pasarse por la sede del partido para ver si hay novedades.

Desde las ventanas del salón de prensa, en el primer piso del Hotel U Prince de Praga, se contempla toda la plaza de la Ciudad Vieja y Ramón no pierde de vista el reloj astronómico, espera que sean las cuatro de la tarde para fotografiar a los 12 apóstoles, que como todas las horas y sin faltar a su cita, aparecen por una puerta y tras su corto recorrido desaparecen por otra hasta la próxima hora.
El ambiente entre los corresponsales es bueno pero en la ciudad reina la tensión de la espera; según los alemanes de “ Bild” en menos de 48 horas los tanques van a poner fin a la revuelta, según los de NY Tribune en la Casa Blanca ya están tomando medidas y del Krenlim ya ha salido la consigna de que nadie oponga resistencia si no quieren problemas. Todos los occidentales se sorprenden de la actitud entera y resoluta de los estudiantes que no están dispuestos a desalojar los puestos claves que han ocupado en la ciudad.
A las 4 en punto Ramón se asoma a la ventana y hace su foto, seguramente no ha salido tan profesional como si la hubiese tomado Sandra pero se conforma y a continuación  llama a su mujer a París.La conversación no es muy larga pero comprueba con satisfacción que Sandra ha superado su particular prueba de fuego y que el encuentro a solas con Carlos ha sido todo un éxito.

-No sabes como me alegro de oírlo Sandra- dice Ramón-  y por cierto ¿has podido hablar con tu madre?

-No, todavía no. Pienso hacerlo ahora cuando cuelgues pero no hay prisa. Carlos si ha hablado con ella esta mañana, antes de venir a buscarme y según él ya no está tan cansada como ayer.

-Bueno, cariño, no te preocupes que seguro que era el calor y el trabajo. Dale mucho recuerdos de mi parte cuando hables con ella y mis saludos a Carlos.

-Ya veremos, la excusa del calor y el trabajo no termina de convencerme, en fin, les daré recuerdos. Un beso y ten cuidado.

Tras esta breve conversación ambos cuelgan el teléfono y Sandra marca el número de su madre pero no obtiene contestación, probablemente esté comiendo fuera de casa, piensa, y decide llamar más tarde.
En realidad su madre está en casa, está en la terraza y deja sonar el teléfono; no quiere perder su concentración ahora que ha decidido empezar con el escrito más importante de su vida.

Sentada, con un bloc sobre sus rodillas Amanda empieza a escribir una carta. Esa misma mañana, al levantarse, después de una noche en vela, deja correr el agua en la bañera y tras tomarse el café se relaja en el agua con sales, cierra los ojos y medita lo que quiere hacer de una vez por todas. Al salir se encuentra de mejor humor y mucho más descansada. Después del baño se arregla para bajar a por la prensa y a eso de las diez suena el teléfono.  Un preocupado Carlos se interesa por ella y tras tranquilizarle y desearle de nuevo que tenga un buen día cuelga  decidida a tomar las riendas de su destino.
Se pasa la mañana mirando fotos y recordando los momentos más emocionantes de su vida con Agustín y ahora le está escribiendo una carta, una carta que al igual que Sandra, ella también dejará en la mesilla de la alcoba de Agustín.

Madrid 18 de agosto de 1968

Querido Agustín:

Aqui estoy, ante una hoja en blanco pensando que es lo que quiero decirte exactamente y como decírtelo, a pesar de que cuando estaba tomando un baño, relajada en la bañera, he escrito esta carta mentalmente, sigo sin encontrar las palabras.
Quizá deba empezar por el principio, por el efecto que me produjo tu carta, por el desconcierto que han sembrado tus palabras en mi y por el daño que me ha hecho el que no hayas sido del todo sincero conmigo, aunque ya ves, entiendo que hayas preferido callarte una parte de tu viaje si tu tampoco estabas seguro de realizarlo. No obstante y aunque es tu letra y son tus palabras  no me encajan  con la persona que yo creía conocer, con la persona que no tenía secretos y en la que yo confiaba incondicionalmente. Indudablemente o no te he conocido o has cambiado mucho en estos meses que llevamos separados, pensé al leerla por segunda vez y la culpable del cambio, volví a pensar, debe ser Patricia. Ya ves, aunque parezca ridículo tenía que buscar un atenuante para no echarme a mi toda la culpa de una situación que se me iba de las manos.
El sábado, es decir, ayer, mantuve una conversación con Patricia y cuando se fue me pasé toda la noche llorando, llorando por nosotros, llorando por la historia de Patricia y por sus palabras que me han hecho reflexionar. Me he pasado toda la mañana mirando las fotos de todos estos años y recordando nuestras conversaciones y he llegado a la conclusión que no te conozco, que nunca te he conocido, que nuca he hecho nada por conocerte y que curiosamente ha sido en esta misma terraza, desde la que ahora te escribo, donde hemos mantenido la conversación más íntima y personal de todos estos años. Tenías razón cuando decías que habías llegado a la conclusión que eramos compañeros de viaje y que el viaje llegaba a su fin,lo malo es que ni tan siquiera cuando lo dijiste te escuchaba, mejor dicho, su significado no me llegaba, no lo interpretaba como ahora lo hago.
Agustín, no sabes lo mal que me siento y la rabia que tengo pero tu también has tenido parte de culpa. Yo he sido una egoísta, es cierto, siempre he dado por sentado que tú estabas ahí, que tú entendías que una parte de mi ser pertenecía a otra persona y que te conformabas con tenerme a tu lado, que eras feliz cuidando de mi como prometiste y que mi cariño, respeto y afecto eran suficientes. ¡qué ilusa he sido!
Antes te he dicho que tu tenías algo de culpa y es verdad porque nunca me diste a ntender en estos años que no estabas dispuesto a seguir asi, a sacrificarte por mi; entiendo que en los primeros años no lo hicieras pero si alguna vez, cuando Sandra ya era más mayor, hubiese sacado el tema hubiéramos podido discutir la situación pero ahí está el problema Agustín, tú nunca discutes, nunca querías polémicas y por eso no tratabas los temas políticos conmigo, aunque te gustase oir mis debates con Sandra, tu te mantenías al margen y salvo los temas de la facultad y la educación de la niña no teníamos más temas de qué hablar.
De todos modos creo que ninguno de los dos somos culpables del todo. Los dos nos resignamos a seguir el camino que el destino nos había marcado y si Carlos no hubiese vuelto nos hubiésemos hecho viejos sin que ninguno de los dos hubiese sido completamente feliz, viviendo a la sombra de la felicidad de Sandra.
Me decías en tu carta que si quería a tu vuelta arreglábamos nuestra separación legalmente y ahora te pido que lo hagas. Los dos lo necesitamos, tenemos que empezar una nueva etapa, siendo amigos porque sin tu amistad no podría hacerlo, pero al día de hoy estoy segura, muy segura, de que te tengo que dejar libre, que jamás podré amarte como tu mereces y aunque sé que tu no pierdes la esperanza, sería un crimen dejarte pensar que podría ser de otro modo. Perdóname, te quiero muchísimo y eres muy importante en mi vida pero no te amo, nuca te he amado y no te amaré.
Siento ser tan dura y sé que mis palabras te pueden hacer daño pero creo que en el fondo tu sabes que es la única verdad y yo quiero que recuperes a la persona que eras antes de conocerme, a esa persona llena de ilusiones y planes, que vueles y encuentres quien te ame por ti mismo porque si hay alguien que lo merece, ese eres tú.
Recibe un beso y un hasta siempre, con todo mi cariño.

Amanda.


Cuando termina la carta la mete en un sobre y la cierra, no quiere releerla, no quiere cambiar nada y antes de llevar la carta a su destino busca el teléfono del hotel de París y llama a Sandra.



Capítulo XXXII


Martes 20 de agosto, 12 de la mañana; el avión con  destino a Madrid, con Sandra a bordo, acaba de despegar de Orly mientras Carlos abandona el aeropueto camino de una reunión que se presenta larga como preámbulo de muchas otras que están por venir. Se congratula de haber podido pasar casi tres días seguidos con Sandra, tres días que le han parecido cortos pero que han sido los mejores que ha tenido en muchos años.  Ayer mismo, durante la visita a “”Lafayette”” le compra un pequeño obsequio para ella y otro para el niño.
“Nunca pensé que ir de compras, entrar en una boutique sí y en otra también o mirar escaparates me fuera a gustar pero la verdad es que me encantó compartir esta actividad tan banal y superficial con mi hija” piensa mientras entra en el portal de la sede en París.
En el avión, Sandra se desabrocha el cinturón, saca del bolso una novela, regalo de Carlos y con ella en la mano, echa un vistazo a la otra bolsita que lleva consigo en la que hay otro regalo: una ranita para el pequeñajo, como Carlos le ha llamado, y unos zapatitos que el mismo eligió en la sección de bebés.
Sandra intenta leer la novela, una traducción al francés del original escrito en inglés, cuyo autor, Hans Koning, tiene varios amigos en el partido, según Carlos, a pesar de que ahora resida en los Estados Unidos.  Recuerda que le preguntó:

- ¿Y tú también le conoces?

-No tanto como mi camarada Ricardo pero coincidí con él en la resistencia, después pasó a ser traductor de los aliados y en su periódico de izquierda, cuando él era editor, hemos publicado varios artículos, tiene en su haber la Cruz de la Resistencia holandesa.

-Muy interesante y la novela “ Caminando con el amor y la muerte”” ¿te ha gustado?

-A mi sí y cuando la leas podemos discutirla. El escenario: Francia inmensa en la Guerra de los Cien años. Campesinos que se enfrentan a los nobles, la iglesia que los deja de lado y un joven estudiante, de camino a Inglaterra en busca de la libertad, testigo de todo lo que pasa, encuentra en su caminar a una joven noble.  Entre tanta desolación y oscuridad el amor toma vida.

-¿Amores imposibles?

-Juzga tu misma.Espero que te guste

Sandra también lo espera y comienza a leer pero no puede concentrarse, a su mente acuden los recuerdos de la tarde del domingo, del paseo en barco por el Sena y la cena cerca de la Opera que le permite enseñarle la casa en la que su madre pasó su adolescencia en París; recuerda como entre los dos se imganinaban a su madre recorriendo la calle, con coleta, con trenzas y de punta en blanco , entrando en la panadería o asistiendo al colegio.
En el restaurante Sandra pide a Carlos que cuente algo de su padre, al que también le gustaba la fotografía y sobre su infancia.

-¿De dónde es tu familia? Y ¿dónde ha nacido el verdadero y único Carlos?, si se puede saber y no es secreto de estado, claro-le pregunta Sandra guiñándole un ojo y mirando para todos los lados.

-¡Qué curiosa que eres y qué discreta! – contesta Carlos. ¿Quieres la versión corta o la larga?

-Déjate de bobadas y comienza- le dice Sandra en tono serio pero sin poder disimular la risa.

-Vale, vale.- contesta Carlos, contento con la confianza que va ganado con Sandra- Mis padres nacieron en la misma provincia pero en diferentes pueblos y se conocieron en Zaragoza, a los pocos meses de casarse se fueron a vivir a Santander y allí nací yo, un 30 de noviembre. Hasta los 12 años fui un niño feliz, no tenía grandes problemas iba al colegio y soñaba con ser aviador y volar por todo el mundo. Mi padre era ingeniero naval; un buen hombre que se preocupaba por el bienestar de los obreros de los astilleros, amante de la fotografía y de la naturaleza, soñador empedernido y devoto lo justo, los domingos y días de fiesta para no enfadar a mi madre. Todos los domingos, después de la misa de las 12, íbamos a la playa con nuestras cometas y mi padre nos hacía fotos y en el verano nos quedábamos a comer en la playa, si el tiempo lo permitía. Mi madre extendía una manta y de una maleta de mimbre sacaba  platos, vasos, tenedores y de las tarteras la tortilla y las empanadas que había preparado en casa, era una rutina que no me aburría y que eché de menos cuando en1929 nos mudamos a Cartagena.

-¿Qué paso entonces? – pregunta Sandra cortando con su cuchillo su filet de boeuf

- Al principio nada, era otra ciudad y otras costumbres, mi padre en seguida hizo amigos y yo me integré bastante bien, ya era casi un hombre y en el colegio descubrí el teatro y a muchos clásicos. En 1933 nuestra vida, cómoda pero comprometida, cambió con la muerte de mi padre de forma violenta. Mi padre salía del puerto cuando se encontró con un grupo de obreros que estaban discutiendo entre sí. Desde hacía unos días los partidarios de Acción Nacional estaban calentando el ambiente y ese día estalló. Mi padre se puso en el medio y consiguió hacerse con la situación al tiempo que venían los guardias.
Dos días más tarde mi padre no regresó a casa, mi madre alarmada y con razón, comenzó a buscarle y junto con la guardia lo encontraron muerto en un muelle del puerto. Le habían dado una paliza antes de pegarle un tiro en la sien. Después del entierro le recomendaron a mi madre, unos buenos amigos con conexiones en la Falange que no removiera el asunto y abandonase Cartagena, que sería lo mejor para ella y para mi, así lo hizo, volvió a Zaragoza con su familia y a finales de 1935 cruzó la frontera francesa junto con otros familiares y yo, a mis 17 años me uní al ejercito republicano.

-¡Maldita violencia sin sentido! Siempre es lo mismo, en todas las partes y no sabes como te entiendo. En Vietnan he visto como se truncaba la vida de tantos jóvenes y una vez estuvimos, unos cuantos periodistas y fotógrafos, a punto de ser víctimas por un ataque sorpresa. Creo que ese día descubrí una faceta mía que no me gusta nada. Si hubiese tenido en mis manos un arma en lugar de mi cámara hubiese disparado sin pensarlo.

- ¿Qué pasó Sandra?-pregunta Carlos mirándola muy seriamente.

- Mejor te lo cuento otro día. Ahora quiero disfrutar de esta cena y quedarme con esa imagen que ya me he formado, de un chico de 10 años con pantalón corto corriendo por una playa con los pies descalzos y el pelo alborotado por el viento con su cometa volando.

-Como quieras – responde Carlos y tomando su copa de vino invita a Sandra a brindar por ellos y su próximo encuentro.

""A los postres- sigue recordando Sandra- terminamos hablando de literatura y cuando me dejó en el hotel quedamos para comer juntos al día siguiente. Después en mi habitación escribí a mi padre, mi segunda carta desde París contándole como había sido el día y.....””

La voz del piloto anuncia que la tripulación debe tomar asiento para empezar el aterrizaje y Sandra deja los recuerdos para otro momento, media hora más tarde abandona en un taxi el aeropuerto de Barajas dirección General Mola.


Agosto está a punto de acabar y el nuevo curso escolar a la vuelta de la esquina pero Teresita no quiere ni oir hablar de volver al colegio. Beatriz trata de consolarla pero Carmen sabe que no va a ser nada de fácil, es la primera vez que una decisión de dos adultos afecta directamente a la niña y a su entorno, es la primera vez que oye la palabra divorcio y que siente sus consecuencias. Javier, su amiguito se va con su madre a Mallorca mientras su padre se queda en Madrid. Lo que Javier quiere, como dice Teresita, no importa, el mundo de los mayores es injusto y no escucha a los niños. Javier no quiere irse a Mallorca y no comprende por qué su madre no se puede quedar en Madrid aunque sea en otra casa. Se han prometido verse por el ordenador y llamarse por teléfono pero ni él ni ella encuentran consuelo en ese remedio. Beatriz le recuerda que en las vacaciones y en otras fechas Javier vendrá a Madrid para pasar unos días con su padre pero ella sigue sin conformarse y no quiere salir de su habitación. Carmen pasa por hoy de leer los nuevos capítulos del relato y decide llamar a la caballería: a su madre y a Mario, quizá entre todos, sobre todo su madre, pueda explicar a Teresita que nadie es feliz cuando toma la decisión de divorciarse, de separarse, pero duda de que su hija lo entienda, ella misma no quiso dar crédito a la separación y posterior divorcio de sus padres.

domingo, 23 de enero de 2011

Madrid, mayo del 68 Capítulos XXIX y XXX

Capítulo XXIX

La tarde es muy calurosa,en la radio han dicho que la temperatura es de 38 grados; aunque en la terraza de Amanda, asombrosamente, quizá por la altura y la orientación al norte se está bien, ahora en la calle, camino de su coche, Patricia siente el calor de golpe y se alegra de tener un ""dos caballo"" que puede convertir en descapotable.
Cuando llega a su casa se siente incómoda, cansada, sin ánimo y supone que Amanda no está mejor que ella. No es sólo el sofocante calor, se dice, es la conversación que han mantenido y aunque no se arrepiente (tarde o temprano tenía que suceder) piensa que debe llamar a Carlos e informarle. Amanda ha comentado que Sandra está en París, que se han visto y no le quiere poner en un compromiso. Una mirada al reloj de pared le dice que todavía está a tiempo de dejar un recado en portería. Marca el teléfono decidida y le pide a la portera del edificio parisino donde Carlos para, que le de el recado y se prepara un granizado de limón mientras espera la llamada.

En París, tras el paseo con Sandra y Ramón y de vuelta al apartamento, Carlos se encuentra con un compañero que está esperándole cerca del portal y por un momento teme que sus planes para el día siguiente se vayan al traste. Afortunadamente sólo quiere ponerle al día de lo que se había acordado esa tarde y recordarle que se mantenga en contacto con la sede, que llame por teléfono a lo largo del domingo por si hubiera cambios. Al entrar en el portal recibe el recado de Patricia, la portera del viejo edificio había anotado: “”monsieur Soler, d'urgence. P.”” y  Carlos vuelve a salir para llamar desde un café cercano.

En otro distrito de París y mientras Ramón se pone en contacto con el periódico, Sandra decide empezar una carta para su padre en contestación a la que recibió de él y de paso contarle lo que está viviendo estos días en París, los encuentros habidos con Carlos hasta ahora y comienza:

París 17 de Agosto de 1968
Querídisimo papá,
Aqui estoy, en la habitación del hotel empezando la segunda carta que dejaré en tu mesilla cuando vuelva a Madrid.
No puedo esperar más, quiero contarte ya las cosas que me están pasando y decirte lo mucho que me alegro de que tu viaje esté resultando un éxito.
 Estoy deseando oir todas tus vivencias, los sentimientos que despertaron en ti los encuentros con estas personas que no dudaron en dejarse la piel por otros y me encanta saber que entre el periodista con el que Ramón contactó y tú hay mucha sintonía y ahora te acompaña en tu viaje.
No te preocupes por las fotos que me has prometido, te confieso que me gustaría hacer esas fotos contigo, hacer ese recorrido por el Gran Cañón de tu mano, mientras Ramón y mi pequeño esperan nuestra vuelta en la piscina del hotel en Flagstaff, asi que ya sabes, si no tienes tiempo ya puedes empezar a preparar el próximo viaje con nosotros ¿de acuerdo?.
Te preguntarás ¿qué hace en París? Y tienes razón, no entraba en mis planes pero Ramón me sorprendió con el viaje aprovechando la invitación de boda de un compañero francés y con la callada esperanza de que yo llamase a Carlos para quedar. Decidí seguir tu consejo papá, quedar con él, hablar con él, y espero que mañana domingo pueda hacerlo; hasta ahora no he estado a solas con él.
Al llegar a París quedamos para cenar los tres y hoy hemos ido juntos a la boda, bueno, a la ceremonia porque al convite no nos hemos quedado.
Estos momentos que hemos pasado los tres juntos se me han pasado volando.
Esta tarde mientras estábamos comiendo  he pensado que era muy afortunada con los hombres que me rodean, el destino, la providencia o el altísimo, como quieras llamarlo, me ha permitido elegir a uno como marido y a los otros dos (tú y Carlos,naturalmente) me los dio sin preguntarme pero acertó de pleno.
 No te me pongas celoso, por favor, sabes que te quiero muchísimo, que te tengo casi en un pedestal aunque tú no lo quieras y como siempre hemos sido muy sinceros (salvo el secreto de “”operation Charly””, como yo he bautizado a las circunstancias),  quiero que sepas que estoy empezando a sentir cariño por Carlos y que se merece una segunda oportunidad, aunque me temo que en muchas cosas no vamos a estar de acuerdo.... Voy a dejarle hablar y me he propuesto no juzgarle.
Tengo que interrumpir la carta por unas horas, Ramón me dice que es hora de bajar a cenar (¡los horarios franceses!) y no sé si después podré continuar. Ramón sale mañana para Praga, tiene que estar en el aeropuerto a las 8.30, quiere acostarse temprano y pensándolo mejor voy a terminar la carta ya mismo. Mañana empezaré otra con las emociones del domingo. Vas a tener mucho que leer cuando vuelvas.
Te quiero mucho y te echo de menos a pasear de estar en muy buena compañía.
Besos.
Sandra.

Sandra firma la carta y baja con su marido al comedor del hotel y comenta con Ramón la corta conversación que ha tenido con su madre, la ha notado como decaída y la excusa del calor que estaba haciendo en Madrid no termina de convencerla del todo. Ramón le aconseja llamar el domingo, quizá se haya pasado toda la tarde preparando la vista del lunes, ya sabían que era muy importante para ella, por ese motivo no pudo acompañarles a París. Quizá el cansancio, unido al calor han podido con ella y necesite dormir.

Lo que Ramón ignora es que Carlos en ese preciso instante  está hablando con Amanda. Después de llamar a Patricia no ha dudado en telefonear  a Amanda, quien al oir su voz, llorando y  rota por los sentimientos le ha gritado lo enfadada que está con él por no habérselo contado con anterioridad.
 
-¡Amanda, por favor, escúchame! – insiste Carlos- ¡No cuelgues el teléfono!, si no quieres hablar, lo acepto, pero déjame explicártelo otra vez - repite Carlos.

-No tienes nada que explicar - contesta Amanda después de un corto silencio y suspirando hondamente pero un poco más calmada, continúa-  es verdad que mencionaste lo de no haberme perdido de vista, yo estaba tan enfadada contigo que lo pasé por alto y lógicamente si Patricia llevaba ya tanto tiempo en Madrid, quien mejor que ella..pero lo que ha dicho de Agustín, no sé, puede que tenga razón; estoy echa un lío y no puedo parar de llorar..ya se me pasará.

-Gracias por no colgarme.Te repito que siempre he buscado lo mejor para ti y sigo haciéndolo; no te juzgues tan severamente, reflexiona sobre ello pero no te dejes abatir por el sentimiento de culpabilidad, este sentimiento no es el mejor consejero para ver las cosas de forma objetiva. ¿Me lo prometes? ¿Vas a dejar de llorar?
-Lo intentaré, es todo lo que puedo decirte ahora. Gracias por llamar pero como le he dicho a Sandra, que no sabe nada de mi conversación con Patricia, estoy cansada y quiero irme a dormir. Pasarlo bien mañana los dos juntos y ojalá nada o nadie os estropee el día. Buenas noches y dale un beso a Sandra y otro a mi nietecito.

-Lo haré y con mucho gusto. Qué descanses y recuerda que siempre estás en mi mente.
Carlos regresa a su apartamento y pasa revista a las últimas horas que ha compartido con Sandra y Ramón.
No se equivocó al hacer la ficha personal de Ramón de la mano de sus crónicas y artículos  –piensa mientras contempla el recorte de la revista con la foto y noticia de la boda de los dos- no solamente hacen una muy buena pareja es que además Ramón le cae fenomenal como persona y aunque no es de los suyos ni esté comprometido con ningún partido se le nota demasiado la simpatía que siente por Pablo Iglesias.


Capítulo XXX


Pasadas las 10.30 de la mañana Sandra abandona el aeropuerto de Orly, el avión con destino a Praga ya ha despegado y ella regresa al hotel conduciendo el coche que Ramón había alquilado. A las 11 ha quedado con Carlos y no tiene una idea muy clara de a donde pueden ir. Se le ocurre que podrían salir de París, aprovechar que tiene el coche hasta el lunes e ir a Versalles,  pasear por los jardines, sentarse en una de sus terrazas y regresar después de comer. Quizá Carlos tenga un plan mejor y Versalles no le guste . Lo único que sabe con certeza es que esta vez no está Ramón con ella para calmar sus nervios, que la hora se acerca y prefiere ir a un lugar del que guarde  buenos recuerdos y allí los tiene, allí,su cámara y ella disfrutaron mucho haciendo un reportaje gráfico para una agencia de viajes.
Al entrar en el hotel Sandra se encuentra con Carlos que está ya esperándola, sentado en uno de los sillones del hall, leyendo la prensa dominical francesa. Al verla entrar se levanta y sale a su encuentro, media hora más tarde llegan a Versalles y tras aparcar el coche entran en el recinto, pasan directamente a los jardines y comienzan a pasear hasta llegar a la primera terraza donde se sientan a tomar unos helados.

-Creía que la que tenía que hacer las preguntas era yo, pero desde que hemos salido del hotel no haces nada más que preguntarme cosas, ¿cuándo vas a empezar a contarme lo que me decías en tu carta? ¿lo que te pasó después de la emboscada en la que te dieron por muerto?
-Cuando me digas tú por qué te has hecho fotógrafa en lugar de ir a la universidad y estudiar derecho- contesta Carlos sonriendo.
-No sé por qué quieres saberlo, pero no es ningún secreto, la imagen, las fotos, siempre me han vuelto loca al igual que los idiomas y viajar. ¿Sabes de quien es la culpa? De mi padre. Cuando cumplí 10 años me regaló un atlas para niños y una cámara de juguete. Abríamos juntos el atlas por la página de España y a ciegas señalábamos un lugar y nos imaginábamos un viaje por la provincia elegida al azar. Papá me hablaba de los lugares interesantes que tenía y yo los fotografiaba con mi cámara mentalmente y así, a lo tonto aprendí geografía e historia sin saberlo. Cuando España se nos quedó pequeña saltamos a Europa. ¿No te aburres escuchándome?
-En absoluto, me encanta oirte, continúa por favor.
-Como quieras, cuando terminé el bachillerato no me apetecía nada estudiar una carrera larga y pensé matricularme en la escuela de cine pero iba a ser la única mujer, al menos en ese curso y no quería ser un bicho raro como le pasó a mamá en derecho y un amigo de papá, que sabía que la fotografía me encantaba, me ofreció medio en serio, medio en broma, aprender en su estudio fotográfico durante el verano  los secretos de la fotografía y asi lo hice. A las pocas semanas ya sabía que lo mío era ser fotógrafa.
-¿Y tu madre no prostestó? ¡no me lo puedo creer!
-Y haces bien, mi madre puso primero el grito en el cielo y después no hacía  más que buscar argumentos para disuadirme  pero papá le recordó que habían prometido no imponerme ninguna carrera, que tendría que elegir libremente y mira, ahora está muy orgullosa de mi.
-¿Y así conociste a Ramón?
-Si, a finales del otoño el periódico necesitaba un fotógrafo, el amigo de papá que también hacía trabajos para ellos me recomendó; les dijo que a pesar de mi juventud había aprendido en pocos meses lo que otros tardaban en años, que tenía un talento natural increíble y que no se iban a arrepentir. Entré a prueba y allí me tropecé con Ramón y empezó todo.
-Vuestro noviazgo no pudo ser muy largo¿me equivoco?
-No, para nada. Tu, mejor que nadie deberías saber que existe el amor a primera vista ¿o no? A los 7 meses de ser novios Ramón me lo propuso, quería salir al extranjero como corresponsal para el periódico y los dos estábamos seguros que lo nuestro iba en serio, que iba a funcionar y nos casamos. No me arrepiento absolutamente de nada, y ahora tú.
-Lo prometido es deuda pero antes quiero decirte que mi padre era un apasionado de la fotografía y por eso me llamó la atención que tu te dedicaras a ello. No era pura curiosidad.
-¡Pero si casualidad!, pero dejémos la fotografía ahora de lado y cuéntame lo que quiero oir, ya retomaremos el tema de tu padre y de paso el de tu infancia más tarde. No te imagino de pequeño- dice Sandra muy seria mientras apura su copa de helado.
-Pues lo fui y hasta cierta edad un niño feliz...¿ la emboscada, como tu lo llamas?, poco hay que contar,  recuerdo que estábamos a punto de subirnos a un camión cuando de repente apareció la guardia civil y empezaron a disparar y ya está, no sé nada más.
-Eso ya me lo imagino pero supongo que la persona que te recogió te contaría algo, a lo mejor lo presenció desde lejos.
-Ojalá hubiese sido asi. No, Sandra, la anciana que me recogió, supongo que sería la misma persona pero no estoy seguro, era muda, sólo emitía gruñidos y se comunicaba por señas. La veía, al principio dos veces al día, cuando iba a cambiarme las gasas y a traerme algo de comer. Jamás vi a nadie más por allí y durante el día creo que estaba solo. La habitación era fría y oscura; cuando pude levantarme y salir al exterior vi que era una cabaña destartalada , sin ventanas, tan solo un vetanuco condenado y con un tejado de paja medio roto. La parte que estaba en mejores condiciones era una especie de cocina, con una mesa y una silla coja; sobre la mesa un pedazo de jabón mugriento,una jarra con agua tapada con un cartón, un cuenco y un plato de aluminio con un tarugo de pan, un tenedor y una cuchara. Al fondo se encontraba el cuarto en el que yo me recuperaba, con un camastro y un taburete. Mi ropa debieron de quemarla porque no la encontré, alguien había dejado sobre el taburete  un pantalón de pana, un jersey y otra manta tan vieja como la que cubría mi camastro; en un rincón un candil y unas cerillas y de un clavo en la pared colgaba una especie de toalla que la anciana cambiaba cada tres días.En el exterior sólo se veían montañas y cerca de la casa había un riachuelo donde me aseaba cuando ya pude andar.
-¡Qué mal debiste pasarlo y menudo estado de ánimo deberías tener! Y ¿Cómo llegaste a París?
-Del estado de ánimo, de las preguntas, de las dudas y del sentimiento de culpabilidad que tenía, mejor hablamos otro día, ¿de acuerdo?  – Sandra asiente con la cabeza y Carlos continúa contando-  Un buen día al levantarme vi a un hombre mayor, con una cámara de fuelle y un trípode, esperándome fuera.
Tampoco habló, sólo me indicó que iba a tomar una foto para un papel para poder viajar. Me sentó en una silla, recortó un poco mi pelo y arregló mi barba,después me hizo unas fotos. El hombre había traído también algo de comida fresca, jabón, una muda y una cazadora con forro de borrego. No sabía que pensar pero algo me dijo, desde que recobré el sentido, que podía fiarme de la anciana.. ahora tenía que confiar en esta  otra persona que ella me había mandado.
A los dos días vino a por mi, me tapó los ojos y me montó en una camioneta o algo así. Al cabo de unas horas me dejó en una estación de tren con un billete para París, junto a un visado con mi foto. La estación resultó ser la de Pau; desde allí fui a Toulouse y ya a París. Allí contacté con mi amigo Ricardo con mucho cuidado, me puso al corriente de mi muerte y otros altos cargos del partido pensaron que mejor era darme una nueva identidad y estar un tiempo sin misiones. Desde la masacre, más que emboscada, habían pasado casi 3 meses. Debí estar casi un mes fuera de este mundo y cuando desperté me costó un mes volver a ponerme en pie.

- ¡Qué horror!, ¿y te pasastes todos estos años en París? ¿de qué vivías? ¿qué hacías?
Carlos pasa a contar que tras unos meses en una clínica, (físicamente se encontraba aún muy mal), le mandan a Buscarest y que allí, en la redacción para radio Tirana conoce  a Patricia. Le cuenta lo que a ella le pasó y lo que le pidió cuando el partido la mandó a Madrid.
-¡Me dejas de piedra! Jolines, estoy abrumada y también rabiosa.- dice Sandra levantándose bruscamente de la silla y caminando dirección a la fuente de Neptuno.

Carlos la sigue y al alcanzarla se vuelve, se alegra de que las gafas de sol oculten sus ojos llorosos pero Carlos la sorprende quitándose las suyas al mismo tiempo que le quita las de ella, le alza la barbilla y buscando su mirada dice en tono amable pero firme:
-Suéltalo Sandra, no te reprimas. Quizá no debiera haberte contando lo de Patricia en tu estado, pero ¿estás enfanda conmigo? ¿Con Patricia? ¿Con los dos?
-Lo siento, a veces soy muy impulsiva y no puedo controlarme. Lloro por lo que te ha pasado, por lo solo que te has tenido que sentir y  también por Patricia. Un sexto sentido me estaba advirtiendo, la primera vez que la vi, que no era la primera vez, que ya me conocía aunque yo no lo supiera...y tenía razón. Me da rabia que una persona ajena sepa tantas cosas de mi, de nosotros, es una sensación muy rara, muy extraña y al mismo tiempo muy reconfortable porque lo hacía por ti, porque aún no sabiendo que eras mi padre estabas interesado en nosotros y...

Sandra solloza aún más fuerte y Carlos la abraza, llora sobre sus hombros y al cabo de un rato logra calmarse; se seca las lágrimas con el pañuelo de Carlos y más animada le dice sonriendo:
-Gracias, creo que las mujeres de mi familia estamos destinadas a arruinarte los pañuelos. Me encuentro mejor y ¿sabes lo que me apetecería ahora mucho? - dice cambiando completamente de registro.
-De nada por lo del pañuelo – dice Carlos riéndose y ya más serio añade-  díme el antojo que tienes. Si está en mi mano estoy de acuerdo.
-Alquilar dos bicicletas e ir hasta los dominios de María Antonieta que pillan un poco lejos para ir andando.
-¿Puedes montar en tu estado en bicicleta?
Sandra ríe ante el comentario de Carlos y le responde.

-Por supuesto. Hacer ejercicio es sano y montar en bicicleta es muy bueno. En Vietnan tenía que utilizar mucho la bicicleta, a veces hasta bicicletas de hombre y ya estaba embarazada y en Egipto también. ¡No tienes ni idea de los medios de transportes que hemos tenido que utilizar ¡
-Pero si te cansas, promete que me lo vas a decir ¿de acuerdo?
-No me voy a cansar y lo prometo.

Juntos cruzan el sendero que les separa del puesto donde alquilan las bicicletas y minutos más tarde pedalean los dos camino de las granjas y jardines que componen el dominio, dejando una vez más, los suntuosos palacios de lado.

Beatriz se dispone a recoger sus cuartillas cuando se da cuenta que Serafín le ha dejado una nota: Gracias por haber creado a Sandra y por su amor por la fotografía. Yo también disfruté de un viaje fotográfico junto a Ángel,mi padre biológico, no por Vesalles pero por los jardines romanos de Villa Borghese. Angel siempre estuvo en la sombra pero a pesar de su puesto en el vaticano, nunca se olvidó de mi y cada vez que mi trabajo me llevaba a Roma encontraba tiempo para pasar una horas conmigo. Entre Ángel y mi madre, después de la muerte de mi padre, siguió estando la iglesia de por medio.