domingo, 14 de agosto de 2011

Vuelta al presente. capítulos 11 y 12.

Capítulo 11


En casa del suegro de Walter Dayton


Estábamos allí y tras las huellas de Steven. Su familia nos contó de camino a la casa que volvió a Madrid, marchó a París pasó por Israel y al final recaló de nuevo en su casa de Texas donde murió.
Cuando llegamos nos sentamos en el salón y mis manos temblaron al tomar la libreta con los apuntes de Steven, presentía que iba a descubrir algo, algo que a mi padre y al de Mario les hubiera gustado leer. Lo primero que vi fueron las notas que había escrito sobre Joham Lemper, alias Joaquín Levi:

<<<  Nace en 1908 en un pueblo  de Renania del Norte-Westfalia y de muy joven simpatiza con el NSDAP, al terminar sus estudios entra a forma parte del “Sturmabteilung” partido paramilitar que apoya a Hilter y en 1942 llega a Auschwitz dónde realiza sus experimentos. Pierde a su madre a la edad de 13 años y la relación con su padre se enturbia al casarse éste con la viuda de un judio que aporta además una hija de 15 años al matrimonio.
A la muerte de su padre rompe por completo la poca relación que tenía con la viuda pero sigue los pasos de su “hermana”. (Unos decían que la adoraba y otros que estaba enamorada de ella a pesar de su origen aunque Johan lo desmentía siempre, según algunos vecinos). Días antes de la Noche de los Cristales trata de sacarla de Alemania pero ella se niega a abandonar a su madre; es detenida y recluída en un campo dónde fallece días más tarde.>>

El segundo documento que vimos parecía un  diario pero no lo era. Había apuntes para Sancho, anotaciones sobre las costumbres y recetas de comida del Madrid de los años 50 y una especie de carta muy interesante con el siguiente título:


<<<  Reflexión, confesión y absolución.  

Madrid,  junio de 1955

Quedan pocos días para mi partida, me gustaría quedarme unos días más pero me esperan en París y no puedo aplazar más el encuentro. Seguramente volveré pronto para cumplir mi promesa, espero que Sancho me avise llegado el momento.
Sancho, Ubaldo, Pelayo, Jaime, Marcelino, Manolita, Adelina e Irene son ya mis amigos, algunos lo serán para siempre. Todos ellos, de una forma u otra me han ayudado en mi trabajo y les estoy muy agradecido.
Llegué a Madrid buscando a un hombre y encontré lo que buscaba pero el desenlace no ha sido el que me hubiera gustado, algunas personas de las que me he rodeado tienen mucho que ver en ello.
 Antes he nombrado a Adelina e Irene y ahora lo quiero hacer por separado.

Adelina: la mujer de Levi, conocida como Lina, me deslumbró nada más verla por su belleza, garra y simpatía. Me sentí atraído hacia ella inmediatamente, me gustaba su manera frívola de ver la vida y su franqueza conmigo. Compartimos confidencias, una tarde en la que la soledad había hecho mella en ella, tratando de asimilar todo lo pasado. Fue tapadera de Lemper, “un oficial nazi”, le dijo quien arregló la boda entre ellos. El arreglo le vino bien pero jamás pudo esperar que el oficial fuese tan monstruo como yo le pintaba en mi artículo. No hubo amor ni simpatía entre ellos, no podía ser de otro modo, lo único que compartieron de verdad fue su mutuo odio y la compensación, en forma de asignación, que recibían por soportarse el uno al otro en medio de tanto desprecio.

Irene: (causa por la cual volveré) es la esposa de mi amigo el diplomático y posee una  gran belleza, además de ser elegante y muy culta. Forman un matrimonio perfecto basado en el amor  más puro que uno pueda imaginar y en la mutua admiración que ambos se profesan; un matrimonio no convencional como ellos mismos dicen pero auténtico.
Mi amigo ha hecho de  su esposa el centro de su universo y no ha cesado de protegerla, de amarla, ni de escatimar medios o remedios para hacerla más feliz. Puedo dar fe de ello, después de su confidencia no tengo duda alguna y le he prometido velar por ella.
Como ya he dicho antes llegué a Madrid tras los pasos de alguien, de alguien a quien he venido siguiendo la pista desde hace unos años y que se llama, bueno, se llamaba Joham Lemper y aunque podría decir objetivo cumplido no es así. El suicidio de Joham Lemper, como han publicado los periódicos,( aunque no haya sido tal), ha complicado las cosas y su final inesperado me ha impedido entregarle como pretendía a las autoridades de Israel. He conseguido que mi artículo se lea en todo el mundo y como dice Sancho pasar el mensaje a otros como Lemper de que más pronto o más tarde también van a caer ellos. He desemascarado a un mostruo y debería estar contento, no obstante no lo estoy, desde hace unos días me pregunto: ¿ No soy yo, con la divulgación de mis informaciones e investigaciones tan responsable de su muerte como la mano justiciera que se la atribuye?,  ¿Debo denunciar a quien confirma que fue el asesino o debo darle mi absolución porque yo no juzgo a mis amigos y Dios nos juzgará a todos?.¿ Una persona de naturaleza bondadosa, afable, educada y amante del bienestar de los demás, puede en nombre del amor puro que siente por su amado/a  convertirse en un simple asesino? ¿Podemos/ debemos, matar para evitar males mayores o  para impedir que la persona amada se vea obligada a hacerlo? Creía que tenía respuestas para todas mis cuestiones, desde que vi los horrores de Auschwitz  y sin embargo tengo aún muchas dudas.
Quien se adjudica la muerte de Lemper también se culpa de la muerte de un sargento de la división azul, un tal Carreño, un malnacido que ensangrentó con su paso Leningrado dejando su huella en la persona que mi cofidente amaba.
¿Debo creer todo lo que me ha revelado? ¿Ha podido él solo con los dos? No tengo respuesta pero lo cierto es que la sociedad no llora sus muertes, la policía ni se molesta en investigarlas y al autor le queda poco tiempo para rendir cuentas ante otra autoridad que no es competencia de este mundo. En ambos casos lo hizo por amor, para evitar que lo más preciado que tuvo en vida se tomase la justicia por su mano y yo en estas letras mi conciencia descargo antes de emprender mi viaje a París .>>>

-Gracias por dejarnos leer los documentos. Entiendo que fueran dos personas no gratas y cómo policía me gustaría saber cómo se cometieron los asesinatos ¿no hay anotaciones sobre ello?- comentó Mario.

- No, no lo anotó, no podía; había dado su palabra –dijo Richard – pero mi tío nunca mencionó cómplice alguno aunque mi padre tenía sus dudas.

Llegó la hora de la despedida pero Richard tenía ganas de hablar de su tío. Irene y Steven se volvieron a ver en París y trabajaron un tiempo juntos. Irene no se volvió a casar ni a buscar el amor. Cuando Steven regresó a Texas ella se volvió a Madrid y liberó a Steven de su promesa. Mario no estaba interesado en la parte romántica del asunto, a él se le había despertado su instinto de policía como también decía mi padre y no quiso alargar más la estancia y de repente di otro salto, ahora  estábamos en nuestra casa de Madrid.

Capítulo 12


Dos días antes de Navidad en Madrid.


Llovía y hacía frío, eran las 6 de la tarde y ya se había hecho de noche; las luces, los cánticos, las caras risueñas de los niños y todo lo que veía a mi alrededor indicaba que la navidad estaba ahí mismo, a la vuelta de la esquina. Caminaba con Mario, estábamos de vuelta de Venezuela y buscábamos por las casetas de la plaza Mayor adornos para el árbol, para nuestro primer árbol juntos, para celebrar nuestras primeras navidades de casados que también serían las primeras de casadas para Beatriz y Carmen.

Atrás quedaba la Barcelona caribeña, atrás quedaba la venta de la casa y la sensación de traidora que sentí al cerrarla y entregar las llaves. No quería llorar delante del agente que venía a a por ellas y en silencio, para que no se riera me despedí:<< ciao vieja casa testigo de sueños y juegos, de besos y desamor , ciao mi puerta roja ¡no te voy a olvidar!>>....después busqué la mirada de Mario, esbocé una sonrisa y entregué las llaves subiéndome a un taxi sin volver la cabeza.

Cuando llegamos a la casa del Viso con el árbol en lo alto del coche nos pusimos a adornarlo como  niños pequeños y por la noche, sentados, admirando nuestra obra de arte con dos copas de vino en la mano, brindamos por una navidades únicas y nos pusimos a ordenar las cartas de mi padre y las del padre de Mario que nos trajeramos de Venezuela.
Al cabo de un rato encontramos cartas correlativas muy interesantes, Mario las enumeró y me contagió su entusiasmo..este fue el resultado:

Fragmento de la carta no. 1. (Bonilla-Héctor asunto: Carreño )

<<<.......Hecho de menos nuestras charlas y nuestros bocadillos en el Asturiano y aún arriesgándome a llegar tarde me he pasado por la plaza. Pelayo me ha contado, que nuetros amigos de Chamberí, han dejado en libertad a un peligroso sargento de la división azul. Dice que tiene aterrorizado a todo el barrio, lleva pistola, se emborracha con facilidad y su hermano le acaba de sacar de la cárcel. Carreño, así se llama el sargento, tiene una lista de detenciones que asusta, llegó a Barcelona repatriado el 2 de abril de 1954 y apareció por el barrio antes de las navidades sembrado el miedo entre los vecinos y en menos de dos semanas le han detenido dos veces, una por amenazar con su pistolas a unos jóvenes y otra por intentar robar en la acedemia de baile. Pelayo y Marcelino le temen....................>>

-¿Y qué contesta mi padre? –pregunté

- Escucha lo que la siguiente carta dice:

Fragmento  de la carta no.2. (Héctor-Bonilla asunto: Carreño )


<<.....!Ay Bonilla!, si yo te contara lo que añoro los bocadillos de chorizo del Asturiano, las charlas de Pelayo y las ocurrencias de Marcelino me tendrías hasta lástima. Lo pasado, pasado está, me digo siempre cuando me pongo melancólico. Los guisos de Carmen no tienen nada que envidiar a los de Manolita y poco a poco vamos abriéndonos paso en esta ciudad.
Ten cuidado con la camisa azul venida a menos, son las más peligrosas y no es asunto vuestro, le corresponde a Beltrán dominar a la bestia pero si le ha dejado salir, tras denuncia de robo y portando arma que se supone que tendría que haber entregado será por encargo del Jefe. No querrá incomodar al ejército aunque este le tenga en la lista negra......>>

-¿Eso es todo?- comenté decepcionada-, no dice nada importante.

- En esta no pero tengo otra en la que le vuelve a nombrar, un mes más tarde.-contestó Mario

-Venga, lee.

Fragmento de la carta no. 3. (Bonilla-Héctor asunto: Carreño )
<<.............la prensa de hoy recoge la noticia de la muerte de Juan Carreño, sargento de la división azul, el mismo que te mencionaba en la otra carta. Curiosamente unos días antes había sido noticia también y hasta le tacharon de héroe al haber dado muerte a una peligrosa comunista que intentaba matarle y ahora, casualmente, una borrachera ha acabado con su vida (dato curioso:  el mismo día que su hermano fallecía en otro lugar de Madrid tras una infección que no le pudieron curar).
Beltrán ha dado el caso como cerrado, la teoría de la borrachera es la versión oficial aunque las manos del difunto tenían aún la marca de haber sido atadas y su camisa estaba empapada, como si se hubiese vertido sobre él una botella entera de coñac..
Según el portero, el fallecido había solicitado el servicio de un restaurante y después del camarero sólo entraron en la finca dos personas ajenas al edificio.
Un hombre con barba y gabardina que portaba una bolsa tardó como una media hora en bajar de nuevo, dos minutos más tarde entró una mujer alta, rubia y muy guapa con cara de preocupación, que ya había visitado a Carreño en otra ocasión y bajó al instante.
He podido saber que la mujer rubia y alta tiene una tienda con su marido en la plaza de los Frutos, se la ha visto una vez con Carreño en el cafe del teatro Cervantes y la descripción del hombre con barba y gabardina puede corresponder con la del marido, un ex diplomático de Guatemala a quien Casares arrestara un día, oficialmente por tener entre sus discos La internacional.
Nuestros colegas de Chamberín no van hacer nada, órdenes de arriba aún sabiendo que la comunista a la que Carreño mató y la mujer de la tienda de discos se conocían y en el informe adjuntaron que durante la guerra fue del auxilio social y se encargó de llevar niños a Rusia. Su muerte no la lamenta nadie y sus antiguos camaradas menos aún.
Mi pregunta personal es ¿Encuentro en Rusia quizá de los tres? o ¿Irene, la mujer de la tienda de discos o su marido, Ubaldo, o los dos juntos tuvieron algo que ver en la muerte de Carreño? ¿tu que crees?
.........................>>

-¿Y mi padre que dice?-volví a preguntar
-Lee tu misma la siguiente carta:

Fragmento de la carta n.4  (Héctor-Bonilla, asunto: Carreño)
<<..............El matrimonio parece sospechoso, en efecto, sobre todo si la mujer de la tienda de discos es una niña de la guerra llevada a Rusia y la comunista muerta se encargó de ella y se encontraron con Carreño. Seguramente al acabar la guerra le siguieron la pista pero tuvieron que esperar hasta que le repatriaran. En un principio pudieron planearlo las dos pero al fallar el plan el marido ha querido ayudar.
La ropa empapada en coñac me ha recordado a la muerte de Encarna, entonces tu no habías llegado a nuestra comisaria y la versión oficial coincide con la versión verdadera: fue un accidente pero este no se produjo en la propia casa de los Rivas sino en la casa de la antigua enfermera de la madre de Ana Rivas. Yo también miré entonces para otro lado para no complicar más las cosas, el jefe tenía interés personal en que no investigásemos demasiado y quería cerrar el caso cuanto antes. El coñac, los dos diferentes tipos de coñac me pusieron sobre la pista. Sospecho que un típo tan peligroso debía de estar ya bastante borracho para poder acabar con él con un mínimo de esfuerzo. Quizá le obligasen a tragar el alcohol lo que explicaría que tuviera la camisa empapada. La mujer pudo subir cuando el sujeto ya estaba muerto y comprobar que el despacho estaba en orden, ella ya lo conocía de otra vez y asi la policía pensaría que la muerte era natural a causa de una sobredosis de coñac.
Aguardo tu próxima carta para seguir discutiendo la teoría y si pasas por el Asturiano pregunta a Pelayo lo que él opina de la versión oficial de la muerte de Carreño.................>>


-Al final no consiguieron dar con el autor o autores pero no iban muy descaminado mi padre –comenté- según las notas de Steven fue él, el marido, Ubaldo el diplomático quien lo hizo y la razón debió ser la que apunta mi padre: Carreño debió hacer algo a Irene cuando era una niña en Rusia. No me extraña que nadie le llorara, debía ser un puerco.
-Supongo que lo era y sabes, he encontrado la carta en la que tu padre escribe sobre la teoría de la muerte de Joaquin Levi .


Fragmento de la carta no.5 (Héctor-Bonilla. Asunto: Levi)
<<.....muy interesante la noticia de la muerte de tal Levi que resulta no ser judio sino oficial nazi. Bonilla, creo que la muerte de Carreño y la de Levi presentan similitudes: dos asesinatos disfrazados, uno  de suicidio y otro de muerte por sobredosis de alcohol. En ambos casos el sujeto ha sido atado antes de encontrar la muerte o la ha encontrado mientras estaba atado y después han preparado el escenerio. Levi, según el artículo que ya he podido leer, hizo experimentos en el campo donde estaba, era un nazi convencido. Carreño estuvo con la división azul en Rusia y era un sádico según me decías en las cartas. Irene puede ser la llave que une los dos asesinatos. ¿Te imagines que Irene hubiese estado en uno de esos campos y Levi hubiese sido su médico, para su desgracia? Probablemente el periodista tenía fotos del tal Joaquin como oficial nazi y a lo mejor Irene le reconoció o comenzó a sospechar de que el fuera ”su “médico y en ese caso podrían haberlo ahorcado entre los dos....................>>

Cuando terminamos estas lecturas le dije a Mario:


-Mi padre estaba equivocado, el matrimonio no fue, todo apunta a Ubaldo, según lo que hemos leído en el cuaderno de Steven pero por lo demás acertó sin saberlo.

-Tienes razón- me dijo Mario – según lo que Richard nos contó antes de despedirnos Irene había sido una de sus víctimas. Fue entregada a los alemanes en Rusia y acabó en uno de los campos. Nuestros padres discutieron el asunto durante algunos años.
Horas más tarde volví a viajar mentalmente a  Canadá.

domingo, 7 de agosto de 2011

Vuelta al presente, capítulos 9 y 10


Capítulo 9


Acompañando a Serafín en Madrid.


Al poco rato de revivir mi pesadilla me encontré en Alcalá de Henares junto a Serafín . Había quedado con un viejo colega para hablar de tiempos pasados y en el momento de mi salto, Serafín recordaba algunas de las conversaciones que mantuvo con su madre  sobre la revista Suceso.
Aún guardaba el viejo álbum de recortes de su madre, un álbum de páginas ya amarillentas con  fotos hechas por su tío Fermín,  fotos que ilustraban los reportajes de Marcos de la Cruz, un álbum que hablaba de otros tiempos y que su madre jamás olvidó, a juzgar por las anotaciones que había hecho.

 No era el único álbum que conservaba como si fuera una joya, tenía otro, el que abriera Juan para guardar todos los reportajes que su mujer compartiera con Camilo Espinosa.

Sole le había contado a Serafín muchas cosas de Camilo y de Marcos. De este último estuvo un poco enamorada, (recuerda Serafín que su madre le dijo); también le contó lo de su novela, novela que descubriera mientras Marcos estaba en la cárcel y de como ella la pasó a máquina.. Camilo también escribió una pero acabó en la papelera, una verdadera lástima decía su madre pues tenía talento.


Su madre colaboró con Camilo durante un tiempo y luego vino el viaje a Alemania. Sole cerró la tienda de fotos y la familia se fue a Berlín en busca de un remedio para la enfermedad de Juan. Cuando regresaron Camilo ya no vivía en Madrid, ni trabajaba en la revista; en su lugar entró un primo suyo llamado Luis Espinosa.


Pasados los años Serafín comenzaría a trabajar como fotógrafo en una agencia en la que coincidiría con él.  Por aquel entonces Luis tenía 34 años y ahora, a sus 77 y con la mente aún bien lúcida, pasa sus días en una residencia del Henares dónde recibe visitas de cinco a ocho de vez en cuando.

Serafín aparcó sus recuerdos junto con su coche en la puerta de la residencia. Luis le estaba esperando y tras saludarse efusivamente pasaron al jardín dónde  hablaron  sobre el siguiente caso:

- La revista realizó una entrevista a la viuda del “judío ahorcado”, Joaquín Levi, como se le conocía en España, pero las autoridades se encargaron de retirar la revista de los puntos de venta  y fue una gran equivocación – le dijo Luis nada más empezar a hablar del tema.

-¿Por qué ? – le preguntó Serafín

-En la redacción se decía que la orden sólo podía venir de arriba, de muy arriba, de alguien muy amigo de los oficiales nazis y que no quería que le relacionasen como el benefactor de Johan Lemper. Una cosa era permitir reseñar una noticia de la prensa americana y otra que la prensa nacional investigase esa noticia y se hablara de ella durante mucho tiempo.

-Lo que no entiendo es por qué permitieron el resumen de lo que apareció en la prensa americana.

- En aquel tiempo se estaba tratando de lavar la cara a España y al regimen le vino bien publicar una parte, de esa forma demostraba que ellos no sabían nada oficialmente y que no les importaba devolverle si se lo pedían.. Nadie creyó la teoría del suicidio pero la policía no lo investigó más asi que la muerte de Lemper les vino de perlas. No tenían que extraditarle y no había cuidado de que se fuese de la lengua.

-¿Había teorías sobre quien pudo ahorcarle si no era un suicidio?

-Varias, por orden del mandamás que le ayudó o de los peces pequeños que le ayudaron a mantener la identidad de Joaquín Levi y le buscaron esposa; también podía haber sido camaradas de Lemper porque le consideraban un peligro o bien en el ámbito doméstico donde las cosas no parecían ir muy bien. Su esposa no tenía ni idea de su identidad pero siempre notó algo raro en su marido y desde el primer día le cogió antipatía, declararía a un compañero aunque eso no se mencionó en la entrevista prohibida.

-¿Por qué se casó con él entonces? – se interesa Serafín

-Creo que tenía fama de rojilla en el mundo del espectáculo, tenía una hija muy pequeña, una hermana a su cargo y su incipiente academia de baile no funcionaba como ella quería. Había mucha hambre y muy pocas ganas de bailar. La cosa cambió después pero al principio no conseguían alumnos. Se dice que algún conocido de la guerra, algún nacional con influencia le propuso el pacto: matrimonio a cambio de dinero y sin preguntas.

-Entiendo ¿se tenía alguna idea de quien podía ser ese nacional amigo de la viuda?

-Había rumores pero también había mucho miedo y no se atrevían a decirlo en voz alta aunque el de un tal Salvatierra tenía todas las papeletas.

- En las investigaciones que se hicieron y que nunca se publicaran, lógicamente, ¿oísteis hablar de alguna vecina del barrio que hubiera podido ser una víctima del tal Lemper?

-Algo se decía pero nuestro colega, Sancho López, amigo del periodista americano, se apresuró a desmentirlo y no se pudo probar nada.

Serafín se despidió de Luis Espinosa y al llegar a casa anotó el nombre del periodista americano: Steven Dayton. El reloj de su ordenador le recordó que en Venezuela debía ser medio día y llamó a Mario y yo volví a Venezuela..


Capítulo 10


De nuevo en Barcelona. Venezuela.


Al día siguiente, según mi mente,  era mi cumpleaños y Mario me propuso celebrarlo por la tarde con algunas amigas pero yo no tenía ganas;  a las 1o llegaría el comprandor con su mujer para ver la casa y en silencio esperaba que no les gustara y la compra no siguiera adelante pero no fue así.
La vivienda respondía a sus urgencias y su mujer se entusiasmó con la amplia cocina provista de todo tipo de electrodoméstico moderno, del tendedero con lavadora y del patio con su terraza con cocina de leña para hacer barbacoas. Quedamos en firmar el contrato al día siguiente y después ir a comer todos juntos.

Cuando la pareja se fue nos subimos al desván a recoger las cosas que queríamos rescatar. Una hora más tarde ya había conseguido hacer tres montones y poner orden en el caos: a la derecha las carpetas que me quería llevar, a la izquierda lo que iba a tirar y en el centro los juguetes y libros para la parroquia. Del montón de cuentos rescaté, El principito y la colección de los cuentos de los hermanos Grimm para Teresita.
Entre las cartas que guardaba mi padre, Mario encontró una muy interesante , era de su padre y su instinto de comisario se despertó al instante.

(Fragmento carta de Bonilla-Héctor. Asunto: J.Levi)

<<<.... Por la comisaria del centro corre el rumor de que a Beltrán le han prohibido investigar la muerte del tal Levi. Nadie se cree lo del suicidio. El cadáver presenta moratones y señales de haber estado atado,  faltan objetos según la viuda y la hermana de esta:  una maleta y un reloj que siempre llevaba encima. Todo indica que ha sido primero estrangulado y después ahorcado para simular el suicidio. Su muerte ha coincidido con un artículo en la prensa americana sobre su verdadera identidad y cargo en Alemania. Dicen que el periodista americano (muy conocido en el barrio y en el Asturiano) llamado Steven Dayton utilizaba sus reportajes costumbristas de tapadera. El americano iba en realidad tras  los pasos de un médico nazi llamado Johan Lemper.  Gobernanción ha permitido que parte del artículo se pudiese publicar pero ha dejado bien claro que su  muerte es un suicidio en toda regla y nuestro amigo Beltrán ha atacado la orden sin rechistar.....>>>

El padre de Mario continuaba contando más cosas pero ese trozo nos pareció realmente sorprendente y el asunto Lemper empezó a interesarnos, no obstante no tuve mucho tiempo para reflexionar porque ya no estaba junto a Mario sino en Holanda, en Tilburg.

En la Universidad de Tilburg. Holanda

Me uní a Jack cuando este entraba a la cafetería de la facultad y allí se encontró con Jaime. 

El día en que me encontré la agenda, Jack nos contaba que sus alumnos eran la prueba de la diversidad europea y a pesar de todo era más lo que les unía que los que les separaba. Las nacionalidades podían ser diferentes, los idiomas dispares pero las inquietudes eran las mismas y las diferencias entre norte y sur desaparecían en el campus e incluso dentro de los que compartían nacionalidad, las regionalidades pasaban allí a ser un motivo más de unión para presumir de un todo plural.

El diálogo que mantenía con Jaime en ese momento me obligó a dejar de lado mis recuerdos de esa mañana, no quería perderme lo que hablaban.

- Disculpad que interrumpa- le decía Jack- ¿Podría hacerte una pregunta, Jaime?  ¿Tus apellidos completos son Rodríguez López y los de tu madre López Hernández?

-Sí, es correcto ¿ Por qué lo quiere saber?- preguntó Jaime- ¿hay problemas con mi ficha personal?

-No, no, todo está bien, era pura curiosidad por un hecho causal, pero si tienes un momento te lo explico.

-Adelante, siéntese–le dijo Jaime a su profesor mientras sus compañeros se corrían en el banco para hacer hueco.

 -Hace unos días, unos amigos españoles, estuvieron en nuestra casa y aqui mismo se encontraron una agenda con el nombre de Almudena López y en la misma página el teléfono de esta facultad. Me lo comentaron y he pensado que a lo mejor podía ser de alguien que tu conocieras.

-Seguramente es la de mi madre aunque no me ha comentado nada. ¿Donde está ahora? ¿No la tendrá usted por casualidad?

-No, no la tengo yo y me temo que está muy lejos de aquí. Mis amigos están ahora en Venezuela pero si tu madre la necesita pueden mandársela por correo.

-No creo que la corra prisa, tiene otra pero si me da el teléfono de su amigo mi madre le podrá llamar, en enero vuelve a Madrid.

-No me parece mal la idea pero tengo que consultarlo con Mario y Ana. Nos vemos luego.

-De acuerdo.


De vuelta a Barcelona.Venezuela


Tras el diálogo regresé junto a Mario quien estaba leyendo el mensaje de  Jack y yo me apresuré a arreglarme para ir al notario.

 Antes de salir de casa tuve tiempo de retirar las fotos y los objetos personales que recordaban nuestro pasos por la casa. Miré bien en todos los cajones y me cercioré de que no me olvidaba nada. Los nuevos dueños se quedaban con la mayoría de los muebles y aunque no me gustaba mucho la idea reconocía que era lo mejor. No habría podido vaciar la casa en 24 horas.

Después de firmar el contrato nos dirigimos al restaurante como habíamos acordado.  Al entrar pasamos directamente al patio, sentado en una de las mesas se encontraba Richard Dayton, padre de Walter y profesor de historia de la Universidad de los Angeles, recién venido de una conferencia que había dado en Colombia.

Durante la comida hablamos de todo; tanto Richard como Walter eran grandes interlocutores. Animado por el buen ambiente Mario les preguntó por el apellido que tanto nos había llamado la atención:

-Perdonad mi curiosidad, ¿ el apellido Dayton es muy común en Texas?

-Hay varios Dayton pero no es un apellido muy generalizado ¿por qué?- pregunta Walter

-Es que  coincide con el de un periodista que estuvo en Madrid en los años 50 en el que estamos interesados últimamente.

- Muy interesante – comenta Richard y continua diciendo- El nombre proviene de una pequeña localidad texana en la que de siempre ha habido presencia mexicana y en cuanto al periodista me gustaría saber más, si no te importa Mario .

No me quedó más remedio que contarles mi sueño en Holanda y el descubrimiento de la carta del padre de Mario a mi padre y cuando terminé me contestó así:

- Gracias, Ana, repito que es todo muy interesante y sorprendente si se cree en las casualidades y yo creo en ellas. Es mi modo de ver la historia cuando la ciencia u otros factores no me dan una explicación más lógica y ahora estoy ante uno de esos casos históricos. Steven Dayton y mi padre Richard Dayton sr. eran hermanos, los dos estuvieron en Europa y formaron parte de los aliados que liberaron algunos de los campos de Polonia. Steven ya había estado con anterioridad en Madrid con la brigada Lincohn.

-Steven-continuó Walter- entró en Auschwitz y nunca pudo olvidar lo que allí vio. Tras el proceso de Nürenberg decidió colaborar en la persecución  de todos aquellos que consiguieron escapar y que no pudieron ser juzgados para pasar la información al estado de Israel.

-En su larga lista de nazis por encontrar, se hallaba el de Joham Lemper – intervino Richard completado la información- y sus últimas pesquisas le situaban en Madrid. Steven había encontrado la excusa perfecta para su editor: reportaje sobre el Madrid de la postguerra y su inminente ingreso en la ONU. Una de las revistas de sucesos que pertenecía a la misma editorial le dio el nombre de una tal Sole que tenía un estudio de fotos en una plaza de barrio en Madrid. La revista americana había publicado un caso cubierto por Camilo Espinosa con fotos de Soledad Gálvez.

-¿El estudio de la amiga de tu madre, Ana? – me preguntó Walter

-Sí, el estudio de foto del que hablaba mi abuela Carmen y que luego alquiló mi madre para abrir su tienda de moda pero ¿ Cómo sabéis todo con tanto detalle?

-El artículo de mi tío –dice Richard- levantó ampollas en América y casi le pasa factura a mi padre. Si los nazis eran odiados los comunistas también y mi tío lo era. Mi padre guardó todo lo publicado sobre Joham Lemper y a la muerte de mi tío se hizo cargo de su estudio. Su legado pasó a mi padre y el lo ha compartido conmigo. Entre sus cosas hay un diario y una ficha de Joham Lemper con cosas de sus familia.

-No me atrevo a preguntarlo-dijo Mario que había permanecido todo el rato callado-, no me atrevo, repito , a preguntarlo pero ¿Podríamos leer el diario y ver las fichas?

Walter y Richard se miraron y sin mediar palabra, sólo con el gesto, acordaron consentirlo con dos condiciones.

-Si prometéis que no vais a publicar nada de lo que leáis os lo puedo dejar. Nos podemos acercar a casa de mi suegro, está en una de las habitaciones con todas las cosas de la mudanza, ah! Tampoco puede salir del salón de la casa.- dice Walter.

-Prometido, palabra de comisario retirado –contestó Mario.

sábado, 2 de julio de 2011

Vuelta al presente, capítulos 7 y 8

Capítulo 7

Tercer salto: de Red Deer (Canadá) a Barcelona. (Venezuela)
Ahora estaba en mi Barcelona caribeña descendiendo junto con Mario de un taxi y abriendo la puerta de mi casa; nada más entrar en ella mis pasos me llevaron al cuarto  que ocuparan  Simón y la abuela Carmen y allí, sentada a los pies de la cama, miré a mi alrededor, tomé una foto que todavía había sobre la cómoda y recordé mi niñez, mi adolescencia así como mis pesadillas.
Los primeros años de mi infancia los compartí con ellos; la abuela Carmen me cuidaba y me contaba  las historias de la plaza de los Frutos. Simón me hablaba de España, del país en el que todos habíamos nacido, un país que no se cansaba de retratar en sus dibujos , dibujos que colgaba en el estudio que tenía en la planta baja de la casa dónde realizaba su trabajo para los comics, las tiras por encargo de diferentes periódicos y revistas.
Yo podía pasarme horas viéndole dibujar, me gustaba su compañía y hasta los trece años me sentí más unida a mi abuela y a Simón que a mis propios padres.
No era extraño que así fuera. Mis padres me adoraban y pasaban conmigo todo el tiempo posible pero cuando me llevaron a Venezuela yo no tenía ni un año y la abuela se encargó de mí mientras ellos trataban de abrirse paso y labrarse un futuro en Venezuela.
Mi padre trabajó unos meses en una agencia de seguridad pero enseguida abrió su propio despacho y convalidó su lincencia de detective según las leyes venezolanas mientras que mi madre entró en una firma de moda italiana gracias a un contacto de mi madrina y tía, la inolvidable Ana Rivas.
A Simón le llamaba por su nombre y me hablaba de la guerra civil y de como conoció al abuelo Pascual.
Se conocieron en el Valle de los Caídos, picando piedras por no tener delito de sangre...pero seguían estando presos. Habían cambiado la cárcel cerrada por una cárcel abierta pero cárcel inmerecida al fin y al cabo. Allí se hicieron grandes amigos, ninguno de los dos pensaba en el futuro, sobrevivir el día a día ya era suficiente y cuando les dejaron en libertad no podían imaginarse que al cabo de un año todo cambiaría.
Habían pasado los años pero Simón seguía sintiéndose culpable. No había día que no recordase a su viejo amigo, a su gran camarada, a la mala suerte y a su triste muerte en la prisión. No pudieron viajar juntos a Venezuela, al abuelo le metieron preso de nuevo y mi padre fue quien tuvo que entregarlo.
También me contó, mucho antes de que lo hiciera mi madre,  el encargo tan especial que mi abuelo le hiciera a su hija Teresa, a mi madre, en su lecho de muerte. Ese encargo nos trajo a Venezuela  e hizo posible que el amor entre Simón y mi abuela fuese realidad.
A medida que crecí comencé a descubrir el mundo de mis padres, empecé a hacerme amiga de mi madre, pasé a ser la mejor confidente de mi padre y después del 30 de noviembre de 1968  mi padre se convirtió en mi gran héroe, en mi salvador y en mi ídolo.

Interrumpí mis recuerdos cuando Mario desde la puerta me dijo:
-Ana ¿Vienes? he puesto las maletas en tu antigua habitación, supongo que podremos quedarnos aquí hasta que firmemos el contrato o prefieres que reservemos en un hotel.
-No, no, prefiero quedarme aquí, hay que recoger el desván y mirar lo que nos queremos llevar y tirar..¿lo entiendes?- le contesté
Después salimos a comer y entramos en el restaurante de unos amigos; la dueña nos saludó muy cariñosamente y cuando salimos nos acercamos a la inmobiliaria para confirmar la hora e informarnos un poco más sobre el comprador.
El empleado que lleva nuestra casa le conocía personalmente, la mujer del futuro propietario era venezolana y muy amiga de la suya. Hasta hacía poco habían vivido a caballo entre Texas y Barcelona pero ahora habían decidido fijar la residencia en Venezuela.
Walter, el comprador, acababa de hacerse cargo del negocio de su suegro quien había sufrido un segundo ataque de corazón y nuestra casa les vendría muy bien; era lo suficientemente grande para el matrimonio y sus tres hijos y el abuelo podía ocupar una de las dos habitaciones de la planta baja con servicio y ducha .
-¿ A qué se dedicaba Walter en Texas? –fue lo primero que preguntó Mario a nuestro agente inmobiliario.

-Era copropietario de una emisora local de radio, creo que ha vendido su parte. El negocio de su suegro guarda relación con los medios de comunicación así que el ambiente no le es del todo extraño.

-Hablará bien español ¿no?

-Sí, no tiene muchos problemas, tiene sangre mejicana, española e inglesa entre sus venas, como la mayoría de los texanos es una mezcla. Se llama Walter Dayton, la madre de su abuelo creo que era de origen español aunque no estoy muy seguro. Estoy convencido de que les va a causar una grata impresión, siempre es un alivio vender la casa de la familia, la de toda la vida, a alguien que cae bien y por el medio de financiación, como ya dije por teléfono, no se preocupen, tanto el suegro como Walter son solventes. Mañana pues a las 10 de la mañana ¿conviene?

-Sí claro, les estaremos esperando –dije yo

Regresamos a casa paseando y cogidos del brazo con el pensamiento puesto en ella. Mañana estaría más cerca de no ser mía, pasaría a otras manos y una parte de mi vida se cerraría. ¿Estaba haciendo bien? ¿Qué pensarían ellos?, no era una casa cualquiera, había sido nuestro hogar, guardaba todos nuestros secretos y comenzaba a sentir algo de  remordimiento al recordar la de veces que Simón me contó como en 1952 la alquiló pensando en nosotros.
Acababa de recibir la carta de mi padre anunciando nuestra llegada y le faltó tiempo para alquilarla.
Cuatro años más tarde, cuando las cosas comenzaron a ir mejor la compraron entre los dos, entre Simón y mi padre.
La casa, de arquitectura colonial del siglo XIX, con sus balcones abiertos a la galería del patio interior, había sido mi mundo privado, era la única casa que había conocido, la casa que nunca abandoné porque no hubo necesidad y de no haber sido por Carmen, nunca hubiera salido de ella. La casa cuya puerta principal pintaran de rojo en recuerdo a la de la Plaza de los Frutos ya no sería mía.
Mario no interrumpió mis reflexiones, caminaba a mi lado en silencio, inmenso en las suyas propias, pasaba revista a su vida conmigo y a su vinculación con la casa.
Mario siempre había estado enamorado de mí pero no se atrevió a hablarme de sus sentimientos cuando éramos jóvenes. Nos vimos por primera vez cuando el tenía cuatro años y yo siete, ya entonces sólo quería estar a mi lado y yo me lo pasaba bien con él. Nos volvimos a ver cuando yo tenía doce y a mí, la admiración que me demostraba el chico español me hacía gracia y nada más. Nos escribimos hasta el día de mi boda y no volví a recibir carta suya hasta años más tarde.
Su vida tampoco fue fácil, yo me casé cuando el tenía 16 años y decidió olvidarme. Estudió y siguió los pasos de su padre, se hizo policía y llegó a ser comisario como su padre y el mío. Se casó con la hermana de un compañero, hubo mucho amor en los cinco años de matrimonio -( según él)- pero poca pasión y dos desgracias. Su mujer murió en el parto y el hijo a las pocas horas de nacer.
Al enterarme de la noticia le escribí, aunque tampoco corrían buenos tiempos para mí, mi divorcio ya era un hecho pero me contestó y nos apoyamos mutuamente.
Mis padres habían fallecido en el accidente que yo vi en mis sueños pero que no asocié con ellos pues sólo pude ver un coche desconocido en el fondo de un barranco. Cuando pasó volví a odiarme, mis sueños no servían para salvar vidas sino para quitarlas.
El coche de mi padre no arrancó esa tarde y un amigo le prestó uno para ir a recoger a mi madre. De camino a casa fallaron los frenos y rodaron por el barranco. Si no hubiera sido por mi hija y por el apoyo de Mario me hubiera negado a seguir viviendo.
Cuando Carmen con la niña y con Beatriz decidieron establecerse en España me pidieron ir con ellas pero yo todavía no podía despedirme de mis muertos. Me aterrorizaba la idea de no poder visitar sus tumbas ni llevarles flores. Al final terminaron por convencerme  y yo me hice la promesa de volver cada año mientras viviese.
Llegué a Madrid meses antes de la boda de Carmen y Beatriz. En agosto  Mario y yo seguimo sus pasos. No me lo pensé mucho, ya había perdido mucho tiempo, había llegado el momento de soltar lastres y comenzar una nueva etapa.

Capítulo 8
Segundo día en mi casa de Barcelona
Hacía ya algunos años que no tenía la pesadilla pero esa noche, la primera que pasé en mi casa antes de venderla, volvió y aún ahora me sorprendo. ¿Será posible que nuestro subconsciente puede estar consciente aún estado inconsciente?, como fuere mi pesadilla más temida volvió y me vi, como en otros tiempos, levantándome de la cama gritando, bajando las escalareas corriendo y entrar aterrorizada en el salón.  
Siempre que me pasaba y hasta que murieron mis padres ellos me alcanzaban en el salón y allí conseguían tranquilizarme; esta vez fue Mario quien me despertó y reviví con él la causa de ella qe no era otra que lo que me pasó el  30 de noviembre de 1968.
La mañana de  ese aciago 30 de noviembre de 1968 discurría como la de  un día cualquiera, era una mañana normal en la que había acudido a mis clases de secundaria y a la salida me paré a la puerta del liceo para comentar con mis compañeras el examen de matemáticas que acabábamos de hacer  y de repente, dos hombres, con la cara tapada y con pistola en mano me retuvieron a la fuerza, me empujaron dentro de una furgoneta y a los pocos metros cambiaron de carro en una especie de almacén donde me vendaron los ojos; mi boca ya había sido tapada con esparadrapo dentro del otro auto y mis manos atadas por detrás de la espalda.
Nunca podré reconstruir la ruta seguida por mis secuestradores: paradas, curvas, caminos con asfalto y caminos con baches es todo lo que mi cuerpo notó .
Del lugar donde me tuvieron sólo recuerdo el pequeño cuarto, un cuarto húmedo, oscuro, sin ventanas, con un ventilador en el techo siempre en funcionamiento que aumentó mi sensación de frío
Recuerdo la voz de una mujer que me traía de vez en cuando algo para comer y  un poco de agua para beber. Recuerdo  los ojos de esa mujer porque con ellos me decía:  perdón, no puedo ayudarte, no puedo ni ayudarme a mi misma.
No alcanzaba a ver su rostro, siempre entraba con la cara tapada como una mulsumana y hablaba con monosílabos bajo la atenta mirada de un encapuchado que desde la puerta no nos quitaba ojo.
Me tuvieron 5 días retenida aunque a mi me parecieron meses, creí que nunca más volvería a ver a mis padres y lo peor de todo es que no entendía el por qué.
Cuando me hicieron grabar en el magnetofón un mensaje me atreví a preguntárselo.... ojalá no lo hubiese hecho pues me dieron una sonora bofetada y me arrastaron hasta el maloliento cuarto de nuevo y tras cerrarlo con llave me dejaron allí tirada. Mi nariz volvió a sangrar y tuve que utilizar un trozo de mi enagua para secarme; en ese maldito cuarto tenía que hacer mis necesidades, no me dieron ni papel, gracias a mi enagua que pude romper con los dientes podía limpiarme. Me sentía sucia y me faltaba el aire, por un momento creí morirme y pensé que era lo mejor. Sabía que yo no era una mujer valiente como lo fue mi madre con Salmerón y aunque confiaba en mi padre, en que me encontrara pronto, perdí la noción del tiempo y la angustia se apoderó de mí sufriendo mi primer ataque de hiperventilación.
A las dos semanas de ser rescatada me sobrevino mi primera pesadilla y de nada sirvieron las visitas al psicólogo ni las medicinas que me mandaron.
La pesadilla se repetía todos los días a la misma hora y mi madre se despertaba como una autómata momentos antes de que yo saltese de la cama o gritase y entre mi padre y ella lograban sujetarme y calmarme.
Conseguí hacer una vida normal durante el día y años más tarde conocí a Carlos María. Aunque mis padres no estaban muy de acuerdo aceptaron el casamiento.
(Quizá fuese por Carlos María pero mi pesadilla remitió aunque yo no dejé de echarme la culpa por no haber hecho caso del sueño que había tenido el día anterior a mi secuestro. En ese sueño no vi el peligro, pero si ví el cuarto oscuro y no fui capaz de encontrarle un significado).

Nos quedamos a vivir con mis padres y durante el embarazo de Carmen no tuve sueños aciagos ni pesadillas.
Mi matrimonio comenzó a ir mal cuando Carmen cumplió cinco años, Carlos María se veía con otra mujer y mi pesadilla volvió.
El divorcio llegó cuando Carmen tenía diez años y un años más tarde soñé el accidente de mis padres y me quedé sola en la casona con mi hija.
Después de este repaso a mi secuestro, a mi vida hasta el divorcio y muerte de mis padres, regresé con Mario a la cama estando más tranquila, no obstante, antes de quedarme dormida volví a leer la noticia que escribieran en el periódico local, noticia que tenía guardada en un cajón de mi mesilla:

Rescatada con vida la hija del detective Perea y detención de los autores.(El Heraldo de Barcelona. Sábado, 30 de noviembre de 1968)

<< ......Los secuestradores de Ana Perea García han confesado que lo hicieron para que el detective Perea dejase de investigarles.
Si quería ver a su hija con vida tendría que dejar el caso que lleva en ese momento y no dar parte a la policía. Los mahechores olvidaron que le detective había sido un gran comisario en España y que ya contaba con varios amigos en la policía local.
 Una conocida familia Barcelonesa, había contratado los servicios del detective  con motivo de la desaparición de un cuadro de gran valor y la del chófer de los señores.
La banda, procedía de Bolivia y era su primera operación en Venezuela. Solían presentarse como mecánicos para entrar como chóferes de familias acomodadas para desvalijarles las casas a las pocas semanas, según informa la policía Boliviana.......>>