sábado, 31 de agosto de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 3

Capítulo 3

Carabanchel  27 de julio de 1973.

Querido hermano:

Te escribo esta carta mientras espero la sentencia de mi juicio del que espero que estés enterado aunque desconozco si alguien te mandó un telegrama ya que, salvo a mi abogado, no he visto a nadie más desde que me arrestaron. En el juicio vi a Doña Pura pero no me dejaron hablar con ella y me han negado las visitas, sólo familia. Madre no sabe ni que estoy aqui, bueno ella ya no sabe ni su nombre y tú estás a leguas de distancia.
Sabes que Lucía era todo para mi y Sandra, nuestra hija, el regalo más bonito que me ha hecho Dios.  También sabes que mis suegros nunca me vieron con buenos ojos,  un delineante técnico  les parecía poco para su hija pero nuestro matrimonio funcionaba, funcionó bien hasta que Lucía decidió volver a ejercer de enfermera. La casa se le venía encima y con Sandra todo el día en el colegio se aburría. Yo no me opuse y  ¿alguna vez le he negado algo? Creo que no pero como te decía, el trabajo le sentaba bien, venía a casa con ganas de hablar, comentábamos nuestra jornada laboral como dos buenos camaradas y en la cama dejamos de ser extraños  A los tres meses de trabajar comenzaron a cambiar las cosas. Se ofreció voluntariamente para el turno de noche sin consultármelo, los turnos de mañana y noche no le parecían suficiente y tuvimos nuestra primera discusión que acabó en bronca.  De repente los dos sueldos no alcanzaban para realizar sus planes y con el turno de noche habría más ingresos y podríamos viajar a lugares exóticos. Yo no entendía nada, nunca habló de viajes de ese tipo pero me rendí, ya sabes que no puedo con las discusiones y menos si hay niños delante. Unos meses más tarde, e inesperadamente, mi jefe me ofreció un proyecto de trabajo en Murcia . Me doblaban el sueldo y además la vivienda corría a cargo de la empresa. No lo pensé mucho, acepté la oferta y esa tarde corrí a decírselo a Lucía creyendo que se alegraría. En Murcia podía seguir trabajando si quería pero no fue así, no se alegró, al revés se puso como una furia. Discutimos y Lucía cogió a Sandra y se fue a casa de sus padres. Volvió al día siguiente sin la niña y comenzó a llenar maletas. Me dejaba para siempre me dijo. Me llamó egoísta entre otras cosas por quererla separar de sus padres y hacerla empezar de nuevo ahora que era plenamente feliz, que había encontrado lo que tanto había estado buscando. Como últimamente me pasaba no entendía nada, le pregunté si es que había otro en su vida pero no obtuve respuesta. Comenzamos de nuevo a discutir y la discusión subió de tono, los vecinos no debieron perder detalle de lo nuestro por lo que declararon en el juicio pero te juro Marcos que todo fue un accidente, no la empujé, palabra de honor. Lucía pasó por delante de mi con la maleta en la mano y yo quise detenerla, la sujeté del brazo, ella empezó a gritar, forcejeamos, cayó al suelo y se dio un golpe con la esquina de la mesa y empezó a sangrar por la nariz. No me dejó limpiar su sangre ni que la tocara. Se  levantó, cogió su bolso y la maleta y sangrando  se fue a la calle. Corrí detrás de ella pero ya había parado un taxi y me quedé clavado en la acera. Al día siguiente, llamé por teléfono a casa de sus padres pero no quiso ponerse. Su padre me amenazó con denunciarme si no les dejaba en paz. Por la noche fui a esperarla al hospital, antes de que empezara su turno y la vi hablando, muy animadamente con uno de los médicos y me acerqué a ella para preguntarle si él era el otro. Se rió en mi propia cara, yo la llamé puta, ahora me arrepiento, pero se lo llamé y ella me soltó una buena bofetada y yo alcé la mano para devolvérsela pero el médico se puso por medio y entre él y otro médico me obligaron a salir del aparcamiento. Fue la última vez que vi a Lucía, un día más tarde, en la madrugada del 17 de febrero la encontraron muerta, en el aparcamiento y la policía vino a por mi. El resto es ya historia y nadie me cree. No tengo ninguna coartada para esa noche y esa madrugada. Nadie me vio regresar a las 12 de la noche a casa borracho, los vecinos no estaban y no me emborraché en ningún bar sino en el coche con una botella de coñac que compré en un supermercado. En la Casa de Campo, entre el Batán y el Lago paré el coche y allí mismo comencé a beber.  El recuerdo de Sandra hizo que no me terminara la botella entera y las nauseas que sentía también. Salí del coche y vomité y cuando se me pasó un poco regresé a casa a andando, ya sabes que mi casa no queda muy lejos y en ese estado no me atreví a volver en el coche . Al llegar a casa me metí en la cama sin desnudarme y a las once de la mañana vino la policía a por mi. Me acusaron de matar a mi esposa y mi abogado, aunque creo que me creía no pudo demostrar mi inocencia. Tenía todo en contra. Los juicios rápidos no existen pero el mío lo fue y no me extrañaría que mi suegro estuviese detrás. La sentencia se conocerá dentro de unos días pero mi abogado me ha preparado para lo peor. Y aqui estoy, jurándote una y otra vez mi inocencia y rogándote que cuando vuelvas a España vengas a visitarme. Según mi abogado tú eres el único que tendría derecho a visitarme. No me olvides, soy tu hermano , tu me conoces bien  yo no he cambiado, yo no he matado a Lucía.Un abrazo muy fuerte y tampoco olvides a madre, aunque no me reconocía cuando iba a visitarla yo no faltaba a mi cita con ella todos los domingos por la tarde.
Te quiere, tu hermano,
Pablo

-        ¿ Y qué os parece el caso? – pregunta Vallejo dejando la carta sobre la mesa.
Marcos Llorente, había llamado a la puerta del despacho de Pérea-Bonillas a las once en punto. Hora y media más tarde Marcos salía del despacho dejando a los detectives con el caso sobre la mesa. 
-        ¿Cuándo dice que recibió esta carta fechada  a finales de julio?
-        El doce de septiembre. Se encontraba en el Indico y hasta que no llegó a la isla de Java no pudo bajar a tierra. En Yacarta llamó a la vecina. Le mandó una carta desde allí a su hermano pero desconoce si la recibió. – comenta Héctor
-        ¿ Es normal que la correspondencia llegue tan tarde? – pregunta Bonilla de nuevo.
-        La correspondencia se manda a la naviera y esta la remite a los destinatarios, según ha dicho. No creo que sea difícil de comprobar ¿no?
-     Sí claro. Entiendo que crea en la inocencia de su hermano y que quiera limpiar su nombre.  A mi me parece un caso interesante pero la carta no aporta muchos datos.  – comenta Vallejo
-     Ya tenemos algunos más. Aquí está lista con los nombres de los suegros, el hospital en que trabajaba Lucía, la empresa en la que trabajaba Pablo y la dirección de la casa que compartía con su mujer y su hija. También tenemos la fecha del asesinato de Lucía, el 17 de febrero. Podemos comenzar además por la vecina, estuvo un día en la sala presenciando el juicio, el día en que declararon los vecinos.
-     Me parece bien ¿ fue ella la que le puso en contacto con Beltrán?
-     Eso ha dicho, parece que la vecina y Beltrán son primos ¿ sabías tú que ahora vivían en Canarias, Vallejo?
-    Algo oí pero la verdad es que lo olvidé por completo.  Tampoco os trae buenos recuerdos asi que quizá obvié el comentarlo por eso mismo. Del accidente de coche hace ya mucho tiempo, desde el 69 ahora ha llovido mucho y se fueron meses más tarde . Beltrán estuvo mucho tiempo en el hospital y le costó asimilar su incapacidad física para poder seguir ejerciendo en el cuerpo y aceptar una jubilación anticipada.
-    Lo sentí por él a pesar de nuestras grandes diferencias – dice Héctor –  y llamé a su mujer pero ésta me dijo que no me molestara en visitarlo y que no volviera a llamar.
-    Lo mismo que me dijo a mi. No sé que versión conocerá la buena señora pero a mi me considera un traidor por dejar el cuerpo y unirme a ti. Parece ser que nunca fuiste de su agrado Héctor.
-     Debe seguir reprochándome el que Salmerón le disparara y estuviera tan grave. Aunque en el hospital me dijo que no me guardaba rencor creo que no fue sincera. Pero volviendo al caso , tenemos que hacer un plan de trabajo.
-     Estoy de acuerdo- contesta Vallejo – yo me paso por  Moncloa para lo del expediente de la muerte de Lucía. Si trabajaba en el Clínico lo tienen que tener ellos.
-     Lo extraño de este caso es que no salió en prensa, yo al menos no lo recuerdo ¿ y vosotros?
-    Yo tampoco Bonilla pero , ahora que lo dices, Asunción si mencionó una nota de prensa que les llegó de una enfermera que apareció muerta, pero que yo sepa la revista no siguió el caso.
-     Yo me tengo que ir ahora – dice Bonilla – ya os he comentado que el director del colegio de Javier quiere hablar con nosotros y se me está haciendo tarde. Cuando termine me paso por el despacho de Gustavo para que averigüe él el nombre del abogado de oficio del caso de Pablo.
-   Entonces quedamos esta tarde en vernos después de comer ¿ de acuerdo?
-   ¿ Qué vas a hacer tú Héctor?
-    Me voy a pasar por  “A media voz”  para hablar con Julio y Asunción.  No es que este suceso fuese extraordinario pero suelen seguir los casos de asesinatos , sobre todo el de mujeres y me gustaría saber la razón de no seguirlo.

     Mientras ellos dejan el despacho, Marcos se apea del taxi que ha tomado, paga al taxista y llama a la puerta de la casa de los abuelos de su sobrina Sandra, la criada le hace esperar unos minutos y a continuación le pide que la acompañe hasta el salón donde se encuentra con el matrimonio Arroyo.
-        ¿ Se puede saber cómo se atreve a venir a nuestra casa y sin avisar? – le dice el Don Francisco Arroyo por todo saludo.
-        Siento molestarles pero me gustaría poder ver a mi sobrina. Y le recuerdo que no vengo sin avisar, ya se lo dije el domingo cuando llamé que iba a venir hoy.
-         Y yo ya le dije que su visita era innecesaria, No tenemos nada que hablar con el hermano del asesino de nuestra hija y tampoco tiene usted derecho a visitarla. Nosotros somos sus abuelos y sus tutores.
-        Y yo soy su padrino y creo que sí tengo derecho a visitarla.
-        ¡Menudo padrino  que nunca la visita y siempre está fuera! –dice la señora de Arroyo
-        Siempre la he visitado cuando estaba en tierra, siempre la he mandado un regalo por su cumpleaños y mi profesión es tan respetable como la de su marido.
-        No se compare usted con mi marido, él es militar de carrera y usted un simple marino mercante ¡faltaría más! Y ahora salga de aquí inmediatamente - vuelve a intervenir la sra. Arroyo llamando a la criada para que le acompañe a la puerta.
De regreso a su casa Marcos recuerda lo que dijo el detective Bonilla sobre un abogado que trabaja con ellos, quizá le pueda asesorar también de los derechos que tiene con respecto a su sobrina. Pablo le había dicho una vez que, en caso de pasarles a ellos algo, él tendría que velar por los derechos de Sandra pero no recuerda que firmaran ningún documento. La niña tiene ahora 9 años y el lleva en el barco dos años y en estos meses no la ha visto, eso es verdad. Cuando vivía en Madrid y él era un hombre feliz o al menos asi lo creía, como profesor de educación física,  veía a Sandra casi todos los fines de semana. Los sábados solían comer en casa de su madre y los domingos lo pasaban con los abuelos maternos. Nada hacía presagiar que las cosas fueran a cambiar de golpe para él y menos aún que su hermano atravesase por una crisis matrimonial o algo así. No sabía nada, la última vez que habló con su hermano por teléfono fue por la enfermedad de su madre que se había presentado de repente, al poco tiempo de embarcarse y en parte se sintió responsable. Su madre se llevó un gran disgusto, no quería que siguiese los pasos de su abuelo.
-        Me crié casi sin padre, apenas lo veía , vi como mi madre sufría la ausencia de su marido en silencio y ahora tengo que ver como mi hijo pequeño se va de mi lado  por culpa del mar y Dios sabe cuando lo voy a poder a ver. ¿ Por qué ahora? ¿ No eres feliz en tu trabajo?
Le dijo su madre el día en el que llegó la carta con la fecha de partida. De nada sirvieron sus argumentos, su madre no quería escuchar razones y él las tenía. Por un lado siempre le había tirado el mar, se lamentaba de vivir en Madrid por eso, por no poder ver el mar y de pequeño se pasaba el año esperando las ansiadas vacaciones de verano para poder ir a Galicia. Sus padres eran de Noya y allí tenían mucha familia.  Por otro lado su vida laborar se había complicado demasiado últimamente. La relación secreta que mantenía con la profesora de geografía no podía terminar bien. En el colegio ya se empezaba a cuchichear sobre ellos y como ella estaba casada lo mejor era cambiar de aire, de dar un giro de 360 grados. Un buen día, a punto de comenzar las vacaciones de Semana Santa dejó el colegio, dejó las clases y tomó un tren a La Coruña y en Noya habló con un amigo de la infancia que trabajaba para una Naviera . Conversaciones, pruebas y vuelta a Madrid a esperar la carta, la confirmación y la confesión a su madre, a su hermano y a su cuñada. Curioso que fuera ella la única en entenderle y Sandra empezó a pedirle regalos de los diferentes puertos del mundo. Y a los tres meses de navegar llegó el cable de su hermano sobre su madre. Afortunadamente estaban en puerto y pudo bajar a tierra a llamarle. Su madre había comenzado a perder la memoria, a dejarse el gas abierto, a salir a la calle con el camisón y algunas cuantas cosas más. Tres meses más tarde las cosas empeoraron y decidieron internarla. Su hermano nunca le acusó de nada pero el siempre ha tenido la sensación que su marcha precipitó los primeros síntomas de demencia a pesar de encontrarse físicamente bien a sus 65 años. Recordando ha ido haciendo el camino andando y al llegar a su casa se encuentra con la vecina que viene de la compra y le pregunta.
-        ¿Han aceptado el caso?
-        Sí, ahora se lo cuento –contesta Marcos tomando la cesta de la compra y entrando con la mujer en su casa.

 En un restaurante,  no muy lejos del edificio dónde se encuentra la revista A media voz, Asunción, Héctor y Julio comen juntos y la conversación gira sobre el nuevo caso.  Julio si lo conoce aunque la revista, en efecto, no lo siguiera por ser un juicio a puertas cerradas, un juicio rápido con un acusado claramente culpable de haber cometido el crimen de su esposa por celos infundados. Héctor tenía algunas preguntas que hacerle pero la llegada de uno de los camareros, advirtiendo que Julio tenía una llamada,  no da lugar a realizarlas.  Julio se va sin tomar el café  y  mientras Asun se termina el suyo le dice a Héctor.
-        Matilde me ha llamado esta mañana. El director del colegio les quería ver inmediatamente y me ha preguntado si nosotros habíamos recibido una llamada también.
-        Eso mismo me ha dicho Bonilla esta mañana y a estas horas estarán ya hablando con el director. No creas que no me ha extrañado, normalmente se meten los dos en los mismos líos 
-        Me estoy temiendo que tiene algo que ver con lo que está pasando entre Matilde y Boni.
-        ¿Por qué lo dices?
-        Hace unos días María me dijo que Javier les preguntó si nosotros dejábamos de hablarnos cuando estábamos solos. María les dijo que siempre nos oía hablar cuando estábamos a solas desde su habitación y que otras veces los silencios eran debidos a los besos y Javier se echó a reír y no dijo nada más.
-        ¿Y por qué no me los has dicho antes?
-        Me acabo de acordar. María me ha llamado para preguntar si podía quedarse a comer con Clara y Suzanne en el VIP de Velázquez . Yo le he comentado la llamada de Matilde y entonces me lo ha dicho de nuevo. Ella no le dio mucha importancia pero ahora a lo mejor la tiene.
-        Pues tiene que ser algo de eso, sin duda. Quizá haya pinchado en los estudios o esté distraído en la clase.  No sabes cuanto te agradezco que me leyeses la cartilla recién salido del hospital y de que seas tan directa. Me ayudaste muchísimo y María también. Sin vosotras no hubiera podido sobrellevar ese maldito fin de semana. ¿Sabes que te quiero , verdad?
-        ¿ Sabes que no tienes que estar diciéndolo cada día pero que me encanta oírlo? – contesta Asunción levantándose ya de la mesa dándole un beso a su marido- Te dejo cariño, tengo una entrevista y no puedo llegar tarde.
-        Yo también me voy al despacho. Hasta luego mi amor – dice Héctor dejando sobre la mesa el importe de la cuenta.






domingo, 25 de agosto de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 2



 
Capítulo 2

La mañana del domingo se presenta fría pero para algunos, como para Bonilla, llega con resaca, dolor de cabeza y sin ganas de dejar la cama tras el palizón del día anterior. El exceso de bebida, de bailoteo, risas y  conversaciones entre amigos se confunden un poco en su recuerdo y a duras pena oye la voz de Matilde llamándole para desayunar.  Se pregunta, mientras se levanta un tanto atontado, si Héctor o Gustavo estarán igual que él y se contesta él mismo con un seguro que no, ellos tienen más aguante y no mezclaron como yo. Se mete en el cuarto de baño con la esperanza de que una buena ducha le ayude a despejarse. Media hora más tarde , algo mejor pero con la cabeza aún llena de martillazos se sienta en la cocina ante la mesa con el desayuno ya puesto. Afortunadamente Javier y Sergio ya han desayunado, están jugando en la habitación del pequeño, alejada de la cocina y apenas oye sus voces. Bonilla agradece a Matilde el gesto, no le gusta que sus hijos le vean así, no sucede muy a menudo, pero no quiere darles mal ejemplo. Mientras se toma dos aspirinas seguidas de un café negro fuerte como para resucitar a un muerto, como dice Matilde y unta una tostada con mermelada, recuerda la primera vez que se emborrachó, mejor dicho, la primera vez que le emborracharon hace años, recién llegado como nuevo a la comisaria de Chamberí con Héctor Perea al frente. Si los recuerdos de la tarde de ayer son algo turbios, los recuerdos de hace varios años, los de sus principios en el cuerpo son nítidos, como si el tiempo no hubiese pasado. Jovencísimo, ilusionado y verde, muy verde, presa fácil sobre todo para Beltrán quien le emborrachó jugando a las cartas, formaba parte, dijo el otro, de la enseñanza práctica para ser un buen policía pero su cuerpo no aguantó mucho, como tampoco aguanta ahora.
-        Boni , ¿ le has comunicado ya a Héctor que tenéis un cliente mañana a las once de la mañana? – le pregunta su mujer recogiendo el desayuno de los niños sacando a su marido de sus recuerdos.
-        ¿ Cliente, cita? ¿quién ha hecho esa cita y cómo lo sabes?
-        ¡Ay Dios como nos hemos levantado!, ya te dije ayer que no abusaras y lo de la cita te lo dije el viernes ¿ lo has olvidado por completo?
-        En este momento sí. Resfréscame la memoria pero habla bajito que mi cabeza sigue siendo un bombo.
-        El viernes, cuando fui al despacho a recoger la caja de zapatos que te habías dejado, sonó el teléfono. Era un hombre que acaba de llegar a Madrid y necesitaba contactar con vosotros cuanto antes. Le explique que estábamos cerrados y le hice una cita para el lunes ¿ de verdad no te acuerdas de nada? Le mandaba un viejo conocido vuestro que había conocido en una escala en Canarias.
-        No, no mucho pero no importa, ahora llamo a Héctor y se lo pregunto, creo que teníamos algo antes de las once ¿ Tú consultaste la agenda?
-        Sí, claro , no pensarás que voy a hacer una cita asi por las buenas, sólo me faltaría éso.
-        Vale, vale, perdona. Lo siento, ya sé que no te gusta verme así pero tampoco es para que me conteste con ese tono.
-        Ya sabes lo que te dijo el médico la última vez. La bebida no te sienta bien y desde el secuestro de Javier, recurres con más facilidad que nunca a las copas.
-        Matilde por favor, no empecemos ¿ vale? Ya te he dicho que no bebo más que antes pero tu te empeñas en ver fantasmas dónde no los hay. Voy a llamar a Héctor y luego hablamos ¿de acuerdo?
Han pasado casi tres meses desde el secuestro de Javier y Daniel pero el suceso ha dejado más huella en la familia de Bonilla que en la de Perea. Las primeras semanas se centraron en observar a Javier y se olvidaron de hablar de sus propios sentimientos y miedos. Mientras el niño ha seguido con su vida como si nada,  hablando del episodio como una aventura más que vivió junto a su mejor amigo, Bonilla ha comenzado a dudar de ser un buen padre y Matilde a sobreproteger a sus hijos. Sin darse cuenta se han ido distanciando y los silencios son cada vez más grandes cuando están juntos como evitando hablar para no discutir.
En casa de la familia Perea, Paloma acaba de llegar para recoger a María. Van a ir a despedir a Tim y Alejandro que dentro de unas horas vuelan a Londres. Esta vez será una despedida corta y las chicas están más animadas.  Las vacaciones de Navidad  están cerca, Tim regresara antes de Nochebuena y  Alejandro pasará unos día en Madrid antes de reunirse con su madre y su tía en París dónde pasaran las fiestas navideñas y el fin de año. Maria besa a sus padres y Daniel se baja a la portería a jugar con su primo Diego que anoche se quedó con sus abuelos mientras sus padres iban al cine. Asunción y Héctor se quedan solos, recogen entre los dos el comedor y las cosas del desayuno y en la cocina comienzan a hacer planes para la tarde.
-        ¿ Qué te parece si vamos a comer a un restaurante los dos solitos? Ni Daniel ni María van a comer en casa.
-        Por mi parte encantado aunque también podemos encargar un pollo y aprovechar que estamos solos para dormir la siesta.
-        Pensándolo bien me quedo con tu plan – contesta Asunción jugando con los botones de la camisa de su marido – ayer fue un día muy ajetreado y una buena siesta no vendrá mal. ¿ Llamas tu al asador o lo hago yo?
Héctor se levanta riendo del sofá y busca en la guía de teléfonos el número que necesita, marca , reserva un pollo con guarnición para las dos de la tarde,  cuelga y no le da tiempo a dar ni un paso cuando el teléfono suena.
-        Es Bonilla, en un momento estoy contigo – le dice a su mujer tapando con la mano el micro del teléfono.
Sin embargo no será así. No han intercambiado ni tres palabras cuando Bonilla le propone verse en el café Comercial y tras colgar el teléfono  le dice a Asunción con cara de circunstancia.
-        Bonilla tiene un mal día. He quedado con él en el Comercial y de paso recojo el pollo.
-        De acuerdo cariño,  pero no olvides la hora que no me gusta esperar con la mesa puesta.
-        ¿Cuándo te hecho yo éso?
-        Alguna vez que otra pero siempre por fuerza mayor – contesta su mujer dándole un beso colocándole mejor el cuello del abrigo – y Héctor ¿ no es hora de que les hablemos a Bonilla y Matilde del grupo ese de terapia sobre el que hemos escrito en nuestra revista?
-        Ya hablaremos  de eso a mi regreso y no temas. No creo que las cosas hayan llegado a tal extremo. La mesa la ponemos juntos, tu ponte guapa y recuerda nuestra siesta- contesta su marido guiñándole un ojo y cerrando la puerta.
A pocos metros del café Comercial Bonilla compra la prensa y se apresura a entrar en el local a refugiarse del frío. A pesar de ser domingo y de estar el local casi lleno,  la mesa de los detectives está libre y se sienta a esperar a Héctor. De camino al café ha subido al despacho y ha visto las anotaciones que hizo su mujer sobre el cliente del lunes. El nombre  no le dice nada pero el de la persona que le ha recomendado ya es otra cosa. Pensando en él, por segunda vez en la mañana,  no se da cuenta de la entrada de su socio y se sorprende cuando le oye decir.
-        Deja de marear el café y bébetelo que se te enfría.
-        Hola, sí, tienes razón es el segundo café en el día de hoy que me bebo frío.
Héctor hace una seña al camarero y pide dos cafés , se quita el abrigo y se centra en su amigo.
-        ¿ Cómo va tu resaca?
-        Bien, ya no me duele tanto la cabeza ¿ y tú no has tenido problemas?
-        No, esta vez no. Cuéntame porqué tienes esa cara ¿ Matilde?
-        Sí pero no quiero hablar de eso ahora. ¿ A qué no adivinas quien ha recomendado a nuestro cliente del lunes?
-        No estoy para adivinanzas Bonilla, dímelo si lo sabes que el tiempo se echa encima y me esperan en casa.
-        Está bien. Beltrán.
-        ¿ Beltrán? ¿ el traidor de Beltrán? Imposible.
-        Sí, ese el nombre que ha dado según los apuntes de Matilde, un viejo conocido llamado Beltrán que conoció en una escala en Canarias. El cliente es marino mercante le dijo a Matilde y no iba a estar mucho tiempo en Madrid.
-        No me lo puedo creer y menos que se acuerde de nosotros, además  ¿ qué hace en Canarias?  Ya, ya sé que tuvo un accidente  hace unos años y quedó impedido pero ¿Canarias?
-        Su mujer creo que era de una de las islas. A lo mejor el clima le viene bien para sus heridas.  Mañana saldremos de duda. A las once vendrá el señor Marcos Llorente y ¿crees que será un caso interesante?
-        Si no es interesante lo rechazamos , tenemos varias cosas entre manos y tú no estás pasando por el mejor momento que se diga.
-        No exageres tú también. Cada uno es como es y no lo puedo remediar, me sigo echando la culpa de lo que les pasó a los niños. Yo y mis contactos, yo y mis proyectos , yo y siempre yo y me olvido de proteger a mi familia como debería.
-        Deja de atormentarte. Confías demasiado en la gente y aunque tienes  buen olfato para los negocios, alguna vez tendría que salir algo más, pero ya ha pasado. Y todos hemos salido bien del desagradable incidente. Más culpable me tendría que sentir yo por no acompañarles al quiosco pero ¿ qué conseguiría con ello? Nada positivo, sólo sentirme infeliz. En la vida siempre hay imprevistos y no podemos, por mucho que queramos, protegernos ni proteger a los nuestros de todo.  No fue tu culpa y no quiero repetírtelo más veces, olvídalo y sincerate con Matilde. Quizá necesitéis ayuda de gente especializada en casos de postraumas. En la revista de A media voz hay un reportaje sobre ello.
-        Sí, ya lo sé. Matilde también me lo ha dicho pero, lo que más rabia me da es que me controle la bebida como si desde lo del secuestro de los niños hubiera empezado a beber y no es verdad.
-        Yo no he notado que bebas más que antes pero es verdad que mezclas demasiado y éso, como te dijo Gustavo en la boda,  no es bueno Bonilla y menos a partir de ciertas edades.

En la calle Peñalara en Ciudad Jardín, Marcos, sentado en el sillón de su padre charla con la  vecina, una señora uno poco más joven que su madre, con una memoria de elefante y muy ágil para su edad. La señora Pura conoce a su familia desde hace tiempo y ella también cree en la inocencia de Pablo como le está diciendo
-         Marcos, estoy convencida y te ayudaré en todo lo que pueda. Pablo jamás podría haber cometido tal crimen ni por asomo. Dentro de lo que cabe me alegro que tu madre no sea consciente de todo lo que ha pasado.  Lucía nunca me gustó para Pablo pero tampoco puedo decir que no le hiciera feliz y Sandra es una niña encantadora. ¡Qué pena que se haya quedado huérfana y de esta manera! ¿ Vas a ir a verla?
-        Esa es la idea pero primero quiero hablar con los detectives. Gracias por molestar a su primo.
-        De nada hijo, de nada. Ya ves, cuando me llamaste desde Las Palmas me acordé de mi primo que reside allí desde hace unos años, desde el accidente que le dejó paralítico y pensé que él a lo mejor conocía a alguien de sus tiempos de policía.
-        Y asi fue. Me dijo que personalmente prefiere ni oír sus nombres pero que como profesionales son muy buenos aunque no da ni un duro por mi caso.
-        Olvida éso, mi primo siempre fue un poco derrotista, seguro que estos detectives no piensan lo mismo. ¿Necesitas algo más para la casa? ¿ quieres que te preste otra estufa?
-        No, nada, todo está bien sra. Pura no se preocupe.  Lo que me gustaría es oír su versión de los hechos detalladamente, si no le importa .
-        Por supuesto que no me importa, al revés, lo estoy deseando.
Mientras la sra. Pura cuenta su versión Marcos va tomando nota y ya a solas, cuando la vecina se ha ido a su casa, saca de nuevo la carta de su hermano y comienza a leerla, después se levanta, llena un vaso con ron, coge del aparador la foto de comunión de su sobrina Sandra y mirándola dice: por tí Sandra, porque tienes derecho a saber la verdad y a crecer sin el estigma de ser la hija de un asesino. Tu padre era inocente y lo vamos a demostrar.

sábado, 17 de agosto de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 1.



Estación de Chamartín, Madrid. 1 de diciembre de 1973.  
           
La estación es un hervidero de gente cuando el tren procedente del Ferrol hace su entrada a las seis de la tarde. En el andén, los familiares, conocidos y amigos que han ido a recibir a los viajeros saludan a los suyos, se abrazan y ríen pero a Marcos no le espera nadie. Maleta en mano se abre un hueco entre la gente, abandona la estación y duda entre el transporte público o ir andado hasta la casa que fuera de su madre en Ciudad Jardín. Al final decide tomar un taxi y mientras enfilan por la avenida de Pio XII la recuerda brevemente.
Antonia Villenas, viuda de Llorente hace año y medio que abandonó su hogar, su avanzada edad y su demencia senil,  que cada día era más evidente, obligó a su hijo Pablo, el único hijo que tenía en España, a internarla en una residencia recomendada por  el médico de la familia y Marcos, desde la otra punta del mundo dio su consentimiento. 
Hace dos días que llegó a España tras dos largos años de ausencia y hoy llega a Madrid con una misión clara que cumplir, por muy remota que sean las posibilidades de conseguirlo. Desgraciadamente no dispone de mucho tiempo, dentro de 3 meses tendrá que volver al buque, razón de más para no perderlo y hablar cuanto antes con los detectives que le han recomendado. Media hora más tarde abre la puerta del hotelito familiar, que a pesar del frío reinante huele a cerrado, cuelga su abrigo en el perchero del recibidor, sube las escaleras derecho a la que fuera su habitación, abre la puerta , deja su maleta sobre la cama y saca una botella de ron. Con ella en la mano baja las escaleras y entra en la cocina dónde comprueba que la bombona de butano aún tiene gas, no le han cortado la luz y hay agua .
Cuando le avisaron de la detención de su hermano, aviso que tardó  más de un mes en recibir, decidió seguir pagando el sólo los gastos de la casa pero el último recibo de la luz no ha tenido tiempo de pagarlo. Su regreso ha sido precipitado y hasta el lunes no podrá acercarse al banco. Con su hermano Pablo ya no puede contar, no regresará de la prisión de Carabanchel. A su detención siguió un juicio rápido, en un país con un atraso judicial enorme, él tuvo la mala suerte de sentarse en un banquillo a los 5 meses de su arresto. Al juicio le siguió la sentencia y a los 3 meses falleció en una de las camas de la enfermería del centro penitenciario. Uno de los celadores le encontró en su celda tiritando de frío con la piel ardiendo. Trasladado a la enfermería le trataron de una pulmonía que no pudo remontar y falleció al segundo día. El parte de su fallecimiento le llegó por cable al buque en el que, desde hace dos años, navega como marino mercante.
Marcos abre la nevera y comprueba con satisfacción que la vecina recibió su telegrama y le ha comprado lo más necesario para una semana y no se ha olvidado de rellenar la despensa. Sabe que tiene que pasar a saludarla, a darle las gracias y pagarla pero lo hará mañana, ahora necesita un trago. Con gran maña y sin apenas esfuerzo desenrosca el tapón de la botella, entra en el salón y pulsa el interruptor de la luz . En el aparador busca un vaso apropiado y lo llena hasta la mitad. Enciende las dos estufas eléctricas que su madre siempre utilizaba, se acerca a la mesita en la que reposa el teléfono, lo descuelga y confirma que tiene línea, al menos el dinero para el teléfono si llegó a tiempo. Regresa al aparador dónde había dejado el vaso con ron, lo coge y se sienta en el sillón que fuera de su padre y que su madre no dejara sentarse en él a nadie. Sonríe mientras lo recuerda, bebe su primer sorbo de ron en todo el día y su cara se tensa al sacar de su americana la carta de Pablo. La última carta que recibiera de él, de antes del proceso y que le llegara con meses de retraso. El cable con su sentencia llegó antes que la carta, pero no había mucho que leer: culpable y 30 años de cárcel. La carta por lo contrario la ha releído y releído cantidad de veces y cada vez cree más a su hermano. Junto con la carta está la tarjeta de los detectives. Ayer viernes les llamó y una señora llamada Matilde, la esposa de uno de los detectives, según le dijo, le comunicó muy amablemente, que el despacho estaba cerrado por motivos familiares hasta el día 3 pero si quería le podía hacer una cita para ese día a las once de la mañana y en eso quedaron.

Aravaca. Madrid. 1 de diciembre 1973

En efecto, la familia Bonilla y la familia Perea al completo, al igual que el resto del círculo de amigos íntimos, llevaban unos días preparando una boda. Boda que hoy  se ha celebrado, ante una mesa cubierta con un paño blanco, una cruz en el medio y centros de flores en las esquinas que ha servido de altar. Les costó bastante  obtener el permiso, tuvieron que convencer a los del arzobispado de Madrid pero lo consiguieron. El donativo que recibieron por el favor otorgado fue bien recibido, el propio obispo designó a un sacerdote amigo para oficiar la boda y como ellos deseaban se han casado y no como mandan los cánones.
Una gran carpa con calefacción, situada en el jardín de la casa de los novios, sirve de iglesia y dentro de ella, dos filas de sillas, adornadas con flores en los respaldos, una alfombra roja en el medio que llega hasta la puerta de la terraza con salida al jardín, aguardan a los invitados. Un toldo blanco cubre la distancia entre la carpa y la puerta de la terraza y María, al igual que Clara, Suzanne, Irenita y Paloma siguen abriendo sus ojos maravilladas y admiradas mientras esperan, vestidas iguales como buenas damas de honor,  su turno para desfilar bajo el toldo y entrar en la carpa.
Ante el altar el novio, Martín y los chicos, sus padrinos. Todos ellos vestidos con frac y nerviosos. Alejandro y Tim lo disimulan como pueden colocándose su corbata mejor el uno y el otro jugando con el alfiler que prende en ella. Daniel y Javi  juegan con el clavel que llevan en el ojal y miran constantemente hacia la entrada de la puerta de la carpa.
 A las dos en punto entra la novia acompañada de Domingo Vallejo seguida de sus damas de honor. La ceremonia es sencilla, sin misa y sin liturgia, sólo la comunión, el evangelio  y la lectura de algunos pasajes de la biblia recuerdan que asistimos a una ceremonia religiosa.
En la primera fila y sentado en el regazo de Asunción está el hijo de los novios. El pequeño, a sus cuatro meses no quita la vista de su madre quien al entrar le ha hecho una caricia y le ha dado un beso. Tras el intercambio de las promesas y el de los anillos el sacerdote da por terminado el servicio bendiciendo a todos los presentes. Los novios reciben los parabienes y los besos de sus invitados, posan contentos con ellos ante el fotógrafo y pasan al salón de la casa, dónde ya está todo preparado para servir el ágape nupcial. La empresa contratada se ocupa de todo y mientras los invitados comen disponen la carpa para el baile que vendrá después.
Tras los brindis, emotivos por parte del novio y de Vallejo en nombre de todos, la pareja abre el baile y al segundo se unen los demás. Daniel baila con quien se preste, con Javi, con su madre y con su hermana a quien tiene que arrebatar de los brazos de Tim o de su padre. Paloma con Alejandro ríe escuchando lo que Suzanne les cuenta e Irene y Clara son sacadas a bailar por su abuelo y su padre. La fiesta continúa hasta casi las doce de la noche, los mellizos de Gustavo y Aurelia hace rato que duermen en un sofá junto a Sergio y Daniel está a punto de caer rendido al igual que su amigo Javier. Asunción decide que ha llegado el momento de regresar a casa y tras ella desfilan los demás.
Una hora más tarde, con Daniel y María ya soñando, Asunción y Héctor siguen comentando la boda antes de quedarse dormidos.
-        Estoy de acuerdo con María, la boda ha sido preciosa. Una de las más bonitas a la que he asistido ¿ no crees?
-        ¿Sin contar las nuestras, claro? – contesta su marido con una pregunta
-        Por  supuesto – responde Asunción riéndose, dándole un golpecito en el brazo-  no me contestes con otra pregunta que es de muy mal gusto.
-        ¿ Estás insinuando que tengo mal gusto?- responde su marido con ganas de juego.
-        Yo no insinuo nada, pero no eludas mi pregunta y deja la mano ahora por un momento quieta que no me dejas concentrarme.
-        Vale, tienes razón. La boda ha estado muy bien, nos lo hemos pasado fenomenal, ha sido original, todos hemos disfrutado muchísimo, sobre todo las chicas pero yo me quedo con las nuestras, no lo pudo evitar.La sensación que sentí la primera vez cuando te vi entrar del brazo de Bonilla, aún la guardo muy dentro de mí – le dice Héctor sin dejar su mano quieta y jugando ahora con un mechón de pelo de su esposa.
-        Yo también, eso ni lo dudes y ya que estás tan hablador, recuérdame como era ese sentimiento que no me canso de oírlo.
-        Júbilo, en una palabra. Nunca antes había sentido esa sensación tan intensa de felicidad que me llenaba por completo y a cada paso que dabas más orgulloso que estaba de que me hubieras elegido a mi como hombre, como padre de nuestra hija y como esposo. Estabas guapísima con ese vestido que tu misma te hiciste con ayuda de tu madre. Te sentaba de maravilla y Aurelia me decía que el escote que llevaba se llamaba escote barco , con mangas tres cuartas y velo de tul . A mi me daba lo mismo como se llamase, si la tela era de raso o de tafetán y el velo de encaje o de tul, yo sólo veía a una mujer guapísima que era la mía y nada más..bueno sí también me fijé  en la diadema de flores blancas que llevabas sujetando el velo porque hacían juego con los pendientes que te regalé cuando nació María.
-        Fue idea de Matilde, ya lo sabes. Quería llevar esos pendientes y a ella se le ocurrió lo de la diadema y la encargó como regalo de boda. La verdad es que yo estaba preocupada cuando andaba del brazo de Bonilla, por un lado la emoción que no me cabía en el pecho me nublaba la vista y por otro la diadema me tiraba del velo, temía enredarme con la cola y que se me cayera el velo y Héctor, mil veces que naciera mil veces que te buscara y encontrara , de eso puedes estar seguro – le dice mirándole fijamente a los ojos y continúa tras darle un fugaz beso en la boca-  Tendrías que haberte visto allí en el altar, estabas muy elegante con tu traje azul italiano recién estrenado , atractivo como siempre pero ese día aún mucho más, tenías un aura especial, tus ojos brillaban y tu sonrisa era aún más hechicera que nunca.
-        Eramos un pareja de película – ríe Héctor – como dice María cada vez que mira las fotos de nuestra primera boda. Si quieres podemos pasarnos toda la noche hablando de ese día o de nuestra boda en Venecia o pasamos ya a la acción ¿que prefieres ?
-        ¿ Y lo preguntas? – contesta Asunción riendo apagando la luz
-        ¿ Quien decía que no se contesta a una pregunta con otra pregunta? – responde Héctor perdiéndose ya en su cuerpo.








miércoles, 15 de mayo de 2013

Caso del pasado y cuentas pendientes. Capítulo 8 y último.


Capítulo 8.

Martes, 25 de septiembre de 1973

Si la prensa del lunes publica una escueta nota de apenas cuatro líneas para notificar el secuestro de dos menores, la prensa del martes, en su primera edición, señala en primera página la resolución con éxito de dicho caso a manos de la policía nacional . No obstante, en casa de la familia Perea la prensa no se leerá hasta bien entrada la mañana del martes . Anoche se acostaron muy tarde, después del reencuentro con Dani en casa de Bonilla , al llegar a su casa, un excitado Daniel,  lleno de cosas por contar, no quería separarse ni para dormir de sus padres ni de su hermana. Ante el asombro de todos fue a su cuarto, arrastró su colchón a la habitación de sus padres y le dijo a su hermana: “en el mío cabemos los dos”  y asi pasaron la noche, juntos, dándoles las tantas intercambiando confidencias,  como nunca antes lo hicieran.

-      ¿Pero nunca tuviste miedo, Daniel? – le preguntó María
-      Sí, bastante pero como estaba con Javier y él parecía no tener miedo, me hice el fuerte, no quería que viese que soy un caguetas.
-      ¿ Pero no se lo preguntaste a Javier? A lo mejor a él le pasaba lo mismo que a ti. – volvió  a preguntar María
-      Pues mejor me lo pones, tampoco me lo hubiera  dicho.

María miró a sus padres que reían la respuesta de Daniel y replicó diciendo.

-      Pues yo no veo la gracias, el uno por el otro y los dos muertos de miedo ¡qué triste!
-      Más bien cómico – dijo su padre – Las niñas sois más dadas a contaros vuestros miedos pero los chicos tenemos pánico a reconocer los nuestros. Entiendo lo que dice tu hermano, el único consuelo que Bonilla y yo teníamos es que estaban juntos, que si no les separaban iban a poder con la situación por raro que te parezca.
-      Pues sigo sin entenderlo ¿ y tú mamá? ¿por qué los chicos no pueden llorar ni mostrar sus sentimientos?
-      Debe ser algo inherente a ser hombre – contestó Asunción- además de la educación que se les ha dado durante toda la vida. Tu misma le has dicho varias veces a Dani, cuando se ha caído y no paraba de llorar, que los chicos no lloran.
-      Eso, eso, me lo has dicho muchas veces – dijo Daniel dando golpecitos en el brazo a su hermana.
-      ¡Qué no me toques, enano! – respondió María cogiendo a su hermano por el brazo.
-      ¡Me encanta la paz de nuestro hogar! – dijo Héctor riéndose con ellos mirando a Asunción
-      ¡Ni que lo digas! – contestó  ella separando a sus hijos y acabando con ellos en el colchón de Dani.

Al día siguiente la primera en despertarse es Asunción que al ver la hora que marca el reloj de la mesilla, deja la cama con una gran sonrisa al recordar la noche pasada y ver la cabeza de sus hijos juntos en el mismo colchón y saltando sobre ellos, se mete al baño . Se da prisa pues a las dos de la tarde han quedado todos en casa de Fernanda para comer, los niños tienen unos días libres con permiso de la dirección del colegio, las chicas aún tienen vacaciones y por la tarde se les unirá la familia White con Tim y Alejandro quienes esa misma noche regresarán a Inglaterra.  A las nueve y media pasadas despierta a los niños y cuando ya están en sus respectivos cuartos se acerca a su marido, quien aún duerme plácidamente y suavemente, dándole pequeños besitos en la frente le dice

-      Vamos dormilón que ya han dado las diez.

Una hora más tarde, ya lavados y bien despejados se sientan todos a desayunar en la cocina y Daniel que sigue excitado por todo lo sucedido dice.

-      ¡Por fin un desayuno como Dios manda! Ya no quiero más tortillas a la francesa en mi vida, ¡qué hartura!...!y vasos de leche tampoco!
-      Lo de la tortilla, que pase de momento- contesta Asunción- pero lo de la leche olvídalo  la necesitas que estás en pleno crecimiento.
Daniel no tiene tiempo de responder, María se ha levantado a abrir la puerta, Julio entra en la cocina con la prensa bajo el brazo, el chico se lanza a su cuello y le pregunta
-      ¿Salgo en los periódicos?
-      El caso Dani, el caso – dice su padre
-      ¿Y la revista vuestra no va a publicar nada?-  Pregunta María
-      Por supuesto – contesta Julio – contamos con una redactora de primera que además sabe la historia y lo que hay detrás de la historia.
-      Eso mismo me decía Héctor anoche pero no sé, tengo mis dudas, creo que no voy a poder ser objetiva .
-      No es necesario – responde Julio- de hecho sería estupendo si lo escribes justo como madre más que como periodista, los lectores te lo agradecerán. El caso ya viene bien detallado en todo los periódicos de hoy.
-      ¿Y yo no puedo escribir algo como hijo?- pregunta Daniel – Javier y yo hemos sido los protagonistas.
-      NO – contestan todos a la vez

Ya en el salón y sentados en el sofá leen los diferentes periódicos que resaltan la noticia que les llegó en un teletipo justo a tiempo de incluirla en la tirada de la mañana. 

“ En la tarde del lunes, 24 de septiembre, la policía de Madrid, en colaboración con la de Getafe, ha podido detener a dos súbditos yugoslavos sospechosos de haber colaborado en el secuestro de los dos menores acaecido el pasado sábado. Los niños se encontraban en una nave industrial en un polígono de Getafe. Dentro de la misma nave se hallaba el coche que utilizaron para el secuestro y que coincide con la descripción que dieron los testigos. Una hora más tarde,  la  policía de Madrid pudo acorralar a los otros dos secuestradores, un hombre y una mujer,  a la altura del Parque del Oeste cuando éstos se disponían a huir con el dinero del rescate. Desgraciadamente el hombre, también de nacionalidad yugoslava,  sacó su pistola y tomando a la mujer como escudo, empezó a disparar a los agentes quienes no tuvieron más remedio que utilizar las suyas. La mujer, de nacionalidad española,  alcanzada en el tiroteo, falleció minutos más tarde camino del hospital. El hombre, que responde al nombre de Ilja Hovart y que resultó herido  ya ha sido trasladado a la prisión de Carabanchel. La policía no descarta el que haya más detenciones en las próximas horas”.

-      Me da un poco de pena el que La tacones haya muerto, no era tan mala, aunque si llego a saber que por culpa de ella mi padre tiene un accidente la hubiera escupido en la cara. El italiano si que tiene mala leche y los otros dos se portaron muy bien con nosotros. Si no hubiera sido por el boxeador, el italiano me hubiera pegado una bofetada- comentó Daniel al acabar de leer su madre la noticia
-      No hay que alegrarse de la muerte de nadie, Daniel,  pero Flora, la que tu llamabas La tacones no era tan buena persona como te imaginas. Ya intentó matar a su padre y por eso estuvo en la cárcel tanto tiempo – contesta Héctor
-      Pues yo lo siento, a mi no me da pena, aunque tampoco me alegro de la muerte de nadie pero ella misma se lo ha buscado, además no aprendió la lección de la primera vez- dice María
-      Lo importante es que la pesadilla terminó y les debemos mucho a Tim y a Alejandro, e incluso a Julio,  aunque en la noticia ni les nombren – comenta Asunción
-      Eso, eso- dice Daniel – ellos nos rescataron y no la policía. No es justo ¿ veis como yo también tengo que escribir mi historia en la revista?
-      No insista Daniel, no hay historia por ahora. Quizá cuando seas mayor tu historia se pueda publicar sin censura pero ahora no. Todo ha pasado tal y como lo cuenta la nota de gobernación y no hay más que hablar – se atreve a decir Julio
-      Pero ...
-      Daniel – dice María interrumpiendo a su hermano – en España no hay libertad de prensa como en otros países, ya lo entenderás cuando seas un poco más mayor ¿Verdad papá?
-      Tu hermana tiene razón, nos guste o no la forma de gobierno de España no es igual a la de Francia o Inglaterra. Aqui hay que acatar las leyes del movimiento – contesta Héctor
-      O sea que hay que hacer lo que Franco dice ¡pues no es justo, no lo es! – repite Daniel
-      Dejemos el tema por ahora y anda, ve a abrir la puerta que seguro que son tus abuelos con Irene.

La mañana sigue su curso y por primera vez Daniel no protesta ante los besos de su abuela ni las carantoñas de su abuelo y hasta Irene parece mirarle con otros ojos. El teléfono tampoco ha dejado de sonar, el director del colegio ha llamado y algunos compañeros de Asunción también han expresado su alegría por el feliz resultado. Julio que ya ha vuelto a la revista, ha dejado bien claro a su redactora jefe que puede tomarse unos días libres hasta que Daniel regrese al colegio antes de que acabe la semana. Las cosas tienen que volver a la rutina cuanto antes y vigilar muy de cerca a Daniel. Aparentemente no le ha afectado de forma negativa pero toda la atención que está recibiendo,  más los comentarios y preguntas que les van a hacer, a él y a Javier sus compañeros de colegio, preocupa un poco a las dos familias. El director del colegio ha citado a los profesores y ya ha hablado con la mayoría de los padres .
A las dos de la tarde se disponen a ir a casa de Fernanda, Matilde todavía está muy afectada y no está para invitados en casa además, si la casa de Bonilla es grande la de Fernanda lo es aún más y tiene un jardín,  en el que caben 10 casas como suele decir Vallejo a quien le gusta exagerarlo todo. Ya en la casa Daniel se encuentra con Javier y se abrazan como si nos se hubieran visto en años y salen juntos al jardín. Bonilla le pregunta a Héctor si su hijo está también tan excitado como el suyo  que no ha podido dormir ni les ha dejado dormir.

-      Tan excitado o más pero sí ha dormido, a las tantas igual que nosotros y en nuestra habitación – contesta Héctor contando como ha sido la noche
-      A mi no me extraña – dice Fernanda – lo han vivido como una aventura pero han debido de pasar miedo, aunque no lo quieran decir. Tendréis que tener un poco de paciencia y dejarles a hablar.
-      Daniel dijo anoche que tenía miedo pero no quería que Javier pensara que era un cagueta – recuerda María.
-      Es lo mismo que ha dicho Javier – dice Matilde - ¡Hay que ver como son estos niños!
-      Unos niños muy normales, muy despiertos y muy felices. No creo que este desagradable asunto les deje secuelas – opina Gustavo
-      Nuestro médico nos ha dicho lo mismo. Ha venido esta mañana y ha estado hablando con él y nos ha tranquilizado. También hemos hablado con el colegio y van a estar alertos por si hubiera cambio en su comportamiento – comenta Bonilla
-      Nosotros no hemos llamado al médico pero también hemos hablado con el colegio y si notamos algo extraño en su comportamiento le llevaremos a un psicólogo que nos ha recomendado Julio – dice Héctor.

Mientras los hombres siguen hablando las mujeres ayudan a Fernanda a poner la mesa, Martín sale al jardín a buscar a los niños y poco después se sientan todos a la mesa de doce comensales que Fernanda ha comprado hace poco y que luce  muy bien en el salón comedor con vistas al jardín. Después de comer, Héctor invita a María a dar un pequeño paseo por el cuidado jardín.

-      ¿Sabes por qué te he pedido que me acompañes , princesa? – pregunta su padre parándose en la pérgola que hay en el jardín y que sirve de cenador en la noches de verano.
-      Me lo imagino, quieres hablar conmigo a solas ¿ te lo ha pedido mamá?
-      Esta vez no, princesa. Has pasado de estar muy alegre a ponerte triste de nuevo y ahora no es por tu hermano ¿ me equivoco?
-      Lo siento, no quiero aguar la fiesta a nadie pero Tim vuela esta noche de nuevo a Inglaterra y hasta las navidades no lo voy a volver a ver.
-      Ya me lo imaginaba , yo no soy el más apropiado para darte consejos pero a él seguro que le pasa lo mismo y si de verdad le quieres despídete de él con esa sonrisa que no tiene precio , como el mismo dice, para que le acompañe en el vuelo. Además, nadie ha dicho que no puedas ir otro fin de semana a Londres más adelante.
-      ¿Lo dices en serio? Sería fantástico y qué eso de la sonrisa ¿cuando te ha dicho eso?.
-      Ayer mismo, antes de venirnos para casa les agradecí a los dos todo lo que habían hecho y en ese momento tu estabas embelesada, escuchando a tu hermano y a Javier y la sonrisa no te cabía en la cara, entonces me dijo  “no tiene que agradecerme nada, esa sonrisa no tiene precio”. Yo estoy de acuerdo, últimamente estoy muy de acuerdo con Tim, asi que princesa, no te preocupes, mal de amores no creo que vayas a tener y no olvides que aún eres muy joven, que este año es el último en el colegio y que tus notas son decisivas si quieres ir a la Universidad.
-      Gracias papi, no lo olvido y tu no olvides lo de un fin de semana en Londres antes de Navidad ¿vale?
-      No lo olvido, descuida, lo hablaré con tu madre y, mira, ahí llega, volvamos con los demás – dice Héctor al ver entrar en el jardín a la familia White con los chicos y a Paloma con Vallejo y Laura.

Cuando ya están todos reunidos Daniel vuelve a contar cómo les rescataron Alejandro y Tim.

-      ¡Alejandro tumbó al boxeador de un derechazo de órdago! – exclama Daniel
-      ¡Daniel! Modera tu lenguaje – dice su madre tratando de no reírse ante la palabra utilizada por Daniel.
-      Es verdad, mamá no exagero – contesta el niño
-      Y Tim utilizó una llave de judo con el cabeza pelada que me tiene que enseñar – dice Javier
-      ¿ y vosotros cómo lo sabéis si estabais en el cuarto encerrados? – pregunta Suzanne
-      Porque oímos como se lo explicaban a los tíos ¿ a que sí? – dice Javier mirando a los aludidos.
-      Sí, asi fue – contesta Gustavo – cuando entramos en la nave ya estaban los dos atados de manos y pie y vosotros libres, pero que lo cuenten ellos.

Alejandro mira a Tim y dice

-      ¿Comienzo yo?
-      Sí, tu fuiste el que salió detrás del boxeador y el que empezó todo.
-      Al verle pasar por delante de nuestra mesa le reconocí inmediatamente del esbozo de Tim y pensé que si le seguía y esperaba a que abriera el cierre quizá se me ocurriese algo para llamar su atención.
-      ¿ y se te ocurrió pegarle un puñetazo? – pregunta Clara
-      No a la primera, no. Tim ya me había alcanzado cuando vimos como levantaba el cierre y corrí hacia él, sin pensarlo, le di un golpecito en el hombro, él se volvió y mi derecha voló a sus mandíbulas  Tuve suerte de pillarle desprevenido , seguro que en condiciones normales me hubiera dejado él a mi K.O. Yo no soy boxeador, ni tan siquiera entreno y el tiene toda la pinta de serlo.
-      ¿Y entonces que pasó? – quiere saber Fernanda
-      Cayó al suelo redondo – sigue Tim – y el otro oyó el ruído y se asomó a ver que pasaba con la pistola en la mano. Alejandro estaba inclinando, sacando los cordones de los zapatos del boxeador para atarles las mano y no vio al cabeza pelada. Afortunadamente éste no me vio a mi y como dice Javier, utilicé una llave de judo que me salió bien por lo mismo, por pillarle desprevenido. Ya en el suelo, Alejandro con la pistola en la mano le obligó a entrar en la nave, a quitarse sus cordones y le atamos también a él. Después entramos el cuerpo del boxeador que ya había vuelto en sí y abrimos la puerta con la llave que estaba en la cerradura. Javier y Daniel salieron, no nos dio tiempo ni a abrazarles cuando vimos entrar a Vallejo con Gustavo.
-      Nosotros nos quedamos muy sorprendidos – sigue Vallejo – y yo cogí la pistola que Alejandro acaba de dejar sobre la mesa, utilicé el teléfono para llamar a Getafe y a casa de Bonilla y lo dejamos descolgado por si a los otros dos se les ocurría llamarles antes de la hora acordada entre ellos. La policía llegó, se los llevaron y un agente se encargó de pasar el recado a Rivera. Dejaron que la entrega siguiera adelante, tenían toda la zona vigilada con policías de paisano y cuando intentaron irse con el dinero, utilizando el teleférico que va a la Casa de Campo les rodearon y empezó el tiroteo.
-      Y la policía se lleva los honores, Rivera se retira con un gran éxito y la verdad no la va a conocer nadie – dice Paloma
-      Eso, eso he dicho yo esta mañana, no hay derecho – vuelve a repetir Dani.
-      No, no hay derecho pero es mejor así – comenta Bonilla – de esa forma Tim y Alejandro se han librado de tener que declarar en comisaria e incluso de interferir en asuntos de la policía.
-      ¿Han detenido ya a tus amigos? – pregunta Martin a Bonilla
-      Vallejo tiene más información que yo, él acaba de verse con Rivera ¿no?
-      Sí, han detenido a Campos en Valencia cuando se disponía a ir a Portugal y a Rodic en Málaga. Ambos dicen no saber nada del secuestro. Campos ha declarado que Rodic le pidió la nave prestada para almacenar un cargamento de tabaco que pensaban llevarse a Croacia, en espera de que los permisos de exportación estuviesen listos. Rodic ha confesado que usó ese pretexto porque Hovart se lo pidió, pero no quiso saber para que la necesitaba aunque se imaginó que, al no encontrarle en Málaga, de que se había metido en un buen lio.
-      ¿Y Hovart? ¿qué ha dicho?
-      Nada, se ha negado a declarar pese al tratamiento que ha recibido y ha pedido que Rodic le proporcione un abogado.
-      ¡Mal pinta la cosa para Campos y Rodic! – opina Alejandro – pero allá ellos pero lo siento por Bonilla ¿ qué va a pasar ahora con tu inversión el hotel en Istria?
-      De momento nada – contesta Gustavo  por él – habrá que esperar a lo que decide el juez instructor que lleva el caso de Campos y Rodic y después ya se verá.
-      No sé si voy a perder el dinero o no, pero mi sociedad con ellos ya está rota y la aventura de invertir en el extranjero se acabó. En casa, que aunque no sea oro todo lo que reluce al menos sé lo que me pudo esperar.
-      Cuando se te pase el susto, tenemos que hablar de mi proyecto de casas rurales por Asturias y Santander y si alguien, además de Glen, está interesado ya lo sabe. Creo que yo sí soy de confianza ¿ o no?
-      Por supuesto, pero ya lo hablaremos más adelante, como tu bien dices se nos tiene que pasar el susto a todos.
-      Me parece muy razonable – contestó Martín – pero antes de que os vayáis Fernanda os quiere comunicar algo y consultar una cosa.
-      Martín y yo hemos pensado en fijar la fecha de nuestra boda el 1 de diciembre y nos gustaría contar con todos vosotros y cuando digo todos, me refiero también a Alejandro. Es un sábado asi que no creo que fuera un problema para viajar.
-      ¡Cuenta con ello! – dice Alejandro y enhorabuena.

Todos los presentes agradecen la invitación que acepta de muy buen grado pero queda la consulta y Asunción pregunta

-      ¿Y la consulta que querías hacer, era esa, si vamos a vuestra boda?
-      No, no era esa pero guarda mucha relación con ella. Quisiera que esta boda fuese completamente diferente a la anterior. Algo nuevo como corresponde a mi nueva vida y había pensado en una boda tipo a la americana. Es decir, en casa, podía encargar una carpa cerrada para el jardín y que las chicas fuesen mis damas de honor, los chicos los padrinos de Martín y que Vallejo me hiciese el honor de llevarme al altar pero no sé si eso sería posible en España, vamos si me lo van a permitir.
-      ¡Sería fantástico! – dicen las chicas en coro.
-      Por mi encantado – contesta Vallejo emocionado
-      Hay que informarse ya mismo – dice Bonilla
-      Si no es posible en tu casa en la base americana siempre es posible.- afirma Glen
-      Gracias, es una buena idea – contesta Martín, te lo agradeceríamos infinitamente.

Después del anuncio y los planes para la boda la familia White se despide .A las diez de la noche Tim y Alejandro tienen que estar en Barajas, salen en el último vuelo con destino Londres a las 11 de la noche. María y Paloma acompañan a los chicos al coche de Tim, se despiden con tristeza y las dos parejas se besan. María no olvida la sonrisa que Tim le devuelve añadiendo:  thanks my love, te llamo en cuanto llegue.
Desde la puerta de la casa los demás les contemplan y les dicen adiós con la mano. Laura y Asunción se vuelcan en María y Paloma quienes están de acuerdo en acompañarlas pronto a Londres. Más tarde y de camino a casa María comienza a fantasear como serán los vestidos de damas de honor y de las ganas que tiene de contárselo a Irene que aunque hoy no haya podido ir ella también está invitada al igual que sus abuelos y Julio. Ya en casa, cuando los niños están dormidos y ellos se acuestan Asunción le dice a su marido.

-      ¿Vamos todos a Londres, my dear?
-      Si sigues diciéndome cosas en inglés al oído seguro que sí- contesta Héctor jugando con su pelo.
-      Me encantaría pero estás aun convaleciente y ciertos movimientos pueden ser perjudiciales.
-      Si no lo intentamos no saldremos de la duda ¿ no te parece? Yo arriesgo y ¿tú?

Asunción no responde, besa a su marido y decide tomar ella las riendas para evitar daños mayores y después se quedan dormidos, satisfechos y contentos por la suerte que están teniendo de poder seguir siendo una familia completa, de quererse tanto y de tener los amigos que tienen.

Fin