jueves, 12 de julio de 2012

En tiempos más serenos. (Segundo)



Capítulos del 8 al 18





8

Madrid 4 de enero de 2010. Son las 11 de la noche , es un poco tarde pero me apetece escribir. No debí dejar pasar tantos días pero necesitaba serenarme antes de continuar, tenía miedo de empezar a escribir y de no poder contener las lágrimas.
Han sido unos días muy emotivos, las conversaciones con la tía y las fiestas que tantos recuerdos traen consigo... ¡No puedo remediarlo, las Navidades siempre me han puesto triste! Salvo cuando era niña que me encantaban, como ahora a Teresita, y estas Navidades han sido muy especiales, muy evocadoras y he pensado mucho en todos los que no están y en lo que hemos dejado atrás. Echo mucho de menos a mamá y estoy deseando que llegue marzo para volver a verla, las conversaciones telefónicas me saben a poco.

Hoy ha sido mi primer día de trabajo, o más bien de contacto con mis nuevos compañeros y tengo la impresión de que les he caído bien. Voy a colaborar en un estudio piloto con adolescentes autistas y estoy muy entusiasmada.

En casa estamos todos eufóricos: Teresita súper ilusionada con la llegada de los reyes, serán sus primeros en España, y Beatriz con la presentación de su libro a mediados de febrero.
Teresita ha escrito, ella solita, su primera carta a los reyes. Quiere dejar sus zapatos en la puerta de su cuarto como hacía allá. Beatriz le ha dicho que si espera recibir todo lo que ha pedido será mejor que deje sus zapatos debajo del árbol, de lo contrario su puerta quedará bloqueada.
El lunes 11 de enero será su primer día de cole y espero que le guste. A Beatriz y a mí nos causó una muy buena impresión y teníamos buenas referencias, pero es ella la que tendrá que ir todos los días y adaptarse a otras niñas y niños.

El otro día, cuando la tita Ana  leyó la carta de la abuela, me miró de una forma muy enigmática, después me abrazó de un modo muy especial y  por un momento sentí que yo era mi abuela. Sus ojos estaban húmedos, hacia esfuerzos para no llorar pero su emoción era tan visible que hasta Teresita lo notó.
Me di cuenta de que había llegado la hora de irnos, la tía necesitaba estar sola.
Antes de irnos nos invitó a cenar el día de Nochebuena.

El día 24 cenamos pronto, la tía tiene por costumbre acostarse temprano. Nos quedamos a dormir en su casa y cuando la niña ya estaba en la cama comentamos la carta. Me habló de sus sentimientos por la abuela y por el tío y sus palabras aún se pasean por mi mente.
La tía me dijo que mientras leía la carta volvía a ver a la abuela, que tenía su imagen clavada en la retina, y que el tiempo nunca pudo borrar esa imagen.
Se  habían vuelto a ver en otras ocasiones, cuando murió la yaya Carmen, cuando nací yo y cuando  los abuelos vinieron a Madrid al morir el tito Alfonso y, sin embargo, siempre la quiso recordar tal y como se despidió de ella en su despacho. Yo creo que a la abuela le pasó lo mismo. El recuerdo de ese abrazo de despedida lo custodiaron como un gran tesoro y mi madre fue testigo aunque ella no se acordara de nada.

9

Madrid 5 de enero de 2010.  Son la 5 de la tarde y no voy a tener mucho tiempo para escribir. Esta noche es la noche mágica, Teresita nunca ha visto una cabalgata de Reyes y vamos a llevarla.
De nuevo tenemos suerte, mejor que si nos hubiese tocado la lotería, vamos a poder ver la cabalgata desde un balcón de la Plaza Mayor. Casi ni me lo puedo creer pero es verdad: una de mis nuevas colegas, tiene conocidos en todos los sitios y nos ha invitado a las tres a ir a casa de unos amigos que tienen un estudio-buhardilla en la mismísima Plaza Mayor. ¡Hasta yo tengo ilusión por ir!

En el trabajo ha ido todo bien, los colegas son muy majos, tengo la sensación de que les conozco de hace tiempo, aunque eso sea imposible. Beatriz bromea conmigo y dice que es por la ubicación del edificio, que me transmite buenas vibraciones.

A la hora de la pausa me he pasado por la cafetería de la Plaza de los Frutos. A veces soy muy despistada y hasta ciega ¡mira que no darme cuenta de que la cafetería se llama La Manolita!, soy un desastre.  Recuerdo que una vez oí a la abuela decirle a mamá que la única vez que ella había ido al fútbol fue con Manolita, que bebieron más de la cuenta, terminaron en la comisaria y que el abuelo ni se enteró. O que hizo cómo que no se enteró de nada, porque el abuelo era así, siempre dejándote creer que se la dabas con queso para luego sorprenderte sabiéndolo todo. Conmigo era igual, él siempre supo de mis travesuras pero nunca me delató.

El dueño de la cafetería regresa después de reyes, así que, con un poco de suerte, y hasta ahora la estoy teniendo,  me enteraré de si es familia de Manolita y si no, a lo mejor sabe dónde paran los familiares.

Seguiré después.

11 de la noche. Ya estamos de vuelta. La cabalgata ha sido un éxito, desde la ventana hemos seguido todas las actuaciones y Teresita no daba crédito a todo lo que veía. En Venezuela no hay una cabalgata como la de aquí. Cuando llegaron los reyes se puso a aplaudir y a llamarles a gritos, seguro que mañana está afónica de tanto chillar.
Es maravilloso contemplar el mundo con los ojos de una niña de 5 años, a Beatriz y a mí nos contagia la alegría y la ilusión que pone en todo lo que ve y hace.
Yo creo que mira al mundo de la misma manera que lo hacía mi abuelo, de frente y sin miedo.  Lo primero que dijo la tita Ana cuando la vio fue que tenía los ojos y la sonrisa del abuelo Héctor.
Beatriz y yo no queremos fracasar, estamos dispuestas a protegerla y a guiarla y ojalá podamos conseguir que sea una persona fuerte, bondadosa, tolerante y segura de ella misma.

Mañana iremos a comer con la tita; seguro que por allí también habrán pasado los reyes.
Beatriz ha colocado ya los regalos debajo del árbol y ahora está hablando con su hermano por teléfono.


10

Madrid 6 de enero de 2010. Son las 10 de la mañana y Teresita corre de un sitio para otro con  todo lo que le han traído los reyes y con el micrófono de Hannah Montana en la mano.
Mientras juega a ser su ídolo aprovecho para escribir un poco.

La tía me dijo que nunca olvidaría esa mañana de julio de 1953. La abuela entró en su despacho, llevaba a mi madre con ella y mi tía cogió en brazos a su ahijada.
Se sentaron con ella en el sofá y empezaron a hablar del inevitable viaje: sería lo mejor para todos aunque la separación iba a ser muy dura.
Habían perdido mucho tiempo por tonterías y la tía confesó a mamá que ella tenía la sensación de haber dejado escapar el tren de su vida.

Quise a tu abuela, me dijo, pero no supe decírselo a tiempo y además estaba el tío Alfonso a quien también aprendí a amar con el paso del tiempo. Me hacía reír con las cosas que me decía, con su ternura, debajo de esa fachada de tipo duro había un hombre muy sensible y me encontraba a gusto con él, quería tenerle en mi vida y ayudarle. Le prometí a Carmen que nunca le haría daño y cumplí mi promesa.
Ni tu abuela ni yo hubiéramos sido felices si con nuestra felicidad hacíamos infelices a Héctor y a Alfonso. Nos amaban de verdad pero nunca habrían podido comprender nuestros sentimientos. Hubiéramos destrozado sus vidas, nuestro amor no tenía salida, eran otros tiempos, no es como ahora, tú y Beatriz tenéis un futuro en común y sólo depende de vosotras.

He vuelto a mirar el reloj para cerciorarme de que todavía es pronto, no me quiero atrasar, seguro que esta tarde la tía nos cuenta más cosas, evoca más recuerdos inolvidables, estoy deseando oír de sus labios más confidencias.

Mamá ignora por completo lo de mi abuela y mi tía,  o al menos eso es lo que abuela creía. Yo nunca comenté con mi madre lo que la abuela me contaba en la carta y mamá nunca me lo preguntó. Las mujeres de nuestra familia siempre tenían algún secreto y mamá y yo no íbamos a ser menos.
Seguramente la abuela le diría a mamá, en su carta, que no preguntase nada. Yo tampoco sé lo que la abuela le escribió a mamá.
Las cosas que mamá sabe de la familia son por la yaya Carmen,  por la abuela, por Simón o por el abuelo.
A la yaya no la conocí y a Simón apenas le recuerdo. La yaya murió dos años antes de que yo naciese  y Simón cuando yo tenía tres años.
No recuerdo su cara, no sé si alguna vez le miré a la cara porque según me dicen sus manos me fascinaban. Eso es lo que recuerdo, un lápiz , un cuaderno y una mano marcando líneas y creando con ellas rostros, mil rostros: el de la abuela, el de mamá y sobre todo el de la yaya.
Mamá conserva muchos de sus dibujos. Yo me he traído uno de la abuela con mamá a los 5 años. Quiero regalárselo a la tita.


Mamá me decía que la yaya y Simón vivieron un amor que nunca esperaron poder vivir.
Espero que mi madre alguna vez encuentre el suyo después del fracaso con papá.





11

Madrid 7 de enero de 2010 son las 7 de la tarde y acabo de hablar con mamá.
Ya es seguro que viene, de momento por unos meses y luego ya veremos, para ella es un gran paso.
Siempre le digo que allá está sola, que se venga con nosotras pero ella siempre me contesta lo mismo: mis muertos están aquí y no pudo abandonarlos.
Beatriz me aconseja que no le meta prisa, que seguro que cuando esté aquí será más fácil convencerla. La familia de Beatriz la visita muy a menudo y por supuesto que ella tiene allí su grupo de amigos, pero no es lo mismo. Mamá es tan cabezota como era la abuela para algunas cosas y Beatriz dice que yo soy igual.
De momento viene en marzo y podrá asistir a nuestra boda.
Mamá me preguntó si a la tía le gustó el dibujo que hizo Simón. ¡Cómo no le iba a gustar! Se puso contentísima con él.

Con la tita volvimos a recordar el pasado pero cuando  pregunté por la muerte del tío Alfonso me cambió conversación de una forma muy elegante.
Mamá tampoco sabe lo que pasó, los abuelos no quisieron contárselo, sólo dijeron que el tito había muerto soñando con el ring.

Ayer hablamos de mi trabajo, aunque poco le pude contar, pues todavía tengo que estrenarme.
Le comenté que en mi pausa me acercaba a “la Manolita” y le pregunté si ella sabía si los dueños de ahora tenían algo que ver con la familia del Asturiano.
La tía hacía mucho tiempo que no iba por el barrio, pero, según le dijo Leonor, la hija mayor de Manolita, el bar se vendió y la mujer del nuevo dueño se llamaba también Manolita, de ahí el nombre.

Me contó cosas sobre la familia y sobre el barrio, de la gran amistad que tenía con Manolita y de su valentía para recuperar a su sobrina Luisa.
Beatriz se interesó en la historia y la tía nos contó lo que sabía, yo recordaba algo, creo que el abuelo habló alguna vez de ello, fue unos de sus casos de detective que terminó con un final feliz siendo ya comisario.
Beatriz contó que su familia ayudó a muchos exiliados españoles, ellos tenían una pensión y allí se hospedaron algunos mientras buscaban vivienda y trabajo.
No fue fácil el comienzo, Simón ya lo decía, nosotros tuvimos la suerte de que él ya estuviera allí y el abuelo al cabo del tiempo también abrió allá una agencia de detectives.
El abuelo de Beatriz hizo amistad con un joven que tenía un primo a quien suponían en Francia. Sus familiares le perdieron de vista al terminar la guerra, y creen que dejó España y pasó  a Francia. Se lo imaginaban, conociendo a Nando y a sus ideas, colaborando con la resistencia.


Fueron años difíciles, dijo la tita, y muchas familias quedaron destrozadas y aún hoy en día algunas siguen buscando a sus muertos.
El abuelo sabía mucho de ésa época, decía mi madre.
La yaya lo pasó muy mal, me contaba mamá; al bisabuelo Pascual lo encarcelaron y ella se quedó con el tito y la abuela sola.

La abuela también me había contado cómo conoció al abuelo y él me explicó lo que le costó conquistarla.
Al filo de cumplir yo los 18, mamá me relató  toda la historia de cómo la abuela se vino a Madrid para buscar a su padre y el caso del asesino de mujeres. La abuela hubiera podido no contarlo si el abuelo no hubiera estado al quite.

La tita quiere hacer una reunión con gente de mi generación. Ella  nunca perdió el contacto con la gente del barrio y con sus hijos y hasta conoce a sus nietos. Pasamos una buena tarde de reyes y ahora tengo un fin de semana por planear. Beatriz y yo queremos hacer algo especial para tranquilizar, si podemos, a Teresita, que está muy inquieta con la idea de ir al cole.  Todas las noches tacha un día en el calendario y el día en que ella tiene que empezar lo tenemos en rojo.




 12

13 de enero de 2010. Son la 10.30 de la noche y Teresita ya duerme; aprovecho para escribir un poco.
Ya ha empezado a ir al cole  y  todo va bien. Es un colegio bilingüe y la clase de infatil es muy chévere, como dice Beatriz.; el cole está en el barrio, aunque nos queda un poquito lejos, pero no importa.
Su grupo es muy heterogéneo y su profesora parece muy agradable. A pesar de que había plazas para el comedor hemos preferido que venga a comer a casa, al menos de momento, ya veremos más adelante.
Por las mañanas la llevo yo y luego la recojo por la tarde. Beatriz se encarga de ir a buscarla y llevarla a mediodía.
Lo que nos ha chocado a las dos es la cantidad de deberes que les mandan siendo aún tan pequeños, pero Teresita no protesta de momento, el inglés le encanta y no pone pegas a la hora de hacer los deberes. Es una niña muy despierta y curiosa para su edad.
Ahora tenemos que adaptar nuestra agenda a los horarios y actividades del colegio.

Hoy, por ejemplo, he ido yo sola a comer con la tita. Nos había invitado a las tres, pero se había olvidado de que la niña tenía que ir al colegio, así que Beatriz me dijo que fuese yo, que ella se encargaba de Teresita.

Ha sido una comida sencilla y hemos tenido tiempo para confidencias.
Hoy me  ha contado la tita por qué se presentó en casa de los abuelos al día siguiente de haber nacido mamá.
Mediante Manolita, la abuela le había pedido que viniera. Cuando sonó el timbre y el abuelo abrió la puerta, todos se sorprendieron y temieron la reacción de la abuela. Pero ella estaba muy tranquila. Si la había llamado no sería para discutir, pensaba, y no se equivocó.
La tita entró en la habitación y sonriendo felicitó a la abuela por la preciosa niña, que según todos,  había tenido. El abuelo se retiró y ellas se quedaron solas.
La abuela se lo agradeció y le pidió que se sentara, que tenían que hablar.
Después de unos momentos de hablar por hablar y de contemplar a mi madre, la abuela le dijo a la tita que disculpase por haber sido tan egoista, que sentía mucho el haber estado tan equivocada y reconoció que la amistad de la tita con Rosa le dio miedo.
Hasta entonces habían sido las mejores amigas y de repente ella ya no pintaba nada, o al menos así lo creyó.

La tita hizo un alto en su relato, me miró fijamente, me ofreció otra copa de vino y le ordenó a su doncella que nos sirviera dentro de unos minutos el café en la salita.
Más tarde, cuando estábamos tomando el café, continuó con su relato.
La tita confesó, a su vez,  que ella se había dejado deslumbrar por el desparpajo de Rosa, por su ambición y hasta por la ingenuidad que transmitía, aunque muy pocos lo viesen.
La abuela, según la tita, estuvo a punto de estallar cuando oyó la palabra ingenuidad, pero se contuvo a tiempo.
La tita me dijo que nunca llegó a imaginarse que Rosa pudiera interferir entre ellas y
lamentó mucho que mi abuela llegase a pensar que Rosa podría suplantarla. La tita se arrepintió de no haberlo intuido a tiempo, pero afortunadamente esa mañana pudieron hablarlo. Al cabo de un rato el abuelo entró en la habitación, justo en el momento en que la tita aceptaba ser la madrina y la abuela enterraba el hacha de guerra. El abuelo se puso muy contento y las abrazó a las dos.

Después de comer volví a la fundación y me pasé la tarde imaginándome la escena en el dormitorio con mi madre en brazos de mi abuela, tragándose su orgullo por su hija.
Tengo que llamar a mamá y preguntarle algunas cosas. Mañana seguiré.

13


14 de enero de 2010. Son las 11 de la noche y Beatriz y yo hemos estado recordando la primera vez que nos vimos, mañana hace tres años.
Mi vida dio un gran vuelco cuando, al poco tiempo de cumplir mis 23 años, me atropelló un auto.
Venía de celebrar con unos amigos nuestra graduación, (¡por fín tenía mi grado de psicóloga!),  habíamos pasado una tarde muy agradable, me dirigía a tomar el bus cuando pasó, pero
del accidente nada recuerdo, sólo lo que me contaron. 
El conductor, un turista americano que había bebido más de la cuenta, fue detenido y tras pagar una fuerte fianza fue puesto en libertad.

El bufete de abogados donde trabajaba mi padre consiguió en el juicio que el seguro del americano corriese con todos los gastos de mi rehabilitacion.
Los médicos les dijeron a mis padres que veían muy difícil que pudiese volver a andar.
Aunque  ellos estaban separados, papá nunca faltó a sus compromisos conmigo,
Fueron unos años muy duros, primero en Venezuela y luego en los Estados Unidos, pero al final volví a caminar, al principio con muletas y ahora ya casi ni las necesito.

El atropello me robó tres años de mi vida, quizá la palabra robar no sea la más justa, el accidente me quitó años en cierto sentido pero enriqueció mi espíritu, descubrí que podía más de lo que yo pensaba y reformulé mis prioridades.
Cuando ya estaba completamente recobrada hice frente a mi segundo desafio, encontrar trabajo y a ser posible en un centro social donde pudiera ayudar a la gente y mi experiencia también pudiera ser útil. Afortundamente, conseguí mi objetivo y mi trabajo me dio muchas sastifaciones.

En el  2004 afronté mi tercer reto, el primero habia sido volver a caminar, ahora quería ser madre soltera.
Mi padre se enfadó conmigo y, aunque sigue estando en desacuerdo, antes de venirnos a España hicimos las paces y conoció a Teresita. También conoció a Beatriz.
Mi madre me apoyó aunque le parecía una locura, ¡inseminación artificial!, iba contra natura y eso no era católico. Pero como decía mamá, yo al igual que mi abuela no iba a escuchar razones.
Mamá es una católica creyente y lo pasó muy mal cuando mi padre le pidió el divorcio.
A pesar de sus ideas estuvo todo el tiempo a mi lado hasta que en mayo de 2005 nació Teresita. No sé qué hubiera hecho sin mi madre, porque, aunque los primeros meses son preciosos, también son angustiosos. Me preocupaba por cualquier tontería y además tenía que volver al trabajo.

En el 2007 conocí a Beatriz, en una charla informativa que dimos algunos compañeros sobre el autismo y la hiperactividad infantil.
Beatriz asistió a la charla acompañando a su hermano y a su cuñada. El sobrino de Beatriz tiene trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDHA) y tenían muchos problemas con el niño. Beatriz les ayudaba en todo lo que podía.
En el 2009 decidimos compartir nuestras vidas. Tanto su familia como mi madre, y sobre todo Teresita, aceptaron la situación. No fue fácil, pero mi madre como siempre estuvo a mi lado.
Teresita no tuvo ningún problema y como no no podía decir su nombre,  empezó a llamarla Nana, y así la sigue llamando. 
Ya sabe que vamos a casarnos y que tiene dos mamás. Hasta ahora no ha hecho preguntas y lo ha visto todo normal, me temo que dentro de poco empiece a hacerlas, sobre todo si en el cole le preguntan por su papá o por que tiene dos mamás.
Creemos que estamos preparadas para cuando vengan las preguntas, pero seguras no estamos,
confiamos en que así sea y estaremos muy atentas a los posibles cambios que la niña tenga.


14

18 de enero de 2010, son las 12 del mediodía y estoy sola en casa.
El fin de semana lo pasamos muy bien, pero anoche comenzó a dolerme la garganta y esta mañana he ido al médico: tengo anginas y me ha mandado penicilina. Beatriz ha ido a la farmacia y de paso a buscar a Teresita.

La tita había organizado el sábado una pequeña reunión en su casa y la verdad es que admiro la capacidad organizativa que aún tiene. Teresita no era la única niña pequeña, por lo que  la tita había acondicionado una habitación, en el otro extremo de la casa, como sala de juegos para la gente menuda, y dos canguros se ocupaban de ellos.
Mientras la gente mayor nos encontrábamos en el salón merendando ricamente, los peques se lo estaban pasando bomba a juzgar por las risas que se oían.

Cuatro generaciones juntas, riendo, recordando y disfrutando una tarde de sábado, lluviosa y fría, como corresponde al mes de enero.
A la invitación de la tita habían acudido Leonor y su hija con sus dos niños, Serafín, el hijo de Sole con un nieto, María, la hija de Clementina con su hijo y una nieta y nosotras tres.
No conocía a nadie, pero cuando hablé por teléfono con mamá le pedí que me contase más cosas de la gente de la plaza. Ella sólo podía contarme lo que a ella le contaron, claro está, pero los nombres al menos me resultaban familares.
De Clementina y de Sole había oído hablar a mi abuela y mamá me refrescó la memoria.
La tita me habló el otro día de Leonor.
La tita nos miraba a todos y, como perfecta anfitriona, fue conduciendo la tarde con gran maestría. Ella fue la primera en evocar el tiempo pasado, recordó anédoctas de Manolita, Sole y Clementina y, cómo no, de la abuela.
Leonor y Serafín eran los que más confianza tenían con la tita.

Serafín recordó cosas de cuando vivían en Alemania. Regresaron a España cuando él tenía 12 años. Gracias a los medios que había en Alemania su padre logró salvarse, pero las revisiones periódicas eran necesarias, por eso decidieron quedarse allí un tiempo más.
Sole encontró trabajo en una empresa que se dedicaba a la fotografía y el amigo de la tita se encargó de Juan dándole un trabajo en su empresa.
Serafín había oído muchas historias sobre la plaza de los Frutos, algunas eran del tiempo en que los abuelos vivieron allí, otras, anteriores a ellos.
Leonor también podía contar muchas cosas, otras no quería recordarlas, y la hija de Clementina sólo hablaba de los almacenes que tuvo la tita. Todos ellos habían oído hablar de mis abuelos y Leonor los había conocido.

Serafín contó que su padre y el mejor amigo de su padre, Juanito, lo pasaron muy mal cuando les detuvieron por haber trabajado con una productora de cine que estaba en la plaza de los Frutos, pero para entonces mis abuelos todavía no habían llegado al barrio.
La historia no la conocía muy bien, pero se les acusaba de haber intentado matar a Franco. Ellos quedaron en libertad, la productora desapareció y sus padres no podían creerse que Fernando, uno de los de la productora, fuese un espía doble. Sus padres tenían en alta estima a la gente de la productora y, tanto es así, que el contacto con la propietaria nunca lo perdieron.

A Beatriz este relato le interesó mucho y se propuso indagar en ello, mientras que a mí el nombre de Juanito me recordó algo que me dijo mi abuela.
El abuelo detenía a un joven en la calle justo cuando mi abuela pasaba por la plaza. El joven era Juanito y el motivo un derrumbe o algo así en las obras de los almacenes de la tita.
Así fue como se conocieron, él deteniendo y ella protestando por la manera de hacerlo. A pesar de todo, la abuela prefería recordar la tarde de la fiesta en el Morocco como la primera vez que en verdad se vieron y hablaron.


Es muy curioso ver cómo los caminos de todos los presentes guardaban relación con la plaza o con los almacenes.

Oigo la puerta, continuaré mañana.



15


19 de enero 2010. Son las 3 de la tarde. Sigo en casa, me encuentro mejor que ayer, al menos ya puedo comer algo y la sensación de tener una lija en la garganta va desapareciendo.
Estaba recordando la reunión de ayer y la sensación que me dejó.
Me encontré a gusto con todos ellos, me encanta oir los recuerdos de entonces, de una época que no conocí y que tanto ha marcado mi vida. Hemos quedado en vernos más a menudo. Los pequeños han hecho buenas migas y a Teresita le ha gustado el nieto de Serafín, se llama Agustín pero Teresita ya le ha bautizado como Tinín. Es un poco más mayor que ella pero se han pasado toda la tarde juntos.

Todas las épocas tienen su encanto, pero la que les tocó a mis abuelos parece que no tuviera ninguo.
Fueron años muy difíciles, la guerra civil aún estaba cerca, las heridas muy abiertas y la gente pasaba miedo, mucho miedo y miseria. Un país divido entre vencedores y vencidos, aislado del resto del mundo, todo era pecado, la mujer decente debía ir a misa todos los domingos, hacer ejercicios espirituales y rezar el rosario en familia. La mujer debía obedecer al marido.
El obrero no tenía ni voz ni voto. La economía estaba en manos del Estado y las autoridades del régimen podían hacer lo que quisieran.
Afortunadamente no toda la gente tenía esa mentalidad, pero no podían demostrarlo abiertamente.
La llegada de los grandes almacenes de la familia de la tita revolucionó al barrio y cambió la vida de muchos. Todo el mundo quería trabajar en los almacenes. Manolita lo hizo, la abuela también y la tita también empezó como dependienta en ellos. Dos años más tarde la tita se convirtió en una de las primeras empresarias de España.
Cambiemos de tema, no quiero ponerme triste.

Teresita tiene esta tarde  su primera fiesta de cumpleaños. Una de sus compañeras cumple 6 añitos y creo que va media clase. Me hubiera gustado ir con ella, pero aún tengo fiebre.
Beatriz la llevará y se quedará allí junto a los otros padres o madres, la fiesta de cumpleaños es aquí en el barrio, en un local especializado en estas cosas.
La madre de una de las niñas me ha dicho que hay un parque de bolas, que hay monitores que se encargan de los niños, que les pintan la cara y los disfrazan etc, etc mientras los niños se divierten los mayores meriendan, charlan entre ellos y de paso se conocen más los padres entre sí.
Para Beatriz y para mí todo esto es nuevo. Para Teresita también y estoy impaciente por saber cómo se lo ha pasado. Me preocupa un poco la reacción de algunos padres al ver a Beatriz. Hasta ahora los contactos han sido muy superficiales, pero en este tipo de eventos seguramente querrán saber más de nosotras.

Teresita ya tiene muchos amiguitos y amiguitas. Sigue sin hacer preguntas personales y la profesora me dice que no nota que Teresita tenga problemas en la clase, nosotras tampoco notamos nada.
Hace unos días estuvo viendo las fotografías que mamá nos había enviado y las fotos que la tita le había dado para su álbum familiar.
Está fascinada con las fotos del abuelo. Tiene fotos de todos, de mis bisabuelos, de Simón, de los abuelos, del tito Alfonso, de la tita, y de mi padre y sus padres pero la foto de mi abuelo, de cuando era comisario, le ha fascinado.
El yayo Héctor era muy guapo, me dijo el otro día, y cuando sea mayor yo quiero ser comisaria de policía, me agregó. ¡Cielos!, pensé al oírla, vamos a tener yayo Héctor para rato; cuando algo le gusta no lo olvida rápidamente.

No sé si será por la medicina, pero me está entrando sueño. Mañana seguiré.





16

22 de enero de 2010. Son las 11.30,  acabo de hablar con mamá y me ha contado que ha estado hablando con la tita y  que tiene muchas ganas de vernos. No me he atrevido a prenguntar nada, pero tengo la impresión de que la tita está tramando algo, porque ella también quiere que mamá fije la residencia en Madrid.
La diferencia horaria es una lata, me obliga siempre a estar pendiente del reloj y hemos decidio por unanimidad que el reloj del salón (el reloj de la abuela, según Teresita), tendrá la hora de Venezuela. No he tenido tiempo para escribir hasta hoy. Cuando volví al trabajo después de mi baja, me encontré con la grata sorpresa de una mesa llena de carpetas por estudiar, asi que he tenido que sacrificar mis pausas para ponerme al día. Las cosas llegan todas juntas o no llegan, normal, pero a veces me abrumo, tengo la sensación de que voy a fallar y me pongo aún más nerviosa. Me gustaría poder controlar mis impulsos como la tita.

El otro dia conté que Teresita había asistido a un cumpleños, fue el cumple de Linda y se lo pasó muy bien. Cuando llegó a casa con Beatriz estaba llena de historias por contar y una cara bien pintada por lavar.
La nena se integra con una gran facilidad y no sólo la invitan a los cumples sino que también ya va a jugar a casa de sus amiguitas o ellas vienen aquí. Linda y Marylén son sus amiguitas y Javier su amiguito.
En la fiesta del cumple de Linda, mientras los monitores se encargaban de la gente menuda, los mayores merendaban, y tanto la madre de Linda como la de Javier estuvieron muy atentas con Beatriz, y evitaron con gran maestría que algunos hicieran preguntas absurdas. Según Beatriz sólo dos de los presentes la miraron como si fuera un ser de otro planeta, pero a ella le da lo mismo,estamos acostumbradas a las miradas y cuchicheos por lo bajini por parte de algunas personas.
Todo el colegio sabe ya, creo, que Beatriz es mi compañera y que vamos a casarnos. Teresita lo grita a los cuatro vientos y quiere invitar a toda la clase a nuestra boda.
En mi trabajo también lo saben y hay opiniones para todos los gustos. Nosotras respetamos las opiniones de todos y no entramos en polémicas, vivimos nuestra vida y no somos el problema.

Ayer, mientras Teresita jugaba en casa de Javier, tomamos café con Leonor y el tiempo se pasó volando. Habíamos quedado en una cafeteria de la calle San Bernardo, cerca del instituto donde Leonor impartió sus clases de Lengua antes de jubilarse. Leonor fue la primera de la familia que estudió en la Universidad, se licenció en Filosofía y Letras y compaginó su vida laboral con la familiar. No se limitó a dar clases nada más, también tiene en su haber varios cuentos infantiles publicados y además es la autora de las ilustraciones que aparecen en ellos. Beatriz y Leonor comparten profesión, el mismo amor por la lectura y el gusto por la escritura.

Con Leonor hablamos del tito Alfonso. Nos dijo que a la tita le costaba mucho trabajo hablar del tema y que ella sabía que el matrimonio de los titos no habia sido un camino de rosas. Había habido más sombras que luces, aunque en los últimos años las aguas volvieron a su cauce.  El tito nunca superó el haber perdido el titulo de campeón y al poco tiempo vino la espantada en el ring, la muerte de su padre y la marcha de la familia a Venezuela. La abuela hubiera querido que el tito se hubiese ido con ellos, pero sabía que eso no era posible.
Leonor dijo que el tito se sentía muy solo y que sus únicos amigos habían sido sus padres, Manolita y Marcelino, y que a finales de los 60 el tito abrió un gimnasio por Carabanchel y se dedicó a entrenar a jóvenes promesas.
En uno de los entrenamientos, en 1972 el tito sufrió una caída y estuvo varios meses en coma. Cuando recobró el sentido, apenas podía hablar y los cirujanos no pudieron operarle el coágulo que tenía en el cerebro.
Los abuelos llegaron a tiempo de verle con vida. Ahora comprendo por qué la abuela le dijo a mamá que el tito había muerto soñando con el ring.
Mamá ya me había dicho que la yaya y los abuelos siempre estuvieron pedientes de las noticias del tito Alfonso y que la yaya rezaba todos los dias por él y mamá la acompañaba en sus rezos. La yaya murió un año antes que el tito.

17
23 de enero 2010. Son la 4 de la tarde y acabamos de venir de hacer la compra semanal. Hemos comido en el restaurante del centro comercial y ahora, mientras Teresita está viendo el DVD  que le ha comprado Beatriz, aprovecho para escribir. Luego van a venir unos conocidos de Beatriz y no creo que vaya a tener tiempo.
El padre de un amigo de su hermano trabaja en un colegio privado y se va a jubilar el próximo año. Beatriz es profesora de historia y vamos a ver si hay suerte, funciona el enchufe y puede dar clases en ese colegio. No va a ser nada fácil, pero si no es en ese colegio, ya buscaremos otro, el caso es intentarlo.
De momento ella se conforma con vender unos cuantos ejemplares de su libro, pero hasta finales del mes que viene no sale a la venta.

No ha olvidado lo que contó Serafin, lo de la productora de cine en la plaza de los Frutos y ha estado buscando en la hemeroteca. Lo único que ha encontrado es que existió, pero que, al fallecer el dueño, su mujer no quiso continuar con el negocio y deshizo la sociedad. La productora llegó a estrenar una película que tuvo muy poco éxito y peor crítica. Del atentado ni una palabra. Conociéndola no creo que deje las cosas así, seguro que sigue buscando por otros cauces.
Hemos quedado con Serafín mañana, se va a traer a su nieto Tinín, como dice Teresita, e iremos al Retiro. Espero que el tiempo nos dé un respiro y podamos pasar una bonita mañana de domingo, paseando por el parque o patinando, porque eso es lo que quiere hacer Teresita.
También he hablado con la tita, sabe que me he visto con Leonor y me ha dicho que tiene en casa un álbum que quiere enseñarme la próxima vez que vaya. Me ha dejado en ascuas, lo ha dicho en un tono un tanto misterioso y me ha picado la curiosidad. La semana que viene me pasaré por su casa.
En la pausa del mediodía no puede ser, la otra vez que lo hice llegué tarde al trabajo y me  advirtieron de que los horarios están para algo y que no querían una próxima vez. Tienen razón, no quiero tentar la suerte y  se lo  he dicho a la tía,  que nos podemos ver después del trabajo o los fines de semana. Creo que lo ha entendido, pero mucha gracia no le ha hecho.
Leonor me dijo que la tita casi nunca aceptaba un no por respuesta y eso me suena: mi madre también me advirtió de algo así. Según le habia contado la yaya, desde muy pequeña  educaron  a la tita para llevar una empresa y para saber mandar. Sus deseos no son órdenes pero es mejor tenerlo en cuenta, me dijo Leonor.
La tita me cae muy bien pero espero que ella entienda que yo también tengo responsabilidades y que no puedo acudir a ella cada vez que me llame.

La visita ya ha llegado, mañana seguiré cuando volvamos del paseo.

18

24 de enero de 2010, Son las 10 de la noche y puedo decir que hemos pasado un domingo muy divertido. Pensábamos  ir al Retiro, pero el tiempo no ha acompañado y al final hemos terminado en el Palacio de Hielo. Mientras Beatriz se atrevía con los patines, Serafín y yo nos hemos sentado a charlar y a mirar las pericias de los tres valientes. Era la primera vez que lo hacían, los niños son de goma y aprenden rápido, pero a Beatriz le  ha costado bastante, se ha pasado más tiempo sobre el hielo que sobre los patines. Los niños intentaban ayudarla a ponerse en pie pero entre que se morían de risa y que no tenían fuerza, la pobre volvía a caerse y Serafin y yo no hemos podido contener la risa. Ha sido muy cómico. Está claro, que no es lo mismo patinar con patines en linea que con cuchillas. Ahora está lamentándose de los golpes que se ha dado.
Serafín me ha contado que al volver a Madrid, su madre reabrió el estudio de fotos, un estudio muy moderno con las últimas tecnologías que había aprendido en Alemania y que se convirtió en uno de los mejores de Madrid. El amor a la fotografia lo heredó de su madre  y ha sido fotógrafo de una agencia de prensa.  Viajó mucho, cubrió alguna que otra guerra y en algunas ocasiones lo pasó francamente mal, pero el trabajo le gustaba mucho. Sus fotos han sido publicadas en varios periódicos del mundo.
Como Beatriz estaba interesada por el caso de la productora, él ha estado mirando en diferentes archivos y en efecto, no ha encontrado nada de un intento de atentado a Franco, pero no es extraño, me ha dicho, en aquel tiempo sólo se publicaba lo que la dirección de seguridad decía. Me ha recordado dos casos, uno lo conocía porque mi abuelo lo vivió en primera persona y me lo había contado mamá: el caso del asesino de mujeres. Cuando detuvieron al asesino, como éste era un policía,  adjudicaron la autoría de los asesinatos a un pobre infeliz del barrio que no tenía familia. Cuando meses más tarde el policía asesino murió  en el enfrentamiento con mi abuelo, publicaron que el gran comisario Salmerón había muerto de un ataque al corazón. Serafín sabía la verdad  por sus padres y los de Leonor.
El otro caso, fue el de un policía de la secreta que según el periódico había sido atropellado por un tranvía. Había gente en el barrio que sabía que no era así, pero Serafín no podía contar la historia porque ellos no habían regresado todavía y sólo Ángel tenía una idea de lo que había pasado.
Ángel era un buen amigo de la famila, un cura que ya no ejercía como tal y que abrió un dispensario para la gente humilde del barrio. Mucha gente colaboró con él en la tarea y entre ellas había un escritor a quien el tal policía le hacía la vida imposible, pero no sólo a él, a otras personas más, entre ellas a una tal Diana.
Pero quizá no esté todo perdido, dijo Serafín, el conoció a una señora que había vivido en el barrio por aquel tiempo y que había hecho trabajos de traducción para la productora. Su madre la conoció y Manolita también. Una vez quedó con ella para hacerle unas fotos. Fue una de las primeras abogadas que se dedicó a defender a las mujeres y a los estudiantes ante la ley. Se llamaba Alicia y, aunque ya ha fallecido, quizá su hija haya oído hablar de ello. Beatriz va a intentar ponerse en contacto con ella. Su libro ya está escrito, pero a lo mejor la historia le sirve para otro.
Después de comer en el centro comercial donde está la pista de  hielo, regresamos a casa. Teresita estaba toda alborotada, vino todo el camino repitiendo que ya sabía patinar y que le gustaba mucho, que  quiere que vayamos más a menudo. ¡Pobre Beatriz!, puso una cara cuando lo dijo que era un verdadero poema , ya se veía otra vez haciendo el rídiculo y besando el hielo una y otra vez. Terminamos la tarde en casa, Serafin y Tinín subieron un rato y mientras los niños jugaban con la consola nosotros seguimos hablando.
Sus padres fallecieron hace algunos años, primero su padre y años más tarde su madre, que llegó a conocer a sus nietos. Nadie hubiera dicho que su padre iba a vivir tantos años, teniendo en cuenta lo mal que estaba cuando se fueron a Alemania. Ni su hermano ni él han heredado la enfermedad, afortunadamente.
Voy a terminar por hoy y a ver si puedo consolar a Beatriz, los moratones ya empiezan a hacerse visibles. Teresita ya duerme,  pero antes de acostarse ha estado repitiendo cómo se decía patinaje sobre hielo en inglés para contarlo en la clase. “I love ice-skating”, repetía.

En tiempos más serenos. (Primero)

(Publicó aqui el primer relato de la triología basada en Amar en Tiempos revueltos. El segundo relato y el último ya estaban publicados en el blog.)


Capítulos : del 1 al 7





EN TIEMPOS MÁS SERENOS

1.

Madrid, 16 de diciembre de 2009, 4 de la tarde, hace frío en la plaza, entro en la cafeteria que hay en el local que en otros tiempos fuera conocido como el bar El Asturiano y me siento en una mesa cerca de la ventana, quiero ver bien la plaza y ordenar mis ideas.
Hoy hace exactamente 57 años que nació mi  madre, en una casa de esta Plaza de los Frutos de la que tanto me han hablado, aunque mamá nunca tuvo la oportunidad de corretear y juguetear  por ella y sólo la conozca por refererencias, fotos y dibujos.

Sobre mi mesa, al lado de mi taza de café,  tengo las dos fotografías que sirvieron a mi bisabuela para relatar a mi madre la historia de nuestra familia.
Son dos fotografías de esta plaza, una de 1950 y otra de 1952 unas semanas después de que naciera mi madre.
Me contaron que la primera la hizo Sole, la misma Sole que alquiló a mi abuela Teresa el local para su tienda de moda y complementos.
La segunda la hizo mi abuelo Héctor para inmortalizar el primer paseo en cochecito de mi madre, de su hija Ana.

Miro las fotos y casi no reconozco la plaza, los años no han respetado su fisonomía y donde antes debió estar la casa donde vivieron mis abuelos, hay un auditorio de música y la tienda de moda de la abuela ha dado paso al garage del auditorio. 
He preguntado por el dueño de la cafetería, tengo curiosidad por saber si él recuerda algo del Asturiano y de su familia pero me dicen que está de viaje. Nada de lo que veo coincide con las memorias de mi bisabuela o de mi abuela.
Las horas han pasado sin apenas darme cuenta, echo por hoy una última mirada a la plaza y pago mi café.
Hemos llegado esta misma mañana a Madrid, a España y la diferencia horaria empieza a hacer mella en mí.
Debo volver al hotel y tratar de dormir algo. Mañana volveré a pasar por esta plaza, pero no lo haré sola, me acompañaran Teresita y Beatriz.


2

Madrid, 17 de diciembre de 2009. 8 de la noche. He vuelto a la Plaza de los Frutos. Teresita y Beatriz me han acompañado un rato. Hemos paseado hasta donde estaban los almacenes de la tita Ana, la madrina y tía de mamá. He reconocido el sitio, no porque ahí esten los almacenes, viendo pasar el tiempo, no, sino porque en la fachada del edificio, una placa de cobre recuerda a Ana Rivas, por haber donado el solar para levantar en él la fundación de ayuda a discapacitados.

Ana Rivas, mi tía abuela a quien sólo he visto dos veces en mi vida, y a la que dentro de unos días volveré a ver. Mi tía llevó durante un tiempo la carrera de boxeo de mi tito Alfonso, su marido, el hermano de mi madre, y  campeón de España de boxeo en 1952.
La tita fue también una gran amiga de mi abuelo Héctor y la amiga inseparable de mi abuela Teresa.
Mi bisabuela Carmen siempre sintió un gran cariño por su nuera Ana y a mi abuelo Héctor le adoraba.

Entro en el edificio, Beatriz y Teresita se han vuelto al hotel; el destino ha querido que ahora sea yo, Carmen Fernandez Perea, hija de Ana Perea García y Carlos Fernández quien a partir del 3 de enero del 2010 sea una más de la plantilla, seré la nueva psicóloga terapeútica de la fundación.
 Nadie sospecha mi parentesco con Ana Rivas, para el director de la fundación sólo soy una venezolana de origen español que viene a trabajar a España.

No lejos de aquí queda la calle donde vivieron mi tita Ana y mi tito Alfonso, las viviendas de ese inmueble eran en aquellos tiempos sólo para ricos. Algunas cosas no cambian, hoy como ayer esas viviendas siguen siendo para potentados.
Beatriz y yo queremos ir mañana a ver una vivienda cerca de donde mi abuelo Héctor tuvo su despacho de detective. Necesito quedarme en este barrio, necesito, aunque ya nada sea igual, pasear por sus calles y sentarme a soñar en la cafeteria de la Plaza de los Frutos.

3

Madrid, 18 de diciembre de 2009, 9 de la noche, hoy he tenido un día muy ajetreado.
Beatriz y yo hemos ido a visitar el colegio para Teresita, después acudimos a ver la vivienda que queremos alquilar. Es un 4º piso, exterior, en un edificio de los años 60 a dos cuadras, como decimos allá, de la Fundación y frente a la casa de 1898 en la que el abuelo tenía su despacho.
Hemos tenido suerte, a veces pienso que el abuelo nos guiña un ojo y nos acompaña con su sonrisa desde donde quiera que esté y la abuela nos aplaude.

Después de comer algo y hacer algunas compras fui con Teresita a cumplir con lo que más quería pero también lo que más me asustaba.
Madrina, como mamá la llama, vive en una casa de dos plantas con un hermoso jardín, en el barrio del Viso, en una casa grande, muy grande,  rodeada de recuerdos y fotos de su familia y de mi familia. Una doncella nos abre la puerta y nos acompaña al saloncito  donde está la enfermera de mi tía abuela.
La señora acaba de despertarse, nos dice,  y nos pide que aguardemos unos momentos.
Al cabo de unos cinco minutos viene la doncella a buscarnos para llevarnos a la salita en la que se encuentra la tía. Es una salita que forma parte de un dormitorio muy amplio y luminoso, y allí está ella, sentada en un sillón relax, modelo Dante, con la cabeza ergida y elegante. Han pasado los años pero éstos no han podido con su porte distinguido del que tanto hablaba la bisabuela, según me contaba mi madre.
Ana Rivas está lúcida para su avanzada edad y conversamos como si nos conociésemos de toda la vida. Teresita nos mira asombrada, a sus cinco años presiente que este encuentro es importante aunque no alcanza a imaginarse el porqué.

4

Madrid 19 de diciembre de 2009, hoy es sábado, son las 6 de la tarde, Beatriz ha salido con Teresita, iban a dar una vuelta por la Plaza Mayor, querían comprar cosas de navidad para nuestro piso.
El próximo martes nos mudamos a la vivienda, el contrato de alquiler ya está firmado, la casa está amueblada y nuestra entrada es inminente.
He hablado por teléfono con mamá, aún se muestra reticente, pero creo que la convenceré y a mediados de marzo ella también dejará Venezuela y volverá a la ciudad que la vió nacer.
Hemos hablado del encuentro con la tía Ana y mamá tiene muchas ganas de volver a ver a su madrina. La última vez fue en el entierro de los abuelos, en Venezuela, desde entonces no la hemos vuelto a ver.
Mamá siempre ha querido regresar a España pero las circunstancias no lo permitieron y la muerte de los abuelos se lo puso muy difícil.

Yo tenía 11 años cuando fallecieron, un terrible accidente de tráfico acabó con ellos, acabó con 34 años de vida en común, de estar siempre el uno al lado del otro, de anteponer su mutuo amor y fidelidad a las diferencias que podían surgir entre ellos; nunca olvidaron la promesa que un día se hicieron, luchar por ellos contra todo y contra todos. El accidente acabó también con el secreto mejor guardado de mi abuela.. Mis recuerdos son todos buenos, mi abuela cariñosa con todos, con sus prontos y con su ternura, con sus libros y sus obras benéficas. Mi abuelo, con su sonrisa que abría puertas y a nadie dejaba indiferente, con su comprensión y con su sentido de la justicia y el instinto de policía y detective que nunca le abandonó en la vida. Fueron una pareja feliz, tuvieron sus momentos menos buenos pero supieron ser felices el uno con el otro. Su muerte repentina sorprendió a máma en pleno divorcio de papá y la sumió en una gran depresión.
Mi madre les adoraba, ellos la adoraban a ella y yo crecí junto a todos ellos, en la casona de Venezuela que un día comprara Simón cuando la bisabuela Carmen y los abuelos llegaron a Venezuela com mamá.
  
5

Madrid 20 de diciembre de 2009, son las 10 de la noche, Teresita ya duerme y Beatriz está chateando con su hermano en Caracas.
Hoy no hemos hecho nada especial, hemos pasado un domingo muy familiar, salimos a comer, más tarde  entramos en los grandes almacenes de la calle Preciados, después fuimos al cine y ahora estoy de nuevo con mi diario en la mano y sigo con mis recuerdos.

Cuando el notario citó a mamá, tras el accidente de los abuelos, le entregó un sobre, dentro de él había dos cartas, una para mamá y otra carta lacrada  a mi nombre, que yo debería abrir al cumplir los 18 años.
Nunca olvidaré ese cumpleaños ni el contenido de la carta. La abuela me contaba cosas que nunca a nadie había contado pero que me hicieron comprenderla todavía aún más.

La abuela y la tía abuela habían sido grandes amigas, amigas del alma, amigas inseparables hasta que un día, el abuelo al llegar a casa se la encontró llorando desconsoladamente.
El abuelo nunca llegó a entender que había pasado para que las dos amigas dejasen de hablarse durante mucho tiempo y después, aunque volvieron a hablarse nada fue como antes.
El abuelo por aquel entonces, por ser fiel a su idea de la justicia, renunció a su cargo de comisario y abrió un despacho de detectives, más tarde se le uniría un ex-policía como él y llegarían a ser muy conocidos y reconocidos.
El abuelo Héctor sentía un gran cariño por Ana, era su concuñada, como el mismo decía, pero también su amiga.
Ni el coma del bisabuelo Pascual ni los problemas del tío Alfonso consiguieron que la abuela cambiase de actitud.
 El nacimiento de mamá dió paso a una reconciliación. Fue idea de la abuela, ante el asombro de todos, la de poner a mamá el nombre de Ana y pedirle que fuese la madrina.

Tras la muerte del bisabuelo Pascual y después de mucho pensarlo la familia decidió venirse a Venezuela y aceptar la invitación de Simón, el gran amor de mi bisabuela Carmen.
Los abuelos, por diferentes motivos, estaban en el punto de mira de gente que podía hacerles mucho daño y tomaron la nada fácil decisión de acompañar a la bisabuela a Venezuela. Mamá no había cumplido ni 7 meses cuando se embarcaron rumbo a un nuevo destino.
Antes de irse, la abuela y Ana tuvieron una conversación muy trascedental, y la abuela Teresa me hablaba de esa conversación en la carta.

6

21 de diciembre 2009. son las 3 de la tarde, he tenido que acercarme a firmar unos papeles a la fundación y ahora estoy en la cafeteria, en la Plaza de los Frutos.
Este es el mejor lugar para recordar la carta de la abuela, para volver a leerla antes de entregársela a la tía Ana.


<< Barcelona (Venezuela) 8 de enero de 1982

Querida Carmen, cuando leas esta carta será porque ya habrás cumplido los 18 años y tu madre habrá respetado mi última voluntad.
Desde que naciste me he sentido muy unida a ti de una forma inexplicable, era la única que podía calmarte cuando sin motivo aparente empezabas a llorar con todas tus fuerzas, volvías locos a tus padres y tan sólo te callabas en mis brazos.
Te he venido observando mientras crecías y estoy segura de que te pareces mucho a mí y por éso me atrevo a escribirte, sé que tú  me vas a entender.
Sabrás, porque lo has oído muchas veces, que tu tía Ana y yo éramos muy amigas y que estuvimos un tiempo muy distanciadas.
Antes de venirnos a Venezuela hablé con tu tía, fue una conversación como solía decir ella muy reveladora.
Nunca he querido saber realmente, si mi gran amiga del alma hubiera podido ser mi gran compañera en la vida, Ana era tan importante en mi vida como el abuelo, les quería a los dos y aunque eran amores diferentes tenía miedo del amor que sentía por ella, tenía miedo de perderla y nadie entendía mi miedo, no podía explicarlo y cuando apareció Rosa entre las dos, entre las hormonas del embarazo y el problema del abuelo con su último caso como comisario, los celos y la rabia se apoderaron de mí.
Ana no me quería como yo a ella, Rosa y sus problemas eran más importantes que yo, justo ahora que era cuanto más la necesitaba y Ana no era consciente de ello. Quizá fue egoísmo de mi parte pero no quise oir explicaciones y pensé que cortando con ella desterraba de mí vida su existencia.
Ilusa idea, ella era además de mi jefa mi cuñada. Puse la tienda, pero no por eso dejó de ser mi cuñada.
Cuando nació tu madre algo cambió en mí, no era justo que yo la privase de tener a su familia al completo y decidí hablar con Ana, pedirle que firmásemos la paz y fuese la madrina de su sobrinita.
Eso hicimos, pero los problemas de mi hermano con el boxeo, los de abuelo con sus casos que molestaban más de la cuenta a ciertas personas y la secreta que seguía sospechando que yo daba cobijo a prófugos, no permitieron que retomásemos nuestra amistad de siempre.
Antes de venirnos, en nuestra última conversación, nos sinceramos las dos.
Yo siempre sería para ella, me dijo, el amor que hubiera podido ser si hubiésemos nacido en otro país o en otro tiempo.
Yo no sabía, le dije, si lo que yo sentía por ella era ese tipo de amor pero sí que la sentía tan dentro de mí que me daba miedo, pero que siempre la tendría en mi corazón y en mis pensamientos.
Nos abrazamos largamente y nos despedimos con una sonrisa y un pacto: seguiríamos estando unidas en la distancia y por amor y respeto a nuestros maridos nunca volveríamos a hablar de nuestros sentimientos.
Nunca he dudado de mi amor por el abuelo, le quiero y le amo, nunca le he sido infiel y somos felices juntos, nos presentimos incluso cuando nos ocultamos cosas el uno al otro.
El abuelo es el mejor marido y padre que jamás hubiera podio soñar.
Ana ha querido mucho al tío Alfonso y su muerte le causó mucho dolor, le ha seguido siendo fiel y creo que siempre se lo será como yo al abuelo.
Carmencita, si Ana me sobrevive y tu tienes la ocasión de volver a verla cuando seas mayor, díle que nunca la olvidé, que siempre estuvo conmigo...y tú, pequeña, no tengas miedo de tus propios sentimientos y mira siempre adelante, si encuentras el amor en una mujer, bienvenido sea y si lo encuentras en un hombre también. Se puede ser feliz y renunciar a mucho por amor: en la renuncia a veces está la felicidad.
Si alguna vez tienes una hija, acuérdate de mí.
Un abrazo muy fuerte y no me olvides nunca.
Tú abuela Teresa   >>


7

22 de diciembre 2009, son las diez de la mañana, el sorteo de navidad ya ha empezado y las voces de los niños cantando los números llenan todos los rincones de España.
Hoy será el día de esperanza, un día de suerte y oportunidades para muchos...también para mí.
Ya estamos instaladas en lo que será nuestra casa. Teresita está encantada con su habitación, es la única que hemos tenido que decorar. El árbol de navidad ya luce con los adornos que compraron en la plaza mayor.
Por la tarde vamos a ir las tres, Beatriz, Teresita y yo a comer con la tía Ana.
Hoy le daré la carta como regalo anticipado de Navidad o como regalo muy atrasado de otras Navidades.
La tía me dijo el otro día que entendía que no hubiéramos podido venir antes y que se alegraba de que ahora estuviésemos aquí, de tener familia de nuevo y que sólo le pedía  al Señor que la dejase vivir hasta ver a mi madre de nuevo.
Quería que viniera hoy con Beatriz, quería conocer a mi pareja y está dispuesta a ayudarnos en los trámaites legales para contraer matrimonio. Después vendrá el reconocimiento de Teresita y dentro de poco será también legalmente hija de Beatriz.
España es para nosotras tres un nuevo comienzo como Venezuela lo fue para mi familia.
Nosotras vamos a poder hacer realidad nuestra historia de amor y compartirla abiertamente en el mismo barrio, en las mismas calles por las que mi abuela y mi tía pasearon cogidas del brazo como buenas amigas. Nuestra historia será un callado homenaje a todas aquellas mujeres que tuvieron que ahogar sus sentimientos porque la moral de la época lo consideraba impuro.
Beatriz está terminando su libro sobre la izquierda española y la editora está muy entusiasmada con su novela. Se va a titular “Nuestra libertad es la libertad de todos”.

Su novela es también un homenaje. Un homenaje a todos aquellos, hombres o mujeres que perdieron su vida por una causa y a los que vivieron y soportaron la represión.
Un homenaje a todas aquellas personas honradas que desempeñaron su trabajo en tiempos difíciles y supieron superar sus miedos y jugarse su puesto como mi abuelo Héctor. Un homenaje para los que tuvieron que dejar su patria.
Hoy, el camino es al revés, hoy regresan los nietos de los que se fueron o arriban nuevas generaciones a este país en busca de nuevos horizontes, porque hoy al igual que ayer, en muchas partes del mundo, sigue reinando la injusticia.

Seguro que pasamos un gran día con la tia Ana y luego escribiré más.

martes, 5 de junio de 2012

Dresden, junio de 2012



Hace ya algunos años los empleados de una empresa holandesa, muy conocida en todo el mundo, decidió en su filial de Almelo formar un club de viajes y en febrero de este año, en su reunión anual se llegó a la conclusión de que, en vista que las nuevas generaciones no mostraban interés alguno por unirse al club y que sus miembros actuales estaban todos jubilados, prejubilados o a punto de serlo, lo lógico sería  jubilar al club y cerrar un ciclo con un último viaje: Dresden y sus alrededores, viaje que quiero compartir y animar a hacerlo.


El 1 de junio con buen humor y ganas de pasarlo bien comenzó el viaje con parada para comer en Marienborn, antigua frontera de la DDR .




Frente al nuevo restaurante del "'Autohof"", de la autovía Hannover - Berlin, los edificios de este checkpoint siguen en pie como Memorial  de una historia que nunca debió escribirse y que cerró sus puertas, oficialmente, en 1990, exáctamente el 30 de junio, tras 45 años de servicio.
En 1998 el entonces presidente alemán, Dr. R. Herzog, declaró a este punto fronterizo  como el punto de encuentro en el que "" los alemanes su historia cuentan a los alemanes"" y en este punto se siguen celebrando seminarios con personas que vivieron esos años. El 9 de noviembre de  2004, el presidente Horst Köhler ( ese que ha tenido que dimitir últimamente) reactificó este punto como:"" Sitio de estudio permanente para todas las generaciones"".


En una de sus naves cuelga aún el siguiente cuadro:


y sobre una maleta abierta con ropa usada el siguiente letrero:




Un paseo por sus naves nos enseña mucha historia y muchos de los que venían con nosotros tenían sus propios recuerdos cuando, con muchos años  menos y en un ""dos caballo"" o en un ""escarabajo"" cruzaron esta frontera para ir a Berlin y sufrieron en ella registros y retenciones de hasta de 10 horas. 


Después de comer seguimos viaje y a las cinco de la tarde llegamos a Dresden. Un paseo fugaz nos dejó una buena impresión de la ciudad y al día siguiente tuvimos la oportunidad de pasar todo el día en ella, patear de Altstadt la ""ciudad vieja"" , cruzar el Elba y conocer  de Neustadt.la ""ciudad nueva""


Dresde es  conocida como la ""Florencia de Sajonia"". En febrero de 1945 sufrió un bombardeo que destruyó todo su centro histórico y que en los últimos 6 años ha sido reconstruido gracias a las fotografías y cuadros que de muchos de sus habitantes. Dichas fotos y cuadros reflejaron la belleza barroca de sus monumentos más emblemáticos como la Iglesia de la Señora ""de Frauenkirsche"" que ahora podemos ver en toda su gloria.




La iglesia ha sido reconstruida, en buena parte, con las mismas piedras de antes y asi se puede apreciar en la foto, la piedra negra  ( esta piedra contiene mucho hierro y con el tiempo se pone negra) y la piedra blanca, material nuevo, que con el paso de los años también se pondrá negra.



En esta foto se puede ver parte de la fachada de antes de las bombas y detrás la Iglesia ya reconstruída.


La iglesia de la Señora es una iglesia luterana. Su interior sorprende por su forma más propia de un teatro que de una iglesia convencional. En su escenario se alza el altar mayor. 

Las obras de reconstrucción siguen en marcha en el centro de la ciudad vieja (Altstadt) dónde todavía se pueden ver varios edificios  recubiertos por andamios. En la plaza del mercado nuevo (Neumarkt), con la estatua de Lutero en el medio, la mayoría de sus edificios están ya reconstruídos :


A orillas del Elba se puede contemplar la terraza de Brühl, también conocida como ""el balcón de Europa"" con la  Acadamia de Bellas Artes.


Desde el Elba también se puede admirar parte de la iglesia católica y el teatro de la Ópera:


El palacio barroco llamado de Zwinger alberga un museo y un patio o atrio tan barroco como su todo el complejo.









En 1485 se instaló en Dresden la familia Wettin y esta familia es  la ""culpable"' de la expansión de la ciudad. En 1586 mandaron construir el edificio De Langer Gang. En una de sus fachadas, conocida como de Fürsterzug, se puede admirar el enorme mural de 102 metros de largo que representa la parada de los reyes sajones. En 1907 el original fue sustituido por otro ya que la erosión estaba dañando mucho el mural. El nuevo mural se realizó sobre azulejos, exáctamente igual que el original. Esta fachada y su mural fue la única que, milagrosamente, permaneció en pie cuando en la fatídica noche del 13 al 14 de febrero de 1945 los ingleses dejaron caer las bombas.




El segundo día fuimos en barco  desde Dresden a Pillnitz y desde él pudimos hacer las siguientes fotos de los diferentes palacetes, en la orilla izquierda del Elba, sobre las terrazas sembradas de viñas. 






foto de barco fotografiado desde nuestro barco.




Una vez en Pillnitz desembarcamos y visitamos el palacio de verano de la amante del rey Federico Augusto de Sajonia (1706). En sus jardines hay una camelia gigante de cuenta más de 200 años de historia. Para consevarla y protegerla de las heladas del invierno han contruído una cúpula de cristal gingantesca que transportan sobre ruedas hasta cubrir al árbol por completo. 





camelia junto a su casa de invierno. 250 años con dimensiones de 8,60 metro de alto, y díametro de 11 metros. Dicen que en su periodo florido (de febrero a abril) alberga 35000 flores.




Después de comer comenzó a llover pero no cambiamos los planes y en autobús fuimos a visitar la formación rocosa conocida como De Bastei en la frontera con la República Checa.
Se encuentra en la orilla derecha del río Elba y tiene una altura de 300 metros. A sus pies el valle del Elba y en su parque natural se encuentra una fortificación unida por un puente construída por los soldados bohemios que no pudimos visitar por culpa de la lluvia.










A las 7 de la tarde regresamos a la ciudad y en vista de que seguía lloviendo visitamos en el Parameter la panorámica Roma en 360 grados , obra del señor Y. Asisi.Fue impresionante, utilizando el ordenador ha conseguido recrear la Roma antigua y pasarla a un lienzo gigante. La noche y el día se representan perfectamente aunque aquí y allá el autor se haya permitido algunas liciencias.


os dejo el enlace:  http://asisi.de/en/Panometer/Rom312_neu/Panoramaprojekt/index.html     y algunas fotos.









y con esta estampa de Roma de noche termino. Al día siguiente empezamos el regreso a Almelo y sobre las 9 de la noche ya estábamos en casa pero antes cenamos en un restaurante en la frontera y nos hicimos una foto de grupo  hizo el chófer del autobús. Espero que os haya gustado y como dicen en Alemania :  Aufwiedersehen