jueves, 12 de julio de 2012

En tiempos más serenos ( Cuarto)

Capítulos del 30 al 40



30

 23 de febrero de 2010 son las 11 de la noche y Teresita hace rato que duerme y Beatriz  también. Cuando he llegado a casa estaba cansada y casi no ha cenado. Ella dice que son nervios, que a ella le vienen cuando todo ya ha pasado. Ya veremos.

Esta tarde, después del trabajo me he pasado por el Viso para hablar con la tía. Yasmina y Mila me han abierto la puerta con cara de preocupación.
Me han dicho que la tía llevaba un rato como encerrada en sí misma, con la mirada ausente y que no contestaba a ninguna pregunta. Mila, la enfermera quería reconocerla pero la tía le hizo un ademán con la mano como dicendo que se fuera y la dejara en paz.
Según Yasmina, todo ha comenzado después de una llamada que la tía ha recibido a las 5 de la tarde, justo cuando estaba tomándose una taza de té y unas pastas. Se había levantado de la siesta con muy buen humor y deseando de que yo llegara.
La tita, tras colgar el teléfono hizo que Yasmina se llevara la bandeja del té a la cocina, sin probar las pastas ni beberse su infusión.
Durante la conversación, según Mila, el rostro de la tía parecía de piedra, y se notaba que quería zanjar la llamada lo antes posible. El tono de la tía fue educado, contundente y enérgico, me dijo.
Ni la doncella ni la enfermera saben quien llamó...creo que tengo una muy buena idea de quién ha podido ser.

Entré en la sala en la que suele estar la tía y me la encontré de pie, junto a la ventana.
Me acerqué a ella y le di un beso, la tía se volvió y me abrazó. Le dijo a Yasmina que preparase una merienda ligera y nos sentamos en el salón.
Después de tomarse su té verde me miró y sonrió, me dijo que no me preocupara que ella no iba a consentir que nadie nos hiciera daño.
La tía lo decía completamente en serio y yo decidí no dar más rodeo e ir directa al grano. Le pregunté si Domínguez Carmona había llamado, que Mario nos había contado lo de la película y que Leonor me había dado una caja con recortes de periódico sobre el tío firmados por Carmona.
La tía dudó un momento pero enseguida me dijo que era verdad, que había sido el nuevo Carmona quien se había atrevido a exigirle dos exclusivas: una sobre la relación de Beatriz conmigo y otra sobre la todopoderosa Ana Rivas y la nieta del famoso detective y ex-comisario de Chamberí.
La tita estaba dispuesta a discutir la idea durante una comida y le ha invitado a comer mañana en su casa.
Le pedí a la tía que invitara también a Mario y me dijo que ya lo había pensado.
Adolfo Carmona nunca molestó a la tía, sabía que primero se fue a Jaén donde debía tener familia y luego a Argentina.

Al filo ya de venirme a casa tuve una corazonada, le pregunté a la tía que había sido de Rosa y si ella conocía o tuvo amistad con Carmona. La tita me miró muy asombrada, me dijo que por un momento le había recordado a mi abuelo, siempre conectando hechos aislados entre sí para obtener un todo.
Según la tita deberían conocerse del café del teatro Cervantes, pero Rosa nunca le mencionó.
Entre Rosa y la tía sólo había habido una amistad un tanto interesada. Rosa fue la imagen de los almacenes y la tía le ayudó a obtener un papel en la obra que se iban a representar en el teatro Cervantes. La gran diva de la escena, Estela del Val y su compañía necesitaban dinero para los decorados y el vestuario. La tía decidió invertir en la obra a cambio de que Rosa obtuviese el papel que ella quería.
El estreno fue espectacular y la obra prometía mucho. Sin embargo la censura les cerró el teatro. La tía apenas pudo recuperar lo que había invertido. Rosa rodó dos películas y no se veían casi nunca, hasta que un buen día Rosa llamó para quedar, se iba a Buenos Aires y quería despedirse.

Después de cenar he buscado en internet a ver si encontraba las huellas de Rosa y Carmona en Argentina.
He tenido suerte: en 1963, aparece la firma de Adolfo Carmona en un periódico de Buenos Aires en la sección de cine y teatro.
Es posible que en Buenos Aires se hayan visto en más de una ocasión y mí tía y mi familia fuesen el tema de conversación.

31

24 de febrero 2010 son las 10 de la noche y Teresita se ha quedado a dormir donde la tita, mañana no tiene que ir al colegio, los profesores tienen un dia de estudio. Beatriz sigue sin encontrarse bien, el médico le ha dicho que además de nervios lo que tiene es anemia, que debe comer más carne, tomar hierro y reposar.
La comida con Mario y el señor Carmona ha servido para algo.Carmona tendrá su reportaje sobre mi la labor en la fundacion y Beatriz le concederá una exclusiva y tendrá que presentar primero un cuestionario.
Mario me ha contado que Adolfo Carmona regresó a España en 1999 y que falleció en noviembre del 2009 y dejó un testamento audiovisual.
Dominguez Carmona no se ha ido por las ramas, el vídeo a cambio de la película más las exclusivas. Según el periodista, en el vídeo queda bien claro que Ana Rivas era y es una dama a quien le gustan las mujeres, una dama que amañaba combates de boxeo, compraba a la gente y chantajeaba sin ningún rubor.
Rosa y su tío se encontraron en Buenos Aires y una noche intercambiaron confidencias. Rosa contó que la tita soñaba con mi abuela pero que no le hacia ascos a ella y si no pasó nada fue porque Rosa no quiso. En el vídeo se puede ver una carta, que al igual que una primera, mi abuela nunca recibiría.
La última conversación que Rosa y Ana Rivas iban a tener nunca tuvo lugar. La tía había citado a Rosa en su casa pero un imprevisto hizo que llegase tarde y Dionisio la dejó pasar. Mientras esperaba a la tía, Rosa cogió un libro que habia encima de una de las mesitas del salón y en su interior se encontró dos fotos de la tía con mi abuela y en la papelera una carta en pedazos. Aunque la carta estaba rota se podían leer algunas frases y Rosa recogió los pedazos, una de las fotos y se marchó sin esperar a la tía. Al reconstruirla se encontró con una confesión de amor y la alusión a otra carta.
La tia no volvió a verla, no echó de menos la carta porque pensaba que Dionisio había vaciado la papelera y la foto, aunque la buscó y lamentó mucho el no encontrarla, jamás pensó que Rosa se la hubiera podido llevar. Según Dionisio no estuvo ni cinco minutas sola en el salón. La tita llegó minutos más tarde y ahora le parece imposible que no se cruzaran en la escalera.

Mi abuela tenía razón, y mi abuelo también, Rosa no era de fiar: los métodos de trabajo y de actuar de la tía por necesarios que parecieran siempre podían pasar factura. Los Rivas eran de verdad de otra pasta, siempre le oí decir a mi abuelo.
De momento dice la tía no hay intercambio de película por vídeo, el vídeo puede hacer daño pero la película mucho más, los descendientes de uno de sus protagonistas son personas muy conocidas y de impecable reputación. Entre Domínguez Carmona y la tía hay un pacto de silencio.
A mí no me gusta este pacto, prefiero que se sepa toda la verdad, no tengo nada de que avergonzarme, mi familia tampoco, eran otros tiempos y otras normas. Podrían haber estado enamoradas la una de la otra; la tía lo estuvo, mi abuela no quería aceptar esa posibilidad, pero nunca hicieron mal a nadie con ese amor que no llegó a tomar forma.
Mario me dice que es mejor que lo dejemos por ahora, mamá está por venir y ella ignora muchas cosas de nuestra familia y no tenemos que olvidar la boda. Ya llegará el momento de actuar. Leonor tenía razón sin saberlo: ni Carmona ni Rosa me iban a gustar.

32


6 de marzo de 2010, son las 6 de la tarde de un sábado primaveral y estoy sola en casa en este momento.
Entre la llegada de mamá y los preparativos de la boda no he tenido tiempo de escribir nada.
Mamá llegó el 3 de marzo y está con nosotras. De momento comparte habitación con Teresita y las dos están encantadas de compartir cuarto y confidencias.
La verdad es que aún no me puedo creer que ya esté aquí y que falten tan poquitos días para nuestra boda.

Mario me acompañó a recoger a mamá a Barajas y el reencuentro fue de culebrón; lloramos las dos a más no poder en el aeropuerto y no paramos de charlar en el coche de camino a casa.
Al salir del ascensor  nos llevamos una sorpresa: Beatriz y Teresita habían adornado la puerta del piso con un gran cartel de bienvenida y la casa estaba llena de globos y guirnaldas. En la mesa del salón había un enorme jarrón con 12 rosas rojas y 4 blancas, la flor preferida de mamá, junto a un dibujo de Teresita con una dedicatoria. 4 rosas blancas por los cuatros meses que no nos habíamos visto y como señal de un nuevo comienzo en la tierra en que nació y 12 rosas rojas por el ramo que no recibió el día de su cumpleaños. Beatriz piensa en todo y es una enorme detallista y a Teresita estas pequeñas cosas le encantan y a mí se me cae la baba con las dos, sobre todo como cuando ahora, en secretos y sin que yo notara algo, planearon juntas la sorpresa.

Las lágrimas, las risas y los abrazos que Teresita y mamá se dieron no se pueden describir.
Beatriz y mama también se fundieron en un abrazo y mi nudo en la garganta crecía por momentos.
Cuando las emociones nos permitieron volver a la realidad, cenamos todos juntos y mamá habló con la tía Ana por teléfono mientras Mario la miraba atentamente.
Ahora que  vuelvo a ver a mamá y a Mario juntos noto que hay algo entre ellos, hay más complicidad de lo que yo me imaginaba. Quizá estoy yo ahora más sensible, no lo sé, pero algo presiento, aunque  no echaré las campanas al vuelo, mamá es muy suya. Intuyo que Mario sabe llevarla y seguro que ahora que van a estar mucho más tiempo juntos todo es posible. ¡Ojalá! Me gusta Mario para mi madre.

Mamá me ha dicho que mi padre, sorprendentemente, tiene intención de  venir a nuestra boda con su tercera mujer.  La segunda nunca me gustó pero esta es una persona muy maja y diferente a la otra. Si vienen seguro que es porque ella le ha convencido. No la conozco mucho, pero cuando hemos hablado por el messenger  me he sentido bastante cómoda.
Ayer fue mamá con Mario a ver a la tía Ana, comieron con ella y por la tarde nos reunimos allí todos. Teresita y mamá se quedaron con ella y luego, cuando vuelva Beatriz con Mario, que han ido a hablar con el editor de Beatriz, iremos de nuevo al Viso.

Mamá ha traído muchas cosas que pertenecieron a los abuelos, entre ellas los dos soldaditos de mi abuelo, regalo del padre de Mario, y a éste le ha hecho mucha gracia verlos de nuevo en Madrid y la larga vida que llevan.
También ha traido algunas de la libretas en las que el abuelo solía tomar las notas de sus casos y un sobre lacrado y algunas carpetas que encontró en uno de los cajones de la mesa de despacho de mi abuelo que quedaron olvidadas cuando éste se cerró y la mesa pasó a formar parte de los trastos inútiles de la buhardilla.
Beatriz también ha tenido una sorpresa, aunque su familia viene dentro de unos días, le dio a mamá un portafolio para que se lo trajera y su contenido nos ha acercado un poquito más a la Plaza de los Frutos.

De nuevo el tiempo ha  pasado volando, Beatriz me avisa por el telefonillo que me están esperando abajo y que el coche está en doble fila. Mañana intentaré continuar.


33


7 de marzo de 2010,  son las 11 de la noche y hemos pasado un domingo muy productivo e informativo.
La tía había invitado a merendar a Leonor, Serafín y María y mamá ha tenido la oportunidad de conocer a gente de su generación, sobre todo a María que nació con unos días de diferencia.
La tita había preparado de nuevo una fiesta privada para los peques; ha hecho venir a una pareja de payasos  y Leonor se trajo a sus dos nietos, Serafín a Tinin, y Maria a su nieta. Todos ellos, junto a Teresita, formaban la tribu de la gente menuda, una verdadera tribu indía con los disfraces que se habían puesto, dispuesta a pasarlo bien y a no dejar títere con cabeza si les daban la oportunidad.

Como mamá y María se entendieron muy bien, mamá enseguida le enseñó a María una foto de la abuela junto a Clementina, frente a los almacenes, con nosotras en  brazos; la foto la hizo el abuelo y la abuela siempre la guardaba en el libro de Romeo y Julieta.
María dijo que su madre, Clementina, también guardó muchas fotos que se hiciera en los almacenes con sus compañeras y que mi abuela está en muchas de ellas.
Leonor volvió a recordar anédoctas del Asturiano, de cuando las chicas Rivas iban a comer a mediodía y hasta recordó como el padre de Mario, (entonces un joven inspector que empezaba a su andadura en la comisaria de Chamberí junto al abuelo y a Beltrán), leía sus novelas policiacas en el Asturiano y con ella compartía su amor a los tebeos.
Serafín también tenía fotos de esa época, fotos que había hecho su madre en el estudio y las fotos del reportaje que hiciera a la familia Rivas.

La tía escuchaba todo lo que se decía como si ella fuese la directora de una orquesta, mientras Mario, Beatriz y yo nos divertíamos con las anédoctas, algunas ya las conocíamos, otras eran nuevas pero el espíritu de la Plaza se palpaba en el ambiente.
Mamá estaba feliz y eso que todavía no la habíamos llevado a la Plaza de los Frutos. Lástima que no podamos ver la casa en que nació, pero ella se imagina cómo era de tanto haberla visto en la foto preferida de la yaya Carmen.
Cuando al filo de las 9 la visita se fue, mamá le comentó a la tía que, entre las cosas del abuelo de su época de comisario, había encontrado el informe no oficial de la investigación  del caso de la muerte de Doña Encarnación Llanos, viuda de Rivas.
La tita hizo como si no oyera y se disculpó diciendo que ya era tarde y que tenía que retirarse a su habitación.Mario muy sabiamente le recordó a mamá que la tía estaba cansada y que no era hora de hablar de esas cosas.
Nos despedimos de la tita y al llegar a casa, tras acostar a Teresita, le pedimos a mamá que nos dejara ver el informe antes de volver a mencionarlo delante de la tita. El tema de su familia y el del tito Alfonso eran casi temas tabús. Sólo ella, Ana Rivas,  podría sacarlos a relucir y mamá sin querer había metido la pata.

Al leer el informe que el abuelo había redactado, nos miramos y decidimos que era mejor que la tía siguiese creyéndose el informe “”oficial””, al fin y al cabo había sido un accidente como escribía el abuelo, pero este accidente no tiene lugar en casa de los Rivas y es aquí donde entra el tito Alfonso en juego. El tío corrió un gran riesgo por ayudar a Don Ramón a trasladar el cuerpo de doña Encarna a la residencia de los Rivas. El tío se la jugó por la tía, por el amor que sentía por ella y porque quería evitarle más sufrimiento.
Si el abuelo nunca reveló la verdad ni comentó sus sospechas a su compañero Beltrán y el tío Alfonso jamás se lo dijo a la tía era mejor destruir el informe. Además, la sola idea de que algo así cayera en la manos de Carmona jr. era ya de por sí motivo suficiente para destruirlo.
Tuvimos que poner a mamá al tanto de algunas cosas que parecía desconocer y mamá nos dijo entonces que quizá habría más cosas que destruir. Se levantó y sacó de una bolsita un sobre lacrado. En el sobre ponía: “Don Ramón Rivas, abrirlo en caso de muerte sospechosa”.
Nos quedamos todos boquiabiertos, pensamos que a lo mejor tenía algo que ver con su desaparición en Venecia pero al abrirlo vimos que no se trataba de eso, sino de algo más sucio, de las sospechas que tenía de que Encarna había mandado a Elena que le envenenara.
Elena fue, según las notas del abuelo, la enfermera que Encarna contrató para “cuidar” a la madre de Ana.
La muerte de Elena (oficilamente un sobredosis de morfina) ocurrida unas horas antes de la muerte de doña Encarna, llevó a mi abuelo al lugar de los hechos y allí reparó en ciertas cosas que le pusieron sobre la verdadera pista de dónde murió doña Encarna.
¡ Demasiadas porquerias que llevaban el nombre de la viuda de Rivas! Son casos ya pasados y que mi abuelo silenció para no dañar más a la tía. ¡Cuántas cosas supo y tuvo que callarse el abuelo para ayudar a su amiga Ana y hasta al tío Alfonso!! Decididamente lo mejor era quemar las cartas y eso es lo que Mario ha hecho en la terraza.
Mamá se acaba de acostar y Mario charla aún con Beatriz. La otra sorpresa, la de Beatriz, es el motivo de conversación con Mario.
Aún no sé todos los detalles, después me enteraré y si son interesantes los reproduciré mañana.
Cada vez falta menos para el día 23 y aunque no quiera me noto nerviosa, tengo miedo de que algo vaya a fallar en el último momento.


34 

8 de marzo  de 2010.  No importa mucho que sea tan tarde, no he tenido tiempo antes pero lo que me ha contado Beatriz no quiero que se me olvide. Ella lo utilizará de otro modo más adelante, en su próxima novela, pero lo que yo escribo aquí no lo va a leer nadie, quizá Teresita cuando sea mayor si encuentra mis diarios.
El portafolio que trajo mamá para Beatriz se lo ha dado el familiar más directo que queda de Fernando, el Fernando de la productora en la Plaza de los Frutos, el Fernando que tanto impactó a Beatriz aún no sabiendo gran cosa de él.
Entre las cosas que hay en su interior, me ha llamado la atención las fotos de unos chicos muy jóvenes, supongo que serían Nando y Nicolás. Además de las fotos hay varios papeles y dos cartas. La primera es del hijo de Nicolás y está dirigida a Beatriz. En esta carta además de autorizarle a utilizar su contenido en su próxima novela le explica la vida de su padre y el  primo de éste hasta que estalló la guerra de civil en España.
La segunda carta es de Fernando. Es la primera y última carta que Nicolás recibió de su primo desde su llegada a Venezuela. La carta tenía fecha del verano de 1951 y Fernando la escribía desde Francia.

Nicolás Solís, según su hijo Carlos Solís, es el primo de Nando, más conocido como Fernando Solís aunque en realidad éste no fuese su primer apellido sino el segundo.
Nicolás Solís tiene 23 años cuando acaba la guerra en España y su padre fallece dos meses más tarde. Fernando, que se las ha ideado para permanecer en contacto con Nicolás, se entera de la noticia y pide a su primo que abandone Francia; las cosas no pintan bien para Europa y le aconseja que se marche a Venezuela, allí hay contactos que pueden ayudarle.
Nicolás llega a Venezuela a punto de cumplir los 24 y, a fuerza de sacrificio, trabajo y ahínco consigue, años más tarde, comenzar la carrera de médico como le había prometido a Fernando.
Fernando y Nicolás crecieron juntos en Oviedo. Nicolás nació en 1916 y Fernando, en 1918.
El padre de Fernando era ingeniero de minas y su madre profesora de piano. La madre de Fernando era tía paterna de Nicolás y falleció al poco tiempo de nacer Fernando. Debido al trabajo de su padre en Mieres, Fernando se crió con los padres de Nicolás y pasaba las vacaciones con su padre en diferentes pueblos de los Picos. En 1930, cuando Fernando tenía 12 años, falleció su padre a consecuencia de un accidente minero y su tío, don Diego Solís del Amo, decidió enviar a Fernando y a Nicolás a un internado de curas en Gijón.
El padre de Nicolás pertenecía a una familia de comerciantes, era monárquico, muy católico y no le gustaba hablar de política.
La segunda república llegaría un año más tarde y cambiaría la vida de la familia Solís del Amo. A don Diego no le gustaba el ambiente que se empezaba a respirar en España, la agitación social y política era cada vez más grande y teme por su negocio y su familia. Fernando tiene 16 y Nicolás 18 cuando se establecen en Libourne, dónde tenían unos conocidos con los que don Diego hacía negocios,  y allí matriculan a los chicos en un instituto. Fernando tiene que acabar el bachiller y Nicolás prepararse para la Universidad. El estallido de la guerra civil en España truncará los planes, Fernando siente que debe volver a España, los estudios tendrán que esperar, no dice nada a su tío, sabe que nunca lo aprobaría, sólo se despide de Nicolás y regresa a España para unirse a las milicias. Su padre era un idealista y defendiendo sus ideales falleció en un fatídico accidente, por lo que Fernando nunca olvidó sus enseñanzas. Su padre fue un socialista que luchaba por los derechos de su gente, de sus mineros, por el derecho a la eduación de los hijos de los más desfavorecidos y por una mayor calidad de vida y reparto de la riqueza. Un socialista que soñaba con una républica que él nunca llegaría a conocer pero que su hijo estaba dispuesto a defender. Los curas no pudieron cambiar sus ideas y su tío tampoco. De nada sirvió que se mudasen a Francia cuando las revueltas se hacían cada vez más patentes en su Asturias natal, la voz de la segunda república llegaba a todas partes de Europa.

En cuanto a la carta de Fernando, tengo que confesar que me ha conmovido. Tengo la impresión de que fue una gran persona. Sabía pocas cosas suyas, lo que Alejandra nos contó, lo que nos dijo el Sr. Ayala y lo que Leonor recordaba de haber oido a hablar a sus padres.
Aunque no le he conocido es otro más de la Plaza de los Frutos, otro más por el que siento cariño y respeto. Estoy segura de que Fernando tendrá un puesto bien merecido en la segunda novela de Beatriz. La familia Solís ha tenido todo un detalle con Beatriz. Es cierto que el abuelo materno de Beatriz ayudó a Nicolás cuando llegó a Venezuela y que se hicieron muy amigos pero Beatriz no conoce al hijo de Nicolás y éste no le debe nada a su familia.

Mañana volveré a leer la carta de nuevo, ya es tardísimo y es una carta para leerla sin prisas.

35

9 de marzo de 2010. Son las once y media de la noche y el día ha vuelto a estar lleno de emociones. Beatriz ha venido a buscarme con mi madre al trabajo y de nuevo el pasado y presente se han cruzado. Mamá ha podido recorrer la fundación y hacerse una buena idea del trabajo que realizamos y le parece mentira que aquí,  en este mismo lugar, estuviesen los almacenes Rivas, (el solar donde se levanta la fundación pertenece aún a la tía) y que aquí comenzara todo.
Después, en el ¨ Café Manolita¨¨ , nos hemos vuelto a ver con Leonor y una vez más los recuerdos han hecho acto de presencia. Mamá se imagina ahora mejor todo lo que la yaya Carmen y su madre, la abuela Teresa le contasen cuando aún era una niña y durante su juventud en la Barcelona de Venezuela. Es una pena que la fisonomía de la plaza haya cambiado tanto, pero ahí estaba Leonor, para hacerlo más cercano, para decirnos cómo y cuándo comenzó esta plaza tan emblemática para mí, para mi familia y para todos los que dejaron sus huellas en ella, con su transformación actual por exigencias de los tiempos modernos.
Leonor y mamá se fueron después a casa de María y Mario pasó a recogerlas junto con Teresita.
 Beatriz y yo nos quedamos en el café y volvimos a leer la carta de Fernando.


<< Paris 10 de agosto de 1951

Querido Nicolás,

Estoy seguro de que mi carta no te va a sorprender, nunca he podido sorprenderte con nada, siempre has adivinado o intuído el paso siguiente que iba a dar y presientes que yo estoy al tanto de tu vida en Venezuela aunque esta sea la primera y quizá la última carta que recibas desde que vives allí. No te equivocas, lo estoy, no te he perdido de vista a pesar de la distancia.
No quiero que ceses en el intento de hacerte médico. Tienes que conseguirlo, sabes que es lo único que te pedí en nuestra despedida en Libourne, que empezases la carrera y que lo hicieras por mí y por ti. Atrás quedaron para mí  nuestros sueños de niños, nuestros sueños de irnos juntos a África a ayudar a combatir enfermedades y paliar la miseria, pero este sueño no ha hecho más que empezar para ti. Tú puedes hacerlo, tú tienes que hacerlo por los dos aunque no sea en África sino en la selva venezolana, allí también necesitan médicos y gente como tú: noble, intuitiva, abierta, fiel amiga de sus amigos y con buena cabeza.

Hace unas semanas que he vuelto a Francia; mi última misión no salió como esperábamos y he vuelto a dejar en el camino a muchos compañeros, pero no cesaré en mi intento. Mientras pueda lo intentaré una y otra vez si el partido me lo pide aunque ahora han aparcado la idea hasta más adelante. No obstante, voy a volver dentro de poco, ya sabes que siempre hay topos pero éste levanta más tierra que otros y la naftalina no ayuda. Puede que sea mi última misión y de ahí la necesidad de mandarte esta carta. Quiero que sepas que sí encontré el amor pero tuve que renunciar a él. Dos veces pude vivirlo, el primero lo perdí y pensé que nunca más volvería a enamorarme; una persona como yo no debía hacerlo, no tengo nada seguro que ofrecer... pero me volvió a pasar. Su nombre es Alicia, pero tuve que dejarla  partir o mejor dicho, partir yo, maldiciendo en voz baja, una vez más, las circunstancias que me obligaban a ello pero muy consciente de mi destino y del camino que había decido seguir cuando a los 18 años me despedí de ti en Francia.
Alicia iluminó mi misión muy a mi pesar y estuve a punto de traérmela, pero ella también tenía una misión que cumplir, una misión que su padre le encargó y que estoy seguro de que llevará a término.No va a estar sola, su marido le ayudará y quizá juntos escriban algún día un nuevo tratado de derecho.
Perdona que no dé más detalles pero ya sabes que cuanto menos sepas de mí mucho mejor para ti. Como tú siempre decías, ¨¨ Todos tenemos misiones que cumplir, nuestro camino no se anda en vano y de nosotros depende descubrir a tiempo el sendero que debemos seguir.¨¨

Nicolás, tu sendero es la medicina y en tu camino encontrarás el amor, solo tienes que mirar bien a tu alrededor. Ella está ahí y juntos haréis realidad tu gran ilusión: crear una cadena de médicos solidarios y dispuestos a ir voluntarios a cualquier parte del mundo.

Un abrazo muy sentido de tu primo

Nando R. Solis. >>


Tenía razón Fernando, Nicolás consiguió su sueño en 1968 en la guerra de Biafra, según su hijo Carlos, donde estuvo como voluntario de la Cruz Roja Internacional y allí contactó con otros médicos y entre todos conseguirían que en 1971 naciese Médicos sin Fronteras. A esta organización también pertenece Carlos Solís.
La fe mueve montañas, dicen que alguien dijo, y tienen razón, hay que tener fe en que hay más personas que piensan como tú y que entre todos siempre podremos hacer algo para paliar todo lo malo que surgen de la avaricia e incosciencia de unos pocos poderosos.

Leyendo la carta nos olvidamos del reloj pero no de la persona que debió ser Fernando.
Beatriz tiene buen material para un buen libro, pero eso ni lo dudo, ella no suele defraudar.
Escribiendo todo esto también me he olvidado de la hora, tengo que terminar por hoy.
Quizá tarde unos días en volver a escribir, tengo mucho trabajo en la fundación y nuestra boda está a la vuelta de la esquina. Este fin de semana vamos a ir al pueblo para que mamá conozca su casa y viva los preparativos de nuestra boda en primera persona.




36

15 de marzo de 2010, es lunes y son las 10 de la noche, por fin tengo tiempo de volver a retomar mi diario tras un fin de semana muy emotivo para mamá, que no era para menos: por primera vez en su vida pisaba el pueblo de su madre y entraba en la casa, que ahora era suya, en la que en otros tiempos habían vivido sus abuelos, mis bisabuelos maternos, con el tío Alfonso y la abuela Teresa. Aunque la casa está muy cambiada y acondicionada a los tiempos modernos, aún tiene rincones que hablan de aquellos años. Tanto Mario como la tía Ana, al hacer la reforma, quisieron conservar ciertas cosas, entre ellas la chimenea que ahora forma parte del salón y en el que hay una foto de color sepia de la boda de los abuelos de mamá: Carmen y Pascual. También hay una foto del tío Alfonso vestido de comunión con la abuela Teresa y otra del bisabuelo Pascual con la abuela cuando era muy pequeña.
Mamá no podía imaginarse cómo la yaya Carmen había sido capaz de vivir en esta casa con sus hijos, sin ningún tipo de comodidades y rodeada de gente que la enjuiciaba constante e injustamente.No cabe duda de que la yaya tenía carácter y una gran personalidad que muchos envidiaban. En el desván de la casa habían guardado los pocos juguetes que mi abuela y su hermano tuvieran y algunas cosas de la escuela: una muñeca de trapo que la bisabuela le hiciera a la abuela y un tren de madera del tío Alfonso. El tren del tío habia salido de las hábiles manos del abuelo de Serafin, el bueno de Bruno quien, según la yaya Carmen, siempre estaba haciendo juguetes de madera para los niños del pueblo.
Entre las cosas del colegio encontramos una cartilla y algunos cuadernos de la abuela. Ella tendría unos 6 ó 7 años cuando escribió su primera redacción, a juzgar por las faltas y la sintáxis. Curiosamente, mamá también se había traído de Venezuela unos cuadernos de la abuela, cuadernos que hace años viajaran a la nueva tierra en la maleta de la abuela Teresa y que utilizó en las clases de doña Adela. Su primera redacción tiene algunas faltas ortográficas y es muy escueta. Debió escribirla unos días antes de sospechar que estaba embarazada de mamá. En la segunda, se nota que la abuela era una buena alumna pues las faltas son pocas. Los sentimientos de la abuela son una constante en todas sus redacciones. Nunca consiguió analizarlos y las únicas personas con las que podría haberlo hecho fueron César y Doña Adela. A César le nombra en una redacción sobre los libros que gracias a él había leido y le ayudó a descubrir un mundo nuevo , nuevo en todos los sentidos, un mundo de héroes y heroínas, de amor y tragedia, de vencedores y vencidos y un mundo de marginados por la sociedad que apenas se atrevían a mostrarse en público.
A Doña Adela la nombra mucho, ella amplió ese mundo cultural con el que tanto soñaba. Según una de sus readacciones escritas en el pueblo, la abuela quería ser maestra cuando fuera mayor. Con Doña Adela siguió leyendo obras universales y descubrió que existió una poetisa llamada Safo que escribía poesías románticas a otras mujeres sin ningún prejuicio. Copiar todas sus redacciones no es posible pero he elegido dos de ellas.
Copio aquí la primera redacción que escribió bajo la tutela de Doña Adela:
¨¨ Algo sobre mí¨¨
Tienes que escribir algo sobre ti misma, lo primero que te venga en gana, me ha dicho Doña Adela y es lo que hago, intento poner en orden las sensaciones y pensamientos que me vienen a la cabeza. Presiento que mi vida va a canbiar, que me van a pasar muchas cosas, muchas más de las que han pasado y tengo un poco de miedo. Desde hace unos días tengo ganas de llorar, mareos y náuseas y ahora no tengo motivos para sentir los ataques de pánico que antes me daban. Mi vida va bien,muy bien. Héctor y yo somos muy felices, nos queremos, estamos enamorados y muy compenetrados. Constantemente me llena de atenciones, su carácter ha canbiado mucho y con el canbio se han ido algunas dudas que tenia. En los almacenes me siento como en casa...lástima que Ana no confie en mí del todo.Tengo que aprovechar bien las clases si quiero de verdad ser su mano derecha y estar a su altura. Hecho de menos a mi madre y pienso mucho en mi padre y en el tiempo que todavía le queda y en mi hermano que aún está de gira y tengo muchas ganas de verle y darle un abrazo muy grande.¨¨
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Hay otra redacción que quiero copiar. Esta la escribió cuando estaba esperando a mamá y el distanciamiento entre ella y la tita Ana ya era un hecho. La abuela seguía sin poder entender sus sentimientos y sin verlos aunque estuviesen escritos.
””’La amistad y los sentimientos””
La amistad entre dos amigas es una cosa preciosa y que hay que cuidar pero desgraciadamente todo en esta vida se puede romper. Basta con que alguien se meta por medio para que lo bonito acabe. La amistad tiene que ser sincera y la sinceridad sólo es posible si hay confianza. No se puede compartir si no hay confianza, sin ella no hay amistad. A veces pensamos que conocemos a nuestros amigos, sobre todo a quien consideramos amigo o amiga intima y que nada va a poder acabar con nuestra amistad pero no es así. Los sentimientos son traicioneros y pasamos del cariño al odio. De repente no contamos nada en la vida de la otra persona, no somos su apoyo y ya no quieren oir nuestra opinion; es como si despues del verano llegara el invierno y su frío congelara los sentimientos que antes teniamos y la rabia y el orgullo se apoderan de nosotras. Las cosas no son siempre como nosotros queremos y un dia sin saber por que la amistad se rompe.

He hablado con mamá, al hilo de esta redacción, sobre los sentimientos de la abuela por la tía Ana. Mamá no puede hacerse a la idea de que mi abuela, su madre, estuviese inconscientemente enamorada de su cuñada y nunca lo admitiera. Mamá siempre ha visto a los abuelos felices, el cariño que se profesaban era evidente y el apoyo incondicional. Yo tampoco dudo del amor y cariño que había entre mis abuelos porque yo también lo percibí así cuando era pequeña, no obstante, no me cabe duda de que el gran amor de su vida fue la tía Ana. Mamá está de acuerdo conmigo en una cosa: el cuaderno de redacciones debe ser para la tía Ana.
37
16 de marzo de 2010, es martes y son las 3 de la tarde, falta una semana para nuestra boda y estoy en casa de la tita. Hemos comido aquí y hemos aprovechado para darle el cuaderno de redacciones de la abuela. No hemos hablado ni comentado nada del cuaderno; mamá y la tía han estado repasando la lista de invitados, cosa que ya hicieran el sábado pasado, 13 de marzo, el mismo sábado que llegó a Madrid la familia paterna de Beatriz que vive en Bélgica. Nos hizo gracia que dijeran que menos mal que no era viernes y 13. No entendíamos el comentario pero nos explicaron que en Bélgica ¨viernes y 13¨ es el día de la mala suerte. Supersticiones o no, el día 13 no trajo desgracias sino alegrías.
En el pueblo comimos con el alcalde que va a celebrar nuestra boda y en la comida también estuvieron Serafin y Leonor. Por la tarde paseamos con los primos de Beatriz y charlamos un poco sobre el viaje. Este jueves nos vamos ya todos para el pueblo, la familia venezolana de Beatriz ha llegado ayer y Mario ya la ha llevado para allá.
Los vestidos ya están listos, el de Teresita y el de mi madre van a juego; el de Beatriz es una sorpresa y el mío es un vestido muy sencillo, de color violeta, largo y sin mangas pero con torerita. Según la tía este color es el de la templaza, lucidez y reflexión. El vestido se complementa con una pamela de la tía Ana y que hace juego con el vestido, Leonor me ha dado algo azul y Beatriz recibirá algo prestado. Teresita quiere que las dos llevemos un ramo pequeño y hemos pensado que era una buena idea. Lo único que Beatriz sabe de mi vestido es el color. Yo no tengo ni idea de lo que se va a poner, pantalones no, eso seguro, no le gustan mucho y espero que no se presente de hippy de los 60 como un día dijo medio en broma, medio en serio. Leonor se ha encargado de Beatriz, así que creo que puedo estar tranquila.
En el colegio no han puesto ninguna pega y Teresita tiene libre hasta el jueves. Después de la boda, mamá se quedará con ella y Mario la llevará al colegio. Beatriz y yo nos escaparemos unos días a Italia. Habíamos pensado en ir a Marruecos pero, teniendo en cuenta los problemas que nuestro colectivo tiene en los países árabes, hemos decidido no ir.
No he tenido noticias de mi padre, pero su mujer me ha dicho que me voy a llevar una sorpresa, ¡ojalá venga!
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19 de marzo de 2010, hoy es viernes y son las 5 de la tarde. Ayer nos reunimos todos de forma informal, la familia de Beatriz al completo, nosotras, la tía y Mario. Me gusta la familia paterna de Beatriz y a la tía también; el único problema que podía haber era el idioma, pero hablan también el inglés y hemos podido conversar en este idioma. Beatriz me ha sorprendido de nuevo, no tenía ni idea de que hablase holandés aunque ella dice que solo es un poquito lo que sabe, pero a mí no me lo pareció.
Por la tarde nos quedamos mamá, la tía y yo solas y nos estuvo hablando de las cosas del barrio, de cuando ella tenía los almacenes y de sus vecinos: Abel y Cristina, de su primo Salvador y de Mauricio. Nos contó lo que pasó en el cumpleaños de Cayetana, la primera novia de Mauricio, cuando entró Rosa y de las indirectas que se tiraron las dos. El abuelo, según la tía, estuvo a punto de explotar de risa y de lo violento que resultó la escena para Cristina. Mauricio estaba enamorado de Rosa y aunque Rosa pasaba de él, al principio, llegaron a ser novios después de haber roto con Cayetana. La tía no sabía muy bien como se habían conocido, Mauricio decía que era una paciente que conoció en el hospital y Rosa nunca le contó a la tía la historia. Sea como fuere, Cayetana estaba muy celosa de Rosa y no lo ocultó. Estas relaciones no terminaron bien y al final Mauricio encontró el amor en una joven que fue recogida por Angel, el del dispensario, que había sido enfermera y que se llamaba Lucía.
Abel era abogado y ayudó a la tía en cuestiones legales, sobre todo cuando los almacenes tuvieron problemas por la importación ilegal de unos frigoríficos. Cristina era profesora de literatura,  escribió una obra de teatro, ganó un premio en un concurso y se representó en el teatro del barrio, el teatro Cervantes, en cuyo café Salvador escribía sus novelas del oeste y de detectives. Salvador era un ex-preso político y sus libros estaban prohibidos, no podía publicar nada con su nombre y para poder vivir tuvo que aceptar escribir las novelas. Ese escritor ayudó mucho a Cristina cuando tuvo que hacer algunos cambios en la obra de teatro por culpa de la censura., que prohibió la obra meses después de su estreno. En el café del teatro se decía, en voz baja, que el verdadero autor de la obra era Salvador y que entre Salvador y Cristina había algo más que colaboración literaria. En todo caso, el matrimonio de Cristina y Abel pasó por un bache que pudieron superar pero las cosas entre ellos cambiaron mucho. Salvador fue arrestado de nuevo, más tarde puesto en libertad y pudo abandonar el país gracias a sus amigos del partido.
La tía tenía ganas de hablar y ante nuestra sorpresa empezó a comentar el cuaderno de la abuela y las redacciones. Encontró en una redacción la prueba de su amor por ella aunque mi abuela no lo supiera. En esa redacción, que la tía nos leyó, mi abuela escribió sobre el poema de Safo y lo copió.
Profesores
Mis pobres conocimientos literarios, que me enriquecen y me hacen pensar en cosas que nunca pensé que existían, se deben a dos personas excelentes: a César y a Doña Adela. Los dos me han enseñado a ver más allá de las líneas pero aún hay muchas cosas que no entiendo y que me parecen poco naturales.
En la clase de hace unos días conocí a una poetisa griega que vivió hace muchos años y que escribía cosas preciosas sobre ella y sus alumnas. Doña Adela me ha leído una y me ha dejado copiar otra que a mí me ha parecido muy hermosa pero incomprensible. Habla del amor que siente hacia una de sus alumnas y eso entre chicas es casi imposible.Mi profesora, como una vez dijera César, es de la opinión de que el AMOR no conoce fronteras, ni edades, ni sexo. César ya me habló de su gran amor y recuerdo que cuando me dijo que era él y no ella me sentí tonta y me costó comprender que lo que decía podía ser, aunque fuese mal visto, pero si existe entre chicos, también existirá entre chicas. Pero no termino de concebirlo. Quiero terminar estas reflexiones copiando los fragmentos que más me han llegado.

<< ….
de verdad que morir yo quiero
pues aquella llorando se fue de mí
Y al machar me decía: Ay, Safo,
qué terrible dolor el nuestro
que sin yo desearlo me voy de ti.
Pero yo contestaba entonces:
No me olvides y vete alegre
sabes bien el amor que por ti sentí,
Y si no, recordarte quiero.
por si acaso a olvidarlo llegas,
cuánto hermoso a las dos nos pasó y feliz:
las coronas de rosas tantas
y violetas también que tú
junto a mí te ponías después allí
.......
Y ni fiesta jamás ni danza,
Ni tampoco un sagrado bosque
Al que tú ni quisieras conmigo ir >>>


Cuando la tía terminó de leer el poema nos miró y nos dijo que sin saberlo había copiado lo que ella esperaba oir de la abuela el día en que se despidieron y al igual que Safo ella le hubiera recordado los momentos tan bonitos que pasaron juntas, aquellos domingos de tardes de cine, de meriendas en casa de la abuela y desayunos en la casa de la tía cuando, por culpa de Salmerón y sin que la abuela supiera nada, pasó unos días en casa de la tía.
Mamá apenas podía reprimir las lágrimas y la tía tampoco pero el momento mágico se rompió con la entrada de Teresita en la sala.
Mañana sábado procuraré continuar.

39

20 de marzo de 2010, faltan tres días para nuestra boda y Beatriz se ha empeñado en alojarse durante estos últimos días con su familia en el hotel. Con nosotras están Leonor, Serafín y Mario.
Esta noche, después de cenar, volvieron los recuerdos del pasado y Beatriz quiso saber más de los vecinos de la tía y sobre todo de Salvador y Cristina.
La tía no sabía mucho más de ellos, o no quería decir nada más, pero Leonor tenía algunos datos que quería compartir.
Salvador y Abel solían frecuentar el Astuariano, sobre todo Salvador en los primeros meses de su llegada a la plaza. Pelayo, el abuelo de Leonor, conversaba bastante con él, y hasta  escuchaban juntos Radio Pirenaica. Según su abuelo, Salvador fue cambiando con el tiempo, de la persona comprometida que salió de la cárcel quedaba poco; quizá fue una estrategia de Salvador para pasar más desapercibido, pero como fuere, Pelayo no lo entendía.
Después de su salida furtiva de España y al cabo de llevar ya algunos años en Francia, el abuelo de Leonor recibió una carta de Salvador y un libro.
Había vuelto a escribir y a firmar con su nombre, su libro se estaba vendiendo muy bien en Francia y a él le llegó la versión original; fue todo un detalle por parte de Salvador. El libro era casi una autobiografía, era la historia de un escritor en la cárcel franquista y retrataba fielmente todas las vejaciones que tuvo que soportar, la impotencia  por no saber lo que pasaba en la calle junto a la angustia de saber que cualquier día podía ser el último: la sentencia de muerte podía llegar en cualquier momento y su muerte sería olvidaba como la de los compañeros que ya le habían precedido.
El personaje de su libro fue un buen día trasladado y fusilado, pero gracias a una prima con conexiones en el régimen, sus notas no quedaron en el olvido, sus pertenencias le fueron entregadas y entre ellas descubrió el escrito y ella escribiría su historia.

En la carta también decía que Cristina se había reunido con él en Francia. Su primo Abel, tras salir de la clínica, después de haber estado al borde de la muerte, decidió irse con Cristina a México, allí se separaron legalmente y Cristina regresó a Europa para reunirse con Salvador en París. Si Cristina y Salvador terminaron juntos es algo que Leonor desconoce, su abuelo no recibió contestación a la carta que le mandó en respuesta a la recibida.

Serafín por su parte recordó a Angel. Nos confesó que Ángel era su padre biológico y que lo supo cuando al hacerse unos análisis de sangre, por lo de la enfermedad de su padre, Juanito, resultó que era imposible que Juan hubiese sido su padre. No quiso decir nada a su madre del descubrimiento, quería respetar su silencio y además Juan acababa de morir.
Serafín entendió por fin el vínculo misterioso que le unía a Ángel y la preocupación de Ángel por su carrera. En uno de sus viajes a Italia conversó con Ángel, cuyos últimos años de vida los pasó en las cercanías del Vaticano, y allí, él reconoció que era su padre biológico y que amó a su madre, pero su amor por Dios pudo más.
En Asturias, cuando estuvo trabajando en la mina, se dió cuenta de que lo suyo era el bien de de los demás y que debía ser libre para poder entregarse a ellos con toda plenitud...Sole lo entendió, según Ángel, y nunca quiso ser un estorbo entre Sole y Juan.

A Beatriz le recordó la historia a la novela ¨El pájaro espino¨ pero Leonor le dijo que Ángel no se parecía en nada a Richard Chamberlain y Sole no era  Rachel Ward. Serafín fue el primero en reír la ocurrencia de Leonor.
Mario tenía una historia que contar pero decidió dejarla para el domingo...si seguíamos teniendo ganas de escuchar cosas del pasado. Se había hecho muy tarde y era hora de irse a la cama. Mario acompañó a Beatriz al hotel.

Estos días Teresita duerme conmigo, ha sido idea suya, para que no me dé penita dormir sola y además, según ella, recordará cuando estemos en Italia, las noches pasadas con mamá y no las olvidará nunca. ¡¡Y nosotras la echaremos de menos!!
Debería estar nerviosa, pero hoy no lo estoy, entre unos y otros y entre las historias de amor que estamos oyendo, estoy que no estoy, me siento como una espectadora de mis propios momentos y esta sensación me recubre de calma. Veremos a ver que pasa mañana o el lunes, si puedo dormir esa noche.

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21 de marzo de 2010, domingo, penúltimo día de mi soltería, son las 12 de la noche, Teresita duerme plácidamente y yo acabo de terminar mi pequeño poema para Beatriz, es la primera vez que intentó algo así pero es lo que hemos acordado.
Antes de intercambiarnos los anillos las dos nos leeremos un poema, la idea es de Beatriz, un poema que no sea de nadie, solo nuestro y para nosotras.
Es mi primer poema y de verdad yo no sirvo para esto. No dudo de mis palabras y de mis sentimientos dudo de mi verso:

Querida Beatriz,
estamos hoy aquí
para realizar nuestro sueño,
y los sueños de muchas otras
que antaño no pudieran.
Quiero que sepas que,
si el amor fuese un color
el arco iris te diera
si los besos agua fueran
el mar te regalara
si los abrazos hojas fueran
el bosque te ofreciera
si la vida fuese un planeta
el universo a tus pies pusiera.
Al igual que los pingüinos,
cuyo amor es para siempre
y nuestros anillos adornan
prometo amarte,
serte fiel y
cudídarte hasta
la muerte.


Me gustaría poder enseñarle a mamá el poema pero prometimos que tenía que ser una sorpresa y que nadie debía oirlo primero, espero que a Beatriz le guste y no le parezca cursi.
Creo que toda la ceremonia será una caja de sorpresas...sigo sin saber cómo se va a presentar Beatriz vestida y aunque Leonor me dice que no me preocupe, que me va a gustar… no me quedo muy tranquila. Por las miradas de complicidad que veo entre Teresita, Mario, Leonor y Serafín seguro que han preparado una sorpresita y la familia de Beatriz me temo que también.

Esta noche, después de la cena y en torno a la chimenea del salón se han contado historias. Mario nos contó la triste historia de amor de su padre, Inocencio Bonilla y una bella sirvienta.
La joven era muy guapa y lista, sobre todo lista y cuando notó que Bonilla se estaba enamorando de ella comenzó a desarrollar su plan de ataque: librarse de Bonilla y quedarse con su dinero.
Poco a poco iba envenando a Bonilla y estuvo a punto también de envenenar a mi abuelo. El arsénico lo utilizaba como una especia más para sazonar las comidas que preparaba para él.  Al principio producían ardores de estómago y meses más tarde síntomas mucho peores.
Afortunadamente se salvó de morir envenenado y cuando el abuelo le confirmó que su criada le echaba arsénico en las comidas, el padre de Mario apenas lo podía creer, estaba perdidamente enamorado de su sirvienta. La criada fue arrestada y se comprobó que era una asesina en serie, fue condena a morir en el garrote y su muerte provocó el que Bonilla, entre otras cosas, abandonase el cuerpo y se uniera al abuelo para formar el duo más famosos de detectives que tuvo Madrid.
Esta historia no me era del todo desconocida pero para Beatriz era la primera vez y estuvo a punto de llorar, imaginándose la cara de Bonilla y lo que tuvo que pasar el pobre.

Serafín nos contó otra historia que guardaba relación con la plaza; en sus viajes coincidió con la estrella de teatro Estela del Val y en una noche de vino y llanto le contó su historia de amor con el teatro y el éxito de su matrimonio con un amigo homosexual, a quien acababa de perder.Ahora sólo le quedaba un teatro a punto de cerrar en Buenos Aires y una sobrina que pasaba de ella cuyo nombre empezaba a sonar en la industria del cine: Mónica Cortés.
Mario nos contó, que según un cuaderno de notas de su padre, Rosa (nombre artístico Mónica Cortés) y Abel eran hermanastros.  Rosa era la hija de una sirvienta de los padres de Abel, una tal Martina y ésta le pidió a su hermana en su lecho de muerte que buscase a su sobrina. Estela de Val acudió a la agencia de detectives, el abuelo estaba a punto de emprender el viaje a Venezuela,  y Bonilla abrió una investigación. Mario no puede confirmarlo porque las notas de su padre no estaban conmpletas.

Esta noche parecía que nadie tenía prisa por ir a la cama, ni la tía hacia amagos de irse y mamá le pidió que contara la historia de la media naranja, historia que una vez  contase a la bisabuela Carmen.
Sorprendentemente  la tía Ana, en vez de excursarse con que ya era hora de retirarse, cerró los ojos y empezó a narrar, con voz firme y clara:
En un principio, (según una leyenda mitológica narrada por un poeta griego llamado Aristófanes en una obra de Platón), los seres humanos eran esféricos como las naranjas. Tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas que utilizaban para desplazarse rodando. Los seres esféricos se dividían en tres clases: el ser hombre+hombre, el ser mujer + mujer y el ser andrógino formado por hombre+ mujer.
Desgraciadamente los seres esféricos eran muy arrogantes y vanidosos por lo que Zeus decidió castigarles partiéndolos por la mitad con un rayo.
Desde entonces, según la leyenda, los seres humanos buscan entre sus semejantes a su media naranja para completarse.
Aunque todos conocíamos la historia, más o menos, la forma de narrarla la tía no dejó a nadie indiferente. Mamá y Mario se miraron., Serafín y Leonor hicieron lo mismo y Beatriz cogió mi mano mientras nos mirábamos fijamente a los ojos. La tía se levantó entonces de su sillón y sacándonos a todos del encanto en el que habíamos caído, se dirigió a su habitación con un: hasta mañana.

A los pocos minutos nos despedimos todos, Mario volvió a acompañar a Beatriz al hotel.
Antes de acostarme quiero echar un último vistazo a la invitación de la boda, diseño de Leonor
bajo los auspicios de Teresita


No sé si mañana voy a tener tiempo de seguir escribiendo, será mi último día de soltera y me temo que estaré más nerviosa que un flan, aunque estos dos últimos días no lo he estado, seguro que mañana lo estaré.


En tiempos más serenos (Tercero)


Capítulos del 19 al 29


19
27 de enero de 2010, Son las 10.30 de la noche. Teresita duerme y Beatriz está con la cámara web charlando con su hermano, el messenger es nuestra salvación para superar la distancia y además es un medio rápido y barato.
Esta tarde, después del trabajo, estuve con la tita. Teresita no quería venir y Beatriz se ha quedado con ella. Hemos estado hablando de Leonor y Serafín, de los encuentros y me dijo que quería enseñarme lo que me había prometido.
Se levantó de su sillón y de un cajón de la cómoda sacó un álbum de fotos. Era el álbum de boxeo del tito, allí estaban pegados todos los recortes de periódicos y fotos de sus días gloriosos, había fotos con los abuelos, con el abuelo y él, de los cuatro juntos, parecían tan felices y entonces lo eran, según la tía. Cada foto tenía una historia.
Las cosas comenzaron a ir mal cuando ella no le pudo acompañar a la gira que hizo por el Caribe, me dijo,  y fueron de mal en peor cuando perdió el título.                                             
La tita me confesó que intentó ayudarle pero que no sabía cómo hacerlo. A ella le enseñaron a levantarse ella sola de las caídas, a ser fuerte y valiente, a tomar decisiones duras cuando era necesario y el tito era muy distinto a ella y no podía llevarle como si fueran  los almacenes. El problema era de otra índole y no se sentía capacitada para levantarle la moral, por lo que su mayor equivocación fue comprarle un combate.  El tito no se presentó y ella se sintió muy perdida y sola.
La tita dijo que lo peor de su matrimonio era tener que ser madre y esposa a la vez del tito y que estaba convencida de que se había equivocado. No obstante siguieron juntos y, al poco tiempo de marcharse mis abuelos a Venezuela, el tito aceptó pasar un tiempo en una clínica y cuando salió de ella había cambiado, volvía a tener ganas de vivir y su autoestima había mejorado mucho.  Estuvo ayudando a Ángel en el dispensario con la gente joven y de ahí vino la idea de montar un gimnasio para jóvenes.
Cuando murió el tito ella se sintió muy culpable. Estaba  enfadada y dolida, tanto que culpó a sus padres, Marta y Ramón Rivas, de todos sus males. Ellos la habían abandonado cuanto más los necesitaba y además sin la suficiente experiencia como para llevar unos almacenes. Ser empresaria en una sociedad machista no fue tarea fácil.                                                              Necesitaba un cambio, vendió el piso y se mudó al hotelito del Viso. También empezó a pensar en vender los almacenes pero no fue necesario, el destino le ahorró el tomar la decisión. Los almacenes se incendiaron en una calurosa noche de verano por culpa de un cortocircuito en el sótano. No quiso reconstruírlos y por éso decidió ceder los terrenos del solar para la fundación. Afortunadamente, el seguro pagó la políza y pudo compensar económicamente a sus empleados. La mayoría de ellos encontraron trabajo en otros almacenes.
La tita es, hoy me he enterado por su boca, presidenta de honor de la fundación, y gracias a ello, me dijo, volvió a ver la luz y comenzó a organizar eventos culturales para recaudar fondos para la entidad.
De lo que la tita no dijo ni media palabra era de cómo murió el tito ni de la visita de mis abuelos. No me atreví a preguntarle nada, al menos de momento.
¡Ah! Beatriz tiene pasado mañana una entrevista con el director del colegio privado, y Teresita, esta niña nos sorprende cada día, quiere quedarse a comer en el cole. Dice que así  tiene tiempo para estar con Javier, su amiguito, porque en el recreo él juega con los chicos y ella con las chicas y en la clase no pueden hablar, pero en el comedor se pueden sentar juntos. Será cuestión de examinar la petición si Beatriz tiene suerte y la contratan.

20 
 28 de enero de 2010. Son las 10 de la noche y no tengo muchas ganas de revisar las cuentas, Beatriz es mucho mejor que yo en estos menesteres, a mí los números me aburren y además estoy pensando en la conversación con la tía y en la exposición.
El sábado 30 de enero exponemos los trabajos realizados por el grupo de jóvenes que seguimos periódicamente en nuestro estudio piloto. Hay cuadros, dibujos y otras manualidades.  La tía se ha encargado de organizar el evento, como siempre, pero esta vez me ha metido a mí de por medio y como colaboradora de la fundación no he tenido escapatoria. 
Los invitados están convocados a las 13.30, primero tenemos la exposición y después a las 14.14  la comida, amenizada con música, en un restaurante de la plaza de Cataluña y a los postres se subastarán las obras según el programa confeccionado por la tita. El restaurante está cerquita de la casa de la tía, (odia los atascos), no quiere salir del barrio si no es necesario.
Junto a las obras por subastar hemos puesto las fotos de los autores posando con sus creaciones. Han hecho verdaderas maravillas, teniendo en cuenta la edad de nuestros artistas, de  entre 13 y 16 años y el grado de autismo que padecen. No exagero nada cuando hablo de maravillas. Yo me he enamorado del cuadro de uno de nuestros pintores que refleja muy bien el universo de colores y el desconcierto en el que vive este joven de 15 años que no puede expresar con palabras, gestos o llantos, sino sólo a través de la pintura.

La tía ha  invitado a gente de la prensa, a empresarios, artistas y escritores. Beatriz también ha recibido una invitación y Teresita se quedará en casa de la tía y sus amiguitas Linda y Marylén pasarán la tarde con ella.                                                                                                                 
La tía ha dicho que seguramente nos vamos a llevar una sorpresa con uno de los invitados y la sorpresa anunciada es la que no me deja concentrarme en los números. Me pregunto si la sorpresa tendrá algo que ver con el libro de Beatriz y su presentación el 19 de febrero. Estoy empezando a creer que con la tía todo es posible.
 Ah, por cierto,  la entrevista de Beatriz salió bien y puede empezar en el colegio privado de Majadahonda en septiembre de este año y ni que decir tiene que estamos muy contentas.
                                                                                
 Hoy he quedado, a la salida del trabajo, con la hija de Clementina para tomar café en la plaza de los Frutos. Me parece mentira que las dos, ella y mi madre, hayan nacido con unos días de diferencia y a tan pocos metros de donde nos encontramos ahora. Primero nació María, Clementina se puso de parto en los almacenes y allí mismo nació su hija. Mi madre nació dos días después en casa.
La madrina de María fue Marifé y el padrino el padre de Clementina. Mauricio, el mismo médico que asitió a mi abuela, ayudó también a Maria a nacer. La madrina de mi madre fue la tía Ana y el padrino Bonilla, amigo y compañero de mi abuelo como detective y como policía. Clementina siguió trabajando en los almacenes, de María se encargó, pasado los primeros meses de la lactancia, su abuela materna y Marifé siempre fue como una tía para ella. María sabe que su padre se llamaba José María y que trabajó con su madre en los almacenes. Marifé le contó todo sobre su padre, hasta el lamentoso espectáculo de escenificar su propia muerte para escapar de sus múltiples problemas ocasionados justamente por sus interminables mentiras. ¿Qué fue de él?, nadie lo sabe. María nunca ha sentido la necesidad de buscarle.                                                                            Su madre nunca llegó a casarse y a pesar de lo mal visto que estaba el ser madre soltera, Clementina no se avergonzó y María siempre ha estado y está muy orgullosa de su madre.   Hasta hace poco trabajaba de secretaria en un banco y últimamente, debido a un pequeño problema de salud, ha conseguido la prejubilación.                                                                                                                 Mi tarde ha sido muy fructifera, me alegro de haber podido hablar a solas con María. Su madre y mi abuela fueron muy buenas compañeras y mantuvieron la amistad hasta que se marcharon a Venezuela.

21 
1 de febrero de 2010 Son las 11 de la noche y, como otras veces, mientras yo escribo, Beatriz charla con su familia.  La subasta fue un éxito, todo el evento salió muy bien y la tía estaba muy contenta. En la comida conocí  gente realmente interesante y Beatriz entabló contactos  que quizá puedan ayudarle más adelante. La tía nos presentó personalmete a una de las invitadas, una abogada muy conocida en el mundo empresarial. Se llama Ana Alejandra Iniesta, la hija de Alicia Peña, la joven estudiante de derecho, educada en Francia, que hizo trabajos de traducciones para la famosa productora. La presencia de Alejandra, como ella prefiere que la llamen, no fue ninguna casualidad, la tía sigue moviendo los hilos muy bien y tiene conexiones en todas las partes. Alejandra era la sorpresa.
No hablamos mucho del tema pero Alejandra se mostró interesada en quedar con nosotras. Aunque su madre no le había contado gran cosa, quedamos en vernos este fin de semana en la casa que tiene en la sierra, cerca de La Pedriza.                                                                                                 Entre los invitados estaban Leonor y Serafin y Alejandra tambien charló con ellos. A Serafin le recordaba por el reportaje gráfico que hizo a su madre. A Leonor le preguntó si había conocido a su madre. Aunque Leonor era muy pequeña recordó que lo que más le llamó la atencion de Alicia era la ropa que siempre llevaba, muy diferente a la de las otras chicas del barrio. Según Leonor, Alejandra tiene la misma sonrisa y dulzura que Alicia.
Al recordar todo esto soy presa de una sensación un poco difícl de explicar, es como si todos volviésemos a ser una gran familia, como si estuviera viajando al pasado, a una época que no conocí, una época en la que me gusta profundizar, una época remota, pero muy presente, que marcó mi niñez y la de mi madre, que cambió el destino de mis abuelos y el de tantas otras personas.

Mis compañeros ya saben que Doña Ana Rivas es mi tía, era inevitable, más pronto o más temprano se iban a enterar así que preferí ser yo quien se lo contase.
Curiosamente la misma gente que no ve con buenos ojos mi relación con Beatriz, es la que ha hecho comentarios molestos. No me importa, se que ahora voy a tener que demostrar con más ahínco que el puesto que tengo me lo he ganado por mí misma, por hacer bien mi trabajo y no por ser la sobrina de la presidenta de Honor.

Teresita disfrutó mucho con sus amiguitas en la casa de la tita. Merendaron y jugaron hasta caer rendidas, cuando fuimos a por las niñas  las encontramos cansadas pero felices.
Beatriz va a estar muy ocupada con la presentación de su libro, el 19 de febrero, y hemos decidio que Teresita se quede a comer en el cole, como ella quería. Espero que no cambie de opinión.                                                                                                                                                         Esta noche hemos estado leyendo dos cuentos de los hermanos Grimm: El sastrecillo valiente, que le encanta y El enano saltarín y todo porque mañana verán  la representación del  cuento  Hansen y Gretel en inglés. Como ya lo conoce en español no creo que le preocupe mucho eso de entenderlo o no en inglés, estoy segura de que el idioma va a ser lo de menos. Es la primera vez que va a ver un cuento escenificado y seguro que se queda embobada y lo va pasar muy mal con la bruja.
22

3 de febrero 2010, Son las 7 de la tarde y estoy en la cafetería de la plaza haciendo tiempo para ir a buscar a Teresita.  Hoy está jugando en casa de Javier y, como no viven muy lejos de aquí, he preferido venir yo a recogerla. Desde el lunes se queda a comer en el cole, a ella le encanta pero yo la echo mucho de menos. Ahora prefiero que vengan a jugar a casa en vez de que vaya ella a casa de otro. Menos mal que Beatriz me recuerda que cada vez que vienen a casa lo ponen todo patas arriba y luego nos cuesta un triunfo hacerle que recoja todo sin fruncir el ceño y hacer mohines con la boca. Cuando hace eso estamos perdidas, al final terminamos nosotras recogiéndolo todo.
Ayer salió del cole toda entusiasmada, la representación del cuento le gustó muchísimo y no paraba de contarnos cómo eran los decorados y lo fea que era la bruja. A renglón seguido nos dijo que tiene que  prepararse una charla. Cada niño va a tener unos minutos para hablar de una profesión o de algo que les guste mucho.                                                                             Teresita quiere hablar del yayo Héctor y de lo que un comisario de policía hacía cuando no había móviles ni ordenadores para detener a los ladrones. Hemos intentado convencerla para que hablase de otra cosa pero nada, que la niña tiene a quien parecerse, dice Beatriz, ¡cómo se ponga terca no hay manera!, lo mejor es colaborar y preparar el plan M.
Afortunadamente tengo contacto con Mario, él es mi plan M., es el  hijo de Bonilla,  padrino de mi madre y gran amigo de mi abuelo.                                                                                       Cuando los abuelos se fueron a Venezuela, Bonilla quería acompañarles, pero el abuelo le dijo que se lo pensase mejor y que dentro de unos meses se lo comunicara por telegrama. Bonilla se quedó, regresó al cuerpo de policía y fue comisario durante un tiempo hasta que lo dejó para dar clases en la escuela de policía.                                                                                           Bonilla se casó con una enfermera que conoció poco después de la marcha de mis abuelos. Tuvo dos hijos y la familia al completo vino a Venezuela a visitar a mis abuelos varias veces. El tío Bonilla, como le llamaba mamá, nunca olvidó que mamá era su ahijada.
La muerte de mis abuelos no rompió el contacto con la familia Bonilla. Mario es unos años más joven que mi madre y hablan muy a menudo por teléfono. Además, es viudo y no tiene hijos. Él fue quien vino a recogernos al aeropuerto y reservó el hotel y nos buscó el piso. No queríamos molestar a la tita y además yo no la conocía tanto.
 A Mario le conozco más, fue muchas veces a Venezuela a vernos tras la muerte de los abuelos.                                             
Él también ha sido comisario de policia y ya me ha prometido que va a preparar a Teresita para su charla.
Por fin he hablado con el dueño del café, vengo tanto por aquí que ya me conocen. Enrique, como se llama el actual dueño, conoció a Manolita y Marcelino cuando él tenía 18 años. A la muerte de Pelayo, su padre les compró el local y él lleva en el café desde que salió de la mili, primero ayudando a su padre y ahora como  propietario. Su madre se llamaba también Manolita y bautizaron El Asturiano como “Café Manolita”.                                                          Enrique recuerda los almacenes de la tita y cómo era la plaza todavía a principios de los 60. Había oido a hablar de mis abuelos, sobre todo del abuelo Héctor como comisario y como detective. Se decía que era una bellísima persona y que todo el mundo le tenía mucho aprecio. Muchos de sus casos son todavía recordados por los más viejos del barrio. Oyéndole a hablar se me ha hecho un nudo en la garganta y no he podido evitar que se me saltara una lágrima.
Voy a recoger a Teresita y darle la buena noticia, el viernes vendrá Mario a cenar con nosotras y le podrá a hacer todo tipo de preguntas. Mario ha prometido traer fotos de las comisarías de antes..

23

7 de febrero de 2010,  domingo por la noche, a punto de ser las 12, acabamos de volver de la Pedriza, donde hemos pasado el fin de semana. Un fin de semana muy interesante y Beatriz ha acostado a Teresita, que venía dormida en el coche y se ha ido ya a la cama, pero yo me quedo aún  un rato levantada; siento la necesidad de escribir ahora, quizá mañana no tenga tiempo para hacerlo y no me quiero dejar cosas en el tintero.
Antes de anotar lo que Alejandra nos ha contado quiero recordar la visita de Mario.Vino como habíamos quedado temprano y le estuvo contando a Teresita cosas de los años del yayo Héctor y de su padre. Tenía una fotos de los dos en la comisaria y otras en el despacho de detective.                                                                                                                                     A Teresita le gustan las fotos en blanco y negro y las de color sepia, a esta niña le gustan las fotos antiguas, le llama mucho la atención la ropa y los peinados de las mujeres, los sombreros de los hombres y las cosas de antes: los coches, los teléfonos y las máquinas de escribir le fascinan.                                                                                                                                  Más tarde, durante la cena, Mario nos contó que había hablado con mamá recientemente y que seguramente vendría antes de la fecha prevista pero que todavía no era seguro. El sábado no pude llamarla pero esta mañana me ha llegado un mensaje al móvil y me comunica que viene el 3 de marzo en lugar del 15 de marzo. Mañana hablaré con mamá.
Volviendo al fin de semana, llegamos el sábado por la tarde y nos encontramos una casa llena de niños. Alejandra había invitado a sus tres nietos, un nieto y dos nietas; el chico es de la edad de Teresita y las chicas algo más mayores. Pasamos la tarde viendo fotos de la familia de Alejandra y hablando del panorama político actual tanto en Venezuela como en España. El domingo por la mañana vino el hijo de Alejandra con su mujer y se llevaron a los niños, Teresita incluida, a la nieve. Nos quedamos las tres solas.
Alejandra nos dijo que, al poco tiempo de regresar de Francia su madre Alicia con su abuelo, éste falleció y ella quedó bajo la tutela de su tío Hipólito. Cuando su madre se mudó a vivir con sus tíos había, en efecto, una productora de cine llamada Numancia en la plaza de los Frutos, en el mismo edificio en el que luego vivirían mis abuelos.                                                                                                                    Su madre conoció a un productor-ejecutivo que se llamaba Fernando Solis y por mediación de él, Alicia comenzó a hacer traducciones del francés al español para la productora y hasta hizo de guía turística de un actor francés. Alternaba estos trabajos con sus estudios de derecho porque le había prometido a su padre que se licenciaría en derecho. Lo que Alejandra sabe de Solis no es por su madre sino por su padre, Alvaro Iniesta, el entonces profesor de derecho romano de su madre. A ella le costaba hablar de Fernando y Alejandra prefirió no ahondar en el tema. Lo que nos dijo, siempre según su padre, es que Fernando trabajaba en realidad  para el Partido Comunista y utilizó la productora como tapadera para preparar un atentado contra Franco. A Fernando no le movían sólo sus ideales, ni las utopías, que era una persona muy realista que  luchó para defender a los demás, para que pudieran ser libres, y por esa libertad renunció al amor, a su familia y a tener una vida propia.                                                                                                                                           Obviamente el atentado fracasó y aunque Fernando se salvó y pudo salir de España, regresó un año más tarde con tan mala fortuna que esta vez no salió con vida. Le fusilaron, pero desconocen el lugar del crimen, y por más que lo han intentado, nunca han podido recuperar el cuerpo de Fernando.                                                                                                                               Su madre lo pasó muy mal, no podía soportar la idea de que estuviese tirado en el bosque o en una cuneta. Un sentimiento que siguen teniendo hoy en día otras muchas personas.                      
Fernando fue alguien muy importante en la vida de Alicia y su padre lo sabía y lo entendía.
Beatriz se quedó muy pensativa al oir el apellido, coincidía con el del amigo de su padre. Allá hablaban de Nando y Nando bien podía ser Fernando. Beatriz se ha propuesto averiguar si se trataba de la misma persona.                                                                                                                        A las dos nos dió la impresión de que Alejandra sabía mucho más de lo que contaba y que quizá Fernando fue el gran amor de Alicia, pero Alejandra no estaba por la labor de darnos más detalles y respetamos su silencio.                                                                                                     En todas las familias hay episodios que marcan para siempre el destino familiar, en la mía la marcha a Venezuela y los sentimientos de mi abuela y los de la tia Ana.  En la de Alejandra, el destino se llamó Fernando Solís y lo que él representó y lo que pudo ser para España y para la madre de Alejandra.                                                                                                              Mis abuelos fueron muy felices, yo los recuerdos así, siempre juntos, siempre cómplices de algo y mi madre siempre habla de sus padres como de una pareja muy compenetrada. Los padres de Alejandra también pudieron ser muy felicies, sin duda alguna, ella guarda muy buenos recuerdos de su niñez y adolescencia. Siempre vió a sus padres felices y la diferencia de edad nunca fue un obstáculo.
Mañana seguiré,

24.   


10 de febrero de 2010. Son las 2.30 de la tarde, estoy en la plaza de los Frutos y Beatriz se acaba de marchar. Hoy no le daba tiempo a cocinar y hemos quedado aquí para comer algo. A las 3 tiene hora en la peluquería y a las cinco la cita con su editor en  la editorial.  El día D cada vez está más cerca y yo casi estoy más nerviosa que ella. Su semana loca ha empezado, su agenda está llena de compromisos y no voy a poder acompañarla la mitad de las veces; el día 19 voy a estar a su lado sin falta y la cena del 17 tampoco me la pierdo, pero me temo que eso va a ser todo.

El lunes hablé con mamá por telefóno y me confirmó que había decidido cambiar los planes, que adelanta su viaje y que llega el 3 de marzo. Las conversarciones con la tia Ana y con Mario han sido trascendentales; no ha dejado de preguntarme por los preparativos de la boda y está muy ilusionada. La fecha ya está casi confirmada y este sábado vamos a ir a concretar los detalles. Mario y la tía Ana también vendrán con nosotras.
Hemos elegido el pueblo de la familia de mi abuela para casarnos. La casa de mis bisabuelos todavía existe, la tía Ana se ha encargado de mantenerla abierta y Mario ha colaborado en las reformas para hacerla más comoda. El tío Alfonso solía ir a ella hasta poco antes de su muerte.
Seguramente la fecha sea el 23 de marzo en los salones del Ayuntamiento; a nosotras nos hubiera gustado el 21 pero al ser domingo no es posible. Tengo que regresar al trabajo, por la noche sigo.

Ahora son las 9.30 de la noche y acabamos de cenar, Teresita ha estado hablando un rato con mi madre. Tenía que contarle todo sobre la charla de  “el mejor detective-comisario de Madrid”. Estoy segura de que, cuando mi madre esté en Madrid, se van a pasar buenos ratos hablando de los abuelos y de sus tiempos. A Teresita le gusta oir hablar del pasado, del pasado sin móviles ni consolas de videojuego o cámaras web para ver a su abuela a miles de kilómetros. Realmente le fascina todo lo que tenga que ver con sus yayos y a mi madre le encanta contar lo que a ella le contaron. Menos mal que ya duerme porque no ha cesado de hablar en toda la tarde y durante la cena.

Cuando he ido esta tarde a por ella me he emocionado al verla, estaba radiante, salía con la melena alborotada, arrebatada, el abrigo sin cerrar y con una amplia sonrisa, la misma que mi abuelo, llevando las fotos que Mario le había dado en la mano, enarbolándolas como si fuesen un estandarte: su mejor trofeo. Se me ha tirado a los brazos y ha empezado a hablar sin parar sobre la charla; su profesora me ha dicho que Teresita ha dejado a toda la clase boquiabierta. Ha sabido poner tanto entusiasmo en su relato que todos los niños estaban pendientes de ella, era como si estuviesen reviviendo las historias.

Beatriz, por su parte, también ha llegado a casa radiante. Tenía muchas cosas que contar, ha sido una reunión muy informativa y acogedora. Ha conocido a un historiador que se llama Liberto Ayala Robles, es un hombre ya mayor, más o menos de la edad de Leonor y según Beatriz  lo sorprendente es que su vida también pasa por la plaza de los Frutos y que sabe quién fue Fernando Solis.
A mí el nombre no me dice nada pero llamaré a Leonor para preguntárselo. Beatriz ha quedado con el sr. Ayala mañana para tomar café, yo no puedo ir porque he quedado con la tita. Otra vez será.

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12 de febrero 2010  Son las 10 de la noche, Beatriz está hablando con una prima de su padre que vive en Bélgica. La familia paterna de Beatriz es de origen belga. El abuelo de Beatriz, Alex van den Berg trabajaba para la compañía petroquímica  Royal Dutch S. y en 1953 fue destinado a la Antillas Holandesas para luego pasar a Venezuela, donde trabajó como ingeniero en uno de los pozos de petróleo, allí conoció a la abuela de Beatriz y allí se quedó. Afortunadamente nunca perdieron el contacto con su familia europea.
Beatriz les ha invitado a nuestra boda y van a venir. También tenemos pensado en ir a Baarle-Hertog, la ciudad que vió nacer a su abuelo; por lo que dice Beatriz es una ciudad muy particular, la ciudad de Baarle tiene dos ayuntamientos: Baarle-Nasau que pertenece a Holanda y Baarle-Hertog que pertenece a Bélgica. Dice que su abuelo contaba que su casa tenía la cocina en Holanda y el salón en Bélgica. No me lo puedo imaginar y quiero comprobarlo.

La tarde con la tía se pasó volando, estuvimos hablando de los preparativos de la boda, de mi madre y de Mario. La tía y Mario se han ocupado de la casa de Buitrago pero entre ellos dos nunca ha habido muy buen rollo, se toleran por el cariño que tienen a mi familia, si no fuera por eso creo que Mario pasaría de la tía.
A Mario no le ha hecho gracia el ofrecimiento de la tita a mi madre, ha sugerido que mi madre se quedase a vivir con ella. Sinceramente a mí tampoco me ha gustado, yo prefiero que se aloje con nosotros los primeros días y que luego ella decida.
Le pregunté a la tía si conocía al sr. Ayala pero ella no lo recordaba. Me podría haber ahorrado la pregunta, al llegar a casa Beatriz me ha contado toda o casi toda la conversación que ha mantenido con el sr. Ayala.

Según Beatriz, los padres de sr. Ayala se llamaban Andrea y  Antonio. 
Andrea nació en la plaza de los Frutos, en la misma casa que vivieron mis abuelos y pertenecía a una familia acomodada. Desde muy pequeña estuvo muy unida a su vecino Antonio, de origen humilde, y con quien se casaría durante la república.
Este matrimonio, al igual que el de muchas otras personas, sería anulado posteriormente, al acabar la guerra civil.
Su madre se casó después, por presión familiar, con Mario Ayala y dio su apellido a Liberto. Vivieron con la familia de Andrea hasta que ella, por razones políticas, se marchó a Francia con Antonio y con él. Liberto siempre ha sabido que tenía dos papas: papá Mario y papá Antonio.
Andrea y Antonio pertenecían al partido comunista y allí estuvieron algo más de un año hasta que el partido envió a Andrea a Madrid para liberar a Fernando que había sido arrestado por la secreta.
El destino quiso que Andrea volviese a ver a su ex marido en una fiesta y no pudo evitar que Mario intentase ayudar. Los padres de Leonor también tuvieron oportunidad de volver a ver Andrea, Marcelino también ayudó en lo que pudo.
Mario visitó a Fernando en calidad de abogado en la cárcel y se entrevistó con Alicia y Álvaro, pero no pudieron conseguir nada.
Cuando el plan para rescatar a Fernando fracasó Andrea fue arrestada y poco después fusilada.
Mario fue también detenido pero su contactos entre la nobleza dieron sus frutos y al final le dejaron en libertad.
Cuando salió de la cárcel fue a Francia a buscar a Liberto, Andrea se lo había pedido ya que ella y Antonio se habían separado. Mario nunca pudo recuperar el cuerpo de Andrea, al igual que Alicia el de Fernando.
Pero Mario sí pudo hacer llegar a Alicia las últimas palabras de Fernando, él fue uno de los últimos en verle con vida.

Beatriz tiene cada vez más interés en saber todo sobre Fernando Solis, más ahora que su hermano le ha confirmado que Francisco Solis, el joven que conoció el abuelo materno de Beatriz en la pensión que regentaba en Caracas, y Fernando eran en efecto primos hermanos.
Una vez más la Plaza de los Frutos y su gente nos recuerdan una época en la que un amor tuvo que dar paso a otro amor, una época en la que su gente no se resignó a las consignas del regimen, que luchó pagándolo con sus vidas por sus ideas y la libertad.



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15 de febrero 2010, son las 3 de la tarde y Teresita está  hoy en casa, los profesores de infantil y primaria se han declarado en huelga. He pedido la tarde libre para quedarme con ella, Beatriz tiene otro compromiso y Mario tampoco se podía hacer cargo. La tía dijo que se la llevaramos pero ella tiene que descansar de la paliza que se ha pegado de este fin de semana en el pueblo.

El sábado fuimos todos a Buitrago, estuvimos hablando con el alcalde y ya está todo confirmado. Nos casamos el 23 de marzo a las 11 de la mañana en el salón de plenos del ayuntamiento. Los testigos serán mi madre, mi tía Ana y Mario. No es habitual tener tres testigos pero lo que no consiga la tia Ana no lo consigue nadie.
Hemos reservado el salón de un hotel rural en el mismo pueblo para la comida y algunas habitaciones para los invitados.
Queremos una ceremonia sencilla e íntima. Unos pocos amigos, los familares de Beatriz y su editor, algunos compañeros, nuestra familia de la plaza de los Frutos y del colegio de Teresita sus dos amigas y Javier con sus padres.
Serafín se ha ofrecido para hacer el reportaje de la boda. Leonor ya me ha advertido de que ella tiene guardado el lazo azul que llevó ella cosido al forro del vestido y que me lo quiere regalar.

Pasamos la mañana del domingo visitando su castillo, las murallas y paseando por el paseo que hay a los pies del castillo junto al río Lozoya. Después fuimos a comer a un restaurante de un pueblo vecino desde donde se podía contemplar la sierra de Somosierra. La verdad es que el valle del Lozoya es muy bonito y el lugar me encanta.

Al volver del restaurante fuímos al cementerio, mi bisabuelo Pascual descansa allí.
Es muy poco lo que sé de él, casi nada, de una forma u otra ni mi bisabuela ni mi abuela hablaban mucho de él. Simón sí le mencionaba de vez en cuando, decía que siempre estaría en deuda con Pascual.
Los recuerdos de mi abuela junto a su padre son los recuerdos del tiempo que vivieron en la plaza de los Frutos y el destino, una vez más, se interpuso en su camino. La decisión de mi bisabuelo de alejarse de mi bisabuela Carmen, para no atormentarle más con sus enfermizos celos, quedó truncada junto con el viaje a Venezuela. Simón no tuvo problemas con sus documentos, pero Pascual sí con los suyos y mi abuelo recibió la orden de detener a Pascual García: su futuro suegro. 
Mi bisabuelo se presentó en comisaria, a pesar de que mi abuelo le había dejado un margen de tiempo para que se fuera de Madrid, pero Pacual prefirió entregarse y mi abuelo lo pasó muy mal. Debía cumplir con su deber como comisario pero no podía hacerle eso a su novia, a mi familia. La eterna disyuntiva del abuelo Héctor ha sido siempre: obrar según su sentido de la justicia y de lo que es justo o cumplir lo que dice la ley. En este caso además  sus sentimientos personales estaban de por medio. Tampoco sería la primera vez que esto pasaría.
 Al abuelo no le quedó más remedio que entregar a los guardias a su futuro suegro para que se lo llevaran a la cárcel.

Teresita no vino al cementerio, se quedó con Beatriz en la casa que hoy es oficialmente de mi madre pero que ella no conce, sólo por la fotos que le ha mandado Mario, pero que pronto conocerá y estoy segura que le gustará mucho así como el lugar.
Cuando regresamos del cementerio nos volvimos a Madrid. La tía estaba cansada, el día había sido largo para ella pero todo había salido como ella lo había planeado.

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18 de febrero de 2010  son las 11 de la mañana y hoy es domingo. Ayer tuvo lugar la cena que la editorial ofrecía en honor de Beatriz.
Teresita se quedó a dormir en casa de su amiga Marylén y tenemos que ir luego a por ella.
Es la primera vez que duerme fuera de casa y tengo que confesar que durante la cena estuve pendiente del teléfono por si tenía que salir corriendo e ir a buscarla. Llamé dos veces a la madre de Marylén para preguntar si toda iba bien, menos mal que no se enfadó porque la verdad es que fui un poco pesada.
A la cena estaban invitados también la tía Ana, Mario, Serafín y Leonor. El sr. Ayala era uno de los asistentes así que por fin pude conocerle. Leonor no lo conocía, al menos no se acordaba de él, pero si que había oído a hablar a sus padres de Andrea, de Antonio y de Mario Ayala.
Antonio fue uno de los mejores amigos de su padre junto con Andrea.  Liberto Ayala y Leonor aprovecharon la ocasión para intercambiar recuerdos.

Beatriz estaba contenta y muy tranquila durante la cena,  no sé de que material está hecha porque casi nunca se pone nerviosa ni muestra sus inseguridades, por un lado es muy apasionada como todos los caribeños y por otro es muy comedida y a veces me desconcierta. La tía Ana siempre dice que Beatriz sabe muy bien lo que hace y que no me preocupe tanto, tendré que hacerle caso aunque va a ser difícil.

La mayoría de los invitados estaban relacionados con el mundo de las letras y el de la historia.
También había periodistas y uno en particular se interesó mucho por Beatriz. Quería saber por qué una venezolana había escrito una novela basada en la izquierda española y si el título de la novela no tenía un significado doble. Beatriz le respondió que no era el momento ni el lugar, que el lunes 19 estaría encantada de contestar a todas las preguntas de los medios de comunicación. La tía Ana que estaba cerca de Beatriz, al oir el  nombre del periodista, miró  de una forma extraña. Entonces, noté un ligero sobresalto en el rostro de la tita y Mario debió verlo también porque se llevó rápidamente al periodista al otro lado de la sala.
La tía sólo le dijo a Beatriz que tuviese cuidado el lunes con él, que fuese amable pero prudente con sus respuestas y que se negara a contestar preguntas personales.
Adolfo Dominguez Carmona, así se llama el periodista y crítico literario de una revista de ámbito nacional que incomodó a la tita. Naturalmente le preguntamos el porqué de sus palabras y nos respondió que no se fía de nadie que se llame Adolfo y si además uno de sus apellidos es Carmona menos aún. No nos quiso contar más, pero nosotras sospechamos que hay algo que no sabemos pero que puede ser utilizado contra nosotras.

Mario por su parte nos aconsejó lo mismo y añadió que ya hablaríamos del tema.
Mi curiosidad me estaba matando así que decidí preguntar a Leonor si por la plaza pasó alguna vez alguien que se llamase Carmona. Leonor había oído hablar de un periodista que se llamaba así y que casi nunca habló bien del tío Alfonso.
Su padre y su abuelo guardaron las cosas de la peña de boxeo que hicieron para apoyar al tío en una caja. Ella la tiene todavía y me prometió mirar a ver si entre las fotos había algún artículo firmado por Carmona.
Leonor me ha llamado hace un rato y me ha preguntado si puedo pasarme por su casa, quiere darme la caja, he quedado en hacerlo cuando vaya a recoger a Teresita.

Ojalá salga mañana todo bien. La presentación es a las 12 del mediodía en los salones de un hotel de la Gran Vía.
Mi madre llamará esta tarde para desarle suerte y éxito. La tía y Mario estarán presentes y Serafín, que quiere hacer su propio reportaje, pero no para la prensa, sino sólo para nosotras.
Cada vez estoy más contenta de poder contar con Leonor y Serafín, tengo la sensación de conocerles de toda la vida y la seguridad de poder confiar en ellos.

No puedo entretenerme más, voy a buscar a Teresita y a pasarme por casa de Leonor.


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21 de febrero 2010 son las 10 de la noche. Hace dos días que Beatriz presentó su primera novela y han pasado muchas horas desde entonces. No he tenido tiempo para escribir y tengo mucho que contar, será mejor que empiece por la presentación.
Todo salió muy bien, se puede decir que fue un éxito y la prensa, en su sección cultural, menciona la novela, alaba a la autora y las críticas son buenas.
Tenía tanto miedo de que pasara algo, de que el tal Domínguez Carmona le estropease el día a Beatriz, que estaba deseando que todo acabara cuanto antes. Menos mal que Mario me calmó y al final pude disfrutar del acto.
Nuestra autora se mantuvo todo el rato tranquila, relajada y sonriente. Disfrutó de su momento y salió más que airosa de todas las preguntas que le hicieron. Dominguez Carmona no hizo ninguna pregunta comprometedora.
Ahora ya sé por qué hoy ha llamado para pedir una exclusiva para su revista y Beatriz le ha remitido a su representante.
La tía Ana, y también es casualidad, conoce a su representante desde hace tiempo. Se llama Marcos Gómez y es un hombre de plena confianza dice la tía, Beatriz está de acuerdo.
Yo por mi parte he llamado a Mario para quedar mañana, necesito saber más de este Carmona junior.
Marío ya está investigando y seguro que mañana me puede contar algo de este periodista cuyo tío le hizo la vida imposible a mi tío desde el primer encuentro.
Serafín también se ha puesto a recabar información entre los periodistas de la agencia de prensa para la que trabajó varios años.

Cuando fui a casa de Leonor a recoger la caja no pude hablar mucho del tema con ella, no obstante, antes de irme me advirtió de que no me iban a gustar los artículos de Adolfo Carmona y me dijo que había una foto con Rosa.
Por la noche, cuando Teresita ya dormía, Beatriz y yo abrimos la caja, había de todo: camisetas pintadas a mano con el nombre del tío, una pancarta de apoyo, que un día colgara Pelayo y Marcelino a las puertas del Asturiano, fotos firmadas por el tío, varios recortes de periódico y una revista deportiva con el tío en la portada.
Los artículos eran de Adolfo Carmona, debió de ser el único periodista deportivo de la época y no me extraña que se le temiera.
En uno de los artículos se recordaba que mi bisabuelo estaba preso por haber reicindido.
En otro artículos se recrea con una pelea que tuvo el tito en la puerta del teatro con otro boxeador, el mismo que luego le arrebataría el título. El último artículo que Carmona escribió, poco después de que el tío hubiese perdido el campeonato, era el más feroz de todos ellos.
Por fín veía a Rosa, la gran incognita para mí, la persona que pertubó la relación de mi abuela con la tía. Rosa besaba a mi tío en una foto publicada junto con un artículo.
Según Leonor, la tal Rosa, triunfó como actriz y en 1953 se marchó a Argentina a probar fortuna.


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22 de febrero 2010 son las 8 de la tarde, Serafín está con nosotras, nos ha traído el reportaje gráfico del gran día de Beatriz y nos encanta. El también ha estado haciendo averiguaciones sobre el peridista salido de la nada.
Adolfo Domínguez Carmona lleva poco tiempo en Madrid. Es profesor de literatura en la Universidad de Jaén y alterna sus clases con comentarios literarios en diferentes revistas regionales de poca tirada. La revista literaria de ámbito nacional para la que trabaja tiene una muy buena reputación, escribe para ella desde no hace mucho y como freelance.
Se dice que ha heredado de un tío suyo unos cuantos bienes y que ha pedido la excedencia en Jaén porque necesitaba un cambio.

Dentro de una hora vendrá Mario, ahora hay que hacer la cena y procurar que Teresita se acueste pronto. Mañana tengo que ver a la tía porque tenemos que hablar. Yo no estoy tranquila. Ha llamado Marcos, el representante de Beatriz y quiere que quedemos con Carmona este sábado pero yo prefiero consultarlo primero con Mario y con la tía. Tengo un presentimiento y no puedo controlar mi rabia; todo iba tan fantásticamente bien y temo que este tipo nos pueda jugar una mala pasada, justamente ahora, cuando falta tan poco para que venga mamá y se acerca la fecha de nuestra boda, También me sulfura la idea de que quizá Beatriz se vea perjudicada. Es su primera novela y todos dicen que tiene mucho futuro como novelista, no quiero que ella pague el pato de cosas que hayan podido pasar en mi familia hace años.

Después de cenar, mientras Beatriz preparaba café y Serafín leía un cuento a Teresita, le enseñé a Mario los artículos y le pedí que me contara algo de este periodista de los años 50.
Mario reeleyó los recortes de periódico y se quedó con el último en la mano.
Cuando Beatriz y Serafín se unieron a nosotros Mario comenzó a contar una historia, la historia de un baúl que su padre un día heredara y que cambiara la vida de Carmona.       
La tita le había encargado a mi abuelo que investigase la vida de Adolfo Carmona pero ni mi abuelo ni el padre de Mario pudieron encontrar nada. Carmona era un periodista que llevaba una vida muy discreta y no había indicio de que estuviese metido en ningún caso de dudosa reputación. El baúl del tío de Bonilla obraría el milagro.
Su padre comenzó sin gran interés a revisar el polvoriento baúl, a primera vista no había nada que llamase la atención, salvo los dos soldaditos de plomo que se llevó al despacho y regaló a mi abuelo.
(Yo recuerdo esos soldaditos y creo que mi madre todavía los guarda, se fueron junto con mi abuelo y encontraron un lugar de honor en Venezuela, en su despacho de la Barcelona bañada por el Mar del Caribe. Los soldaditos eran más que soldaditos para mi abuelo, eran Bonilla, él y sus casos de Madrid).

Sea como fuere, Bonilla sin saberlo, descubrió un doble fondo en el baúl:  allí guardaba su tío su doble vida. Había muchas películas no aptas para menores y entre ellas una muy especial, una peli con un jovencísimo Adolfo Carmona como segundo protagonista.
La película les vino de maravilla, al fín tenían algo contra Carmona y la tía no dudo en utilizarlo.
La tía Ana hizo venir a Carmona a su despacho y allí mismo, sin preámbulo alguno y sin sonrojarse le proyectó la película.
Carmona aceptó las condiciones de la tía, abandonó Madrid y dejó a la familia en paz. La película, de contenido calificable de porno, hubiese puesto en verdadero aprieto a varias personas. La tita, según Mario, conserva aún la pelicula original y el video que unos expertos han hecho de la película. Ni el tito ni mi abuela supieron nunca nada de esto.

Me parece todo una casualidad demasiado causal, llegamos nosotras a Madrid y llega Carmona junior también a Madrid. ¿¿Y cuándo llega?? Justo unos días después de que  una revista de sociedad publicase el reportaje de la subasta y en una foto se me viera a mí con la tita. Al pie de la foto se leía: Doña Ana Rivas con su sobrina Carmen Fernández Perea.

Se ha hecho ya muy tarde, me he olvidado del reloj pero ya es hora de irse a la cama, son casi  las 3 de la madrugada y el despertador sonará dentro de 4 horas.