domingo, 6 de octubre de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 8



¿ Por qué no para de comunicar el teléfono y por qué no me llamó anoche? ¿Habrá pasado algo? se pregunta Vallejo mientras se toma el segundo café de la mañana y cansado ya de esperar, decide comerse una de las ensaimadas rellenas de cabello de ángel, que de camino al despacho compró en la panadería de la calle de Santa Engracia. Normalmente es Héctor quien se encarga de abrirlo en ausencia de Bonilla pero esta mañana se lo ha encontrado cerrado, ha tenido que abrirlo él y  ha preparado el café pensando “en unos minutos llegará Héctor”  pero los minutos dieron paso a una hora de espera y a las diez de la mañana sigue estando solo. En casa de Perea el teléfono no ha dejado de comunicar y eso le extraña. Encima de su mesa reposan las notas que anoche le diera Marcos cuando acudió a su llamada a casa de la vecina. En realidad son dos páginas que parecen querer ser el principio de un diario pero sin fecha, escritas apresuradamente, desvelando en parte aunque de forma muy enigmática,  la razón de Lucía para querer hacer el turno de noche. Lo que ella no podía sospechar es que llegaría a ser testigo de un hecho aislado que posteriormente relacionaría con la muerte de Bronny . El escrito termina abruptamente, como si alguien la interrumpiera pero dando a entender que no se callaría, pruebas o no pruebas . Vallejo vuelve a servirse otro café, el tercero ya y marca de nuevo el número de su amigo. Está deseando oír el informe de Asunción y compartir con ellos las notas de Lucía pero el teléfono sigue comunicando.  Lo que Vallejo no sabes es que  María y Suzanne son las primeras en despertarse esa mañana y aunque ellas tampoco han dormido mucho,  ya que estuvieron hablando hasta bien tarde, se levantan sin problemas y entre las dos preparan el desayuno para Javier y Daniel, a quienes María les pide que no armen mucho ruído además de descolgar el teléfono para que sus padres puedan descansar sin sobresaltos. Serán pasadas las diez y media cuando un  Héctor aún medio dormido se dé cuenta de la hora que es y se levante. En la cocina recuerda lo que Asunción le dijera nada más sentarse a su lado en el coche cuando fue a buscarla “Abrázame fuerte” y estuvieron abrazados en silencio durante unos segundos . “ Llévame a casa” fue lo siguiente que dijo y entonces le dio un beso, volvió a sonreír y le preguntó por la cena y las hamburguesas. Ya en casa y en la cama, entre sus brazos de nuevo, le contó la sensación que había tenido cuando el doctor Laredo le mandó sentarse en una silla cuando Rosario nombró a Lucía.

     " Sentada en esa silla llegué a la misma conclusión que ella. Ya sabes que no puedo dormir sin ti y no sé si me hubiera acostumbrado a tus guardias, si hubieses seguido siendo comisario. Laura me dijo que ella nunca se acostumbró y por eso me parece raro que una mujer , enamorada de su marido,  prefiera pasar 4  noches a la semana en una sala de urgencia en lugar de una vez a la semana " comentó Asunción antes de que quedarse dormida y Héctor la dejó dormir y ahora, dejando la bandeja sobre la mesilla, se sienta al lado de su mujer, la despierta suavemente con pequeños besitos en la frente y sonríe al ver como ella abre los ojos perezosa, murmura un buenos días y pregunta estirándose.

-        ¿ Qué hora es?
-        Casi las once de la mañana. Siéntate que te he traído el desayuno - contesta su marido colocando su propia almohada en la cabecera para que se encuentre más cómoda y sobre sus rodillas la bandeja
-        Ya me arreglo yo solita cariño, anda mira a ver quien es – dice Asunción al oír el timbre de la puerta que suena como si se hubiese quedado atascado.

Perea deja a su mujer desayunando y molesto por la insistencia del timbre grita.

-        ¡Ya va! ¿ dónde está el fuego
-        Abre de una vez y verás el fuego, joder – contesta Vallejo enfadado ante la tardanza en abrir y por el paseito que ha tenido que hacerse, bajo una lluvia fina sin tregua , que le ha calado hasta en los huesos, en vista de que no había forma de comunicarse con la familia Perea ni con la madre de Asunción.

Cuando Héctor abre la puerta su amigo entra como un toro, se quita el abrigo mojado, lo cuelga en el perchero y sin decir nada va derecho al salón seguido por Héctor que no entiende nada.

-        Vallejo ¿ Qué sucede?
-        ¡Lo que me imaginaba! ¡El teléfono descolgado! ¿ Te parece bonito? – pregunta con el auricular del teléfono en la mano
-        Ni idea, es la primera noticia – contesta Héctor
-        Te creo – contesta un Vallejo más calmado al ver junto al teléfono la nota que María ha dejado

 “Papá, he descolgado el teléfono para que podáis dormir un poquito más.  No olvides llamar al tío Vallejo. Hasta luego. Un beso muy grande para ti y para mamá, María “

Media hora más tarde el humor de Vallejo comienza a cambiar. Ha rechazo el ofrecimiento de un  café y reclama algo más fuerte para contrarrestar el frío que ha pasado viniendo, desoyendo el comentario de Asunción de que es muy temprano para un coñac.

-   !Temprano! Ya es hora del almuerzo.
-        ¡Qué exagerado eres Vallejo! – exclama Asunción , sentada en el sofá, frente a Vallejo que ha elegido la butaca , sirviendo el café para su marido y para ella mientras Héctor le pone el coñac a su amigo y se lo deja en la mesita que tiene al lado.
-        Vayamos al grano que hemos perdido mucho tiempo . ¿ Cómo te fue anoche?
Asunción le pone al corriente de su experiencia en Urgencias y Vallejo se interesa por el nombre del médico que escucha.
-        ¿ Estás seguras que era el doctor Laredo?
-        Sí, claro, segurísima ¿ por qué lo dices?
-        Ahora os explico – dice sacando del bolsillo interior de su americana un sobre que deja sobre la mesita junto a su copa de coñac – Ayer tarde, cuando estaba a punto de cerrar el despacho sonó el teléfono y no era Bonilla, como me pensaba, sino Marcos para decirnos que la madre de Lucía le había dado un sobre cuyo contenido era mejor que lo viéramos cuanto antes. Como María me dijo que ya os habíais ido fui yo solito a ver a Marcos que estaba en casa de su vecina . Llevo desde ayer dándole vueltas a las dichosas hojas , sin saber como interpretarlas y bueno, juzgar por vosotros mismos – dice Vallejo sacando dos páginas del sobre dándoselas a Héctor.

“ Mi padre siempre dice que confíe en él,  que él está para pensar por mi y solucionar mis problemas. He hablado con él y me ha dicho lo de siempre que no debo pensar tanto ,que tengo demasiada imaginación  y  complico demasiado todo lo que es sencillo, que una vez más me habré equivocado, que soy experta en ello etc, etc. Esta vez sé que no es así aunque no tengo pruebas.

Hace meses que he vuelto a trabajar de enfermera y al hacerlo volví a sentir que no me había equivocado , que eso era lo que yo siempre había querido aunque a mi padre no le gustara. Pablo no puso objeción alguna, el pobre siempre me comprende aunque yo no sepa corresponderle . En eso sí que tenía mi padre parte de razón. Con Pablo era yo la que tenía la voz cantante pero eso también cansa .

Al tercer mes de trabajar, en una de las guardias que me tocó hacer, quedé deslumbrada, maravillada y aturdida ante su presencia. Nunca antes había sentido esa sensación pero supe que mientras su lugar fuera Urgencias también iba a ser el mío. Seré la enfermera fiel y eficiente y jamás conocerá como siento porque sé que ese sentimiento nunca será correspondido y aunque mis pensamientos traicionen a Pablo mi cuerpo nunca lo hará.

Recuerdo ese jueves en particular porque había discutido con Pablo,  creía que me veía con alguien y que lo traicionaba. Con el pensamiento si lo hacía pero nada más. Intenté explicárselo pero las palabras no salía de mi boca, tampoco me iba a entender y menos aún me iba a creer..”querido Pablo te sigo queriendo mucho, eres un buen padre pero la chispa que hubo alguna vez se ha extinguido. No te engaño con nadie pero si estoy enamorada de nuevo  y no de ti pero mi amor es platónico, me conformo con estar cerca y el resto lo dejo a mi imaginación.”’ Imposible, no podía decirle eso pero era la verdad. Cuando hacíamos el amor , a ratos perdidos en la mañana, mi imaginación volaba sola, eran otras manos y otros besos los que me excitaban y él se calmaba durante unos días, dejaba de darme  la lata con el trabajo nocturno pero ese jueves fue diferente. Se enfadó tanto que llegó a prohibirme el ir a trabajar. Recuerdo que me escapé cuando le estaba leyendo un cuento a Sandra,iba tarde pero iba y la decisión ya estaba tomada. Me iba con la niña a casa de mis padres, de sus futuros planes con el nuevo trabajo no quería oír hablar. Iba tan ofuscada que al aparcar  le dí un golpe al coche del doctor Laredo .  El segundo golpe del día que se llevaba el coche. Me acerqué  para comprobar si lo había dañado mucho, el parachoques parecía no tener nada y al alzar la cabeza vi al doctor Laredo en el asiento trasero del coche, borracho o a mi me lo pareció porque al abrir la puerta y bajarse no podía caminar bien. El pareció no verme , no atinaba a cerrar el coche con llave y se fue dejando la puerta abierta. Parecía como si yo fuese invisible, como si no existiera pero estaba allí y en el asiento trasero había dos botellas vacías. Tardé en reaccionar y cuando entré en Urgencias no le vi. Me disculpé por llegar tarde pero no dije nada del incidente. Media hora más tarde entró Laredo sobrio , la noche se complicó , dos accidentes, una presunta violación y una epidemia de gripe me tuvieron muy entretenida pero pude ver como las manos de Laredo temblaban y como se tomaba unas pastillas mientras se bebía su café.

Bronny entró con síntomas de apendicitis aguda y fue una pena que el doctor Castaño no tuviera guardia esa noche, a él no se le hubiera pasado por alto, él hubiera sabido que hacer pero Laredo la dejó morir, no se atrevía a operar, esperó demasiado tiempo y fue tarde.

Mi padre no me cree pero Laredo necesita beber y cuando no lo hace le tiemblan las manos ¿ por qué nadie lo ve? ¿ por qué nadie me cree? ¿ cuántas muertes más? De esta noche no pasa, tengo que hablar con él y si no me hace caso le denuncio pruebas o no pruebas........”

-        ¿ Y? ¿ Qué me decís ahora? – pregunta Vallejo cuando Asunción deja las hojas sobre la mesa después de haberlas leído en voz alta.
-        Al doctor Laredo le temblaban las manos anoche también y se tomó algo con el café y es verdad que nadie lo ve o todos hacen la vista gorda.
-        No sé que pensar – dice Héctor – me creo que el médico tiene un problema pero dudo de que podamos averiguar  mucho. Habrá que esperar a que vuelva Bonilla quizá algunos de sus contactos nos pueda ayudar.
-        ¡Quizá! – dice Asunción levantándose para coger el teléfono  - Sí , soy yo – se le oye decir y tras una pausa agradece la llamada, anota una dirección, cuelga el teléfono y les dice -  Creo que vamos a tener suerte. Era Rosario, anoche le di una tarjeta de visita con el nombre de la revista y apunté por detrás el teléfono de casa. Fue un acto impulsivo por mi parte ya que ella no tenía mucho interés y ahora me alegro. He quedado con ella a las cinco de la tarde en una cafetería en Argüelles .
-        ¿ Te ha dicho por qué te quería ver? –pregunta Héctor.
-        No, no exactamente, ha dicho algo de disculparse por las palabras del doctor Laredo , me ha dado el nombre de la cafetería y la hora y después ha colgado.
-        ¡Qué raro! Creo que deberíamos ir contigo, sentarnos en otra mesa y observar, no me fío, me instinto me dice que hay gato encerrado – comenta Vallejo.
-        El mío también – dice Héctor.
-        El mío no y no os quiero ver por allí.  Teniendo en cuenta la hora que  es-  constata Asunción mirando su reloj -  ¿que os parece si vamos a comer al restaurante de la esquina? allí seguimos hablando pero después os vais al despacho , yo a la revista y de allí a la cafetería.
-        Tu mujer no cambia Héctor, ella decide y los demás tenemos que decir amén – comenta Vallejo cuando Asun sale del salón para retocarse el pelo .
-        Lo sé Vallejo pero la verdad es que me gusta todo en ella, cada día la amo más y aunque no es perfecta no quiero cambiarle nada.
-        Gracias amor, tu tampoco eres perfecto y por eso mismo me gustas... ¿ Nos vamos? – dice Asunción con una gran sonrisa asomando la cabeza por la puerta, con el abrigo en una mano y el bolso en la otra.






sábado, 28 de septiembre de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 7




Marcos y su vecina, cada uno absorto con sus propios pensamientos y recuerdos particulares, haciendo caso omiso de la desapacible tarde de diciembre en la que el viento de la sierra les corta la cara , recorren los pocos metros que separan la parada de autobús de la calle General Pardiña y la esquina con General Oraa. Allí, en esa calle y en la cafeteria junto al cine del mismo nombre,  han quedado con la madre de Lucía. El encuentro lo ha proporcionado Gustavo tras la consulta que Marcos le hiciera. No le fue fácil convencer a la señora de Arroyo pero la llamada realizada anteriormente al registro de testamentos y la posterior que hizo al notario, le dio pie a ello. El matrimonio había nombrado a Marcos Llorente como tutor de su hija Sandra y aunque los padres de Lucía lo habían recurrido éste no había sido aún invalidado. Ni que decir tiene que la buena señora Arroyo puso el grito en el cielo y se negó al principio a todo, de ahí la sorpresa de Gustavo cuando le volvió a llamar y acordó verse con el tío de su nieta.
¿Cómo reaccionará cuando vea que no vengo solo? – se  pregunta Marcos mientras sus manos buscan la cajetilla de tabaco y enciende uno con visible nerviosismo. La misma pregunta se está haciendo Pura. Ambas mujeres se conocen aunque no se traten mucho. El destino quiso que tuvieran una amiga en común, una amiga de las altas esferas, bohemia y sin complejos gracias a su posición social y dinero, amante de las bellas artes y aficionada al dibujo, lo cual no impedía que participara en diferentes roperos y organizara mercadillos por Navidad a los cuales  la señora de Arroyo no faltaba.
Amalia Ferreira, señora de Arroyo , cinco minutos más tarde de la hora acordada sale de su vivienda en la calle Castelló habiendo estudiado bien el paso que va a dar.  Camina lentamente con empaque de gran señora,  enfundada en un abrigo de visón con el cuello subido, guantes de cuero y un bolso de mano haciendo juego sin hacer caso al frío, sólo tiene que andar unos metros y habrá llegado a su destino.  No ha apuesto a su marido al corriente ni de la llamada del abogado Olavide ni de la cita concertada en la cafetería y le ha dicho a la sirvienta que iba a la peluquería. En realidad no tiene mucho que discutir, se dice asi misma cuando alcanza la calle de General Oraa, pero la cajita de música que Marcos le mandara a su sobrina desde Filipina y que desde la noche de autos había quedado arrinconada en una esquina de la cómoda, le ha hecho cambiar de opinión.  Sandra solía quedarse dormida con las notas de “Para Elisa”,  pero ese fatídica noche, cuando Lucía ya había salido la niña no pudo abrir  la cajita, estaba cerrada y no había rastro de la llave. Primera noche sin notas de Beethoven, de madrugada la mala noticia y Sandra dejó de hablar. A la niña la llevaron a un psicólogo y continúa con él, de la cajita nadie se acordó hasta que Marcos les visitó. Fue entonces cuando Amalia  la llevó a una ferretería para que le pusieran otra cerradura. Al abrirla no fueron sus notas las que la sorprendiera sino  las notas que encontró en ella. La letra era de Lucía y lo que leyó no le gustó nada. Las guardó de nuevo bajo llave pero esta vez en un cajoncito de su escritorio.  Aunque no conocía en persona a quien nombraba no podía admitir que su hija estuviera en lo cierto pero ahora ya no estaba tan segura. Olavide le había dicho que Marcos estaba dispuesto a limpiar la memoria de su hermano, realmente ella nunca había sentido tanta adversidad por su yerno como su marido y ahora, tras la información del abogado, pensando en su nieta,  comienza a cuestionarse si se juzgó y condenó al verdadero causante de la muerte de su hija.
-        Buenas tardes Marcos –dice Amalia quitándose los guantes para darle la mano mientras él se levanta gentilmente para retirarle la silla y ayudar con el abrigo.
-        Buenas tardes doña Amalia, gracias por venir. Espero que no le importe la presencia de doña Pura, creo que ustedes se conocen – contesta Marcos mirando a doña Amalia fijamente.
-        Nos conocemos. ¿ Cómo estás Pura? ¿ Podemos contar este año también con algunas de tus figuritas de arcilla para el mercadillo? – contesta Amalia besando a Pura en el aire antes de sentarse en su silla.
Doña Amalia, como si estuviera en su casa, coge la tetera humeante , aparta el saquito del té de importación que ambas damas han pedido y  llena las tazas . Marcos observa la escena con curiosidad esperando una reacción de su vecina pero esta no llega, toma un sorbo de su café con leche y está a punto de preguntar si no le molesta que fume cuando ve que Amalia saca una pitillera dorada, la abre y le ofrece uno a Pura añadiendo.
-        Son rubios y supongo que usted fumará Ducados ¿ me equivoco?
-        No, no se equivoca. En España fumo Ducados – contesta poniendo su cajetilla sobre la mesa y ofreciendo su encendedor –  y en el barco solemos liar nuestros propios cigarrillos . ¿ Le parece bien que dejemos el tabaco y hablemos de lo que nos interesa, de Sandra?
-        No tengo mucho que decir al respecto Marcos. Hemos recurrido el testamento, tu profesión no es la más segura ni la más acorde para educar a a una niña. No obstante creo que no debemos privarte de que la veas y quizá con nuestros abogados podamos llegar a un acuerdo, siempre y cuando tus escalas lo permitan.
-        Acepto un regimen provisional de visita durante mi estancia en España pero ya he dado orden a mi abogado de que recurra la impugnación presentada por ustedes. Por Sandra y por su bien estoy dispuesto a quedarme en tierra -contestó Marcos preguntándose el repentino tuteo de Amalia.
-        No quiero discutir eso aqui Marcos. Dile a Olavide que se ponga en contacto con nuestro abogado. No tengo mucho tiempo. Tengo hora en la peluquería pero si quiero entregarte algo, tu sabrás lo que haces con ello – contesta Amalia abriendo su bolso sacando un sobre blanco – No lo abras ahora, léelo cuando yo me vaya. Lo he encontrado hace poco y no lo ha visto nadie, ni mi marido . Si Pablo era inocente quizá el contenido de este sobre pueda ayudar –concluye Amalia levantándose de la silla decididamente sin darle casi tiempo a Marcos a ayudarle a ponerse el abrigo y dirigiéndose a Pura le dice – no olvides las figuras de arcilla, sabes que se venden muy bien y que contamos con ellas.
-        Descuida no las olvidaré y este encuentro creo que tampoco- responde Pura levantándose también acercando su mejilla de nuevo a la de Amalia y los besos en el aire, después se sienta y espera a que Marcos también lo haga y le dice- ¿ Nos vamos también nosotros y abrimos el sobre en mi casa con un vaso de vino o de ron en la mano?
-        Creo que será mejor, no sé lo que nos  espera pero quizá con ron se digiera mejor que con un café con leche – contesta dejando el importe de la consumición sobre la mesa añadiendo una propina de dos pesetas y se encaminan a Diego de León donde toman la línea 4 del metro hasta Alfonso XIII .
 Al calor de la calefacción central de la que disfruta la casa de Pura, sentados en su salón en el que algunas de las obras de su propietaria lo decoran con muy buen gusto, con el prometido vaso de vino en la mano se disponen a abrir el sobre . Su lectura les deja un tanto desconcertados y deciden llamar a la agencia por si fuera importante. Vallejo que está a punto de abandonarla contesta a la llamada y hora más tarde se reúne con ellos mientras Héctor acerca a su mujer al Clínico.  A su vuelta su hija le dirá que Vallejo ha llamado y que parecía urgente pero olvida el recado, sólo puede pensar en su mujer y cómo será su noche en esa sala de  urgencias en la que puede pasar de todo pero la noche será tranquila, los ingresos no revestirán mucha importancia salvo el de un matrimonio que ha tenido un accidente de coche en el que la mujer ha salido peor parada que el marido pero sus vidas no corren peligro y Asunción se recobra del impacto que le ha producido verles entrar en camilla. Pese a la relativa tranquilidad en Urgencias no ha tenido mucha oportunidad de hablar con las enfermeras. Ha podido conocer a dos médicos y uno de ellos le ha llamado su atención. Ha sido en la salita donde suelen reunirse para tomar un café . Una de las enfermeras , Rosario, se encontraba con ella y le estaba contestando a una de sus preguntas cuando el médico entró sin mirarlas, cogió una taza y se preparó un café. Asunción juraría que sus manos temblaron durante unos segundos pero Rosario parecía que no había visto nada y siguió hablando como si tal cosa.
-        Los turnos de noche no suelen ser tan tremendos como la gente se imagina pero es verdad que la mayoría de nosotras no estamos casadas . Mi novio ya me lo ha dicho, cuando nos casemos no quiere que trabaje por la noche.
-        ¿ Y tu estás de acuerdo?
-        Completamente. Quizá sea muy tradicional pero creo que los matrimonios tienen que dormir siempre juntos. Dos veces a la semana tengo turno de noche y no creo que sea bueno dejar a mi marido solo en la cama si no es necesario. Hacer una suplencia una noche o en caso de una tragedia es una cosa pero lo que hacía Lucía no me parecía bien.
-        ¿ Lucía?- pregunta Asunción como quien no entiende nada aprovechando la ocasión.
-        ¡Rosario! – interrumpe el médico dejando su taza de café con voz autoritaria. Vuelva a su trabajo, su pausa ya ha terminado y usted señorita ¿ no le han dicho que no tiene que importunar?
-        Señora, señora de Pera y disculpe pero no creo importunar. Tengo permiso para hacer un reportaje y las preguntas son necesarias .
-        Sé que tiene permiso pero no estoy de acuerdo. Si hubiese dependido de mi nunca se lo habría dado. La encargada podría haber contestado a todas sus preguntas sin necesidad de molestar a quienes estamos trabajando – respondió saliendo de la salita dejando a Asunción en ebullición por su arrogancia y por no haber podido continuar con Rosario justo ahora que iba por el camino que ella quería. El resto del tiempo lo pasó sentada en una silla, preguntándose también ella por qué Lucía sí quería los turnos de noche estando casada . Ella no podía dormir sin acurrucarse en los brazos de su marido, le extrañaba muchísimo cuando estaba de viaje y recordaba la primera vez que hizo su primer viaje sola a Colonia por un congreso. Lo pasó fatal y a su vuelta le comunicó a Julio que no volvía a salir al extranjero si su marido no iba con ella. La hora y media que faltaba para volver a ver a Héctor, esperándola a la entrada del hospital comenzó a hacérsela interminable y a su mente le vinieron los recuerdos de por la tarde, de la siesta en la que hicieron el amor porque por la noche no iba a ser posible, de las confidencias que seguían haciéndose a pesar de los años que llevaban juntos,  cuando ambos volvían a respirar más sosegados antes de rendirse al sueño abrazados y de la paz que sentía cuando se despertaba y le veía a su lado.







sábado, 21 de septiembre de 2013

La vuelta a casa . Capítulo 6




Al oír la voz de María , desde la cocina, pidiendo que pusieran la mesa y la entrada alborotada de Javier y Daniel en el salón con los cubiertos en la mano, Héctor guarda el bloc y les ayuda con el mantel y los platos. María se está convirtiendo en una cocinera excelente, según Javier y la chica se ríe pensando en todo lo que tiene aún por aprender si quiere emular a su abuela.  Asun aprovecha el momento para comunicarles que mañana la cocinera también será Maria  y  Daniel le pide a su hermana que prepare hamburguesas con patatas, comida que en casa nunca se hace al menos que Tim o Suzanne estén presentes .

-        Por mi parte encantada – le aseguró María – podría preguntar a Suzanne que me ayudara y se quedara a dormir aqui.
-        Si tu padre lo ve bien y los padres de Suzanne también yo no tengo nada que objetar.
-        Si a mi me haces unos huevos fritos yo tampoco, las hamburguesas como que no me entran por mucho amor con que estén hechas .
-        No te preocupes cariño, haré albóndigas para comer y apartaré alguna para tu cena.

Cuando el matrimonio se queda solo en el salón se sientan juntos en el sofá, Asunción , que no ha olvidado lo de  “la mujer interesante” que Héctor había conocido le pregunta sobre ella y ya en la cama se olvidan del caso para acariciarse como suelen hacer antes de quedarse dormidos.
A la mañana siguiente Héctor se levanta antes que Asunción y tras asearse entra en la cocina para preparar el desayuno. Minutos más tarde se le une su mujer y las voces de los chicos y la de María, peleándose por el cuarto de baño, les anuncia que un nuevo día ha comenzado. A las diez de la mañana Héctor se dirige al despacho dejando en casa a Asunción quien se ha tomado el día libre. Pasará la noche en el Clínico y aunque sabe que no tiene nada que temer el asunto no termina de agradarle. Presiente que puede ser importante pero le inquieta y trata de alejar esa zozobra que le ha embargado de repente. Se para en el quiosco a comprar la prensa y sube con ella al despacho. Vallejo parece haber madrugado más que él,  le está esperando con el café recién hecho y con ganas de hablar. A juzgar por su cara, su noche en La Casa de Campo, en las proximidades del Lago parece haberle ido bien.

-        Buenos días  ¿ cómo tan temprano? – saluda Héctor dejando la prensa sobre su mesa mientras se quita los guantes y cuelga el abrigo en el perchero.
-        Buenos días ¿ se te han pegado las sábanas?, llevo aqui desde las nueve y media esperándote. Tengo buenas noticias, dentro de lo que cabe. ¿ Te pasa algo?
-        No. No se me han pegado las sábanas, no recuerdo que hubiéramos quedado  a una hora determinada y no me pasa nada- contesta Héctor sin atreverse a contar a su amigo el desazón que le ha asaltado de camino al despacho- Yo también tengo información que nos puede ser útil- continua sentándose en la silla de su escritorio animando a Vallejo a que empiece a contar su interesante noche.
-        Al principio no daba con nadie. El frío que hacía era de narices y se habían concentrado en uno de los restaurantes, ya cerrado claro, pero que tenía aún las carpas de la terraza abierta. Nuria, una chica de Valladolid reconoció la fotografía de Pablo pese al tiempo que había pasado. Más adelante supe por qué no lo había olvidado, aunque entonces no lo relacionó, no lo olvidó por otro suceso que había acontecido unos días antes y por el coche.
-        No te entiendo. Deja de hablar en criptograma y ve al grano.
-        No seas tan impaciente hombre. Verás. Una semana antes de la muerte de Lucía, una mujer la visitó en su pensión y al despedirse se subió a un coche que días más tarde encontraría aparcado cerca del Lago.  Cuando lo vio caminó a su encuentro pensado que la mujer la buscaba pero frenó en seco al ver a un hombre descender del coche y comenzar a vomitar. La luz de una farola cercana le permitió ver su cara. El hombre estaba solo,  su aspecto era deplorable y cuando quiso acercarse a él para preguntarle si necesitaba algo, le vio alejarse del coche camino de la boca del metro y...
-        Espera ¿ Lucía conocía a Nuria?.
-        Conocerla no. Tampoco sabía como se llamaba pero la vio en el Clínico cuando acompañó a una compañera brasileña por una fuerte indisposición. La tuvo que llevar a urgencias y al no ser familiar suyo la mandaron a casa. Dijeron que llamara al día siguiente que la paciente tendría que pasar la noche en el hospital. Lucía, al verla tan preocupada, le pidió su dirección y le prometió que ella la mantendría informada.
-        Sigue, esto se pone interesante.
-        Al día siguiente del ingreso de Carla Vieira, más conocida como Bronny, la enfermera de urgencias se presentó en la pensión. El estado de Carla había empeorado poco antes de terminar su turno y temía por su vida. Nuría salió pitando para el hospital y mientras bajaban la escalera la enfermera le dijo que lo sentía y que ella ya le advirtió que no estaba en condiciones pero no pude hacer nada pero que no quiso esclarecer sus palabras. En la calle ella paró un taxi mientras la mujer se subía a un seat 850 de color rojo con un bollo en el parachoques trasero.
-        ¿ Y el coche que dejó Pablo en La Casa de Campo era un seat 850 rojo con un golpe?
-        Eso tenemos que comprobarlo. Ella jura y perjura que era el mismo coche. Como fuere. Cuando ella llegó al hospital le dijeron que Bronny acababa de fallecer. Los médicos dijeron que al operarla de urgencias de la apéndice la mujer sufrió una hemorragia y que aunque se la cortaron no pudieron evitar su fallecimiento. Al no tener familiares en España y al ser brasileña tomarían contacto con la embajada y ella ya no volvió a saber nada más. Ni le avisaron de cuando y dónde la enterraban ni la embajada quiso dar información ni nada. Intentó buscar a la enfermera pero no la encontró. Otra enfermera le dijo que no volvería a trabajar porque se iba con su marido a otra ciudad. Tres días más tarde vio el coche y pensó que lo habría vendido al ver al hombre bajar del coche. La vida es dura para las prostitutas me dijo y no tenemos derecho a nada.
-        ¿ Pero no leyó en la prensa lo de la enfermera que apareció muerta en el aparcamiento?
-        No, no leyó nada en la prensa y además como ya hemos visto la mención al suceso no ocupó más de unas cuantas líneas.
-        ¿ Se lo has contado tú? ¿ Crees que estaría dispuesta a contarlo de nuevo ante Gustavo?
-        Claro y Nuria es lista, ha atado cabos rápidamente. La enfermera debió ser Lucía y que el hombre  que vio en el coche era su esposo. Tiene miedo porque teme que Lucía vio algo irregular en alguno de los médicos y si ella ahora declara y se reabre el caso, primero ni la van a hacer caso por ser una mujer de la calle y segundo si de verdad ha pasado algo también ella podría estar en peligro.
-        ¡Tengo que avisar a Asunción! Ya decía yo que mi sexto sentido me estaba avisando de algo.
-        Ahora eres tu el que habla en clave. ¿ Por qué dices éso?

Héctor le cuenta la zozobra que le había entrado viniendo hacia el despacho y que tenía que ver con la noche que iba a pasar Asunción en el hospital.

-        Cálmate, Asunción no es tonta y ya va a ir sobre aviso. Cuéntame cómo te fue con la vecina y relájate.
-        Tienes razón, mi mujer no es tonta pero también es muy atrevida y a veces se pasa un poco. Te resumo mi conversación con Pura y me voy a casa, tengo que hablar con Asunción cuanto antes.
-     Como quieras pero no la pongas nerviosa con tu manía de sobreproteger a todo el mundo.
-    Haré como que no he oído lo que has dicho. Escucha, resulta que el hijo de la hermana de Beltrán trabaja en los juzgados y la consiguió un pase. Coincidió con el día en que los vecinos de Pablo testificaban en contra de él. Contaron con pelos y señales la pelea que habían tenido, que la vieron salir sangrando y que no era la primera vez que oían voces cuando la niña no estaba presente. Dijeron además que era un hombre osco, que no tenía trato con casi nadie del vecindario y que en una junta de vecinos demostró muy malos modos con el presidente. Lo curioso, según Pura es que el abogado de Pablo no preguntó nada. Vamos que no trató de rebatir o contrarrestar a ningún testigo y ella a la salida le esperó y se lo echó en cara. El abogado le contestó que la fiscalía ya había determinado que era culpable y  que su única baza era el último día cuando presentara su alegato final.
-        Y no sirvió de nada, claro.
-        No. La sentencia ya estaba dictada desde el principio.
-        Supongo que ella tendría otra visión de Pablo muy diferente a la de los vecinos ¿no?
-        Por supuesto. Ella le conocía desde que era un crío de unos dos años. Era un niño muy sensible al que le gustaba mucho el dibujo y pasaba muchas horas con ella en el estudio. Es una mujer muy liberal y a pesar de que ya no es una jovencita sigue vistiéndose igual que los hippies,  pero eso no cuenta ahora. Lo importante es que Pablo nunca dio muestra de ser una persona violenta, ni de niño ni de mayor. Al revés trataba de buscar siempre la armonía aunque si es verdad que tenía pocos amigos. Huía de los bullicios, le gustaba la tranquilidad y odiaba los cotilleos.
-        ¿Y de Lucía que te dijo?
-        A ella le gustaba. Era una mujer muy agradable, atenta  e interesada en los demás aunque no podía desprenderse de la vigilancia militar de su padre. Adoraba a su padre pero le estaba siempre diciendo lo que tenía que hace era y tenía la impresión de  que por eso se casó con Pablo, por su carácter conciliador y también porque nunca le imponía nada, al revés, la dejaba volar sola cuando lo necesitaba porque disfrutaba de su alegría, de verla feliz. Los dos adoraban a Sandra y nunca presenció ninguna discusión entre ellos aunque siempre vio a Pablo más enamorado de ella que ella de él.
-        Muy interesante, no encaja con lo que dicen los vecinos. ¿  Doña Pura es una persona creíble? Quiero decir si tendría credibilidad su opinión ante un juez por eso de que dices que es hippie.
-        Pura tiene credibilidad y una muy buena cualidad a mi entender, es una persona muy observadora. Además de ser pintora y escultora lleva años dando clase en la Academia de Bellas Artes y tiene un libro publicado sobre el museo del Prado.
-        Si es así a lo mejor , Juanjo y Julio la conocen ¿ Se los has preguntado?
-        No, pero no hace falta. Ella misma me dijo que conocía a Juanjo cuando yo le hablé de que mi mujer trabajaba en la revista A media voz. Asunción me dijo a noche que si esa doña Pura firmaba sus cuadros y su libro como P. De la Rosa que entonces sí ha oído hablar de ella. De la Rosa era el apellido de su marido quien la animó a terminar sus estudios de arte y le pidió en su lecho de muerte que pintara y viviera la vida através del arte que él la seguiría y estaría orgulloso de ella desde dónde su alma se encontrara.
-        ¿ Eso dijo? ¿Era un hombre tan romántico?
-        Parece que sí. Al menos eso es lo que ella cuenta. A mi no me dijo nada de eso pero creo que Juanjo asi se lo contó a Asunción y a ella se le quedó grabado.  Y ahora si no te importa te dejo. Voy para casa, si me necesitas ya sabes donde llamarme.
-        Vale, vete y tranquilo que a tu mujer no le va a pasar nada. Yo me voy a dar una vuelta por la comisaría de nuevo a ver si consigo saber si se encontró el coche de Pablo y como era, si tengo noticias te llamo.

 La mañana se ha pasado volando piensa Asunción mientras retira las albóndigas del fuego.
La comida ya está lista pero no espera a su marido hasta más tarde y se asombra al oír la llave en la cerradura y su asombro aumenta cuando Héctor le cuenta lo que le pasó a Bronny y no oculta sus temores por la noche que va a pasar allí.

-        Gracias por confiar tan poquito en mí ¿ Crees que soy tan imprudente para preguntar a los cinco minutos qué me hablen de Lucía?
-        No te enfades, sabes que si confío pero a veces te entusiasmas tanto que te lanzas y aunque recoges velas a tiempo no puedo dejar de preocuparme.
-        Bueno dejemos el tema que me conozco el final, terminamos enfadados y no me apetece. Acepto que me lleves y me vayas a buscar y te aseguro que tendré mucho cuidado, es más, si no me dan pie no mencionaré a Lucía ¿ de acuerdo?

La contestación le deja un poco más tranquilo y repasan la lista de preguntas que Asunción se había preparado con ayuda de Aurelia, quien por su sección mensual tiene más experiencia en esos temas, poco después se sientan a comer y tras recoger la cocina viene la siesta prometida la noche anterior.














domingo, 15 de septiembre de 2013

La vuelta a casa. Capítulo 5



Capítulo 5

La intensa lluvia caída durante toda la noche no hacía presagiar que el día iba a amanecer radiante, con un sol tibio pero reluciente y sin viento. Hace un buen día se dice Bonilla mientras cierra el balcón del salón, se da la vuelta y echa una mirada a su entorno y murmura “ en unos días nada será igual”. Con una sonrisa en la cara contempla a Matilde hablar por teléfono con Asunción y a Javier recogiendo sus cosas para ir al colegio. El buen humor reina en la casa, parece que las nubes negras se disiparon con la lluvia de anoche y como prometiera a Javier le acompaña al colegio andando pese al frío reinante . Al salir del portal se suben ambos el cuello del abrigo, se colocan mejor los guantes y sujetan firmemente su cartera como si se hubiese puesto de acuerdo y recorren las calles hablando del próximo partido de baloncesto y de las vacaciones de Navidad que van a pasar en Tenerife. A la puerta del colegio se encuentra con Daniel y espera a que los niños crucen el patio del colegio en dirección a su aula, después continúa su camino al despacho recordando la conversación que tuvo con  Matilde y la que tuvieron con Javier. Matilde y él se han comportado como niños pequeños, no se han confesado sus miedos y temores, se los han guardado para no angustiarse mutuamente en lugar de compartirlos para juntos vencerlos. Al llegar a la esquina de la calle Sagasta con la glorieta de Bilbao se encuentra con Vallejo y juntos recorren los pocos metros que les separan del despacho. Una vez dentro preparan café y se sientan a esperar que llegue Héctor.
-  ¿ Y habéis arreglado algo? – pregunta Vallejo
-    Sí. Por fin hemos hablado entre nosotros como nunca lo habíamos hecho.Hemos estado tan ocupados, lamentándonos  por separado  de lo que pasó, que nos hemos olvidado de que el matrimonio es cosa de dos y que ambos lo estábamos poniendo en peligro. Necesitamos más tiempo pero tengo la impresión que ahora sí que caminamos juntos el mismo camino.  ¿ Sabes que nuestro salón era una de las cosas por las que mi mujer se pasaba el día angustiada y llorando?. Ya sé que es una tontería pero le recordaba al fatídico fin de semana lleno de policías, al operativo que montaron en casa y se agobiaba.
-   ¿ Y que vais a hacer?
-    Vamos a cambiarlo, otro papel en la pared y otros muebles  que vamos a elegir esta misma mañana y mientras nos empapelan el salón y nos traen los muebles me la llevo unos días a Mallorca. La isla tiene muchos rincones que nos traen muy buenos recuerdos.
-    A mi me parece una idea estupenda. ¿ Os lleváis a los niños?
-    No, Javier tiene que ir al colegio. Sergio se puede quedar con Fernanda y Javi con Asun y Héctor.
-   ¿ Cuándo os vais? ¿Lo sabe Héctor ya?
-    Matilde estaba hablando con Asunción cuando Javi y yo salíamos de casa. Mañana por la mañana volamos y el domingo por la tarde volvemos. Siento que no podáis contar conmigo en este nuevo caso.
La llegada de Héctor le obliga a hacer una pausa , le da tiempo a su amigo a sentarse, a servirse un café y en seguida le pone al corriente de sus planes y de la conversación que tuvo con su mujer.
-    Asun me ha contado algo deprisa y corriendo, por eso he llegado tarde y Bonilla, no te preocupes por el caso, a tu vuelta ya tendrás tiempo de involucrarte , te queremos al cien por cien y con buena cara. Seguro que estos días os vienen de maravilla y por supuesto que Javier se queda con nosotros.
-    Gracias Héctor – dice Bonilla – y ya lo creo que a mi vuelta me voy a volcar en el caso. Ahora os dejo que hemos quedado con una conocida de Matilde que es decoradora de interiores y se va encargar del cambio. A la tarde te veo cuando llevemos a Javier.
Cuando Bonilla sale del despacho Vallejo mira a Héctor y le pregunta.
-  ¿ Podemos prescindir de él por unos días?
-   Sí hombre, no te preocupes. Asunción se ha ofrecido a hablar con las compañeras de Lucía en el hospital. Tiene algo en la cabeza para no levantar sospechas y luego se pasa a contarlo. Veamos lo que vamos a hacer hoy.
La mañana pasa rápidamente y poco antes de la hora de la comida Gustavo entra en el despacho con el expediente de Pablo y comentando sobre el abogado que llevó el caso les encuentra Asunción cuando llega.
-    Venga Vallejo, he reservado en Alonso Martínez para los tres y ya se lo he dicho a Laura. No sabía que Gustavo iba a estar pero dónde comen tres comen cuatro.
-    Te lo agradezco Asun pero no puedo. Tengo una vista oral a las cuatro de la tarde y no voy a poder ni ir a comer a casa. Aquí os dejo el expediente. Estudiarlo vosotros, señalar las cosas que os choquen y mañana lo hablamos ¿de acuerdo?
Minutos más tarde y ya en el restaurante después de haber pedido el menú, Asunción les cuenta el plan que tiene con permiso de Julio.
-    Hemos pensado en escribir un artículo sobre los trabajadores en turno de noche en los hospitales, sobre todo en Urgencias y comenzar con el personal femenino y si les suponen tanto en el ámbito familiar como en el laboral más problemas que a sus compañeros masculinos sólo por el hecho de ser mujeres. Julio se ha puesto manos a la obra y me ha conseguido una entrevista para esta misma tarde, a las 8 de la tarde, con la encargada de Urgencias del Clínico. ¿ Qué os parece? ¿ Es lo suficientemente creíble para no levantar sospechas e indirectamente preguntar sobre el desgraciado suceso de la enfermera que apareció muerta en el aparcamiento a principios de año?
-     Me parece muy bien- dice Vallejo – no queríamos empezar sin haber leído el expediente y de esa forma podemos obtener una información que puede ser muy útil.
-   ¡Ya te dije que tenía un plan!, no se la puede comentar nada sin que su cabeza no empiece a cabilar como enfocar un asunto – comenta Héctor mirando con orgullo a su mujer.
-    No seas exagerado Héctor, no es la primera vez que la revista colabora con vosotros y además el tema es interesante. ¿ Y tú que vas a hacer?
-    Leerme el expediente y hablar con la vecina de Marcos.
-    Es verdad, ella estuvo un día en el juicio pero ¿ cómo pudo entrar si era a puertas cerradas?
-    Eso mismo quiero yo saber y de paso oír sus impresiones sobre ese día y si es posible que me hable de Pablo, de como le vio ella antes de los hechos si es que se vieron, claro.
-   Yo  estoy intentando que un familiar de mi mujer, procurador en cortes por el tercio familiar, me hable sobre el suegro de Pablo.
-   Es verdad, el padre de Lucía es procurador designado directamente por su rango militar. No creo que sea fácil hablar con él sobre su hija y menos aún si decimos que somos detectives y que el hermano de su yerno nos ha pedido que investiguemos el caso- comenta Asunción
-  ¿Somos detectives? – pregunta Héctor mirando a su mujer
-   Bueno, ya me entiendes, quiero decir vosotros. Yo no, ya lo sé aunque mi trabajo tiene mucho que ver con el vuestro.
-   Por supuesto! –contesta Vallejo – y tienes razón. Hasta que no tengamos serios indicios de que hay una tercera persona, un tercer sospechoso no conviene molestarle.
De vuelta al despacho comienzan a leer el expediente y  los hechos coinciden con lo que Pablo le contaba a su hermano en la carta. El alegato del abogado, basándose en que las pruebas son todas circunstanciales,  son rebatidas una por una por la fiscalía. Curiosamente el fiscal tenía testigos que corroboraban que Pablo era un hombre afable pero con cambios de humor con tendencia a arrebatos violentos. El abogado no presentó ningún testigo a descargo ni consta que hubiese investigado lo de la Casa de Campo o hubiese hablado con la vecina o compañeros de trabajo.
-  ¿No te parece raro que no reconstruyera los pasos dados por Pablo esa noche?
-   Se nota que era un novato, está aún muy verde. Era su segundo caso según apunta Gustavo en la nota que nos ha dejado y hasta la fecha no ha ganado ninguno.
-   Ni los ganará si sólo se preocupa de hacerlo desde su despacho sin buscar testigos a descargo. ¿ Te encargas tu de ver si aún podemos seguir sus pasos?
-  Me extraña que en esa zona no se hubiese encontrado con alguna prostituta, sobre todo si el coche estaba parado y cerca del Lago. Creo que por ahí podemos empezar y también por los supermercados cerca de su casa o del trabajo. Quizá alguien recuerde a un hombre entrar, a punto de cerrar, comprando una botella de coñac.  Esta noche me daré una vuelta por la Casa de Campo aunque a Laura no le va a hacer mucha gracia.
-   Menos me hace a mi lo que Asun ha apuntado, lo de pasarse una noche en urgencias para ver in situ lo que pasa.
-        Sí pero no es lo mismo Héctor. En la sala de Urgencias no la puede pasar nada y además tu irías a buscarla pero yo me voy a pasar la noche hablando con prostitutas, por cierto ¿ puedo declarar los gastos?
-   Muy gracioso hombre. Si  consigues una información válida y  está dispuesta a declarar, ya veremos lo que hacemos ¿ de acuerdo?. Voy a llamar a la vecina, quizá me pueda pasar hoy mismo.
-   Hazlo, yo me voy ya para casa. Pasaré la tarde con Laura para que compensarla la ausencia nocturna.
-  ¡Sigues tan socarrón como siempre!
-  ¿ Y para qué cambiar, si así me adoráis todos?- contesta Vallejo poniéndose el abrigo y la bufanda mientras Héctor comienza a marcar un número  y tiene suerte.
       Doña Pura está a punto de salir cuando suena el teléfono y vuelve sobre sus pasos. No se sorprende demasiado de la petición del detective Perea y queda con él en una cafetería de la Gran Vía tras disculparse por no poder ir al despacho.
-      Cuando entre mire por una hippy entrada en años y me habrá encontrado – le dice jovialmente y cuelga el teléfono.
Y en efecto, a la hora acordada Héctor descubre en una mesa a un señora de unos cincuenta años, con trenzas rojizas, collares de todos los colores, falda larga de cuero, y chaleco haciendo juego que deja ver una blusa con un estampado flores pequeñas. Debió  ser una mujer muy guapa se dice mientras se acerca a la mesa y le extiende la mano que la mujer estrecha al tiempo que le da dos besos. El tiempo se le hace corto, la mujer es de la que cuando hablan captan la atención y te tienen pendiente de sus labios. El efecto que produce en los demás parece no hacer mella en ella, el güisqui que tiene delante anima la conversación aún más y cuando Héctor se levanta porque el tiempo le apremia, está seguro que quedará con ella de nuevo. Tiene mucho que contar pero lo más importante es que sabe calar a la gente, tiene las ideas muy clara, es directa y franca.
Héctor llega a casa a tiempo de recibir a Bonilla y a Matilde que vienen a traer a Javier. Asunción aún no ha llegado del Clínico pero María ya está preparando la mesa y la cama turca para Javi en la habitación de Daniel. Se les ve contentos, el día ha sido muy productivo, los muebles nuevos y el papel ya están comprados.
-        Marta, la decoradora de interiores se pasará mañana por la tarde con los empapeladores. El portero tiene la llave y en dos días tendrá el salón redecorado nos ha dicho.- comenta Matilde muy ilusionada y un poco avergonzada al mismo tiempo.
Héctor la tranquiliza y dice que se puede hacer una idea de lo que debía de sentir, después cambia de conversación y se disculpa por la tardanza de Asunción pero no quiere decir a dónde ha ido para evitar que Bonilla comience a hablar del caso. Están a punto de irse cuando aparece Asun radiante y contenta y al ver la seña que le hace su marido se inventa una excusa.
-    Disculpad pero teníamos problemas con una impresora y hemos tenido que cambiar la maqueta del número. Pásarlo bien y no os preocupéis por nada.- le dice a Matilde dándole un beso muy fuerte y un abrazo a Bonilla.
Cuando se quedan solos pregunta Héctor.
-     ¿ Y, cómo te ha ido?
-      Muy bien, me han presentado a unas cuantas enfermeras y mañana puedo hacer turno con dos de ellas. Me han parecido muy abiertas asi que espero sacar un buen reportaje e información que nos sirva para el caso.
-     ¿ A que hora tienes que empezar y hasta que hora? – pregunta Héctor un tanto seco.
-      A las nueve de la noche y el turno termina a las cinco y medio. No te preocupes, no me va a pasar nada y sólo es una noche. Mañana voy a estar todo el día en casa asi que puedes venir a comer y después dormimos una siesta juntos para compensar la noche en vela ¿ Te hace?
-      Visto así y por una vez puedo hacer una excepción.¿ Qué les vamos a decir a los niños?
-      La verdad, que tengo que hacer un reportaje de Urgencias. Y a ti ¿cómo te ha ido?.
-      Mejor de lo que esperaba. He conocido a una mujer muy interesante y ya te lo contaré después de cenar.
Asunción quiere responder a su marido cuando Javier y Daniel interrumpen en el salón.
-    Tenemos hambre ¿ falta mucho para la cena?
-     Ahora mismo voy a ver como va María , volved a la habitación que ya os avisaremos para poner la mesa - y volviéndose hacia su marido le dice antes de irse a la cocina- si querías despertar mi curiosidad lo has conseguido .
-      Aquí estaré, no voy a ningún sitio – contesta Héctor riéndose, sacando se su cartera el bloc con las notas de la conversación que ha tenido con Doña Pura.