miércoles, 28 de noviembre de 2012

En busca de Paloma 5.



De camino al restaurante Alejandro  vuelve a dar las gracias a Asunción por su ayuda y le comenta, lo mucho que le ha gustado el ambiente que se respira en la revista, un ambiente muy distinto al que le contara su madre cuando la dirigía Rocío Zúñiga.

-    Es otra revista, no solo el nombre ha cambiado sino también el dueño y tu madre ya no es la propietaria del local.
-    Es cierto. Creo recordar que al morir la sra. Zúñiga, con la que mi madre tuvo sus más y sus menos, la nueva propietaria no sabía que hacer con ella y Julio la compró con capital prestado por el socio de su marido ¿me equivoco?
-    No es del todo exacto, pero vas por buen camino. Bonilla contactó con Ana , nosotros no queríamos cambiar de ubicación y tu madre ya había dado a entender que quería deshacerse del local. Bonilla se lo compró, este a su vez se lo vendió simbólicamente a Julio y el local fue el aval que se presentó al banco para el préstamo que mi jefe necesitaba para cerrar la compra de la revista.
-    Es verdad, ahora lo recuerdo, mi madre comentó que Bonilla la había emulado al vender el local “por una peseta”a Julio solo que esta vez el gesto era generoso y no tenía nada que ver con su venta a Rocío y las fotos.
-    ¿Sabes lo de las fotos?- pregunta Asunción
-    Sí,  a los 14 años mi madre comenzó a contarme cosas. Héctor parece que tampoco tiene secretos con usted y mi madre tampoco los tiene conmigo. Algunas cosas, con referencia a mi padre no las sé, pero el motivo de trasladarnos a Venezuela, tras el chantaje de un colaborador vuestro, me lo ha contado con pelos y señales.
-    Ese colaborador fue despedido por Rocío al poco tiempo. A tu madre no le gustó el reportaje que escribió Narciso el día del entierro de tu abuelo y como la propietaria tenía problemas con el banco, ante la negativa de una rectificacción compró la revista dejando a Rocío como accionista minoritaria.
-   Es el último reportaje que he leído y Héctor tampoco sale muy bien parado sobre todo en la foto.
-   Sí, fue lo que le faltaba en ese momento, se sintió apaleado por todos los lados, aún recuerdo como las pagó conmigo cuando fui a llevarle unas carpetas a su despacho pues por aquel entonces la revista le encargaba ciertos casos.
-   ¿Te gustaba ya en aquel tiempo? Perdona – dice Alejandro temiendo haber traspasado una línea – por el tuteo y mi curiosidad. Le ruego que olvide la pregunta.
-   No pasa nada Alejandro. Lo único que va a pasar es que no vamos a llegar a la hora como este atasco no se solucione – comenta Asunción cansada ya de los 10 minutos que llevan en la Plaza de Colón atrapados en un monumental embotellamiento de coches -  Puedes tutearme, al fin y al cabo yo lo hago contigo y tampoco me importa que me preguntes por cosas personales.

     Asunción hace una pausa, apaga la radio y le pide a Alejandro, que acaba de encender un cigarrillo , que le encienda otro a ella.  No suele fumar mucho pero los atascos la desquician y cuando esto pasa recurre a un cigarrillo. Baja las ventanillas un poco para paliar asi el olor del tabaco y tras la primera calada dice:

-  Cuando conocí a Héctor en seguida supe que estaba casado y que llevaba varios años separado de su mujer. Las versiones que corrían eran muy variopintas , para algunos, Narciso por ejemplo, era tan violento que su mujer tuvo que huir, para otros su mujer tenía un amante y su cuñada les encubría y para otros, como mi tía Manolita y tío Marcelino las desgracias pudo con el matrimonio y como tu venías de camino vieron lógico que Teresa se fuera con tu madre. Al principio me negaba a admitir que me sentía atraída por él, nuestra relación era laboral y estaba llena de chispas y de desencuentros enormes. Al aparecer el cuerpo de tu abuelo, muerto de frío al lado de mi portal,  con un aspecto completamente diferente al que la gente guardaba de Don Ramón Rivas, fue Héctor quien tuvo que identificarlo y darle la noticia a tu madre. Era la segunda vez que las veía, la primera vez fue muy fugaz y mi hermana Chelo se quedó contigo, y cosas de la suerte o del destino, me encontré con Teresa cerca de casa, hablamos un rato y al nombrar a Héctor lo hacía con cariño así pues, pensé, que mis tíos tenían razón, las desgracias había podido con ese matrimonio y yo llegué justo en el momento en que, Teresa por tercera vez le decía que ella era feliz con vosotros y que deseaba, con todas sus ganas, que Héctor fuese feliz y encontrase a alguien que estuviera dispuesta a empezar una relación sin un futuro que acabara en boda.
-    Y ese alguien fuiste tú y no sabes lo que se alegró mi tía cuando se enteró de que viviáis junto, que habías sido madre y por fin, cuando llegó la anulación celebramos en casa vuestra boda.
-   !Vaya! eso no lo sabía pero me alegro de haberle proporcionado tal alegría. Yo también le estoy, aunque parezca una barbaridad lo que digo, le estoy, repito agradecida por su elección, más agradecia aún por pactar la nulidad. Si se hubiese quedado con Héctor me habría perdido al hombre de mi vida y al mejor padre que jamás hubiera podido imaginar para mis hijos.
-    La verdad es que se os ve muy enamorados a pesar del tiempo que lleváis juntos.
-   Y seguiremos estándolo, no tengas dudas, llevamos mucho tiempo acoplándonos, puliendo nuestras diferencias, respetando nuestra forma de ser y cada día que pasa siento que le amo más y él a mi…espero que seas un poco romántico porque si no esta confesión te va a parecer de novela rosa – ríe Asun un poco nerviosa.
-    Descuida Asunción, me gustan las novelas policiacas pero no le hago ascos a una novela romántica y mi tía Teresa tiene la culpa. ¿Sabe María también lo que pasó?
-    La versión de mis tíos es la que le hemos contado. María estuvo presente en nuestra boda y nos la llevamos en nuestro viaje de novios. Es una niña muy lista y seguro que algún día ata los cabos sueltos y nos lo dice. ¿Te puedo yo hacer una pregunta personal?
-  Sí, claro, viniendo de ti creo que puedo contestar con plena sinceridad.
-   Gracias, ¿saben tus amigos la relación que existe entre Teresa y tu madre?
-   La verdad solo la conocéis vosotros, la conocía la abuela Carmen y Simón. Normalmente son muy discretas,  aprendieron la lección en Santader suele decir mi madre y si alguien sospecha algo se lo calla,  a mi nadie me ha preguntado nada ni he oído rumores. Gracias a Simón, aunque murió demasiado pronto, cuando yo tenía 12 años, no eché de menos la presencia de un hombre en la casa.
-   Es una verdadera pena y una injusticia que tenga que ser así. Nosotros al menos pudimos vivir libremente nuestro amor, aunque algunos nos señalasen por no estar casados, pero ellas nunca han tenido ni van a tener esa oportunidad . 
-    Quizá en el próximo siglo cambien las cosas, de momento no hay otra. Quien peor lo lleva es mi tía pero poco a poco se ha ido acostumbrando. Por cierto, antes de que se me olvide ¿podrías conseguirme una foto de Narciso y otra de Carmona?
-   De Narciso puede ser fácil de Adolfo Carmona va  a ser muy difícil, hace años que abandonó España. Fue uno de los primeros casos de Héctor y Bonilla juntos. Investigaron en su pasado, descubrieron una película comprometedora y tu madre le dió la elección de salir de España o descubrirle ante ciertas personas.
-    No me extraña, después de los artículos que he leído en vuestra revista es lo menos que podría haber hecho mi madre.
-    No sé yo si la vía del chantaje es la mejor vía para resolver problemas. Al final tu madre abandona su país por el chantaje inmoral de otro periodista.
-    Tienes razón, ironías de la vida, pero no olvides las fotos mañana.
-    Lo intentaré, bueno por fin llegamos y tu no olvides hablarle a Héctor del empresario canario, amigo de tu madre, que te hizo compañía durante la travesía. Tampoco olvides recordar cosas que Paloma te contara, puede ser importante.
-      ¿Crees que ella no es una víctima sino parte interesada?
-      Solo tenemos, de momentos su palabra y contada por ti.
-      Entiendo pero yo la creo, no sé por qué pero ella no está en el juego que están jugando conmigo. ¿Ya hemos llegado?
-      Sí y ahora a aparcar, va a ser difícil, probaré por las bocacalles.

Asunción no puede encontrar sitio para aparcar el coche y deja al chico en la puerta del restaurante, espera a que entre y cuando va a arrancar sale Héctor, baja la ventanilla, se dan un beso, intercambian algunas palabras y conduce de vuelta a su casa mientras en el restaurante Alejandro se sienta a la mesa ocupada por Vallejo y Héctor hace las presentaciones.










martes, 27 de noviembre de 2012

En busca de Paloma. 4


4.

-       Bueno, ya estoy aquí y muerto de curiosidad – dice Vallejo nada más entrar en el despacho.
-       Pasa y ponte cómodo – contesta Héctor mientras cierra la puerta.
-       ¿Dónde está el chico? Según Ramírez tendría que estar aquí.
-       ¿Has hablado con él antes de venir ?
-       Digamos que me ha avisado de tu llamada.
-       Vaya, no deja crecer la hierba tu sucesor en la comisaría del Centro.
-        No te vayas por las ramas y díme dónde está el joven Rivas.
-       No me voy pero se habla mejor tomando algo ¿ te apetece un café, una cerveza o algo más fuerte?
-       Un whisky no me vendría mal pero mientras lo sirves comienza a contar.
-       Está bien, ¿con hielo?
-       Con hielo y desembucha ya ! coño !.

Con los vasos chatos en la mano Héctor se encamina a la pequeña nevera-frigorífico que tienen, saca unos cubitos de hielo, los deposita en los vasos, vuelve al mueble bar y sirviendo el whisky dice:

-       Alejandro está con mi mujer, han ido a la revista. El chico tenía pensado pasarse por la hemeroteca en busca de recorte de prensa de su familia, sobre todo de su padre. Asun le ha dicho que ellos tienen mucho material.
-       ¿Es ese el motivo de su viaje a Madrid?
-       Fundamentalmente sí, al menos es lo que él nos ha contado.
-       ¿ Cómo le han dejado venir solo desde Venezuela, no deja de ser un crío por muchos 19 años que tenga?
-       !Vaya! estás bien informado de su edad, me parece que Ramírez te ha contado más de lo que dices.
-       No, no creas, es algo que a él también le ha extrañado y me lo ha comentado. Parece bien preparado para su edad y no se deja intimidad, algo muy de los Rivas, según creo.
-       Es cierto, la procesión va por dentro pero en eso se parece a su madre.
-       ¿ y en lo demás?
-       Como bien dices es un Rivas pero físicamente es un Alfonso García, con buenos modales pero noble como en el fondo era Alfonso en sus ratos buenos.
-       Tu lo sabrás, supongo, yo solo conozco su expediente, su paso como boxeador y su gloria que poco duró por culpa de la mierda que se metía. ¿sabe  Alejandro lo de las drogas?
-       Sabe mucho pero es la versión de su madre y de su tía,  no creo que sepa toda la historia, por eso quiere investigar el mismo aunque lo de las sustancias no lo va a encontrar en las reseñas de los periodicos.
-       Eso es verdad pero aún no me has contado nada y el whisky se acaba.

Héctor se levanta y coge la botella de nuevo, la pone en la mesa, se sienta y dice:

-       Según Alejandro, al cumplir los 18 años su madre le habló de inscribirle en la escuela más antigua de Inglaterra, en la que ella también hizo unos cursos, una escuela de negocios – Héctor hace una pausa, toma el bloc de notas de Asunción y le enseña el nombre de la escuela que su mujer apuntó con la ayuda de Alejandro-  mira, aquí está: Birmingham Business School, pero no lo leas si no quieres romperte la lengua al menos que sepas inglés.
-       Muy gracioso – dice Vallejo – continúa.
-       Como te decía, siguiendo la tradición él también tiene que hacer allí un curso o dos antes de continuar con otros estudios. Alejandro puso una condición: venir a España primero. Quería conocer el país en el que ha nacido, el país del que tanto le hablara su abuela Carmen asi como visitar el pueblo donde crecieran Teresa y Alfonso. Su madre se niega en redondo a volver a España y tras un tira y afloja llegaron a un acuerdo. Podía venir una semana y en Santader tomar el ferry a Inglaterra, allí se uniría a su madre y a Teresa para visitar la escuela, esa que has leído. Su madre le ha reservado los hoteles en Cádiz, el de Madrid y el de Santader, le llama todas las noches a las once, incluso en el barco ha hablado con ella.
-       Perdona – dice Vallejo interrunpiendo el relato - ¿Por qué ha venido en barco?
-       Alejandro tiene pánico a los aviones. En Venezuela, en un vuelo interno, el avión en el que iba con su madre hizo un aterrizaje de emergencia y desde entonces el chico no quiere oir hablar de aviones.
-       Entiendo y ¿te ha dicho algo de la chica?
-       Sí, conoció a Paloma en la estación, al ir a comprar el billete para Madrid y al ser testigo de que ella no tenía suficiente dinero se ofreció a ayudarla. La chica aceptó al final e hicieron el viaje juntos. En el tren le contó el motivo de su viaje a Madrid.
-       ¿Y ese motivo cual es?
-       Quiere encontrar a su madre. Lo que te cuento está en el bloc de Asun, ella ha ido escribiendo lo que Alejandro nos decía, normalmente es Bonilla el de las notas pero como no está mi mujer se ha ofrecido a hacerlo. Paloma vivió con su madre en un pueblo de la sierra de Cádiz hasta que su padre salió de la cárcel. Era maestro de escuela, pertenecía al partido comunista y fue arrestado cuando ella tenía 10 años. Al poco tiempo de cumplir los 14 le dejaron libre  y entonces su madre les abandonó. Parece ser que la mujer lo tenía pensado desde hacía tiempo. Nunca simpatizó con las ideas de su marido pero tuvo que aguantarse el vacío y las habladurías de la gente del pueblo. Paloma creció sin muchas amigas, en el colegio la conocían como la hija del rojo y cuando su madre se fue la cosa fue a peor. Su padre no quiso abandonar su casa, a pesar de que en el pueblo ya no tienen familia, ésta se encuentra repartida por América y el centro de Europa. La chica nunca ha conocido a la familia de su madre pero al principio de llegar a Madrid le mandaba de vez en cuando una carta, la última data de diciembre de 1970.
En septiembre de este año falleció su padre,  salió de la prisión con muy mala salud pero su muerte no fue por causa natural, su padre sufrió un accidente trabajando en el campo, en unas tierras que eran de su familia, de toda la vida, un pequeño olivar que le daba lo suficiente para sobrevivir.
-       ¿Fue un accidente fortuito o provocado?
-       Para la Guardia Civil y la gente del pueblo fue fortuito pero Paloma no se lo  cree. Al poco tiempo de morir su padre el cacique del pueblo quería comprarle las tierras y la casa por dos perras gordas.
-       ¿Y la madre? ¿No sería ella ahora la propietaria?
-       No, el padre había hecho un testamento a favor de Paloma. Sus padres no estaban casados.
-       Entiendo y la chica aceptó la oferta y se vino a Madrid en busca de su madre ¿no es eso?
-       Sí, algo sí, según Alejandro un verdadero abuso, como sea, la historia de la chica le conmovió  y quería ayudarla. Después de pagar unas deudas que tenía su padre, deudas de las que la chica no tenía ni idea, le quedó bien poco, nada en realidad, era tan poco que no le llegaba ni para el billete.
-      ¿ Tú te crees la historia de la chica ?
- Una llamada tuya o de Ramírez al pueblo y salimos de duda ¿no crees?
- En efecto y suponiendo que la historia sea verdadera ¿ crees que la desaparición de la chica tiene algo que ver con el cacique o van a por Alejandro por causas que no conocemos y está ella implicada?
-      No creo que esté implicada pero me inclino por tu última opción. Como dice mi mujer, aunque nosotros nos ríamos, tengo un palpito, no sé quien y por qué pero van a por Alejandro. De hecho cuando veníamos para acá nos ha seguido un coche. Alejandro se pensaba que le estábamos observando a él por el espejo retrovisor. En seguida nos dimos cuenta que el seat negro nos seguía.
-       Esos son los hombres de Ramírez.
-       Ahora eres tú el que tiene que explicarme tus palabras.
-       Ramírez no puede abrir una investigación oficilamente hasta que no pasen 48 horas pero él también tiene un pálpito como tú y no quiere perder de vista al chico, al fin y al cabo es el heredero de una gran fortuna.
-       En eso llevas razón. Ana ha levantado un nuevo imperio en Venezuela, además de las tiendas de moda que lleva Teresa tiene montada una inmobiliaria y anda metida en asuntos petrolíferos.
-       Sí, es una buena empresaria aunque aquí no tuviera tanta suerte debido a las circunstancias. Algún día espero que me cuentes la historia oficial y no la oficiosa.
-       No hay historia oficial Vallejo – dice Héctor apurando la última gota del segundo whisky al tiempo que mira la hora en su reloj – he quedado con Asunción y Alejandro a las 9 de la noche cerca de su hotel para cenar ¿ te apuntas? Así le podrás conocer, además no tengo coche hoy y Asunción tiene que regrasar a casa, los chicos no pueden estar tanto tiempo solos.
-       Me parece bien, acepto, voy a llamar a mi mujer.

Mientras Vallejo llama a su mujer Asunción y Alejandro abandonan la redacción después de haber consultado varios periódicos antiguos y algunos más modernos como el reportaje del entierro de su abuelo don Ramón Rivas.

lunes, 26 de noviembre de 2012

En busca de Paloma. 3



3.

El comisario Ramírez recibe a Héctor en su despacho y Asunción, desde la sala de espera,  llama a Olavide para ponerle al tanto, por si fuera necesaria su presencia, mientras en un cuarto incomunicado, un asustado Alejandro completa las cuatro paredes grises, un tanto desconchabadas, que le rodean. Su mirada se fija sobre la mesa de metal que tiene delante de sí y las dos sillas que completan el mobiliario ; daría cualquier cosa por tener su cajetilla de tabaco, ahora, al igual que desde las once de la mañana de hoy, necesita encender un cigarrillo cada dos minutos, aplacar de algún modo sus nervios, acallar el miedo que está sintiendo pero  la policía se ha quedado con su abrigo, sus papeles, su dinero y su tabaco. Nota que su ánimo está cambiando por momentos y decide no pensar en cómo ha llegado  hasta aquí, cómo es posible que se halle en semejante situación.
Ayer lunes, a las diez de la noche, había dejado a Paloma en el hostal de la calle Fuencarral después de haber cenado juntos y quedar para desayunar, en la cafetería de la esquina del hostal,  al día siguiente. Quería aprovechar los dos días que le quedaban en Madrid para ayudar a la chica sin  por eso perder de vista el motivo de su visita a la capital. Recuerda que durante la cena le dijo:

- Mañana quiero acercarme al pueblo de mi padre, cerca de Madrid  ¿podrías acompañarme? .
- Me gustaría pero tengo que ponerme a buscar a mi madre. Quiero pasarme por la dirección que tengo aunque sea antigua, quizá alguien la recuerde, tengo que hacer algo, ya he esperado mucho tiempo y para ello he venido a Madrid.
- Lo sé Paloma y te he prometido ayudarte en la búsqueda, acompáñame mañana y por la tarde vamos juntos a la dirección que tu tienes. Yo también tengo una dirección de un detective privado que conoce a mi familia. Si no encontramos ninguna pista que nos lleve a tu madre podrías visitarle. No te preocupes por los gastos, corren de mi cuenta.
- No Alejandro, tu ya has hecho mucho por mi.Tengo que encontrar trabajo en una casa de sirvienta o algo por el estilo y si no encuentro a mi madre  me acordaré de la dirección pero no pienso llamar hasta que no tenga algún dinero ahorrado.
- No seas cabezota Paloma, déjame ayudarte hasta que me marche el jueves a Santander.
- No te ofendas ni te enfades Alejandro, pero no. Tengo que aprender a resolver mis propios problemas pero acepto el desayunar mañana contigo y reunirnos por la noche para cenar, asi me podrás contar tu visita al pueblo de tu padre y yo te contaré si ha habido suerte en la dirección donde viviera mi madre.
- Como quieras ¿Mañana a las nueve y media?
- A las nueve y media.

Dicho esto salieron del restaurante y entró con ella en el hostal, donde tenía pagada la estancia de una semana, gracias a Alejandro; allí saludaron a la mujer que estaba en la recepción y se despidió de Paloma  con un tímido beso en la mejilla, después salió a la calle, anduvo unos metros hasta Gran Vía y se metió en su hotel. Alejandro recuerda que a las once de la noche llamó su madre desde Venezuela y hablaron un buen rato. Los planes seguían adelante y se reunirían con ella y su tía en Inglaterra dentro de unos días pero ahora ya duda de todo. Confía en que la policía haya llamado a Perea y  le pueda sacar de ese cuarto sin necesidad de que su madre se entere de lo que le está pasando. En ese momento detiene sus pensamientos al oir que la puerta se abre;  dos hombres con traje azul entran en el cuarto, le observan de arriba a bajo sin decir palabra y se sientan enfrente de él poniendo sobre la mesa una cajetilla de cigarrillos y un cenicero.

- Mi nombre es Ramírez, soy el comisario y me acompaña el señor Perea como usted les pidió a mis hombres-  se presenta el comisario encendiendo un cigarrillo mientras Héctor asiente con la cabeza, toma la cajetilla y ofrece un cigarrillo al chico al tiempo que coge otro para él.
- Gracias sr. comisario y gracias sr. Perea por venir ¿podría explicarme por qué sus hombres me han traído aquí? - contesta el chico tratando de aparentar tranquilidad, de disimular sus miedos como su madre le enseñara y cortesmente dá las gracias al aceptar el cigarrillo.
- Veamos - dice el comisario - según la dueña del Hostal Fuencarral usted llegó ayer tarde  acompañado de una jovencita, reservó una habitación para ella y pagó por siete días además de dar una propina por la falta de papeles de la joven. Dicha señorita ha desaparecido del hostal dejando sus pertenencias en él y al parecer no durmió en la habitación. Usted es el último que la vio según la dueña del hostal ¿me equivoco?
- No,no se equivoca. He ido esta mañana a buscarla y en vista de que no bajaba subí con la dueña a la habitación y no había nadie. No ha dejado ninguna nota y se ha ido con lo puesto, es decir con el jersey de lana y los pantalones que llevaba durante la cena, su abrigo y su bolso estaban sobre la cama. La dueña asegura que no la ha visto salir y que nadie ha entrado y yo no sé que pensar ¿pero cómo se han enterado ustedes? Yo no he puesto ninguna denuncia, sé que hay que esperar 24 horas por lo menos.
- Usted no ha puesto ninguna denuncia es cierto, pero hemos recibido una llamada anónima culpándole a usted de la desaparición de la joven.  Nos han proporcionado su nombre, su descripción y nos han dicho correctamente en que hotel se hospeda.
- ¿ A mi?, no entiendo, nadie me conoce en Madrid, sólo en el hotel saben mi nombre y apellido, la dueña del hostal tan sólo conoce mi nombre ¿se me acusa de algo?
- No, Alejandro - dice Héctor abriendo la boca por primera vez - formalmente no hay pruebas y como bien dices aún no han pasado 24 horas desde que la chica ha abandonado el hotel.  Según tus palabras y las de los agentes, la habitación estaba en orden, no hay señales de violencia asi que la policía  te va a dejar venir conmigo ¿verdad comisario Ramírez?
- No tan deprisa Perea, él puede salir pero su documentación se queda en comisaría , tendrá que presentarse mañana a primera hora y le está prohibido abandonar Madrid hasta nueva orden.
- !No puede hacer eso!, tengo que coger el viernes el ferry para Inglaterra en Santander, mi madre y mi tía me esperan allí y si no llego la pueden liar.
- Probablemente sin nadie les avisa y eso lo podemos hacer ahora mismo - dice el comisario
-No, por favor no la llame, les prometo que yo no tengo nada que ver con la desaparición de Paloma. Anoche, cuando llegué al hotel llamó mi madre y estuvimos como una hora hablando y después me fui a la cama.
- Esta bien joven no llamaremos a su madre y rece para que la chica aparezca antes de 48 horas y no hayan más llamadas anónimas.
- Gracias sr. Comisario.
- No, no me las de a mi, désalas al sr. Perea que sin conocerle  de nada le ha avalado  además de buscarle abogado por si lo necesitara. !Mañana a las 10 quiero verle de nuevo y deje dicho en el hotel a dónde va!.
- Gracias Ramírez, de momento se viene conmigo a mi despacho, ya te mantendré informado, quizá le pida ayuda a Vallejo.
- Me parece bien.

Perea y Ramírez se estrechan la mano mientras Alejandro sale por la puerta y en la sala de espera  se encuentran con Asunción. Tras las presentanciones abandonan la comisaría y los tres se encaminan al despacho de Héctor y Bonilla.
En el camino no hablan mucho pero al ver Alejandro como Asunción le está observando por el espejo retrovisor dice tímidamente, para romper el hielo:

-      Gracias por las felicitaciones de Navidad, tiene usted muy buen gusto, cada año me gusta más el texto, la forma tan personal que tiene de desearnos felices fiestas..
-      De nada chico, me alegro que te hayan gustado, bueno ya estamos llegando ¿has comido algo? – le pregunta .
-      Un suizo con el café un poco antes de que la policía me detuviera, pero no se moleste, no tengo hambre.
-      Eso dices ahora pero no es ninguna molestia. Ahora mismo te compro un bocadillo en el bar y lo subo ¿te gusta el jamón serrano? o ¿ quieres uno mixto con queso?
-      Uno de jamón está bien y muchas gracias.
-      ¿Quieres algo tú cariño?- le pregunta a su marido que no ha abierto la boca en todo el camino.
-      De comer nada, sube algunas cervezas si puedes y ¿estás segura que Tim va a recoger a los chicos después del entrenamiento?
-      Sí mi amor, no te preocupes. He llamado a Tim y me lo ha confirmado. María y él van a buscarlos y luego irán para casa
-      Eso quiere decir que van a estar solo con María en nuestra casa.
-      ¿Solos? ¿ con Javier y Daniel en casa? Lo dudo, ya sabes que no dejan a Tim  tranquilo y además mi madre subirá cada dos por tres con cualquierr pretexto hasta que lleguemos.
-      De acuerdo, visto así tendrás razón, como siempre.

Asunción aparca el coche cerca del bar, los primeros en bajarse son Héctor y Alejandro y mientras ellos entran en el portal del edificio dónde tienen el despacho, Asunción empuja la puerta del bar, hace su pedido, compra dos cajetillas de cigarrillos, paga la cuenta y a los pocos segundos ya tiene su encargo listo . Cargada con las bolsas anda unos metros y se mete en el portal, abre la puerta del ascensor y sube al segundo piso dónde en el 2C se puede ver la placa “ Héctor&Bonilla. Detectives privados”.  Al abrir la puerta oye como Alejandro y Héctor están hablando de Carmen, de la abuela de Alejandro y primera suegra de su marido. Al verla entrar Alejandro se calla pero Héctor le anima a seguir.

- Perdonad si interrumpo - dice Asun - voy a hacer café ¿quieres tú también una taza o prefieres una cerveza?- le pregunta al chico al tiempo que le deja el bocadillo sobre la mesa.
- Café está bien, gracias - contesta Alejandro desenvólviendo el bocadillo e hincándole el diente pues aunque no lo quisiera reconocer tiene hambre.
- Yo también quiero café Asunción - dice Héctor

Mientras beben el café y el chico se termina el bocadillo siguen hablando de Carmen y Héctor reconoce que él no tiene quejas de sus suegras.

- !Más te vale!- comenta su mujer riéndose.






domingo, 25 de noviembre de 2012

En busca de Paloma. 1 y 2




Noviembre de 1972.

1

Alejandro camina por la calle de Fuencarral sin fijarse demasiado en el bullicio ni en el intenso tráfico que la cruza desde Gran Vía a la Glorieta de Bilbao y viceversa. Sabe que debe hacer algo, que no puede dejar pasar mucho el tiempo, pero duda si buscar o no al hombre, cuyo nombre ha oído nombrar algunas veces pero que su madre prefiere que no visite. En el bolsillo de su abrigo está la nota que le dieran con la dirección y en su memoria está la advertencia bien fresca:
<< sólo  en caso de necesidad, de ayuda urgente>>

Al llegar a Gran Vía, como todo el mundo conoce a la Avenida de José Antonio,  cruza la calle para entrar en su hotel pero al ver un coche de policía en la puerta cambia de opinión y sigue andando hasta la plaza de Callao.  Allí  entra en una cafetería y tras sentarse en una mesa enciende un cigarrillo. Hace poco que fuma, algunos amigos suyos ya lo hacen desde los 14 años pero él acaba de empezar y lo ha hecho en el barco. No quiere saber si se ha dejado llevar por la compañía o porque él, a sus 19 años,  ya tenía ganas de echar humo por la boca . Como fuera no importa, le ha cogido gusto al tabaco y desde esta mañana empalma cigarrilo con cigarrillo. Mientras el camarero le trae el café con leche que ha pedido, deja sobre la mesa la nota y la carta que le diera su tía por si a caso iba a verle y  recuerda minuciosamente las 48 horas que lleva en la capital y los cuatro días en España. Su viaje en barco hasta Cádiz por miedo al avión, el expreso que le trajo a Madrid y el impulso que le llevó a ayudar a Paloma ajeno al problema en el que ya estaba metido.

Recordando el momento de la compra de su billete en la estación, junto al puerto de Cádiz,  ve de nuevo ante él a la joven de apenas 16 años recién cumplidos y revive el trato humillante que ella recibe cuando al ir a pagar, su dinero no alcanza para la tarifa de un billete en segunda a Madrid. Fue entonces cuando se giró y  pudo ver su cara.

¿ Fueron sus mejillas encendidas con el rojo de la vergüenza o los ojos verdes de mirada nublada por las lágrimas o el traspiés que dio con su maleta lo que le llevó a estenderle la mano, a  prestarle el dinero que le faltaba para el viaje?  Se pregunta el joven Alejandro desde hace unas horas sin parar. Aunque la joven rehusó al principio su ayuda, no pudo rechazar la invitación a tomar un café juntos;  al café le siguieron unos bocadillos y una pequeña charla hizo el resto.  Una hora más tarde compartían cupé y confidencias o al menos eso creía él porque en este momento ya no sabe que pensar.

      -      ¿ Desea el señor algo más ? – oyó decir al camarero
      -      Disculpe, no le había oído . No gracias, creo que no voy a tomar nada más si el  reloj de ustedes anda bien, se me ha hecho muy tarde.
     -      El reloj anda a la perfección, mejor aún que el de la Puerta del Sol- contesta el camarero recogiendo el dinero que Alejandro ha puesto sobre la mesa.
   -      Gracias y quizá pueda ayudarme ¿ conoce usted esta calle? ¿sabría decirme como puedo llegar a ella?- pregunta enseñándole la nota al camarero.
  -      Esta calle cae por Chamberí, no está muy lejos de la Glorieta de Bilbao. Puede ir en el metro pero andando, subiendo por Fuencarral llega en diez minutos.
 -      Muchas gracias por todo.

Alejandro deja la cafetería, sube por Gran Vía , cruza Montera y entra en el hotel. El hall está tranquilo, no hay mucho movimiento y en la recepción el turno de tarde ya ha empezado  su trabajo.

 -      Buenas tardes ¿hay algún recado para mi? – pregunta mientras espera la llave de la habitación.
 -      Un momento por favor – dice el recepcionista – no , no hay ninguna llamada ni ninguna nota pero..

Al recepcionista  no le da tiempo a terminar su frase, en ese mismo momento se acercan dos hombres al joven, se identifican como policías y le piden que les acompañe a la comisaria.

2

En casa de la familia Perea suena el teléfono sin parar pero como es habitual, a esa hora de la tarde no hay nadie en casa. Los hijos están en el colegio y el matrimonio en la portería comiendo con los padres de Asunción.

 - ¿Qué tal van las cosas ahora por el despacho sin Bonilla? - pregunta Trino a su yerno
 - Bien, no me ha dado tiempo a echarle de menos, se fueron a ayer de viaje y tampoco van estar tanto tiempo fuera, se llevan al pequeño con ellos y aunque Javi se queda con nosotros muy contento Matilde no quiere abusar de nuestra hospitalidad.
 - Ya ves , con las veces que ellos se han quedado con Dani y las otras tantas que nos han invitados a diferentes escapadas pero bueno, Matilde se ha vuelto muy sensible desde el nacimiento de Sergio - dice Asun
 - Cada uno es como es hija, hay que respetar a todo el mundo y a mi no creas que me hacía gracia al principio que Dani se quedara tanto tiempo con los Bonillas - comenta Felisa.
 - ¿Por qué madre? nunca nos ha dicho nada.
 - Porque para eso estaba yo hija, que soy su abuela pero bueno, luego me acostumbré, al fin y al cabo aunque no seamos familia de sangre si que nos comportamos todos como una gran familia.
 - De eso se trata mujer - dice Trino - ¿verdad Héctor?
 - Verdad Trino y ahora si me disculpan voy a subir un momento a casa a recoger unos papeles que necesito esta tarde y que mi mujer ha olvidado llevarme al despacho.
 - Lo siento Héctor, cuando me llamaste esta mañana  fui a por ellos pero Aurelia llamó cuando iba a salir de casa y me olvidé de los papeles ¿quieres que suba yo? - pregunta Asun
- No, déjalo ya subo yo pero espérame, no te vayas a la redacción antes que baje que tengo el coche en el garaje.
- No te preocupes cariño que de tí no me olvido - ríe Asunción dándole un beso a su marido.

Héctor sube los escalones de dos en dos y al abrir la puerta oye el teléfono que por enésima vez esta sonando y se apresura a cogerlo.

- Dígame.
- Buenas tarde, hablo con Héctor Perea
- Sí, soy yo ¿ con quien hablo?
- Con la policía del centro, espere un momento que le paso con el comisario.

Minutos más tarde Héctor cuelga el teléfono y trata de asimilar lo que el comisario le ha dicho, trata de levantarse del sofá pero sus piernas se niegan a sostenerle.

- Esto es ridículo - se dice Héctor incorporándose de nuevo justo en el momento que oye como Asunción abre la puerta con su propia llave.

-¿Héctor qué pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué tardas tanto?
- Estoy bien Asun pero ven por favor. Gracias por subir - le dice dándole un beso en la frente sentándose de nuevo en el sofá sin soltar las manos de su mujer.
- Héctor, no me asuste, díme que ha pasado ¿te han llamado por teléfono?
- Sí, de la comisaria del centro..
- ¿No les habrá pasado algo a Bonilla y a Matilde o a los niños o a..?
- No, no es eso, nosotros estamos todos bien , es algo que a ti también te va a sorprender.
- !Ay! cuéntalo ya por favor.
- Han detenido en un hotel de la Gran Vía a un chico que dice ser Alejandro García Rivas,.
- ¿Cómo que dice ser? ¿es o no es el hijo de Ana?
- Según el pasaporte es el hijo de Ana, el hijo póstumo de Alfonso, el sobrino de Teresa.
- ! Para! eso ya lo sé ¿pero por qué le han detenido? ¿por qué te han llamado a ti? ¿sabías tu que estaba en España? !debe de ser un crío!
- No, no tenía ni idea de que estuviese aquí y sí, creo que no puede tener más de 19 años. Ya sabes que solo nos escribimos para felicitarnos las navidades.
- Sí, por eso, pero a lo mejor te habían mandado un telegrama al despacho, yo qué  sé …. ¿pero por qué le han detenido?
- No, no me lo han querido decir por teléfono pero creo que es grave. Ha desaparecido una menor después de haber estado cenando con él. Voy para allá, espero poder hablar con el chico y llamaré a Olavide después.
- Yo voy contigo, prometo  mantenerme al margen pero te acompaño, recuerda que no tienes coche.
- ¿y la revista?
- Me tomo libre, seguro que Julio lo entiende cuando se lo explique.
- De acuerdo vamos para allá pero no digamos nada a tus padres de momento ¿vale?
- Por supuesto cariño y ¿por qué me has dado ese beso cuando he entrado?
- De alivio, ha sido verte y poder moverme. Las piernas me temblaban cuando intentaba levantarme del sofá.
- Ha  sido de la impresión Héctor, imagínate como hubieran reaccionado Ana o Teresa si María estuviera de viaje en Venezuela y de repente le llamase la policía igual que a nosotros.
- Eso no va a pasar nunca, María no sale de España sola hasta que no tenga 21 años y sólo si va con Tim.
- Hay que ver como cambiamos, anda, vámos para la comisaria y en el camino seguimos hablando.