viernes, 15 de febrero de 2013

El escritor de las guías de viajes. Capítulo 4



De camino para casa Héctor recuerda la entrada triunfante de Vallejo en el Café Comercial anunciando que tenía noticias frescas , después de que ellos volvieran de Aravaca de hablar con Fernanda y fue Bonilla quien le preguntó.

-      ¿Sabes ya de que se le acusa al tal Gonzalo Prieto?
-      Pues sí chicos. Su desaparición coincide con un robo de diamantes en Angola, en la frontera con Zaire, en marzo de 1972
-      ¿Y ahora le buscan? ¡Pues si que son rápidos!
-      Sarcamos fuera Perea, todo tiene una explicación.
-      Pues tu dirás.
-      Al principio, según las notas que he visto, nadie le relacionó con el robo y además corrió el rumor que los de UNITA le habían matado. En diciembre, un ex soldado de MPLA le reconoció en Rabat e hizo la foto que vemos en la revista. Cuando quiso avisar a la policía el sospechoso había abandonado el tugurio y hasta hoy no le han encontrado  Se creen que puede haber entrado a España con pasaporte falso.
-      Perdona Vallejo pero yo me he perdido – dice Bonilla.
-      ¿Dónde te has perdido, alma de Dios?
-      Tampoco es necesario que me expliques quien es quien pero ¿todo eso venía en el informe? y  ¿que motivos tenía UNITA para matarle y si entonces no sospecharon de él cómo es que ahora un ex soldado de MPLA sí sospecha de él?
-      Los nombres de los dos grupos rebeldes vienen en el informe. Los motivos ni idea, ni creo que a nadie le interese en la Interpol o en comisaria. La compañía portuguesa Diamang le busca y ya está.  
-      ¡Ve tú a saber si ese soldado es trigo limpio! ¿verdad Bonilla?
-      Cierto Héctor y mirad, a mi todo esto como que no me cuadra con el tal Martín y además mi estómago me está recordando que Matilde me espera para comer. ¿Nos vemos después?
-      Tienes razón colega, Asun también me espera y además se me ha pasado por alto llamarla, esta mañana estaba un poco pachucha y si encima llego tarde la tenemos.
-      ¡Quién te ha visto y quién te ve!
-      A otro perro con ese hueso que tu tiemblas cada vez que Laura dice tu nombre.
-      ¡Serás cabronazo!- ríe Vallejo despidiéndose de ellos.

Recordando la conversación llega hasta el portal de su casa y al entrar su suegra le sale al paso.

-      Mi hija no ha ido a trabajar y ha venido el médico. Acabo de subirle la comida.
-      ¡Joder Felisa! ¿Por qué no me han llamado? ¿qué ha dicho el médico?
-      A mi no me pidas cuentas, a tu mujer yerno. Tampoco es tan grave, un día en la cama con reposo y medicina y como nueva al día siguiente. ¡Vamos! ¡Sube ya a tu casa, no te quedes aquí como un pasmarote!

Héctor sube las escaleras corriendo, abre la  puerta y encuentra a Asunción en la cocina sujetándose con las manos en la mesa mientras trata de poner los platos.

-      ¿Qué haces levantada? ¿Tu te has visto la cara que tienes?
-      Muchas gracias y ¡ hola! . Por favor no grites que tengo un mareo que me caigo.
-      Ya lo veo y perdona cariño, soy un burro pero ahora mismo te vas a la cama.
-      ¿ Y la comida? Estoy mareada pero la sopa me vendrá bien .
-      Yo te la llevo. ¡Vamos, a la cama!

Asunción intenta regresar al dormitorio sujetándose en la pared del pasillo y Héctor que está colgando su gabardina en el perchero al verla así termina por llevarla en brazos. Minutos más tarde regresa a la habitación con una bandeja de cama y se sienta frente a ella y mientras degustan el rico cocido que Felisa les ha preparado Héctor le pregunta por la visita del médico.

-    Díme que te ha dicho exáctamente y por qué no me has llamado.
-    Me ha mirado los oídos, tengo otitis media además de congestión nasal, por eso me dolían tanto los oídos al aterrizar. Según el médico no debería haber volado y me ha mandado penicilína, mi madre ya me ha puesto la primera inyección. ¿Para qué te iba a llamar? ¿Acaso pensabas ponérmela tú?
-    Sabes que ni sé ni me atrevería pero joder, me hubiera gustado estar aquí.
-    Y la reunión con el caso nuevo ¿ no era importante?
-    Tú y los niños sois lo más importante.
-    Ya lo sabemos pero no exageres ahora, no era nada grave y no había necesidad de molestarte. Cuéntame de qué se trata el nuevo caso.
-    Mañana si estás mejor. Ahora debes dormir.
-    No, por favor, ya he dormido durante toda la mañana, además, asi recostada en la almohada estoy bien, lo malo viene cuando cambio de postura o intento ponerme de lado, parece que tuviera una factoría de hacer olas en mis oídos – ríe Asunción dándole un beso en la mano a su marido.
-    Entonces me quedo contigo esta tarde, ahora mismo llamo a Bonilla para decírselo.
-    Héctor que no es necesario pero si quieres, yo encantada. Venga ¡cuéntame! ¡de qué se trata!
-    De acuerdo pero voy a llamar primero.

Al cabo de un rato Héctor regresa al dormitorio con dos tazas de café en la mano y pone a Asunción al corriente del caso y de los datos que tienen hasta ahora.

-      ¿Qué te parece?
-     En mi opinión Martín y Gonzalo ni se conocen. La foto ha coincidido con otro hecho particular que solo conscierne a Martín y por eso se ha escondido o algo así.
-      Quizá no vayas desencaminada, eres muy astuta incluso estando mareada ¿ te pongo otra almohada?
-      No, no hace falta, estoy bien así. ¿Sabes? creo que en la revista tenemos información de Martínez Prada asi como del accidente de Fernanda y su marido ¿quieres que llame y que nos traigan todo lo que encuentren?
-      No estaría mal, como información de trasfondo y quien sabe, quizá encontramos datos interesante... ¿tú has coincidido con ellos en alguna ocasión?
-      Sí, por eso lo digo. Una vez, en una comida de la prensa, de esas que a ti tanto te gustan y al final termino yendo sola con Julio.
-    Capto la indirecta, lo siento mi amor, a partir de ahora te acompañaré, si son como las del congreso.
-     Te tomo la palabra y en serio ¿tú no habías oído hablar de ellos ? ¿Ni recuerdas el espantoso accidente en el que falleció su marido?
-     A Bonilla el nombre le sonaba y ya está y que yo sepa tampoco salían con asiduidad en las revistas de sociedad que tu sueles comprar.
-     No muy a menudo, pero las revistas publicaron fotos de su boda. Fue una pena que el matrimonio durase tan poco.
-    ¿Estaban recién casados cuando lo del accidente?
-    Dos años si no me equivoco. Se casaron en el verano del 68 y el accidente tuvo lugar en octubre dos años más tarde y todo por una ovejas.
-    ¿Ovejas?
-    Sí, una ovejas sueltas en mitad de la carretera, que salieron de la nada, provocaron el accidente.
-    ¿Cómo que salieron de la nada? ¿estarían con un pastor?
-    Según Santiago Campos no ¿te acuerdas de él? Fue el quien escribió el reportaje. La noticia era de agencia pero ya sabes que Julio quiere que se investigue en el lugar del suceso. Santiago lo hizo y recuerdo que lo de las ovejas le pareció extraño. En ese tramo no hay aviso de ganado suelto y algunos testigos no recordaban haber visto a ningún pastor aunque en el atestado de la policía si había un nombre escrito y nadie encontró nada sospechoso.
-    ¿Ah sí? Creo que tengo interés por ese reportaje y trabajo para Vallejo.
-    Ojalá te sirva de algo. En el mismo accidente Martínez Prado resultó herido y con algunas quemaduras de poca importancia al sacar a Fernanda del coche.
-    ¿Cómo es éso? ¡ Explícalo!..perdona, quiero decir si no estás cansada..
-    Tranquilo Héctor, no estoy cansada, estoy encantada de captar tu atención y tenerte pendiente de mis labios.

Héctor ríe con ganas, le da un beso en el aire y dice.

-    Ten cuidado, no sigas por ahí que me voy a olvidar de tu mareo y ...
-    ¡Vale, vale! Era una broma. Si la memoria no me falla, Martínez Prada conducía su propio coche y Manuel el suyo con Fernanda en él. El accidente tuvo lugar en la carretera, dirección Collado Villalba, habían salido de Las Rozas juntos con otros invitados que iban detrás en sus propios coches. Deberían formar una clase de comitiva o algo así y Manuel era quien la abría porque el fue quien impactó con las ovejas, dio tres vueltas de campana y rodó por la pendiente. Al coche siguiente le dio tiempo a frenar, es decir a Martínez Prada, pero el que le seguía a él no pudo evitar el golpe y se produjo un choque en cadena pero sin víctimas.
-     ¿Y se dio un golpe con el volante y por eso resultó herido?
-     ¿Quién? ¿ Martínez Prada? No sé, ni idea. Según Santiago y su reportaje, Martínez corrió a la cuneta para auxiliar a sus amigos, a él y a otro les dio tiempo bajar al coche antes de que explotara. Uno de ellos empezó a apagar el fuego con un extintor y Martínez consiguió con la ayuda de otra persona sacar a Fernanda y cuando iban a ayudar a Manuel explotó el coche y resultaron heridos.
-      Muy interesante, ¿ y de la vida personal de Martínez qué sabes?
-      Poca cosa pero el amigo de Julio le conoce bastante. Editoriales diferentes pero mismo mundillo. Habla con él si te interesa el editor.
-      Ya veremos, si localizamos el pueblo de los abuelos de Martín quizá acompañe a Bonilla pero si todavía no te encuentras bien me quedo contigo.
-      De eso nada cariño. Si tienes que viajar pues viajas y yo ya me las arreglaré con María y con mi madre. Tampoco voy a estar días y días mareada, el médico ha dicho que en unos días ya estaré bien. ¿Y sabes qué?  creo que voy a hacerte caso, voy a dormir un poco antes de que vengan los niños.
-      Me parece bien cariño, estoy en el despacho, voy a hacer algunas llamadas y dejaré la puerta abierta. Si me necesitas me llamas pero no se te ocurra levantarte de la cama ¿estamos?
-      Estamos, anda vete tranquilo.

Mientras Héctor realiza sus llamadas a Bonilla y a Gustavo, en Asturias Martín piensa en las que tiene que hacer él.  Aunque ya está preparado para bajar a la ciudad prefiere comprobar antes si la aldea está tan desierta como aparenta. Busca un buen sitio para observar sin ser visto, ninguna chimenea con humo y por eso se sorprende cuando ve a un matrimonio, de edad avanzada, salir de su morada, bien arropados y con cubos en las manos camino del cobertizo cuyo tejado, al igual que la casa de su abuela, necesita ser reparado. Un poco más tarde salen y cortan leña y se pregunta si tendrán alguna forma de comunicarse con Cangas, quizá al través del cartero pero el caso es que , en estos días, no ha visto ni subir ni bajar a nadie, ni tan siquiera al cartero. Sigue observando a la pareja y su vista se pierde ahora tras los pasos de la mujer que empuja la puerta de rejas del pequeño cementerio, cuyas tapias están medio caídas como ya le dijera su padre. Allí está su abuela, junto al abuelo que nunca conoció pero no quiere ponerse triste y regresa a la casa en la que se ha refugiado, apaga la lumbre y atranca la puerta de forma que pueda comprobar después si alguien ha intentado abrirla. Anda unos metros y destapa el coche que tiene medio escondido en un cobertizo improvisado debajo de un hórreo  No se preocupa mucho de las huellas que dejan sus neumáticos, aunque a hora no suba nadie a la aldea su suelo mojado conserva las huellas de otros vehículos y en cuanto alcanza la carretera ya no hay cuidado. Esta vez decide ir a Panes, queda más lejos que Cangas pero no quiere dejarse ver tan de seguido. Conduce despacio y aparca a la entrada del pueblo. Entra en la primera cabina que encuentra y llama a Fernanda.

En Aravaca, Fernanda le ha dado la tarde libre a Carmen y espera sin separarse del teléfono la llamada de Martín a solas con sus pensamientos y su guía. Tiene que contarle muchas cosas y una muy íntima pero esta última aún está por confirmar, es una sospecha fundamentada y prefiere esperar. Fernanda deja la guía de Martín en el sofá, abre el cajón de la mesa del salón y busca la cajetilla de tabaco que había escondido. No quiere fumar, está dispuesta a dejarlo y ahora con más razón pero está nerviosa y no quiere recurrir a los tranquilizantes que tampoco le convienen. 
Se sirve un café mirando al teléfono y cuando suena se abalanza como una loca, lo toma sin decir nada, sólo suspira y entonces oye la voz de Martín decir.

-      ¡Hola, mi amor! ¿Puedes hablar?
-      Sí , sí, estoy sola ¿cómo estás tú? ¿te cuidas bien?
-      Sí, no te preocupes; hace frío y no tengo comodidades pero estoy bien, pienso mucho en ti y si todo va bien, quizá mañana pueda saber quienes eran los hombres que me siguieron en Galicia y Fernanda, ¿no le habrás dicho a Martínez que te he llamado?
-      No cariño, no he dicho nada. Ni a él ni a los detectives.
-      ¿Qué detectives?
-      Ayer no me dio tiempo a decirte nada. Martínez ha contratado a unos detectives para que te encuentren y todo por una foto en una revista. La Interpol busca a Gonzalo Prieto y ese hombre podría ser tu hermano gemelo.
-      ¡No fastidies! Perdona la expresión mi amor . No tengo hermanos gemelos y no necesito detectives aunque si el parecido es tan grande es lo que me faltaba, en fin no te preocupes, hoy o mañana obtendré la información que he pedido a un buen amigo y podré regresar..y por favor no le comentes nada a Martínez ni a los detectives.
-      No lo haré pero me temo que para no levantar sospechas les he dado alguna pista a los detectives.
-      ¿Qué pistas?
-      Sobre tu familia. Les he dicho que podían ser de León o de Asturias y ya saben como se llamaba tu abuelo...lo siento.
-      No te preocupes, según mi abuela nuestro apellido era muy común en esta zona. Fernanda, tengo que colgar, te quiero , mi amor por ti es sincero y te prometo que pronto te lo podré explicar todo. Un beso mi amor.
-      Cuídate por favor, un beso y llama de nuevo mañana.
-      No te prometo nada, lo intentaré. Te quiero.

Sentado a la mesa de su despacho Bonilla cuelga el teléfono y anota en su bloc lo que Héctor le acaba de comentar del accidente de Fernanda. Desde luego , piensa, merece la pena echar una ojeada a los informes y da por sentado que a Vallejo también le va interesar . Seguramente y visto que van a estar los dos solos, se pasen por la comisaria de Moncloa a visitar a Tomás, un viejo amigo de Vallejo, siempre dispuesto a prestarles ayuda. Se levanta para preparar el café, bien cargado como a él le gusta y del mueble bar saca una botella de coñac justo cuando suena el timbre y con la botella en la mano abre la puerta.

-      Buenas tardes Bonilla ¿huelo café recién hecho?
-      Hola Gustavo, pasa hombre. Sí, hueles bien y llegas a tiempo. Estoy esperando a Vallejo ¿ qué te trae por aquí? ¿novedades?
-      En parte, bueno, creo que os voy a poder ayudar con los registros en León. Un ex militar como yo, compañero de servicio, trabaja ahora en la diputación de León y me he permitido la licencia de pedirle que busque si hay una partida de nacimiento o de defunción a nombre de Andrés Narváez nacido en 1880.  En caso de no encontrar nada les pasará la información a sus colegas de Asturias.
-    Eso sería fantástico Gustavo. En la telefónica me ha prestado unas guías de Asturias y León pero no creo que nos sirva de mucho. Sólo en Oviedo ya hay varios Narváez y no podemos llamarlos a todos.

Mientras esperan a Vallejo toman el café y comentan que sus mujeres van a ir a visitar a Asunción a la hora de la merienda y podrían aprovechar para pasarse ellos también a rescatar a Héctor.

-      No está mal la idea Gustavo pero ya sabes como es Héctor cuando está Asunción enferma, no se mueve de su lado ni a tiros.

Gustavo va a responder cuando oye ruídos en la cerradura y Bonilla le dice que será Vallejo. Nunca acierta con las llaves y al final termina por llamar. Gustavo se levanta a abrir al ex-comisario y éste le mira sorprendido, no recuerda que hubieran quedado.
     

-      ¡Gustavo!, hombre ¿tú por aquí?, ¿ha pasado algo? ¿dónde está Héctor ?– pregunta Vallejo entrando en el despacho.

Bonilla le sirve su café con coñac y le pone al corriente de todo, de la ausencia de Héctor por enfermedad de Asun, de las peculiaridades del accidente de Fernanda y del amigo de Gustavo en la diputación de León. Vallejo se frota las manos y dice

-      Esto comienza a arrancar y lo del accidente me parece muy interesante ¿Hacemos una visita a mi amigo Tomás?
-      Os deseo mucha suerte pero os advierto que Martínez Prado es mi cliente y no os puedo relevar nada referente a su trabajo y en cuanto a su vida privada estoy en blanco.
-      Lo entendemos Gustavo, no te preocupes.

     A la hora de la merienda la casa de la familia Perea se ha llenado de gente. Matilde y Aurelia han ido a verla  con los niños y poco después llegan Javier y Dani que han venido solos en el autobús. María llega con Tim bastante más tarde y coincide con Gustavo que viene a buscar a su mujer.

-      ¿No viene Clara con vosotros?
-      No tío Gustavo, Clara se ha quedado en la biblioteca esperando a que terminara Irene. Me ha pedido que te lo diga, yo quería venir a casa pronto, habrá que hacer la cena.

Minutos más tarde llega Bonilla y los tres se meten un momento al despacho. Gustavo aún no tiene noticias de León, Vallejo ha podido leer el expediente del accidente y mañana les informará. Bonilla, por su parte ha charlado con el amigo de Julio y quedan para hablar de todo ello a las once en el despacho. Una hora más tarde, cuando las visitas se han ido María se despide también de Tim y comienza a preparar la cena. Asunción se levanta ayudada por Dani y Héctor y se sienta en el salón para cenar.

En Asturias Martín ha regresado a la casa y se prepara para una noche más de frío y soledad. Abre unas latas  de judias que ha comprado, corta un poco de jamón y se las prepara en la lumbre. De postre come queso y termina la botella del vino peleón y brinda por haber podido hablar con su amigo en el consulado de Barcelona.

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viernes, 8 de febrero de 2013

El escritor de las guías de viaje . Capítulo 3


Capítulo 3


La espera en Barajas se alarga más de la cuenta, el avión de Roma trae retraso, pero Dani cumple con sus palabra y no se separa de su hermana. Para matar el tiempo suben a la cafetería a tomar unos bocadillos y a beber algo. Les sorprende el que aún haya tanta gente en la terraza y Dani aprovecha para salir a ella. Las pistas iluminadas, el despegue y el aterrizaje de los aviones le fascinan pero por mucho que abre los ojos no consigue ver el avión en el que vienen sus padres.

Abordo del avión de Iberia, procedente de Roma, la señal de abrocharse los cinturones y la de prohibído fumar se iluminan. Por megafonía informan que dentro de media hora tomarán tierra en Barajas. El descenso ha comenzado y Asunción que ha pasado casi todo el vuelo durmiendo, con la cabeza recostada en el hombro de su marido,  se despierta al sentir molestias en los oídos. Se inclina hacia adelante, con la cabeza agachada hasta la altura de las rodillas al tiempo que con sus dedos se da masajes por detrás de los oídos.

-      ¿Tanto te duele?
-      Sí, es insoportable. Parece que miles de cristalitos se estuviesen peleando por ver quien clava más y encima se me está revolviendo el estómago.

Los minutos que faltan para el aterrizaje se le hacen eternos y por fin cuando las luces en la cabina se apagan Asunción levanta la cabeza y mira por la ventana, ya faltan solos unos metros y el suplicio habrá terminado. Un golpe seco confirma que han tocado tierra y al ratito las luces se vuelven a encender. Poco a poco los pasajeros van saliendo del avión por las escalerillas y un autobús les acerca a la puerta  de llegada.

En la cafetería María se acerca a su hermano y le dice:


-      Vamos Dani, tenemos que bajar a llegadas desde aquí no puedes ver el avión en el que llegan.
-      Si tu lo dices María.
-      No lo dice ella sola, lo digo yo también Daniel. Si fuera de día sería diferente, de noche es casi imposible ver desde lejos que compañía es.
-      Vale,vale, ya lo entiendo y ¿sabéis qué? De mayor quiero ser piloto, debe ser fantástico llevar los mandos de los aviones.
-      Ya sabes lo que tienes que hacer, aplicarte en los estudios que no es tan fácil llegar a ser piloto.
-      Tu siempre con los estudios Tim, te pareces a mi madre ¿no te gustaría a ti ser piloto?
-      No, la verdad es que no, me gusta más la torre de control.
-      ¿Te gustaría ser controlador aéreo?, eso nunca me lo has dicho.
-      No es algo que me quite el sueño María, pero entre piloto y controlador me quedo con lo segundo. Quien sabe si cuando acabe telecomunicaciones me apunto a uno de esos cursos.

Las escaleras mecánicas les lleva a la planta de llegada y allí Dani se coloca en primera fila sin cesar de pegar saltitos para ver si puede ver mejor a través de la puerta , que como cuentagotas, va dejando salir a los pasajeros.

-      ¡Papi, papi! ¡Mami, mami! ¡estamos aquí!
-      No armes tanto jaleo Dani, que ya nos han visto.
-      Jopé, dejad ya de decir lo que tengo que hacer.

El reencuentro con sus padres viene seguido de abrazos, besos y de mil preguntas de Dani. De camino a casa Asunción trata de contestar a Daniel y María le dice a su padre.

-      El tío Bonilla me ha dicho que te diga que ha llegado un caso interesante del tío Gustavo y que no faltes mañana. Ah! Y el tío Vallejo también estará.
-    ¿No te ha dicho nada más? ¿No te ha pedido que le llame?
-    No, sólo que no te retrases, que la reunión planeada es a las diez.  
-   Gracias princesa, por el recado y por haber cuidado de tu hermano.
-   ¡Siempre igual! ¡qué yo me cuido solo!
-   Es verdad Daniel pero nunca viene mal que María esté atenta.
-   Gracias mamá, pero el mérito no es mío sino de Tim, a él le hace más caso que a mi.
-    ¿Es eso verdad?
-    No, papá, si a María le hago caso cuando lleva razón pero no cuando comanda sin ton ni son y se ríe de lo que yo digo.
-   ¿Qué yo hago quéeeeeeee? ¡Serás mentiroso!
-   No reñid ahora, mamá tiene todavía dolor de oídos y los gritos la molestan ¿verdad cariño?
-  Bueno, ya se están abriendo y no molestan tanto pero sí, papá tiene razón, ya sabéis que no me gusta veros discutid, por esta vez y como os he echado de menos os lo voy a pasar por alto.

En su casa de Aravaca Fernanda quita la televisión, apaga las luces y comprueba que las puertas están bien cerradas. De camino a su habitación pasa por la cocina y recoge el vaso de leche que Carmen le ha dejado preparado con la melatonina. Sube por las escalera con cuidado, en una mano la leche y en la otra la fotografía de salón que deja sobre la mesilla al llegar a su habitación. Entra en el cuarto de baño y se desnuda sin prisas, saca del armario del vestidor un pijama de Martín y se lo pone, cierra la puerta, apaga las luces y se mete en la cama. Se recuesta sobre la almohada mientras bebe la leche y contempla la foto al tiempo que recuerda la llamada de esta tarde. Serían las séis, más o menos, cuando sonó el teléfono. Carmen había salido a hacer un recado, realmente era un pretexto que se había buscado para estar sola, tenía una corazonada y no quería testigos por si llamaba Martín y llamó. La comunicación resultó ser un desastre. Llamaba desde una cabina y se cortó dos veces. No le quedó claro el motivo de esconderse por unos días pero sigue creyendo en él.

-      ¡Fernanda! ¿me oyes?
-      Sí, te oigo ¡menos mal que llamas! ¿estás bien? ¿dónde estás Martín? ¿por qué no vienes a casa?
-      Estoy bien, no te preocupes. No puedo explicártelo por teléfono y tampoco quiero comprometerte. Necesito unos días para hacer unas averiguaciones pero confía en mí ¿lo harás, mi amor?
-   Lo haré pero díme ¿es cierto que estás en Asturias?


La llamada se cortó mientras estaba haciendo la pregunta y a los pocos minutos volvió a sonar el teléfono y Fernanda volvió a insistir sin resultado.

-   Está bien, no me digas donde estás pero díme ¿Quién es Gonzalo Prieto?
-  ¿Gonzalo quéeeeeeee? Ni idea. Fernanda esto vuelve a hacer ruídos raros, ¿me oyes? ¡ te quiero, no lo olvides!...

La llamada volvió a cortarse por segunda vez y ya no hubo ninguna más. Decidió no decirle nada a Martínez y esperar a que volviera a llamar. Está segura que lo hará; Fernanda nota que el sueño la va venciendo y apaga la lamparita de la mesilla de noche, busca la postura de dormir en el lado en que Martín suele hacerlo y se queda dormida con la foto en la mano.

La noche da paso a un nuevo día de febrero que promete seguir siendo tan soleado como los dos últimos días; a las nueve y media de la mañana Héctor Perea entra en su despacho donde Bonilla le espera como en  los viejos tiempos.

-   ¡Muy buenos días! ¿qué es esto? ¿no has tenido tiempo de desayunar en casa?

Bonilla abraza a su mejor amigo y socio antes de contestarle.

- La verdad es que no. Se me han pegado las sábanas y me he acordado de otros tiempos, en otro despacho y los churros que llevaba todas las mañanas.

Héctor ríe de buena ganas y dan buena cuenta de los churros mientras recuerdan aquellos años, tan remotos en el tiempo, pero tan frescos en sus memorias. A las diez llega Vallejo, retiran las tazas, hacen más café y entre los dos ponen a Héctor al corriente del nuevo caso.

-  Resumiendo: Duda de si Martín y Gonzalo son la misma persona. Martín desaparece justo el día en que la foto del tal Gonzalo sale en una revista. Cliente de Gustavo quiere que encontremos a Martín cuánto antes. Vosotros creéis que hay caso.
-  Yo creo que si lo hay - contesta Vallejo-  Es cierto que Martín sólo lleva un día desaparecido, bueno dos con hoy pero su compañera sentimental está segura que Martín no tiene nada que ocultar y teme que alguien le haya confundido con el hombre de la revista.
-  ¿Qué sabemos de ambas personas? Bonilla
-   De momento poca cosa. A Gonzalo Prieto le busca la Interpol y se cree que puede estar en España o en Portugal.
- ¿Sabemos por qué lo buscan?
- No, solo venía la foto y la nota pertinente de si alguien reconoce a esa persona que se ponga en contacto con la comisaría más cercana - aclara Bonilla.
-  De Martín tampoco sabemos mucho, aquí tienes mis anotaciones.

     Héctor lee las notas de Vallejo mientras Bonilla prepara más café.

-  Según Martínez Prado – dice Héctor – Martín Narváez es un economista argentino, aficionado a escribir guías de viajes y ya tiene publicada una en su país. Lleva algo menos de un año en España y se conocieron en una recepción de la embajada argentina. Le propuso trabajar para su editorial y pronto se hicieron amigos. En una reunión en su casa conoció a la viuda de su socio y surgió el amor entre ellos.
-  Sí, eso lo corrobora la propia Fernanda. A los dos meses de conocerse Martín se fue a vivir con ella y gracias a él ha vuelto a interesarse por la editorial que había dejado en manos de Martínez Prado.
-   Pues esto y nada es lo mismo. Creo que tendríamos que hablar con Fernanda a solas, ella es la que puede tener más datos sobre Martín
-   ¿Estás pensando en ir a ver a Fernanda ahora? pregunta Bonilla
-    Sí, creo que sería mejor hablar con ella, ¿qué impresión os causó a vosotros?

El primero en hablar es Vallejo mientras echa en su café un buen chorrito de coñac.

-   Es una mujer muy preparada, ha estudiado en el extranjero y habla varios idiomas. Formaba parte de la directiva de la Editorial en vida de su marido. Su posición económica es muy buena, la editorial marcha muy bien. Fernanda heredó la parte de su marido en el negocio y Martínez Prado no lo ha descuidado. Sin duda alguna debió ser una mujer bellísima antes del accidente . Su marido falleció en él y ella se salvó pero las secuelas son bien visibles. Yo he visto a una mujer muy vulnerable y muy enamorada, incapaz de pensar mal de su actual compañero .
-  Yo opino lo mismo- dice Bonilla- Psícamente no resistiría que Martín la hubiera engañado o fuese un ladrón o un prófugo . Hay que tener en cuenta que Fernanda sufrió quemaduras de primer grado en la parte derecha de la cara y quemaduras de segundo grado en las piernas. Martín parece amarla apesar de las quemaduras y le ha devuelto la confianza en ella misma.
-  ¿ Seguro que la ama desinteresadamente?
-  Nunca se puede asegurar una cosa así Héctor – contesta Bonilla - pero ¿qué ganaría él con esta desaparición?
-   Simular un secuestro sería posible pero ¿dónde entra la foto de la revista y ese parecido tan dudoso?- apunta Vallejo
-  No podemos destacar nada hasta que no hayamos hablado con Fernanda . A Martínez Prado le dejamos de momento tranquilo.
-   ¿Crees que él puede haber montado un tinglado para librarse de Martín?
-   Ni idea Bonilla. Como tu ya la conoces llámala y avísala que vamos para allá. Yo te acompaño y Vallejo ¿podrías recopilar datos de Martínez Prado bien a través de Gustavo o de alguien del grupo de las editoriales?

Los tres amigos abandonan el despacho al mismo tiempo y ya en la calle Vallejo se dirige a pie al despacho de Gustavo mientras Bonilla y Héctor toman el coche camino de Aravaca.
Fernanda recibe a los detectives en el salón. Su serenidad les sorprende, sobre todo a Bonilla quien la vio el primer día como un manojo de nervios.

-  Siéntense por favor ¿Desean tomar un café o les apetece una copa?
-   Café está bien – dice Héctor – mi socio me ha puesto al corriente de la conversación que tuvieron en el despacho de nuestro amigo Gustavo Olavide y sinceramente,  no tenemos muchos datos para empezar una búsqueda. Quisiera hacerle algunas preguntas. Creo que usted es  la única que nos puede ayudar a dar con su paradero .
-  Puede preguntar lo que crea conveniente, le contestaré a las preguntas sin reservas.
-  ¿ Le ha mencionado Martín de que parte de España procedía su padre y si tiene algún familiar en España o familiares en Argentina?
-  No, no ha llegado a decirme la procedencia de sus abuelos ni de sus padres. Por algunas cosas que ha contado sospecho que de León o de Asturias. Lo único que sé es que 1932 sus padres y su abuela, viuda desde 1903, salieron de España rumbo a Argentina. Una tía de su madre les animó a irse. La región andaba revuelta y la república tampoco daba trabajo. Su padre volvió en 1960 con el furgón de su madre para enterrarla en su aldea junto a su marido. Martín no tiene hermanos, es hijo único, su madre falleció cuando el tenía cinco años y su padre hace tres años.
- ¿ Sabe si era un autor conocido en Argentina?- pregunta Bonilla
- No vivía de la escritura sino de su trabajo como economista en Córdoba. Es cierto que publicó una guía turística de los diferentes parques naturales de la provincia pero no con su nombre sino como Andrés Laguna.
- ¿ Y sabe el por qué?
- Era su pequeño homenaje a sus abuelos. Laguna era el apellido de su abuela y Andrés el nombre de su abuelo pero ¿ a dónde le pueden llevar estos datos?
- De momento sabemos que Andrés Narváez, su abuelo, falleció en 1903 en algún pueblo o aldea de León o Asturias y que el apellido de su abuela era Laguna. Nos puede llevar unos días pero es posible que localicemos la aldea. ¿Antes de marcharse no sucedió nada raro, como una llamada o una carta que recibiera?
- No, nada de eso. Acordamos que a su vuelta planearíamos un viaje a Los Lagos  de Covadonga, quería conocer el parque de Los Picos de Europa. Pensaba escribir otra guía.
-  Además de Argentina y España ¿sabe si ha visitado otros países?
- No, estoy segura. Su pasaporte está en la mesilla de noche. Viaja con una cédula de identidad y el carnet de conducir. Su pasaporte no tiene ningún otro tipo de sellos que no sea el de la salida de Argentina y la entrada en España. Fue expedido en 1970 y es válido hasta 1975. ¿quieren saber algo más?
- Una última pregunta ¿por qué dejó Argentina?
- Su abuela le había hablado mucho de España. Al morir su padre comenzó a pensar seriamente en ser él ahora el emigrante. El clima político que se respiraba comenzaba a ahogarle y el éxito de su guía le permitió viajar antes de lo que el pensaba. Vendió sus pertenencias y se vino a España. ¿ Algo más?
-  De momento es todo pero si recibe alguna llamada extraña o si el propio Martín llama no deje de avisarnos.
- Así lo haré señor Perea y ahora si me disculpan tengo cosas que hacer.
- Gracias por su colaboración, no la molestamos más.

Fernanda les acompaña a la puerta, la cierra, se recuesta en ella y respira profundamente. De momento se han ido pero presiente que no se van a conformar con lo que les ha dicho. Apesar de su aparente serenidad estaba temblando y maldice a Martínez por haberla metido los detectives en casa. No había ninguna necesidad, Martín llamará esta tarde y todo se aclarará.

A pocos kilómetros de Cangas de Onis y apartada de la aldea a la que pertenece, el humo de la chimenea se condensa en el aire y en el interior de la casa Martín, sentado en la mecedora de su abuela, bien abrigado, termina su desayuno-almuerzo y se acerca a la boca un tazón aún humeante. Al igual que hiciera Fernanda él también piensa en la llamada que la hizo.
Bajó a Cangas a comprar provisiones para estos días, cigarrillos, pilas para su linterna, algunas velas, objetos de aseo y hasta toallas en diversas tiendas. Al pequeño supermercado entró aprovechando la presencia de un grupo de turistas nacionales y después, ya casi a la salida de la ciudad, aparcó su coche frente a una cabina y llamó a Fernanda. Sabe que no la ha tranquilizado, al revés, la ha dejado con más preguntas y a él le ha surgido una ¿ por qué le pregunto por un tal Gonzalo no sé qué? Pero él necesita oír su voz y bajará de nuevo esta tarde a llamarla.. Deja el tazón en la mesa y recoge la vieja sartén en la que ha preparado los huevos fritos con jamón y que le ha servido de plato. Guarda la hogaza de pan junto con el queso en la alacena y los cubre, a falta de paño de cocina, con una de las toallas que ha comprado. Afuera, en una tina con agua casi congelada aclara la sartén, el cazo en el que ha hervido el agua y preparado el café asi como el pequeño colador que compró en la tienda del pueblo.
Más tarde corta leña con un hacha roñosa y desafilada, la mete en la casa y decide echar una ojeada a la aldea que ayer parecía muerta pues apenas salía humo de sus chimeneas. 

En Madrid Bonilla y Héctor se reunen con Vallejo en el Café Comercial e intercambian los datos hasta ahora recabado y quedan para después de comer en el despacho de nuevo.


domingo, 3 de febrero de 2013

El escritor de las guías de viajes. Capítulo 2





Ocho y media de la mañana. El restaurante del hotel está casi vacio cuando el matrimonio Perea entra a desayunar. Han madrugado bastante, aunque sería más justo decir que apenas han dormido. La noche romana, aunque no se pueda comparar a la parisina, como les habían comentado algunos asistentes al congreso, no les desilusionó para nada. El paseo por el barrio de Trastevere, en la orilla oeste del Tíber les pareció corto. En este pintoresco casco antiguo con calles estrechas y plazas pequeñas se respira todavía el ambiente de siglos pasados​​. Sus callejuelas están llenas de pequeñas trattorias y en una de ellas entraron a cenar, frente a una de las Iglesia medievales de las que es rico este barrio.

“Les recomiendo, si tienen tiempo, que vayan a pasear por Trastevere, antiguamente fue un pueblo que quedaba en las afueras de Roma. La última película de Fellini está rodada allí, ahora no habrá muchos turistas pero merece la pena pasear por sus callejas” les dijeron en la recepción el primer día y Asunción no lo olvidó.

A la trattoria le siguió una discoteca de moda en las cercanías de la Fontana de Trevi y después, a altas horas, el regreso al hotel dónde siguieron bailando su propia música en la intimidad de su habitación.

-      ¡Estoy que me caigo de sueño! Creo que me voy a tomar cinco cafés seguidos a ver si me despierto. Lo de anoche fue una pasada Héctor, no podemos llevar este rítmo, ya no tengo 22 años.
-      ¡Ay pobrecita mi niña! a punto de cumplir 39 y con complejo de ancianita. Anoche no te quejaste de nada y eras tú la que querias...

Asunción  tapa la boca a Héctor al ver que el camarero se acerca con la cafetera en la mano; tras servirse el café en una taza grande y untar la mermelada en uno de los bollos y la mantequilla en una tostada le dice a su marido con una sonrisa picaresca:

-      Ten cuidado con lo que dices que aquí te pueden entender, mi amor, ciertas cosas se quedan en privado.

Héctor sonríe y le tira un beso al aire antes de contestar.

-      No será para tanto pero tomo nota. Bebe todo el café que necesites y come bien, tenemos una mañana maratoniana, a las seis tenemos que volver a por las maletas e irnos para el aeropuerto.
-      No se me olvida, descuida. Por un lado me da pena irme pero al mismo tiempo estoy deseando llegar a Madrid y ver a María en el aeropuerto.
-      Yo también cariño, los viajes contigo me gustan mucho pero yo también echo de menos a nuestros hijos, a Bonilla e incluso a Julio aunque solo haga unas horas que le hemos visto.
-      ¡Exagerado! Normalmente no le ves tanto ¿ a qué viene eso ahora?
-      Tienes toda la razón, por eso mismo, tres días seguidos con él me han permitido verle con otros ojos. Qué es una persona estupenda ya lo sabía pero su humor me ha sorprendido, no recuerdo haberme reído tanto en las comidas como en estos días y además la deferencia que ha tenido al invitarme a mi también.
-      Ya lo sabía, quiero decir que Julio, desde que fui al congreso de Berlín, sabía perfectamente que otro viaje al extranjero sin tí no lo hacía y la temática de éste entronca con tu trabajo ¿o no?
-      Eso es verdad, por eso hasta he visto algunos viejos compañeros pero de todos modos no estaba obligado. Es una pena que el no haya podido traerse a su amigo.
-      ¡Estás loco! Ya sabes lo prudente que es Julio, con nosotros vale pero fuera de nuestro ámbito de amigos ¡olvídalo! y venga, deja de mirarme tanto y terminate la tostada de una vez.
-      ¡Ya voy mujer!

Poco después salen del hotel y deciden tomar un taxi para ir al Vaticano. Héctor no deja de hablar en todo el camino con el taxista quien, al oir que eran españoles, comenzó espontáneamente a contarles el viaje que hiciera a España en 1960.

-      Abbiamo fatto il viaggio in bicicletta, un viaggio di due mesi, dal momento che io sono sposato solo lavoro in taxi.
-      Ya, capisco. ¿Tienen ustedes bambinos?
-      Cinque ragazzi. Siamo una grande famiglia e mia madre vive con noi.... Ecco il Vaticani, ¡ Buona giornata!
-      Muchas gracias y buona giornata para usted también.

“Ciao” es todo lo que Asunción puede decir, asombrada de la facilidad con la que Héctor se entiende con los italianos y en silencio recorre los pocos metros que faltan para llegar a la imposente plaza de San Pedro. Ya en ella admiran su arquitectura y consulta en su guía.

-      Y ¿quién es el arquitecto de esta maravilla?

Pregunta Héctor girando alrededor de sí mismo con la cámara de fotos en la mano.

-      Según esta guía la obra se debe a Gian Lorenzo Bernini. ¿De verdad te interesa o me estás tomando el pelo?
-      Me interesa, en serio, no soy de iglesias ni de arte pero cuando un trabajo es bueno quiero saber quien es su autor y ¿cuando empezó la gran obra?
-      Fue construída entre 1656 y 1667. Oye, no gastes todo el carrete en la plaza, que aún nos queda la basílica y el museo.
-      Descuida tengo más carretes en el bolsillo ¿entramos? Por cierto qué Papa vive ahora quí
-      ¡Héctor! Eres peor que un niño pequeño. Pablo VI y no te preocupes que no le vas a saludar.
-      Ya lo sé pero no quiero quedar como un tonto cuando nos encontremos con Angel.
-      ¿Sabes? No me puedo creer que le vaya a conocer. Mi tía me ha hablado mucho de él y ha sido una suerte que nos haya dado su teléfono por si acaso teníamos tiempo . La verdad es que debe ser una persona muy sencilla, con la de trabajo que debe tener y se ha ofrecido a ser nuestro guía.
-      Sí, vamos a tener un guía excepcional. El Angel que yo recuerdo era uno más en el barrio y espero que siga así.
-      No creo que haya cambiado mucho por la forma con la que ha hablado ayer contigo por teléfono.
-      Ya veremos, el ambiente que hay aquí no es el de la Plaza de los Frutos.

Asunción ríe el comentario de Héctor sin darse cuenta de que está entrando en la Basílica .Ya en ella y con aire más serio, en silencio,  como les han pedido al entrar recorren la Gran Basílica y mientras ellos admiran la Cátedra de San Pedro, su cúpula, sus altares, la Piedad, las catacumbas con las diferentes tumbas de los papas y vuelven a subir para seguir tomando fotos, en Madrid, Vallejo y Bonilla acuden al bufete de Olavide como habían acordado y en las cercanias de Cangas de Onis, Martin Nárvaez sigue sin llamar a Fernanda y no es por falta de ganas sino por temor.

Martín, 40 años, alto, ojos claros,  con algunas canas en la sienes a pesar de su edad, de piel bronceada, modales elegantes, permanente sonrisa en los labios , prototipo de lo que muchas mujeres pueden considerar un hombre atractivo, no deja de pensar en Fernanda. Se encontraron en el momento justo, se han confesado varias veces en estos meses y lamenta la situación en la que ahora se encuentra. Con ella ha aprendido de nuevo amar y no quiere causarla daño; ya tuvo lo suyo con el accidente en el que perdió la vida su marido y casi acaba con la de ella. La rehabilitación fue larga, las secuelas psíquicas y físicas la empujaron en parte a refugiarse entre las cuatro paredes de su chalet. Martínez Prado, socio y amigo de su marido, estuvo siempre a su lado pero no consiguió sacarla de su mutismo ni despertala las ganas de vivir. El día en que se conocieron fue su primera salida desde hacía dos años y Fernanda no las tenía todas consigo. Acudió por puro compromiso, por no dejar solo a Martínez Prado en su cincuentenario ya que él tampoco tiene familia. Es, lo que en América llaman un “self made man” un verdadero autodidacta que siempre se portó como un padre con su marido y con ella. 

Martin recuerda la conversación que mantuvieron ayer por teléfono, quería hablarle de sus sospechas pero al oir sus planes para la vuelta se echó atrás y ahora, aquí, en esta casa casi en ruinas, perdida en los Picos de Europa, a la que acaba de llegar después de pasar la noche en el coche, escondido en un horreo y con el miedo en el cuerpo, se siente mal por ella. Respira hondo y comprueba de nuevo que no hay rastro de los hombres que le estuvieron siguiendo en Galicia, al menos, su precipitada salida del hotel le ha servido para despistarles y nadie conoce la existencia de la casa de los abuelos.

Hace frío, el viento no cesa y en la antigua cocina, la única pieza que aún conserva todas las tejas, el sonido del viento le hace compañía. El candil de aceite sobre la mesa recuerda que no hay electricidad y la tinaja en el ricón que no hay agua corriente. Tras inspecionar la vivienda regresa al coche, saca la literna que hay en la guantera, la manta del maletero junto a su maleta y se acomoda como puede en lo que en otros tiempos fue el asiento preferido de su abuela, la mecedora que le hiciera su marido cuando la abuela se quedó encinta. Al poco tiempo de nacer su padre, su abuela se quedaría viuda. Andrés Nárvaez falleció en un accidente durante las obras del ferrocarril de Arriondas a Infiesto. 

En el arcón de una de las habitaciones encuentra más mantas, algunas ya roídas por los ratones pero que harán su avío. Nota que el hambre y el frío le están pasando factura y aviva como puede el pequeño fuego de leña que ha hecho en la viejo hogar, como hiciera tiempos atrás su abuela. Busca entre sus cosas las chocolatinas y galletas que comprara en la gasolinera de La Coruña y apesar de no ser horas, descorcha con la ayuda de una navaja una botella de vino que ha encontrado en la vieja alacena. No sabe si se podrá beber, pero la sed le apremia. En la oscuridad, por las contraventanas semiabiertas,  no puede ver de que año es. La última persona en volver a la casa fue su padre en 1960 cuando acompañó los restos de la abuela para enterrarla en el pequeño cementerio de la aldea. Su padre debió comprar esa botella por aquel entonces junto a las latas que tiene delante. Martin comprueba enseguida que es un vino peleón que se ha conservado bien y tras acallar su sed y su hambre decide dormir unas horas antes de bajar a Cangas, allí llamará menos la atención que en la aldea. Arropado por las mantas y al calor de la lumbre, pasa revista a su llegada a España y la promesa que le hiciera a su abuela en Argentina, la promesa de visitar la casa familiar y reconstruírla. Llegó a España, conoció a Fernanda y la promesa hecha a la abuela no quedó en el olvido pero sí aplazada indefinidamente. Sin saber exactamente la razón no sabía como hablarlo con Fernanda abiertamente, a todo lo más que se había atrevido era a mencionar su deseo de visitar los Picos. Había cosas de su familia que aún dolían y la salida de su país tampoco fue de la mejor manera.

En Roma, ajenos a las conversaciones que en ese momento tienen lugar en el despacho de Gustavo, Héctor y Asunción se encaminan hacia la plaza del Risorgimento, dónde Angel, al verles venir por la vía de  Porta Angelica les saluda con la mano.

-      ¿Es ese hombre tan joven Angel?
-      Sí. Lo de joven es muy relativo, unos años más jóven que yo pero se conserva bien el chaval.

 Héctor y Angel se funden en un fuerte abrazo y Asunción, a quien nadie le ha dicho cual es el protocolo para saludar a uno de los secretarios del Vaticano, no sabe si besar la mano de Angel o darle un beso en la mejilla. Angel por su parte no tiene duda alguna y tras la presentación abraza a Asunción y le da dos besos en la mejilla.

-      Encantado de conocerte Asunción. Manolita me ha hablado mucho de tí en sus cartas.
-      Igualmente, quiero decir, que encantada y que mi tía también me ha hablado mucho de usted. Perdone pero no sé cómo llamarle.
-      De tú y Angel. Siempre he considerado a tu tía, a Marcelino y a Pelayo como de la familia y una sobrina de ellos es también un poco mi prima ¿o no Héctor?
-      Por supuesto y en ese caso yo también soy un poco primo tuyo ¿ o no, Angel?

Los tres ríen de buenas ganas y antes de entrar al Museo toman un café en uno de los cafés cercano a la plaza. Héctor aprovecha para darle las gracias, ahora en persona, apesar de los años que ya han pasado, por su intervención y ayuda en el proceso de la anulación.

-      No tiene importancia Héctor, lo importante es que tengo ante mí a una pareja a la que no es necesario preguntarle si son felices, la felicidad y el amor que se profesan salta a la vista.
-      Y Teresa también es feliz en Venezuela con su sobrino y Ana.
-      Lo sé Asunción. Al igual que vosotros recibo todas las navidades noticias de ella.
-      Fue una pena que la última vez que estuviste en Madrid coincidiera con nuestro viaje de boda. Me gustaría presentarte a mis hijos ¿no piensas volver?
-      Quizá lo haga pero de momento mi sitio está aquí.
-      ¿Y Sole?, perdona si me meto donde no me llaman.
-      No pasa nada, de Sole y sus hijos estoy constantemente al tanto, no en vano sigue trabajando en el arzobispado pero ciertas cosas es mejor no cambiarlas.
-      ¿Es usted, digo, eres de verdad feliz aquí?
-      Sí Asunción, cuesta acostumbrarse a vivir en el Vaticano pero aquí he encontrado la paz interior que tanto he buscado y además coordino un grupo de voluntarios que se encarga de paliar los problemas de las zonas marginales de Roma.
Angel echa una ojeada a su reloj de bolsillo y levanta la mano para pagar los cafés al tiempo que dice.
-      Si no quereis perder el avión tenemos que entrar ya al Museo. Os advierto que es muy grande y la Capilla Sextina es lo último que se visita, al menos que sólo queráis ver la capilla y en ese caso puedo intentar conseguir permiso.
-      Gracias Angel, pero no es necesario. Ya has hecho demasiado por nosotros como para pedir un trato especial.
-      Mi mujer tiene razón Angel, la ruta de los turistas para nosotros también.
-      Como queráis ¿Nos vamos?

El recorrido por el museo les lleva dos horas y la Capilla les deja, como a casi todo el mundo con la boca abierta. Angel les explica todo al detalle y cuando descienden por la majestuosa escalera de caracol Héctor se para para hacerles una fotografía y pide un turista que les haga una.

A las 6 de la tarde Angel les acerca al hotel, recogen sus maletas de consigna y se despiden de su cicerón y amigo en la estación de Termini donde toman el tren para el aeropuerto al tiempo que en Madrid, Tim recoge a María y a Daniel del colegio para acercales a Barajas.

-      Recuérdame darle a mi padre el recado del tito Bonilla, Tim
-      Descuida María, no me olvido. Dani, baja la ventanilla que no estamos en verano y deja de saludar como si fueras un príncipe.
-      Jopé es que mola mucho este coche, nunca había visto uno tan grande.
-      Tampoco es el más indicado para conducir por Madrid. Ya es mala suerte que mi seat se haya estropeado hoy.
-      ¿No te gusta este coche?
-      No digo eso Dani, este Cameron está bien para América pero en Europa resulta muy ostentoso y además es automático, yo prefiero uno con marchas.
-      Seguro que a mi padre le entusiasma tanto como a Dani, de él se ha contagiado mi hermano.
-      Eso no lo dudo pero una cosa es reconocer que un coche es bonito y otra querer tener este coche. Yo desde luego paso de él, hoy le he cogido porque no tenía otra opción pero no va conmigo. Bueno, ya estamos llegando. Dani no te separes de nosotroso o es la última vez que vienes conmigo.
-      No te preocupes, os seguiré como un perrito fiel y no miraré a ningún lado para no distraerme.
-      ¡Más te vale! No tengo ganas de buscarte por todo el aeropuerto y darle un susto a mamá.
-    !  Jopé qué fama tengo.!